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Biografía

Woody Allen

Woody Allen

84 años

Woody Allen

Nació el 01 de Diciembre de 1935 en Brooklyn, Nueva York, EE.UU.

Premios: 4 Oscar (más 2 premios)

Misterioso hombrecillo de Manhattan

07 Diciembre 2006

Sus gafas son un icono del Séptimo Arte, tan famosas como el bastón de Charles Chaplin. Sus películas siempre parecen sumamente originales, y sin embargo no para de repetir elementos una y otra vez. Sus historias parecen frescas y actuales y sin embargo, rinden pleitesía a clásicos del cine mudo, como Buster Keaton, a los ingeniosos diálogos improvisados de Groucho Marx y a los directores de la ‘screwball comedy’. Sus historias parecen neoyorquinas y localistas, y sin embargo, se declara discípulo de directores europeos como Bergman y Fellini. ¿Hace falta alguna pista más? Bueno, ahí va una de sus mejores frases: "El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia". Estamos hablando del hombrecillo que no puede escuchar a Wagner durante mucho tiempo seguido, porque le entran ganas de invadir Polonia. Estamos hablando de Woody Allen. Las siguientes líneas intentan responder a todo lo que siempre quiso saber sobre Woody, pero nunca se atrevió a preguntar

A finales de los 90, tuve la oportunidad de conversar con Barbara Kopple, autora del documental Wild Man Blues, que seguía los pasos de Allen durante su gira con la orquesta con la que toca el clarinete, por varios países europeos. La directora dijo que su objetivo era pasar mucho tiempo con el cineasta, para captar cómo era realmente en la intimidad. Pensaba que su imagen de neurótico, ingenioso y divertido, era sólo una pose, que gustaba de cultivar en público, y que no se correspondía necesariamente con la realidad. Frente a las cámaras, en un principio, Allen seguiría comportándose como en sus películas, interpretando el papel de sí mismo, hasta que se aburriera, y entonces saldría a la luz el verdadero Allen. Pues bien, la conclusión de la cineasta Barbara Kopple era muy sencilla: Woody Allen es siempre igual, tal y como creemos que es por la imagen que da de sí mismo en sus películas.

Allen Stewart Konigsberg nació, como es fácil adivinar, en su querida Nueva York, la ciudad que ha retratado incesantemente a lo largo de su filmografía, el 1 de diciembre de 1935. Como él mismo no deja de recordar, es hijo de un matrimonio judío, formado por la contable Nettea y por Martin Konigsberg. Como Allen cuenta en Días de radio, llena de elementos autobiográficos como todas sus películas, su padre le ocultaba su verdadera profesión, por motivos desconocidos, desatando su imaginación (¿sería gángster o asesino a sueldo), hasta que se dio cuenta de que era taxista, aunque también trabajó de camarero. Como recuerda el propio Woody en Wild Man Blues, sus padres estaban obsesionados con que se convirtiera en farmacéutico, pero él era un cinéfilo empedernido, amante de los cómics y la música que acabó matriculándose en producción cinematográfica, en la Universidad de Nueva York. Sin embargo, era tan mal estudiante que le suspendían y acabó abandonando sus estudios, dedicándose a escribir gags para comediantes. Acabó convirtiéndose en guionista televisivo, como su personaje en Manhattan. El primer gran paso en su carrera fue cuando se dio cuenta de que interpretando él sus propios monólogos cómicos, con su particular aspecto, la gracia de los mismos se multiplicaba por mil. Acabó arrasando en diversos programas televisivos y actuaciones en locales. Cuando se había hecho famoso le contrataron en una productora cinematográfica para escribir ¿Qué tal, Pussycat?, en la que también aparecía como secundario. A continuación se hizo cargo de un proyecto bastante inusual: adaptar al inglés una película japonesa de serie B, reinventando los diálogos con mucho humor. El resultado, What's Up Tiger Lily?, tuvo más éxito que el original japonés. Tras contraer matrimonio con Louisse Lasser, actriz que intervino en varios de sus primeros largometrajes, debuta como director con Toma el dinero y corre, hilarante pseudodocumental que sigue la carrera criminal de un ladronzuelo de tres al cuarto, interpretado por él mismo. Es una buena muestra de la primera etapa de su filmografía, marcada por comedias tan divertidas como ligeras, como Bananas, Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo pero temía preguntar, El dormilón y La última noche de Boris Grushenko.

Una segunda etapa se inicia con Annie Hall, que supuso el gran punto de inflexión en su carrera, pues Allen empezó a hacer un tipo de cine más reflexivo, tragicómico, de mayor calado. Inaugura una de las temáticas favoritas del cineasta, el hombre que sabe lo que quiere (en este caso la chica ideal), que llega a conseguirlo y que finalmente acaba perdiéndolo por méritos propios (aplíquese también a Match Point). El film fue galardonado con dos Oscar, al mejor director y al mejor guión, que Allen no fue a recoger porque tenía que tocar el clarinete en un local. En la misma onda tragicómica se sitúa Manhattan, con inolvidable fotografía en blanco y negro de Gordon Willis, legendario operador de El padrino, que se convirtió en uno de los directores de fotografía habituales de Allen junto con Carlo Di Palma. En esta época, Allen estaba emparejado con Diane Keaton, actriz en varios de sus films, como Interiores, su primer drama y la primera película dirigida por él en la que no intervenía como actor. Pronto sustituiría a Diane por Mia Farrow, que trabajó por primera vez con él en La comedia sexual de una noche de verano, iniciando así una tercera etapa, la más irregular, pero también la más experimental. Allen se atreve a buscar fórmulas nuevas, como su divertido documental ficticio, Zelig, su magistral comedia fantástica La rosa púrpura del Cairo, homenaje a la pasión cinéfila, una película de episodios codirigida por Coppola y Scorsese, Historias de Nueva York, y hasta rueda cámara en mano, en Maridos y mujeres. Curiosamente, ya se hablaba de decadencia del artista neoyorquino cuando dejó a Mia Farrow, provocando una gran polémica en prensa al emparejarse con Soon-Yi Previn, hija adoptiva de esta última.

Algunos pensaban que Woody ya estaba viejo, al dar muestras de decadencia con la decepcionante Alice y Sombras y niebla, su homenaje al Expresionismo Alemán, que aún así tenía momentos magistrales. Pero a pesar de la controversia sobre Soon-Yi, Woody Allen resurgió de sus cenizas, iniciando una etapa de plenitud con la ingeniosa Misterioso asesinato en Manhattan, una de sus mejores películas. La veteranía es un grado, sobre todo en el caso de Allen, que a lo largo de la década de los 90 ofreció películas tan memorables como Balas sobre Broadway o el musical Todos dicen I Love You. Empezó el nuevo milenio con buen pie, dirigiendo La maldición del escorpión de Jade, particular tributo al cine negro, en clave humorística, o la excelente Un final made in Hollywood, impagable retrato del mundillo del cine que conoce tan bien. Allen abandonó su querida Nueva York, para irse a rodar a Londres el memorable drama Match Point, aunque también rodó en la capital británica Scoop, una comedia con elementos que recuerdan a Misterioso asesinato en Manhattan.

Oscar
2012

Ganador de 1 premio

Oscar
1987

Ganador de 1 premio

Oscar
1978

Ganador de 2 premios

Goya
2006

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

  • Premio Donostia
Filmografía
Rifkin’s Festival

2020 | Rifkin’s Festival

La historia de un matrimonio estadounidense que acude al Festival de Cine de San Sebastián. La pareja queda prendada del festival, así como de la belleza y encanto de España y la fantasía del mundo del cine. Ella tiene un affaire con un brillante director de cine francés y él se enamora de una bella española residente en la ciudad.

Día de lluvia en Nueva York

2018 | A Rainy Day in New York

Gatsby (Timothée Chalamet) y Ashleigh (Elle Fanning) son novios, estudiantes en una pequeña universidad. Ella proviene de Tucson, Arizona, mientras que él es un niño bien de Nueva York. Ambos harán un viaje relámpago a Manhattan con motivo de una entrevista que Ashleigh ha concertado con un prestigioso director de cine y que publicará en el periódico de la universidad. Aunque la cita iba a durar tan sólo una hora, las cosas se complican y cada uno acabará pasando el día por su cuenta. Tras dar rienda suelta a su pesimismo en Wonder Wheel el gran Woody Allen regresa a su faceta más ligera y menos molesta para las mentes poco cínicas, una de esas fruslerías románticas que tanto le gustan al genio de Nueva York y que acostumbra a intercalar en medio de sus dramas y de otras películas humorísticas que destilan mayor acidez. Por supuesto, eso no significa que abandone su particular toque crítico y que desborde talento con sus continuos diálogos y sus divertidas réplicas, tan mordaces y agudas, en ocasiones tan picantes, a veces tan desternillantes. Vuelve el cineasta a tocar el mundo de los artistas y más concretamente el del cine, temas que inundan su filmografía, en ocasiones de modo más directo como en Desmontando a Harry, Un final Made in Hollywood o Café Society. Aquí, el pretexto –la jovencita reportera que espera realizar su primera entrevista de éxito– le sirve a Allen para poner a los cineastas –un director, un guionista, un actor– a caer de un burro, personas inseguras que lejos de la pantalla dan bastante pena y resultan vulgares, aunque deslumbren con su fama a incautas universitarias del medio oeste. Por contra se situaría el lado más reflexivo e inconformista de Gatsby, neoyorquino pintoresco (como dice su novia), un tipo desconcertado con la vida que le ha tocado vivir y que descubrirá que no es oro todo lo que reluce en las clases altas y forradas de dinero, incluida su propia familia. Un poco de maldad no podía faltar. La puesta en escena de Día de lluvia en Nueva York es inconfundiblemente alleniana, estampas idílicas de impecable fotografía, escenas completamente definidas, con gusto clásico por la cámara fija o con movimientos elegantes y sutiles que siguen a los personajes (magnífica la escena inicial) mientras escuchamos ese sempiterno sonido de las techas del piano, sobre todo en este caso los saltarines acordes jazzísticos de Erroll Garner. Pero especialmente estamos aquí ante el Woody Allen de los diálogos continuos, llenos de humor, de las conversaciones y flirteos rápidos, con personajes que hablan y hablan y hablan, con continuas citas a autores, directores, pintores, cine clásico, etc., todo un compendio cultural. El variado reparto está muy ajustado, con grandes nombres que apenas tienen unas líneas de guión y otros más jovencitos que hacen un trabajo espléndido (impresionante en verdad Elle Fanning) y que sirven para demostrar una vez más la maestría de Woody Allen como director de actores. Y por supuesto destila el conjunto una querencia y romanticismo por Nueva York que se echaba de menos. Para Allen un día en la Gran Manzana puede cambiarte la vida.

