Blog de Hildy
El agradecido Matthew McConaughey por el Oscar: Dios, la familia y él mismo, amén
Durante la gala de los Oscar me pareció que Matthew McConaughey estaba muy serio. Lo entiendo. Ser el favorito para el premio al mejor actor pesa, sobre todo ante la posibilidad, por muy remota que parezca, de no ser al final el agraciado, y llevarse así el gran chasco. Lo cierto es que se trataba de un gran año para McConaughey, que ha encadenado extraordinarios trabajos en Mud, True Detective, El lobo de Wall Street y en el film por el que fue premiado, Dallas Buyers Club.
El actor texano no llevó un discurso improvisado. Sabía lo que quería decir y lo dijo. Y tal vez llamó la atención y levantó algunas ampollas entre aquellos que se sienten incómodos con la religión y desean que esté orillada de la vida pública, piensan que a Dios no se le debe mencionar, ni siquiera en expresiones corrientes tipo “gracias a Dios”, “adiós” y similares.
Dijo McConaughey que “ante todo quiero dar gracias a Dios porque es hacia quien levanto mis ojos. Él ha llenado mi vida de gracias con oportunidades que sé que no estaban en mi mano o en la de otro ser humano”. Luego también tuvo palabras de agradecimiento, como es natural, para su familia, los vivos y los muertos. E incluso se rindió un homenaje a sí mismo proyectado en el tiempo, las metas y objetivos que deseaba alcanzar pasados equis años, y que han sido un estímulo para la lucha diaria.
Me gustó, aunque enseguida detecté en Twitter reacciones de disgusto, o ridiculizando un poco la cosa. La revista Time calificó las palabras de semibizarras. En otro orden de cosas me acordé del recochineo que suscitó Clint Eastwood en su día con su performance ante una silla vacía en la que supuestamente se sentaba Obama. Si lo que se dice no es obvio, pasa lo que pasa. Se diría que uno no puede salirse del guión de lo políticamente correcto.
Pienso que exageran algunos comentaristas cuando dicen que el público se quedó helado por la mención a Dios de McConaughey, quien tendría tan poca presencia en sus vidas que habría llevado a alguno a preguntar a su vecino de butaca de qué agencia es ese tal Dios. O que un agradecimiento a Woody Allen provocó más aplausos que el dirigido al Ser Supremo. Pero es cierto que manifestar la fe en público produce incomprensión o estupor en algunas ocasiones, y creo que más en Europa y en España que en Estados Unidos, tenemos un falso pudor en relación a estas cuestiones.
No he recibido muchos premios en mi vida, pero hace ya unos cuantos años fui reconocido por un libro titulado “Escritores de cine”. Y en esa ocasión tenía muy claro que quería empezar dando las gracias a Dios. Y sí, tuve la sensación de causar estupor. Luego alguno me dijo que le había gustado la mención, pero también hubo quien se permitió alguna bromita. En fin, pienso que uno debería poder manifestar con naturalidad lo que cree, y mencionar a quien es importante en su vida en ocasiones como la que nos ocupa.
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