6/10
Wonder Wheel

2017 | Wonder Wheel

Woody Allen en su versión más pesimista de los últimos años. Sin llegar a los extremos de Blue Jasmine ni a los existencialismos de Match Point y conservando cierto aire de historia ligera el genio neoyorquino vuelve a insistir en que la felicidad es imposible de alcanzar. El amor, el matrimonio, los hijos, los sueños artísticos, todo acaba tocado por el infortunio. Tan pronto estamos arriba y la existencia parece un cuento de hadas, como un momento después respiramos a ras de suelo y la frustración reina por doquier. Es la “maravillosa” rueda de la vida. Coney Island, años 50. Ginny, guapa cuarentona, casada y con un hijo de un matrimonio anterior, trabaja en un restaurante del parque de atracciones. Su vida ha perdido el color, siente que es un fracaso, sus sueños de ser actriz se esfumaron y el amor por su marido, un hombre bonachón pero tendente a la bebida y a los arrebatos violentos, es prácticamente inexistente. Por si fuera poco su pequeño hijo se ha convertido en un pirómano incontrolable. Sin embargo, dos hechos cambiarán la rutina de Ginny: se enamorará de un atractivo socorrista mucho más joven que ella y su cuñada Carolina se presentará en su casa buscando un lugar donde vivir. No estamos ante la mejor versión de Allen, pero aun así cuántas virtudes tiene Wonder Wheel. Muestra el director de Manhattan su inmenso talento narrativo, introduciendo el relato en boca de uno de los protagonistas, el socorrista Mickey, recurso ficticio que él maneja con una perfección extraordinaria. Logra así –como, por otra parte, es habitual en él– una gran fluidez en el desarrollo del guión, al tiempo que le sirve para introducir numerosas referencias literarias al hilo de las ínfulas de escritor del socorrista, fascinado por la obra del dramaturgo Eugene O'Neill, un autor no precisamente optimista acerca de las relaciones humanas, por decirlo suavemente. La película se ve/lee entonces como una pequeña gran tragedia familiar, en donde poco importa si la desgracia la buscamos nosotros mismos o es el destino quien entra en escena. La ambientación del film es sobresaliente, presidida en todo momento por un tratamiento fotográfico exquisito y que aporta una brillante tonalidad miel que tiñe el conjunto de una nostalgia casi irreal. No sería nada extraño que Vittorio Storaro se hiciera con su cuarto Oscar. A eso hay que sumar la eficiente banda sonora compuesta por canciones de época y la puesta en escena playera, luminosa, festiva, paradoja perfecta para la historia de infortunio que entrega Allen. Y no del todo se abandona la comedia, con la sorprendente introducción en la trama de los dos lugartenientes del mismísimo Tony Soprano, Steve Schirripa y Tony Sirico, los míticos Bobby y Paulie de la serie. Por primera vez trabaja con Woody Allen la gran Kate Winslet y desde luego su excelente composición es extraordinaria, el "alma mater" de la película, aunque su rol no sea demasiado agradecido, un poco al estilo de la Cate Blanchett del film citado más arriba; también está magnífico James Belushi en el papel de su marido. Menor presencia tienen Justin Timberlake y Juno Temple.

6/10
Café Society

2016 | Café Society

Bobby Dorfman es un joven judío neoyorquino que parte hacia Hollywood en los años 30 en busca de una vida mejor. Busca paradójicamente liberarse de sus padres, su hermana casada con un comunista y su hermano gángster, pues acude a otro pariente, su tío Phil, célebre agente de las estrellas de cine. La idea es que le dé algún trabajillo, aunque sea como chico de los recados. Phil le coloca bajo la tutela de su secretaria Vonnie, de la que enseguida se enamora. Pero ella tiene novio, e incluso cuando rompe con él, surgirán nuevos obstáculos, el destino puede ser muy irónico. Es ya un lugar común decirlo, pero repitámoslo, Woody Allen nunca defrauda. Aunque eso sí, uno le pone el listón tan alto, que en el film que nos ocupa cabe decir: esperábamos más. Su Café Society se encuadra en sus películas "serias", aunque siempre haya espacio para las bromas, en esta caso negras o agridulces, como las que propicia un gángster que nos hace pensar en Balas sobre Broadway. Siguiendo la vena filosófica pesimista de la que ya hiciera gala con profesor de la materia incluido en Irrational Man, el director y guionista nos viene a decir que no es posible la felicidad plena, que las oportunidades vienen y van, que la vida consiste en elecciones, aunque no es lo mismo una Veronica que otra Veronica, las dos mujeres principales en la vida de Bobby. Anhelamos una vida auténtica, pero no sabemos lo que es eso, y con frecuencia en el camino nos dejamos llevar sin más, por lo que nos ocurre, no somos tan dueños de nuestras decisiones como creemos. El desencanto impregna el film, que muestra sobre todo a tres personajes, Bobby, Vonnie y Phil, agitados cada uno por el amor, el trabajo, lo que quieren hacer en sus vidas, y que sin duda acaban ejerciendo su libertad, pero lo que han hecho no les deja satisfechos (aunque intuimos que de haber seguido otros derroteros, tampoco su felicidad habría estado garantizada). De modo que Allen traza con habilidad el arco vital de este trío, mientras coloca un telón de fondo de glamour hollywoodiense, y de gángsteres neoyorquinos, quizá algo forzado, pero que ayuda a sostener el entramado, y hacer el trago amargo en que consiste el film más llevadero. Como es habitual, el cineasta acierta con sus actores, Jesse Eisenberg y Steve Carell –los alter ego de Allen, sobre todo el primero, pero también el segundo–, más las chicas, Kristen Stewart y Blake Lively, y los numerosos y eficaces secundarios.

6/10
Crisis in Six Scenes

2016 | Crisis in Six Scenes | Serie TV

  Los agitados años 60, marcados por los disturbios raciales, las protestas contra la Guerra de Vietnam… El maduro matrimonio formado por el arriesgado escritor Sidney Munsinger, y la asesora matrimonial Kay, su esposa, simpatiza con estas causas, pero sería incapaz de mover un dedo para apoyarlas, por temor a poner en peligro su acomodada vida. Una noche se cuela en su casa Lennie Dale, activista de una organización violenta antisistema. Aunque le busca la policía, su familia ayudó mucho a Kay en su juventud, por lo que ésta rogará a su marido que le presten ayuda, aunque eso significa traspasar la legalidad. Después de que prestigiosos realizadores, como Martin Scorsese o David Fincher, se hayan sumado a la época dorada de las series televisivas, le toca el turno al gran Woody Allen, que inició su singladura como guionista en series, telefilmes y shows variopintos. Pese a que en 50 años casi había abandonado la pequeña pantalla, dirigió en 1994 una adaptación de su obra teatral Los USA en zona rusa. Por desgracia, el neoyorquino –que afirma que no ve ninguna temporada de ninguna de las producciones catódicas de moda de la actualidad– no se ha esforzado mucho por adaptarse al lenguaje del medio. Se limita a componer una de sus películas habituales un poco más larga, de 120 minutos, que después ha cortado en seis capítulos de 20, sin que cada entrega parezca estar concebida con estructura propia. El propio Allen ha llegado a declarar que se ha equivocado al llegar a un acuerdo con Amazon, que esto no era para él. Crisis In Six Scenes no aporta demasiado a la historia de las series, ni tampoco a su extensa filmografía; quedará como un trabajo menor. Sabe a poco su crítica al posicionamiento radical, inaceptable por muy legítima que sea la causa, pues al final resulta todo demasiado ligero. Pese a su toque maestro con los actores, esta vez no todos encajan, por ejemplo, la reputada dramaturga, actriz y realizadora Elaine May no se complementa del todo en pantalla con el propio Allen, en un papel que habría bordado Diane Keaton, o alguna otra de sus compañeras más memorables. Por su parte, la joven Miley Cyrus sobreactúa, no llega al nivel de otras jóvenes que han estado a las órdenes del cineasta, como Scarlett Johansson, o más recientemente Emma Stone. Pese a todo, se disfruta, pues sus capítulos de 20 minutos tienen un ritmo dinámico. Agradará sobre todo a los incondicionales del creador de Annie Hall, pues recupera sus elementos recurrentes, como esa música de jazz siempre tan bien elegida, sus personalísimos títulos de crédito, o ese personaje neurótico al que le saca tanta gracia, y que propicia los diálogos y situaciones más divertidos.  

6/10
Irrational Man

2015 | Irrational Man

Woody Allen sigue explorando la condición humana, y en esta ocasión lo hace de modo explícito a través de Abe, un profesor de filosofía que ha tocado fondo existencialmente. Aunque sus clases en la universidad gozan de merecido prestigio, varias desgracias personales que le han tocado en lo más íntimo le han arrebatado las ganas de vivir, no encuentra gusto en sus investigaciones ni en el aula, e incluso ya no parece estar fisiológicamente a la altura de su fama de mujeriego. De hecho otra profesora universitaria, Rita, una mujer infeliz en su matrimonio, le tira los tejos sin demasiado éxito; más agradable resulta la compañía de su joven alumna Jill, que verdaderamente le admira, pero quiere mantener la relación en el plano de la amistad, no quiere echar a perder su noviazgo. Curiosamente la noticia de una terrible injusticia que está a punto de cometer un juez, y su idea de resolverla de un modo drástico, le transforma en un hombre nuevo, optimista y resolutivo. La duda es si tal transformación no resultará efímera. Verdaderamente merece alabanza el cineasta neoyorquino por su inagotable capacidad de trabajo, que le lleva a entregar anualmente una película, una puntualidad casi kantiana, si se nos permite la broma filosófica que también parece querer introducir Allen con la rutina del personaje del juez en el parque, que semanalmente efectúa siempre los mismos movimientos. Y lo que entrega nunca carece de interés, ni en los casos en que pueda estar menos inspirado o ser menos brillante. Irrational Man no es de los mejores filmes de Allen, y el problema no estriba tanto en que repita ideas y temas previamente abordados –la conexión en este caso con Delitos y faltas y Match Point, incluida la cita explícita a “Crimen y castigo” de Dostoievski, es evidente–, como en el abuso de la doble voz en off, y, sobre todo, en el estiramiento excesivo de la trama. Trama que en el fondo es muy sencilla, urdida alrededor de la paradoja que encierra la irracionalidad del hombre supuestamente racional, que se cree superior, por encima del bien y del mal, muy en la línea de Nietzsche, un filósofo que curiosamente no es citado expresamente en la película. La idea del crimen perfecto con coartada intelectual, que hace pensar en La soga de Alfred Hitchcock, es cuestionada con inteligencia cuando finalmente queda expuesto a las claras que las razones de fondo para actuar son puramente narcisistas, al final uno sólo piensa en su propio bienestar, se diría que las motivaciones desinteresadas en las personas no existen o son muy difíciles de encontrar. El pesimismo de Allen asoma no sólo en el deprimido profesor, sino también en las dos mujeres que asoman en su vida. Y aunque se supone que con su proceder el “profesor” Joaquin Phoenix va a impartir sendas “lecciones vitales” a sus “pupilas” Emma Stone y Parker Posey, no dejan éstas de estar atravesadas por una ironía próxima al cinismo, sólo a base de recibir palos en la vida llegamos al conocimiento.

6/10
Magia a la luz de la luna

2014 | Magic in the Moonlight

Años 20 del pasado siglo XX. Stanley es un afamado mago británico que, caracterizado como oriental, sorprende con sus trucos a medio mundo. Pero es un tipo racionalista, que rechaza cualquier cosa que huela a sobrenatural, no cree en Dios ni en espíritus, y disfruta desenmascarando a cualquiera que se atreva a decir que tiene dotes de adivinación o de hablar con fantasmas. Su amigo y colega Howard le propone conocer en la Provenza francesa a la joven americana Sophie, quien asistida por su madre tiene obnubilada por completo a una adinerada familia, con la idea de que la ponga en evidencia. Y aunque Stanley está convencido de que está ante una embaucadora, ésta resulta ser demasiado buena, y hasta empiezan a entrarle las dudas de si no habrá dado por fin con alguien capaz de poner sus convicciones patas arriba. Woody Allen vuelve a hacerlo. Una vez más. Fiel a su cita anual. El cinesta, director y guionista, entrega una fábula deliciosa, muy suya, donde sabe dar vueltas y revueltas a la idea de si hay algo más de lo que detectan nuestros cinco sentidos, existe Dios o no –o al menos algo que podamos llamar "magia", capaz de animarnos la existencia y darle sentido–, he ahí el dilema. Puede parecer que Allen apenas araña la cuestión, o que la trivializa, pero encarna como nadie la añoranza, el deseo, de saber que alguien se ocupa de nosotros. Nos hemos acostumbrado tanto a las genialidades del neoyorquino bajito, que si no nos entrega algo que se acerque a lo sublime, parece que nos quedamos insatisfechos. El hecho es que su film funciona como un perfecto mecanismo de relojería en el juego que Allen se lleva entre manos, envolviéndolo de un delicioso halo romántico, con bromas y sorpresas de buena ley, sembrando las dudas que el mismo director alberga en su interior. Resulta muy adecuada esa andanada a los intelectuales sabelotodos, tan egocéntricos que incluso cuando cambian su punto de vista, lo hacen para admirarse a sí mismos, por lo abiertos que estarían a nuevos conocimientos (aunque nunca estarán abiertos a las personas que tienen al lado, y así acabará luciéndoles el pelo). Again, Allen potencia a grandes actores a los que no había acudido hasta la fecha para su film, en Magia a la luz de la luna, Colin Firth se encuentra muy a gusto, Emma Stone resulta encantadora, y a muchos secundarios –Simon McBurney, Eileen Atkins, Hamish Linklater...– da gloria verlos. 

7/10
Blue Jasmine

2013 | Blue Jasmine

Historia contada en dos tiempos sobre dos hermanas, Jasmine y Ginger, con la misma familia de adopción y distintos padres biológicos. Sus vidas tomaron rumbos muy distintos, pues Jasmine se casó con Hal, un hombre de negocios de Wall Street que le trajo lujo y sofisticación, mientras que Ginger unió su vida con Augie, un “chapuzas” al que la otra considera un perdedor. La detención de Hal por delitos financieros da un vuelco a la vida de las dos hermanas, hasta el punto de que Ginger debe acoger a Jasmine en su sencillo hogar de San Francisco. La mejor película “seria” de Woody Allen desde que filmara Match Point, y del nivel de la también notabilísima Midnight in Paris. Esta vez el director y guionista vuelve con Blue Jasmine a Estados Unidos, con notable presencia de su amada Nueva York, a la que se suma la de San Francisco, ciudad donde se criaron las dos hermanas. Y aunque la filmografía de Allen siempre ha pintado a cierto tipo de personas contemporáneas que él conoce bien, enfrentados a las grandes cuestiones que se plantea siempre el ser humano, aquí, quizá por primera vez, aborda un tema de rabiosa actualidad, el de la actual crisis económica con las actitudes que han dado pie a tan dramática situación y sus consecuencias. La cinta pivota alrededor de ese colapso económico y vital, centrada sobre todo en Jasmine, con numerosos flash-backs que permiten comparar la época de estar en la cima del mundo, con la de la precariedad, sobre todo psicológica, que dificulta asumir las nuevas circunstancias para pasar página. En tal sentido Cate Blanchett hace un trabajo formidable, su personaje de rica venida menos que quiere mantener su estatus se prestaba a la caricatura o al histrionismo, y en sus manos se convierte en un ser humano al que podemos entender y compadecer. Por supuesto, como suele ocurrir en las películas de Woody Allen, todos los actores de Blue Jasmine lo hacen muy bien, incluida la estupenda Sally Hawkins como la otra hermana, pero lo de Blanchett es sencillamente increíble. Con su clásica actitud pesimista, Allen invita a reflexionar sobre las vidas huecas, construidas sobre una fantástica nada. Y donde el bienestar, la riqueza, las relaciones sociales, la pose, resultan tener bastante menos valor que el simple hecho de mantener los pies pegados al suelo, lo que ayuda a encajar las inevitables contrariedades que consigo lleva la existencia. ¿Es Ginger mejor que Jasmine? Desde luego no es perfecta, pero está armada de ciertos recursos morales para rectificar, algo que parece imposible en el caso de su “cristalizada” hermana, que nunca se ha ganado la vida, y que en más de un sentido se ha labrado su propia ruina, aceptando que la mentira presida su existencia. Blue Jasmine es una película muy bien armada, con espacio incluso para la sorpresa. Contiene algún momento humorístico –Jasmine trabajando en la recepción de un dentista–, pero domina un tono de amargura, pues pinta con acierto la degradación moral de una persona. Y nos hace preguntarnos, cómo hacía Mario Vargas Llosa en “Conversación en la catedral”: ¿en qué momento se jodió todo?

8/10
A Roma con amor

2012 | To Rome with Love

Un guardia urbano romano que pone orden a la circulación, por así decir, introduce un ramillete de historias que transcurren en la ciudad eterna: el arquitecto famoso americano, que recordando sus años mozos en Roma, se topa con un compatriota estudiante de arquitectura, y es testigo de sus devaneos amorosos; la pareja provinciana de recién casados, que en la gran urbe se pierden y enredan, ella conoce a un famoso actor, él recibe la visita inesperada de una prostituta; la turista americana que se enamora y compromete con un italiano, y a la que vienen a ver sus padres, él promotor musical que encuentra un tenor donde menos lo espera; y finalmente el padre de familia y gris oficinista que un día se convierte en alguien famoso sin que exista razón objetiva alguna para ello. Sigue Woody Allen su periplo fílmico por ciudades europeas, tras Londres, Barcelona y París le llega el turno a Roma. Con su ritmo habitual de una película al año, el cineasta neoyorquino da muestras con A Roma con amor de sus virtudes y defectos. Su nueva película no es redonda, ni mucho menos, dista de la perfección lograda con Midnight in Paris. Aunque justo es reconocer que Allen confiesa siempre no estar satisfecho con el resultado de sus filmes, que salvo excepciones en la mayoría detecta fallos. En el film que nos ocupa, esto es muy claro. En el haber de Allen está el saber trenzar los diversos hilos narrativos, la construcción de personajes con un acertado reparto, ciertas ocurrencias que introduce con prodigiosa naturalidad y encajan bien, lograr que parezca que todo ocurre en poco tiempo. ¿Los problemas? Ciertos estereotipos italianos que evidencian demasiado la mirada foránea, las bromas de comedia de alcoba no las maneja con el necesario desparpajo. El complejo de no perder comba con la mentalidad actual, del que es botón de muestra el monólogo de Ellen Page sobre su experiencia de una relación lésbica. La reiteración en lo que al principio suponían hallazgos: la idea de la ducha del personaje de Woody Allen, las servidumbres de la fama que padece Roberto Benigni, el embarazo que produce en los que le rodean el descaro de Penélope Cruz. Ver una película de Woody Allen siempre tiene interés, y en tal sentido A Roma con amor no es la excepción. Pero es cierto que se trata de un trabajo que se diría hecho con desgana, con el piloto automático, y que poco aporta a su filmografía, a excepción de que supone un reconocimiento más de que Woody se hace mayor, la petición de su personaje a Judy Davis de que no le psicoanalice resulta muy elocuente. Aunque el tema de la fama sea abordado a la italiano, desde una óptica que retrotrae a Federico Fellini y La dolce vita, lo cierto que es que Allen ya lo había tratado en Celebrity.

5/10
Midnight in Paris

2011 | Midnight in Paris

Gil e Inez son unos jóvenes prometidos, que pasan unos días de turismo en la capital del amor, París, antes de su inminente boda. Él es guionista exitoso en Hollywood, pero su ambición es convertirse en un gran escritor de novelas. Una noche en que decide volver por su cuenta al hotel, se pierde en las calles parisinas. Mientras suenan las campanadas de la medianoche, un antiguo carruaje pasa a su vera y los ocupantes le invitan a subir. Se ve de pronto inmerso en una fiesta... ¡en el París de los años 20! Y no sólo eso, sino que tiene el honor de conocer a los escritores y artistas de la época a los que tanto admira: Francis Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel... Y queda especialmente fascinado por una chica Flapper, que le hace dudar acerca de su amor por Inez. Originalísima película de un Woody Allen sembrado, con un estupendo punto de partida al que sabe sacar todo su jugo. El personaje de Gil, encarnado por Owen Wilson, es por supuesto un “alter ego” del director, el típico personaje que él habría podido interpretar en otra época; pero el actor ha sabido hacerlo suyo, y concederle la deseada aura romántica. Tiene interés la consideración de la expresión artística como forma de exorcizar la nostalgia de la belleza, de una edad de oro que se añora y que idealmente algunos colocan en el pasado. Toda una declaración de principios de Allen, que advierte del peligro de caer en el “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero que también supone una andanada para los que sólo creen en el futuro y el progreso, que siempre serían lo mejor. El artificio fantástico, con un recurso de medianoche a lo “Cenicienta”, conecta claramente con La rosa púrpura del Cairo. Pero gran mérito de Allen es que aceptemos la inesperada magia, y que en ese mundo alternativo sepa definirnos con unos pocos trazos a una numerosa galería de artistas, moviéndose entre el homenaje y la broma, manejando con absoluta conciencia ciertos tópicos al uso. Aunque hable de sus temas recurrentes, el amor que no acaba de encontrarse plenamente, o el arte como forma de llenar el vacío existencial, el tono de Allen es más ligero que en otras ocasiones, claramente ha optado por ofrecernos un “divertimento”, donde hay espacio para alcanzar una cierta felicidad. Acierta Allen en su reparto, donde nuevas caras que nunca habían trabajo con él se suman a la función, allí están el citado Wilson, Rachel McAdams, Michael Sheen, la muy publicitada Carla Bruni –la esposa de Nicolas Sarkozy, que sale airosa de un papel menor– y la formidable Marion Cotillard, más Adrien Brody y Kathy Bates (que hizo con él tiempo ha, Sombras y niebla). Como es natural, París está muy presente en toda la cinta. La película arranca con una especie de obertura jazzística, con cantidad de planos de todo París, que podría hacer temer que Allen había caído en la tentación de filmar un spot de promoción turística; pero no, luego Darius Khondji juega al contraste con el resto de poderosas imágenes que ofrece de la capital francesa.

8/10
Conocerás al hombre de tus sueños

2010 | You Will Meet a Tall Dark Stranger

La vida es ruido y furia, y en último término no significa nada. Woody Allen encierra su película en esta cita shakespeareana leída en clave nihilista, para mostrar la patética existencia de una serie de personajes, perpetuamente insatisfechos, y cuyos anhelos, cuando se cumplen, conducen a la frustración, por lo efímero de los mismos. Ellos son Alfie y Helena, un matrimonio maduro que se acaba de divorciar. Él se niega a aceptar su ancianidad, y acabará uniendo su vida a una supuesta actriz, que ejercía la prostitución para redondear su sueldo. Ella, angustiada, acude a una farsante adivina, Cristal, que le dice lo que quiere oír. Están además Sally, la hija única de Alfie y Helena, que trabaja en una galería de arte, cuyo matrimonio con Roy, médico trocado en escritor no marcha bien. Ambos alimentan fantasías de otras posibles relaciones, ella con su jefe, él con la musicóloga vecina de enfrente. En la segunda producción de Mediapro de una película de Woody Allen, el cineasta neoyorquino acierta en no ambientar su historia en España –error de bulto en Vicky Cristina Barcelona, pues Allen no ha captado la idiosincrasia hispana–, de modo que vuelve a Londres. Y algo de coincidencia hay con su otra película londinense Match Point, su descorazonadora y cínica visión de los avatares humanos, donde sólo cuenta el azar, y donde la capacidad para contruir la felicidad resulta muy escasa. Sin apenas espacio para el humor, Allen se permite una pirueta con tirabuzón, por así decir, la ironía de que la adivina estaría acertando en sus predicciones, para luego lanzar la carga de profundidad de que ni en broma va a permitir tal salida a la resolución de su trama. Woody Allen cuenta con un reparto magnífico, todos están perfectos en sus respectivos roles. Es cierto que sigue dando vueltas a sus temas de siempre, pero caramba, lo hace con un increíble talento. La escena de la ventana de Josh Brolin, que sugiere que vuelve a estar como al principio de la película, es de una asombrosa inteligencia. De nuevo tenemos tipos humanos tremendamente egoístas, que buscan únicamente su personal felicidad, llama la atención en tal sentido la total ausencia de acciones desinteresadas en ninguno de los personajes.

7/10
Si la cosa funciona

2009 | Whatever Works

Boris es un tipo de cierta edad, profesor de física jubilado que pudo haber sido premio Nobel, divorciado, que intentó una vez suicidarse, y con una increíble labia con la que expresa su visión desencantada de la vida. Para él la mayoría de los mortales son simples gusanos, muy por debajo de su nivel clarividente. Una noche ayuda a una jovencita, la sureña Melodie, que ha huido de su conservador hogar hasta Nueva York. La chica se queda a vivir en su casa, aunque él al principio la mira por encima del hombro, no le parece atractiva, y la ve ingenua y no demasiado inteligente. Pero con el roce de la convivencia surge algo entre ellos, e incluso el compromiso. Un día, inesperadamente, irrumpirá en sus vidas la madre de ella. El Woody Allen de siempre. Buen contador de historias, ingenioso en algunos recursos -el protagonista hablando a cámara en varios momentos, incluido inicio y desenlace-, divertido... pero también cínico y desesperanzado, a vueltas con el amor y el desamor, la felicidad y la desdicha, el sentido de la vida y la religión. Si acaso algo cambia en la mirada de Allen es la senectud del protagonista: Boris, interpretado por Larry David, cómico conocido sobre todo por la 'sitcom' Seinfeld, y que deviene aquí en 'alter ego' de Woody Allen, incluso con innegables paralelismos autobiográficos, apuntados por los personajes de Evan Rachel Wood y Patricia Clarkson. Un psicoanalista podría hablar seguramente de narcisismo y de coartada pergeñada por Allen para justificarse en el otoño de la vida -hace dos años morían sus admirados maestros Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni-, ese principio que da título al film y que repite continuamente el protagonista, “si la cosa funciona”... La idea sería que cualquier decisión que se tome en esta vida sería correcta, sin con ella se alcanza cierta tranquilidad, paz, equilibrio... aunque nada garantice que las relaciones o compromisos nacidos de tales decisiones vayan a durar un tiempo ilimitado. De modo que Allen da un giro argumental a las vidas de los distintos personajes del film, para ilustrarla, riéndose del racionalismo de Boris, y dándole finalmente la razón existencial al puro azar. No obstante, resulta significativo que, en plan iconoclasta, se conceda el beneficio de la duda de “si la cosa funciona” a una relación homosexual y a un 'ménage-à-trois', y no en cambio al cristianismo conservador de los personajes sureños, que Allen ridiculiza presentándolo como poco menos que un estadio mental infantil y frustrante.

6/10
Vicky Cristina Barcelona

2008 | Vicky Cristina Barcelona

Dos íntimas amigas estadounidenses, Vicky y Cristina, viajan en verano a Barcelona. Aunque se aprecian sinceramente, no pueden ser más distintas. La primera es cerebral, tiene su vida muy ordenada, se piensa mucho las cosas antes de actuar; su prometido le aguarda en Nueva York, y está haciendo entretanto un máster en identidad catalana. Su amiga, en cambio, no tiene muy claro lo que desea en la vida; le gusta el cine y ha rodado un corto, pero no sabe si ésa será su futura dedicación profesional; es impulsiva, le gusta vivir la vida intensamente, se deja llevar. Una noche conocen a Juan Antonio, un pintor español, que les hace una insólita propuesta: viajar a Oviedo en su avioneta, y compartir habitación y cama los tres. Vicky y Cristina se quedan alucinadas, aunque previamente habían sabido de la agitada trayectoria vital de Juan Antonio, separado de su esposa, quien le agredió en el pasado. El caso es que el pintor hispano y sus planes resultan excitantes, y de momento aceptan acompañarle a Oviedo. Aquello resulta ser una inmersión muy especial en la cultura española. Primera película de Woody Allen coproducida por España, a través de Mediapro, y con los dos actores hispanos más internacionales del momento, Javier Bardem y Penélope Cruz, que están estupendos, especialmente el primero. Pues el actor compone a un personaje rebosante de sensibilidad, en lo que al aprecio de la belleza se refiere, lo que le aleja de otras interpretaciones de tipos decididamente brutales; también es encomiable el trabajo de “Pe”, aunque su composición esté más cercana a los personajes femeninos latinos de carácter, al estilo de los de Sophia Loren o Gina Lollobrigida, algo previsibles. También está muy bien, como suele, Scarlett Johansson, aunque quizá la gran sorpresa interpretativa del film de Allen sea la desconocida Rebecca Hall, vista fugazmente en El truco final, y que está sobresaliente como la amiga cerebral, un papel muy medido. El cineasta neoyorquino explora sus temas habituales, entre los que sobresale la eterna búsqueda del amor. Los personajes anhelan la felicidad, un amor que les llene... Y lo encuentran... por un tiempo, pero se hagan las combinaciones que se hagan, parece decir el pesimista Allen, es imposible encontrar la dicha completa. En tal sentido juega el director a varias bandas: el matrimonio convencional y programado, el de los artistas bohemios, el arriesgado... e incluso las “nuevas formas de familia” (qué disparatada e inadecuada expresión, perdón por usarla), manifestadas en un segundo “trío”, el compuesto por el pintor, su esposa, y una de las turistas, donde habría espacio para la variante lésbica. “No sé lo que quiero, pero no es esto”, llega a decir uno de los personajes teóricamente más desinhibidos... Mientras que la joven convencional, cuando parece decidida a “quemar las naves” de su convencionalismo, va a tener dificultades por donde no se lo esperaba... Azar, libertad, insatisfacción... Todo anda flotando por ahí, dejando mal sabor de boca. Resulta curioso, pero Woody Allen no parece confiar en el compromiso, ni en lo que es la lucha día a día por alimentar el amor, tales posturas no asoman en su film, como tampoco lo que sería, de verdad, formar una familia, engendrar hijos y cuidarlos... Uno de los aspectos más interesantes del film es observar la mirada a España de un extranjero como es Woody Allen. En la mirada subyugada por la belleza de las dos turistas hay algo del propio Allen, así como su guía podría representar a los amigos españoles del cineasta, que le han descubierto el país. Así se entiende la inclusión de una iglesia románica y su Cristo, la guitarra española, y por supuesto Gaudí. Por supuesto Allen no sería Allen si renunciara a su singular sentido del humor. Y aunque este film tiene su punto patético, porque está hablando de la infelicidad (mucho más que de la felicidad, una utopía desde su punto de vista), hay algunas buenas ideas, con su punto socarrón, que en parte se diría dirigidas al público hispano, al que se diría ha “pillado”, al menos en parte. Así se entiende que cuando Vicky explica sus estudios de identidad catalana a un maduro matrimonio americano, él pregunte “Y eso, ¿para qué sirve?”; tampoco parece casual la inclusión de la rotulación en español de los precios de una frutería catalana. Se diría que alguien le ha dicho, “a ver si haces un bonito 'spot' promocional de Barcelona”, y Allen asume el reto, pero apostando por su amado Gaudí, arrimando el ascua a la sardina de su gusto personal. Y nos queda la duda de si la boda en el ayuntamiento de Barcelona respondía al “caprichito” de algún concejal que quería salir en la peli; en cualquier caso, Allen salva la situación con dignidad.

6/10
Cassandra's Dream

2007 | Cassandra's Dream

Tras Match Point y Scoop, Woody Allen completa su trilogía londinense, ciudad que ha sustituido para su siguiente trabajo por Barcelona. Las tres películas no sólo tienen en común su localización geográfica sino también su temática, pues todas giran en torno al asesinato y sus consecuencias. De las tres, ésta es la que más críticas negativas ha recibido –sobre todo tras su proyección en el Festival de Venecia–, a pesar (o precisamente por eso) de que es la que más en serio se toma el asunto, pues prescinde por completo de su característico humor, salvo en algún guiño sutil. Se trata de una película terrible en la que el prolífico cineasta de Manhattan hace gala de un fatalismo que parece salido de una tragedia griega, como apunta el título. Quizás el film no es tan sorprendente ni redondo como Match Point, pero Allen desarrolla su historia con habilidad, y sobre todo, se luce nuevamente como guionista, pues las reacciones y la evolución de sus personajes están trazadas con tiralíneas. Sigue los pasos de Ian (Ewan McGregor) y su hermano menor Terry (Colin Farrell) que a pesar de su evidente falta de recursos adquieren un velero de segunda mano al que llaman Cassandra’s Dream (‘el sueño de Casandra’). Ian ayuda en el restaurante de su padre, que aspira a que un día le sustituya, pero él se ha propuesto invertir en un hotel, para tener una vida de grandes lujos, e impresionar a la joven actriz Angela, de la que se ha enamorado. Lo poco que ha ahorrado para este proyecto debe prestárselo a Terry, que ha perdido una cantidad muchísimo mayor jugando a las cartas. Podría solucionar los problemas económicos de estos hermanos su tío Howard (Tom Wilkinson), que se ha convertido en millonario. Ayudar a la familia es para él lo primero, pero exige el mismo trato por parte de sus sobrinos, a quienes pide a cambio un gran favor. Deberán asesinar a un contable que conoce sus trapos sucios y que está a punto de testificar contra él. Ian y Terry, asustados, le dicen que no, en un principio, pero están tan agobiados por las deudas que poco a poco deciden cruzar la línea sin retorno del crimen Es un tópico a estas alturas señalar la buena mano para los actores de Allen, que se ha rodeado de un elenco envidiable. Ha vuelto a contar con el director de fotografía de Melinda y Melinda, Vilmos Zsigmond, que se luce sobre todo con sus llamativas postales del puente de Londres y diferentes localizaciones de la rivera del Támesis. Llama la atención el hecho de que Allen haya encargado esta vez una partitura de Philip Glass, en lugar de recurrir a sus temas de jazz habituales. El film está plagado de referencias de distinto origen, desde Bonnie and Clyde, que como es bien sabido está protagonizada por dos delincuentes que acabaron tiroteados, a los clásicos griegos, pero sobre todo parece que desde hace algún tiempo, Woody Allen no puede sacarse de la cabeza la temática de Crimen y castigo, la novela de Fiodor Dostoievski que leía uno de sus personajes de Match Point. Ya aparecían allí los remordimientos que sufría un personaje, y sin embargo este tema se plantea aquí con mayor profundidad, preocupándose incluso uno de los personajes por la trascendencia de sus actos, sin que esto venga acompañado como siempre de un chiste típico del hombrecillo de gafas. En el film están muy presentes la cara y la cruz de este genial autor, que da vueltas una y otra vez a los mismos temas, parece mantener una jugosa guerra interior y ha sabido madurar con el tiempo.

7/10
Scoop

2006 | Scoop

Tras ponerse serio en Match Point, Woody Allen retorna a la senda de la comedia ligera con un punto de intriga, que tan buenos resultados le ha dado en títulos como Misterioso asesinato en Manhattan. El film arranca con la muerte del célebre reportero Peter Lyman, que ni siquiera en el más allá puede resistirse a seguir su instinto periodístico. Conocedor en su viaje por el averno de algunos datos en torno a un asesinato, escoge comunicar dicha información a Sondra (Scarlett Johansson), una joven estudiante de periodismo. Y lo hará a través del más célebre número de magia del ilusionista Sid Waterman (Woody Allen). La investigación le conduce hasta el encantador Peter Lyman (Hugh Jackman), miembro de una aristocrática familia. Una gozada de película, capaz de despertar risas de buena ley. Allen cumple con el rito de entregar un film anual, y está verdaderamente sembrado a la hora de discurrir gags y juegos de palabras, a la vez que nos hace dudar acerca de cómo resolverá la historia. Aunque el tono es humorístico, no faltan diatribas a las ínfulas que se gastan los ‘chicos de la prensa’ o al afán de morbo de tantas personas. Además, vuelve a abordar el tema de ‘crimen y castigo’, donde de nuevo viene a decir que no existe la impunidad, una ‘corrección’ a Delitos y faltas que ya había apuntado, en forma de remordimientos, en Match Point.

8/10
Match Point

2005 | Match Point

Terrible y desesperanzada película de Woody Allen, y una muestra al tiempo de su enorme talento. Con aire ‘british’ –quién diría que éste es un film del neoyorquino, aun estando presentes sus temas de siempre– cuenta el ascenso social y caída moral de Chris, joven de extracción humilde que se codeó con la élite del tenis mundial, y que actualmente da clases de este deporte a gente pudiente. Esto le permite introducirse en el círculo de una familia inglesa de clase alta, e incluso integrarse en ella. El problema surge cuando se encapricha de la novia americana del hijo, aspirante a actriz sin futuro. El protagonista, rendido a su belleza, se deja llevar, pero manteniendo las apariencias. Estamos ante el mejor film de la nueva etapa ‘seria’ de Allen, aunque algún pasaje se estire sin necesidad. El reparto, como es norma, está sobresaliente. En su hábil narración, el director y guionista introduce un giro contundente, perfecta maniobra de un mago del cine, al convertir un drama sobre la infidelidad en planificación fría de un crimen: Chris pretende quitar de en medio a quien hasta entonces era objeto de goce, su amante, y que se ha convertido en estorbo para su ordenado mundo perfecto. Así llega el momento cerebral, a lo Raskolnikov de "Crimen y castigo", libro expresamente citado.

7/10
Melinda y Melinda

2004 | Melinda and Melinda

Un grupo de sofisticados intelectuales neoyorquinos, cena en un restaurante de postín. Agradable velada, donde la desgutación de una buena comida es compatible con la conversación “trascendente”. Pues dos de comensales, ambos escritores, tienen visiones diversas acerca de los sucesos que nos depara la vida. Y cada uno va a demostrar que un mismo hecho, punto de partida, puede desembocar en tragedia o comedia. Risas y lágrimas, con ellas tejemos nuestra existencia, y quizá no anden tan lejos unas de otras. Woody Allen traza su historia con tres líneas maestras: la mencionada cena, y las dos versiones, trágica y cómica, de las vicisitudes de una tal Melinda. En la “cara” divertida de la “moneda” woodyalleniana, Melinda es la vecina de una pareja que ofrece una cena, ella exitosa directora de cine independiente, él actor en horas bajas. Mientras que la “cruz” seria, muestra a una Melinda depresiva con tendencias suicidas, antigua amiga de un matrimonio en que él es actor, que se presenta de improviso en su casa, cuando ellos tienen una cena con invitados. El film salta de uno a otro escenario con pasmosa agilidad, mostrando que los reversos de la citada moneda se asemejan bastante. Todo ello con el habitual tono cáustico y pesimista de su director. Aunque el arranque y la estructura son originales, el cineasta sigue estancado en sus temas de siempre (el amor insatisfecho, las complicadas relaciones de pareja, el sexo, la felicidad, Dios…), y no encuentra nuevos terrenos a descubrir, como si hubiera decidido encerrarse en una isla de geografía limitada.

7/10
Todo lo demás

2003 | Anything Else

Jerry Falk (Jason Biggs) es un aspirante a escritor, que trata de abrirse camino. Su agente, Harvey (Danny DeVito), tiene tales sueños de grandeza, y exige tanto a sus representados, que se ha quedado con un solo cliente: Jerry. Por otra parte, su amigo David (Woody Allen), es una especie de mentor, que trata de darle consejos para desenvolverse en la vida. Jerry pronto se enamora de la imprevisible Amanda (Christina Ricci), con la que empieza a convivir; ella tendrá la ocurrencia de traerse a casa a su madre Paula (Stockard Channing) una temporadita. Woody Allen deja atrás el optimismo que parecía haber adquirido con títulos como Granujas de medio pelo y Un final made in Hollywood. Su último film, Todo lo demás, es una nueva indagación en el mundo de la pareja, en sus amores y desamores, egoísmos y neuras, dentro del vértigo de la atracción. Pero hay más cinismo, quizá por ser su primer proyecto concebido tras los desgraciados sucesos del 11 de septiembre, que sacudieron a su muy amada Nueva York. Aunque a ratos se estanca, Allen es siempre Allen, y da algunas pruebas de brillantez. Los momentos más hilarantes corren a su cargo, con una divertida crítica al descontrol de armas que existe en Estados Unidos.

4/10
Un final made in Hollywood

2002 | Hollywood Ending

Nuevo film de Woody Allen donde siguen abundando los elementos autobiográficos –el protagonista es un director de cine, amante de Manhattan, considerado un autor, más comprendido en Francia que en casa (genial el gag que resuelve el film)–, con la omnipresente preocupación por las relaciones hombre-mujer. Aquí ella productora y él director de cine son Téa Leoni (magnífica elección) y Woody Allen, matrimonio divorciado, cada uno con nueva pareja, pero en realidad todavía enamorados, aunque no lo reconozcan. Sobre todo ella, que se las arregla para que su compañía confíe a su ex marido una nueva película. Todo muy profesional, claro, nada personal. ¿O no? Los ribetes de comedia se disparan cuando el personaje de Woody se queda ciego. Con ayuda de su agente mantendrá la situación en secreto, aunque la película va camino del desastre. Como es de suponer, la ceguera del director propicia gags desternillantes. Pero esto no impode a Allen reflexiona sobre otras cuestiones. Como la del amor aún vivo entre su personaje y el de la estupenda Téa Leoni y el de, ¡oh, novedad!, el hijo de Woody, con pelo de colores, piercings y tatuajes, del que se ha distanciado culpablemente. Hasta la cuestión de la líbido, como ya ocurriera en La maldición del escorpión de jade, se trata de modo sorprendente. En ambas películas se repite el tema de la mujer exuberante que se ofrece al protagonista, y que en un caso por ceguera, en el otro por hipnosis, éste no llega siquiera a advertir. ¿Estará diciendo Woody que llega el momento en la vida de poner el sexo en su sitio, sin dejarse llevar sólo por impulsos primarios? No parece descabellado.     Decine21 · Entrevista con Joan Pera    

7/10
La maldición del escorpión de Jade

2001 | The Curse of the Jade Scorpion

Años 40. C.W. Briggs (Woody Allen) es el as de los detectives de seguros. No hay caso que se le resista, porque tiene una habilidad especial para meterse en la mente de los criminales. Su personalidad es tan arrolladora que va a chocar con la de Fitzsimmons (Helen Hunt), una experta recién llegada a la compañía. En una cena de la empresa, ambos son hipnotizados por un ilusionista. Lo que va a dar lugar a más de una sorpresa cuando se producen unos robos, tras los cuales parece estar una mente criminal tan inteligente como la de Briggs. El cine negro más clásico viene aquí tamizado por el humor chispeante y lleno de ingenio del pequeño Woody. Quizá él como actor no dé el tipo del clásico detective privado. Pero los diálogos y situaciones son tan divertidos y están tan bien trazados, que poco importa. Dominan en el film los personajes femeninos, muy bien perfilados. El de Elizabeth Berkley responde al de la clásica secretaria atractiva, que tan bien supo desarrollar el novelista Raymond Chandler. Allen convenció a Charlize Theron para embarcarse en la película con este sencillo argumento: “Si hiciera esta película en los años 40, contrataría a Lauren Bacall. ¿Te interesa?”. Y Helen Hunt es la clásica mujer fuerte, dura por fuera pero delicada en su interior.

7/10
Granujas de medio pelo

2000 | Small Time Crooks

Un grupo de ladrones, pobres diablos, idean un plan para robar un banco: un butrón a perpetrar desde el local de al lado, donde han montado un negocio tapadera. Pero ocurre lo inesperado: las galletas que venden en su chiringuito resultan un éxito arrollador, que les vuelve multimillonarios. Woody Allen vuelve a redescubrirse a sí mismo. Increíble la capacidad creadora del neoyorkino, que año tras año acude puntual a su cita con los espectadores, ofreciendo una nueva película. A veces mejor (la que nos ocupa es divertidísima, a la altura de Misterioso asesinato en Manhattan), otras veces menos; aunque lo indudable es que Allen nunca defrauda, siempre da algo que tiene interés. Uno de los aciertos de Allen es el reparto. Aquí es magnífica la elección de Tracey Ullman en el personaje de su esposa, y el de Hugh Grant como maestro de buenos modales. Por cierto, viendo el final del film nos surge la cuestión: ¿se nos habrá vuelto romántico y optimista el pequeño Woody? No estaría nada mal.

6/10
Acordes y desacuerdos

1999 | Sweet and Lowdown

Con Acordes y desacuerdos Allen rinde un homenaje explícito a su muy amado jazz. La banda sonora de sus películas siempre la ha presidido esta música, pero aquí inventa a Emmet Ray, un guitarrista de jazz de los años 30 supuestamente legendario, del que diversos personajes auténticos, incluido el propio Allen, cantan su talento. Con un esquema narrativo que recuerda a Toma el dinero y corre y Zelig, el director salpica el relato de declaraciones de personas que evocan la figura de Ray, su egocéntrica personalidad y su personal aportación al jazz. Entre medias, se desliza la historia del guitarrista, sobre todo en su vertiente amorosa. Y es aquí, sobre todo, donde Allen acierta de pleno. Pocas veces se ha visto contada de modo más sentido una historia de amor. Allen demuestra una prodigiosa sensibilidad. Para empezar, define a sus personajes a las mil maravillas. Ray es un egocéntrico. Con talento, va a lo suyo. A su bola. Sean Penn le presta cuerpo y alma, y consigue el milagro de que amemos a este personaje. Somos incapaces de guardarle rencor, aunque se lo gane a pulso. El amor pasa a su lado en forma de Hattie, una chica muda. Ella no es demasiado inteligente. Bonita, ingenua, luminosa, dulce, sensible... Una joya, a pesar de que no pueda hablar. El director nos presenta a otras mujeres importantes en la vida de Ray, como la Blanche de Uma Thurman, pero el corazón de esta película es la historia de amor con Hattie que tiene un antes y un después. El reencuentro con Hattie es causa de dos de las mejores secuencias que ha dado nunca la cámara de Allen, verdadera poesía con mayúsculas. El director coge de improviso el corazón del espectador y lo estruja sin misericordia. De pocas maneras se puede expresar mejor el gran error de Ray. Con su otro amor, la guitarra entre sus manos, Allen nos habla también de lo que puede ser una disyuntiva en la vida del artista. Si uno se viera forzado a elegir, ¿qué debería ir antes, el amor o el arte?

7/10
Celebrity

1998 | Celebrity

Lee Simon es un novelista sin éxito, cuyas relaciones con las mujeres son muy poco duraderas. Su intento de colocar un guión en Hollywood le da entrada al mundo de las celebridades: gente acelerada, siempre a la búsqueda de nuevos placeres y sensaciones. El vértigo que sufre Simon en este mundo es descomunal. Woody Allen sigue con sus temas habituales, aunque con un pesimismo más marcado que en otros films. El director (que cede el típico papel que él suele interpretar a Kenneth Branagh) analiza el desconcierto afectivo de numerosos personajes, con un acidísimo sentido del humor y un tratamiento de la sexualidad mucho más oscuro y descarnado de lo acostumbrado. El reparto, como siempre, es fantástico: desde los jovenzuelos Leonardo DiCaprio, Winona Ryder, Famke Janssen y Charlize Theron, hasta los más veteranos Judy Davis, Joe Mantegna y Melanie Griffith.

5/10
Desmontando a Harry

1997 | Deconstructing Harry

Harry es un escritor con éxito de agitada vida sentimental. Su vida inspira sus libros, lo que irrita a los implicados. Y se interroga, con escepticismo, sobre Dios y el judaísmo, las relaciones hombre-mujer y la sexualidad, los hijos... Sustitúyase Harry por Woody Allen, escritor por director, libros por películas. Imposible dejar de ver a Allen en su obra, que ahora describe a un escritor que se siente más cómodo con los personajes que crea que con los del mundo real. El reparto es envidiable, la historia tiene aspectos originales. El juego entre realidad e imaginación, con distinto tratamiento fotográfico, funciona bien. Con chispazos de genio, el director repite sus temas de siempre, adobados de amargura y erotismo. Y el humor crece en negrura, como en la cruel historia de los padres de Harry. No faltan ideas ocurrentes, como la del actor desenfocado, al que nadie ve con nitidez, o la visita al infierno.

7/10
Todos dicen I Love You

1996 | Everyone Says I Love You

El argumento sigue las peripecias de los familiares de D. J., una adolescente con una madre adinerada que dedica la mayor parte de su tiempo a obras sociales, y un padrastro abogado. Su padre biológico es un escritor de segunda fila que vive en París, y que sufre una grave depresión tras ser abandonado por su última pareja. Woody Allen dirigió por una vez un musical que rinde pleitesía a las comedias musicales protagonizadas por Fred Astaire y Ginger Rogers, o Gene Kelly. El cineasta reunió a un selecto reparto de primeras figuras que no suelen aparecer cantando en las películas, y a los que no les dijo que la película era un musical hasta el último momento. El argumento es muy divertido con momentos delirantes, como el romance entre Julia Roberts y Woody Allen, una de las parejas más extrañas que jamás haya aparecido en la pantalla. Lo mejor, los números musicales compuestos por canciones populares y coreografías sencillas, pero eficaces y divertidas.

6/10
Poderosa Afrodita

1995 | Mighty Aphrodite

Lenny es un periodista deportivo casado una propietaria de una galería de arte. Ella quiere adoptar un niño, y él acaba aceptando aunque no sin ciertas reticencias iniciales. Sin embargo, con el tiempo Lenny se convierte en un hombre feliz con su hijo, un chavalín despierto y ocurrente. Esto le lleva a pensar que su madre biológica ha de ser una mujer muy inteligente y decide encontrarla. Cuando por fin da con ella comprueba con estupor que se trata de Linda, una prostituta y actriz porno con muy pocas luces. Disparatada comedia picaresca de Woody Allen, en su faceta más divertida y gamberra. El director y guionista neoyorquino cuenta su historia al modo de tragedia griega clásica, con su corifeo particular. Los diálogos son divertidos y en algún caso procaces, pero el aire del film no se separa nunca del tono ligero y los gags amables. Destaca sobremanera el trabajo de la entonces desconocida Mira Sorvino en el papel de Linda, por el que ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto. La música, como siempre en Allen, incluye maravillosos temas de jazz clásico.

7/10
Balas sobre Broadway

1994 | Bullets Over Broadway

Corren los locos años 20. David Shayne, joven autor teatral muerto de hambre, consigue por fin que le financien una de sus obras, que podrá estrenar en un teatro, con un reparto excelente. Sólo tiene que cumplir una condición: darle un papel a Olive, la novia del productor del espectáculo, el poderoso gángster Nick Valenti. Por desgracia, Olive, que acude a los ensayos siempre acompañada de Cheech, su guardaespaldas, resulta ser una pésima actriz con una voz extremadamente desagradable. David intenta limitar al máximo posible su papel, pero el gángster le presiona para que lo alargue, lo que daría al traste con la obra. Por otro lado, Cheech, resulta ser un imaginativo consejero a la hora de sugerirle a David cambios en la obra... Una de las mejores comedias de Woody Allen, que cede el protagonismo a John Cusack, en un papel de intelectual neurótico de los que suele interpretar el cineasta neoyorquino, aunque debió pensar que ya estaba demasiado viejo para hacerlo él mismo. Esta vez, Allen ofrece una ambientación prodigiosa de la época, y una reflexión, interesante, aunque salpicada de humor negro, sobre la creación y los límites morales del artista.

8/10
Los USA en zona rusa

1994 | Don’t Drink the Water

Años 60. Los Hollander, un matrimonio estadounidense de vacaciones y su hija, Susan, llegan a la embajada de su país en un país del Este europeo, en busca de refugio, pues han sido acusados de espionaje. Allí les tiene que resolver la papeleta Axel, que se ha hecho cargo de la embajada en ausencia de su padre, el verdadero embajador. Woody Allen filmó para la pequeña pantalla esta comedia sobre la guerra fría, basada en su propia obra de teatro, ya adaptada al cine por Howard Morris en 1969. Aquel film era tan decepcionante, que probablemente Allen se quedó con las ganas de haberlo rodado él mismo. La obra está llena del tipo de humor ligero y desenfadado de las primeras películas de Woody Allen, pues está escrita en la época en la que el cineasta filmaba Bananas, y Toma el dinero y corre. Como es habitual, Allen proporciona papeles increíbles a los actores más indicados, y esta vez logra el lucimiento de Michael J. Fox, divertido hijo del embajador, y del veterano Dom DeLuise, en un alocado papel como sacerdote aficionado a la magia.

6/10
Misterioso asesinato en Manhattan

1993 | Manhattan Murder Mystery

Un matrimonio neoyorquino sospecha que su vecino ha asesinado a su esposa. Se trata de uno de los filmes más completos de Woody Allen y secuencias míticas como la de la llamada telefónica, convierten esta comedia en uno de sus más hilarantes trabajos. Hay momentos inolvidables, como aquel en el que suena el tema "Sing Sing Sing", interpretado por el gran Benny Goodman y su orquesta en el Carnegie Hall neoyorquino en 1938. Una auténtica delicia. Para leer un completo análisis del guion de Allen y Marshall Brickman pincha aquí.

8/10
Sombras y niebla

1992 | Shadows and Fog

Un hombre cobarde es obligado por sus vecinos a salir en plena noche, para capturar a un asesino que siembra el pánico entre la población. Woody Allen homenajeó al Expresionismo Alemán con este thriller cómico, con una magistral fotografía en blanco negro que recuerda a clásicos como Nosferatu, y un argumento que recuerda a M, el vampiro de Düsseldorf. Sin ser de los mejores títulos de Woody Allen, contiene algunos momentos memorables.

6/10
Maridos y mujeres

1992 | Husbands and Wives

Jack y Sally son una pareja liberal que después de darle muchas vueltas a su relación, han decidido separarse de manera amigable, por el bien de ambos. Racionalmente han llegado a la conclusión de que no son dichosos juntos, y antes de que sea más tarde deben buscar la felicidad por su cuenta. Esta decisión sorprende mucho a sus mejores amigos, la pareja formada por Woody Allen y Mia Farrow, que sin saberlo están atravesando la misma situación. La película narra las relaciones entre varios personajes, que coinciden en sus dudas y sus indecisiones. Una comedia típica de Woody Allen, que trata de reflejar la complejidad de las relaciones amorosas entre un hombre y una mujer. Protagonizada por la atractiva Mia Farrow, unida sentimentalmente a Allen durante diez años, con quien trabajó además en Zelig (1983), La rosa púrpura del Cairo (1985) o Delitos y faltas (1989). Realista, divertida y con un ritmo muy rápido. Ésta no es una de las mejores películas de Allen, y quizá se repite un poco, pero sin duda merece la pena.

6/10
Alice

1990 | Alice

Woody Allen al ataque. Aquí sigue a Alice, que lleva una vida gris. Su marido la ignora, y ella no ha hecho nada para remediarlo... hasta ahora. Unas hierbas le llevan a un viaje para descubrirse así misma.

6/10
Delitos y faltas

1989 | Crimes and Misdemeanors

Judah Rosenthal (Martin Landau) es un prestigioso oftalmólogo que lleva una vida exitosa y plácida con su familia, o al menos eso es lo que parece. Porque en realidad está pasando por una grave crisis: lleva dos años engañando a su mujer, y su amante –harta de la precaria situación– ha tomado la decisión de contarle a su mujer la verdad. Por otro lado tenemos a Cliff Stern (Woody Allen), un director de documentales fracasado, cuya vida matrimonial hace aguas y que se acaba de enamorar de Halley, una lista productora de televisión que es pretendida también por el ególatra cuñado de Cliff. Delitos y faltas es probablemente una de las películas más logradas e interesantes de Allen. Como es habitual, sus temas de siempre están presentes de modo contundente: el amor, las mujeres, la religión, el sexo, el cine; pero esta vez incorpora otro aspecto vital de la vida humana: la moral. Como en Match Point, el genio neoyorquino reflexiona acerca de la moralidad de los actos, del castigo y el perdón, de la culpa y de la conciencia. Allen no deja de ser él mismo, y se muestra cínico y nihilista, sobre todo cuando se trata de hablar de religión (un personaje importante llega a afirmar que prefiere a Dios antes que a la verdad). De cualquier forma, y aun con su tono pesimista, el film ofrece importantes puntos de reflexión y destaca el soberbio y contundente paralelismo final. El guión es modélico, plagado de diálogos ricos y chispeantes, y pese a no tratarse de una comedia al uso del director, hay algunas escenas desternillantes, como cuando Cliff le muestra a su cuñado la película que ha rodado sobre él. El reparto está sensacional, pero hay que hacer mención especial de un superlativo Martin Landau, cuya composición dramática es sencillamente excepcional. No en vano fue nominado al Oscar.

8/10
Historias de Nueva York

1989 | New York Stories

Los tres realizadores que más han recurrido, a lo largo de su filmografía a escenarios de Nueva York, se unieron en esta cinta donde cada uno aporta un episodio.  En 'Apuntes del natural', de Scorsese, un pintor mundialmente famoso se siente atraido por su ayudante. 'Vida sin Zoe', de Coppola, es la historia de una niña de doce años. 'Edipo reprimido', de Woody Allen, sigue los pasos de un neurótico abogado, incapaz de escapar a la influencia que su madre ejerce sobre él. Mientras que el de Coppola resulta magistral y está lleno de elementos autobiográficos, el de Scorsese es un tanto rutinario y el de Allen autocomplaciente aunque divertido.

6/10
Otra mujer

1988 | Another Woman

Marion, una mujer casada, aunque de carácter solitario, profesora de filosofía, alquila un apartamento. Y por el delgado tabique se cuelan las confidencias de otra mujer al psiquiatra. Aunque pretende escribir un libro no encuentra la inspiración. Y es que Marion se ha autoconstruido un escudo, una fachada, para evitar ser vulnerable. Pero cuando escucha los problemas que esa desconocida cuenta en la consulta del vecino, le parece ver un reflejo de su propia vida. Woody Allen se pone serio para hablar de un problema muy contemporáneo: la soledad, la falta de personas a las que poder confiar los propios problemas. Como es habitual cuenta con un reparto excepcional, donde se llevan la palma la que fuera su mujer, Mia Farrow, esta vez en un papel secundario, y sobre todo ese peso pesado de la interpretación llamado  Gena Rowlands.

7/10
Días de radio

1987 | Radio Days

Lejos del diván, Woody Allen hila fino para crear un maravilloso tapiz de entrañables historias en torno a la radio de los años 40. Nunca el genio de Manhattan ha destilado con tanto cariño y comicidad la chispa de la adolescencia y la nostalgia. Imborrable en su autorretrato como Joe Needleman, un pícaro chaval que fantasea con su sexy profesora de sexto. Lúcida y encantadora.

6/10
Septiembre

1987 | September

Un grupo de personas pasa unos días en una casa de campo, en Vermont. Algunos de los miembros del grupo se enamoran, pero pronto llegaran a la conclusión de que podrían haber elegido una pareja equivocada. Gran admirador de Ingmar Bergman, Woody Allen ya revisitó los temas de Gritos y susurros en Interiores. En Septiembre retoma los de Sonata de otoño. Aunque los conflictos que plantea son interesantes, Allen no alcanza la talla intelectual del maestro sueco, y pesan demasiado sus prejuicios, su irreverencia y su visión irresponsable de la vida.

6/10
Hannah y sus hermanas

1986 | Hannah and Her Sisters

A través de las andanzas de tres hermanas, Woody Allen indaga en la infidelidad matrimonial, esta vez con un tono reposado, introspectivo y profundo, a medio camino entre la comedia clásica y el cine de Bergman. Del excelente reparto, destacan Michael Caine y Dianne Wiest, premiados con los Oscars al mejor actor y a la actriz secundaria, respectivamente.

7/10
La rosa púrpura del Cairo

1985 | The Purple Rose of Cairo

Años de la Depresión. Cecilia se evade de la realidad en el cine. Cautivada por el actor de una peli, la ve una y otra vez. Un Woody Allen mágico y cinéfilo.

7/10
Broadway Danny Rose

1984 | Broadway Danny Rose

Danny Rose es un representante artístico que lleva a los perdedores más estrafalarios: un ventrílocuo tartamudo, un bailarín de claqué con una sola pierna, o un loro que toca el piano. Un día, parece que su suerte empieza a cambiar, pues Lou Canova, un cantante relacionado con la mafia, le pide que le represente, a condición de que acompañe a su amante a ver una actuación. Pero Danny se enamora de la muchacha, lo que está a punto de llevarle al más absoluto de los desastres. Divertido homenaje de Woody Allen a las actuaciones en directo de los clubs de Nueva York, donde él mismo había comenzado como humorista. Excelente fotografía en blanco y negro.

6/10
Zelig

1983 | Zelig

Documental ficticio sobre la figura de Leonard Zelig, un hombre dotado de la capacidad sobrenatural de cambiar su apariencia. El film sigue sus pasos desde 1920, cuando empieza a llamar la atención, y presentan testimonios de supuestos testigos de los sucesos. También se incluye un análisis del personaje de la psicóloga Eudora Fletcher, que tiene la teoría de que Zelig es un caso extremo de timidez, lo que le lleva a cambiar su apariencia, para que le acepten las personas de su alrededor. Sin duda, es una de las películas más originales de Woody Allen, que logró dar a la cinta una apariencia de viejo documental. Para que las imágenes parecieran lo suficientemente deterioradas, los operadores de cámara llegaron a ensuciar e incluso pisotear los rollos de película. El personaje principal llega a aparecer con personajes reales, como Adolf Hitler, mediante imágenes superpuestas.

6/10
La comedia sexual de una noche de verano

1982 | A Midsummer Night's Sex Comedy

Andrew, un inventor de tres al cuarto, y su esposa, Adrian, ofrecen su lujosa residencia campestre a su amigo, el pretencioso filósofo Leopold, para que pase allí el fin de semana junto a su prometida Ariel, a punto de casarse. También se apunta el mejor amigo de Andrew, Maxwell, un médico ligón que llega hasta la bucólica casita con una guapa enfermera llamada Dulcy. Durante esos dos días idílicos del verano hablarán del amor, rememorarán recuerdos y tendrán lugar diversas relaciones de infidelidad. Woody Allen homenajea Sonrisas de una noche de verano, una película de su maestro sueco, Ingmar Bergman, añadiendo elementos de La regla del juego, una de las obras maestras de Jean Renoir. Allen se muestra más frívolo que nunca y bastante pesimista en su visión de las relaciones matrimoniales y de pareja, aunque sigue repartiendo divertidos gags, e introduce un par de toques mágicos con ingenio. De todos modos no acaba de dar con el ritmo vertiginoso de otras ocasiones, a ratos resulta algo cansino.

5/10
Recuerdos

1980 | Stardust Memories

Sandy Bates, un conocido actor y cineasta, sufre una crisis creativa porque está cansado de rodar comedias. La productora de su última película quiere cambiar el final trágico de su última película, para hacerla más comercial. Un fin de semana, le invitan a una retrospectiva de sus films, donde le asedian sus numerosos fans. Allí le visita su novia, pero Sandy se fija en una atractiva violinista. Woody Allen homenajeó a su maestro italiano, Federico Fellini, en esta comedia dramática libremente inspirada en Ocho y medio, de Federico Fellini, también sobre un realizador que pasa una grave crisis vital. El título original del film, Stardust Memories, proviene de una famosa canción de Louis Armstrong, que suena en un momento importante de la trama. Aunque es una de las películas menos redondas de Allen, algunos momentos son realmente memorables.

5/10
Manhattan

1979 | Manhattan

Woody Allen da vida a un escritor de comedias cuya esposa le ha abandonado por una mujer. Actualmente mantiene una relación con una chica que no tiene ni dieciocho años. Los problemas surgen cuando aparece la mujer que él considera apropiada, ya que se trata de la novia de su mejor amigo. Con este pretexto argumental, Woody Allen elabora una comedia que tiene como finalidad elaborar un retrato de la ciudad de Manhattan y sus habitantes. No faltan las referencias al sexo, a la religión y a los psiquiatras, temas siempre presentes en las películas de Allen. El film cuenta con un excelente reparto que incluye, además de al propio director, a Diane Keaton, Michael Murphy, Mariel Hemingway y Meryl Streep. Rodada en blanco y negro, la fotografía corre a cargo de Gordon Willis, quien hace un espléndido retrato de la ciudad de Nueva York. Sin lugar a dudas, se trata de una de las grandes obras maestras del genio neoyorquino, junto a Annie Hall, Hannah y sus hermanas y Delitos y faltas.

8/10
Interiores

1978 | Interiors

Un padre de familia anuncia a sus tres hijas que ha decidido abandonar a su esposa a causa del amor que siente por otra mujer. La madre, una decoradora de gran reputación en los ambientes intelectuales de Nueva York, recibe la noticia con escepticismo, pero enseguida inicia una desesperada etapa de crisis. Primer drama de Woody Allen, que para lograr una mayor seriedad decidió no intervenir como actor. Como es habitual, logra desgarradoras interpretaciones, y algunas secuencias bastante emotivas. De paso, muestra el dolor que la situación provoca entre sus personajes, pero su visión del matrimonio es un tanto cínica y negativa.

6/10
Annie Hall

1977 | Annie Hall

Escrita y dirigida por Woody Allen, Annie Hall narra la relación que surge entre un neurótico escritor de comedias (Woody Allen) y una joven cantante (Diane Keaton). Excelente film, considerado por muchos como la mejor película del genio neoyorquino, ofrece unos elaborados diálogos en los que no faltan las referencias a los temas preferidos por Allen: sexo, religión, la influencia paterna y, por supuesto, psiquiatras. Todo ello interpretado por un envidiable reparto; así, la pareja protagonista está acompañada por Tony Roberts, Carol Kane, Paul Simon y Christopher Walken. Como anécdota que encantará a los admiradores de la heroína de la saga de Alien, el octavo pasajero hay que señalar una brevísima aparición de unos diez segundos de Sigourney Weaver. Annie Hall fue galardonada con cuatro Oscar en las categorías de mejor película, mejor director, mejor actriz y mejor guión original. El célebre director no acudió a la ceremonia para recibir la dorada estatuilla, alegando que tenía que tocar el clarinete en su club de jazz.

8/10
La última noche de Boris Grushenko

1975 | Love and Death

Rechazado por su amada Sonja, a punto de casarse con un comerciante de arenques, Boris Grushenko se siente despechado y se alista en el ejército, justo antes de la invasión de Rusia, por parte de las tropas napoleónicas. En el frente de combate, Grushenko logra sobrevivir por su pereza y cobardía. En uno de los mejores trabajos de su primera etapa, Woody Allen parodió la literatura realista rusa, sobre todo 'Guerra y paz' y 'Crimen y castigo'. Divertidas discusiones filosóficas de los personajes, en los momentos menos oportunos, y graciosos homenajes al cine de Charles Chaplin y de los hermanos Marx. La banda sonora se compone de obras clásicas del compositor ruso Sergei Prokofiev.

6/10
El dormilón

1973 | Sleeper

Año 2174. Miles Monroe, músico que toca el clarinete, despierta tras haber permanecido dos siglos en una cápsula de hibernación. Los Estados Unidos ya no existen, pues se han convertido en una sociedad despótica, en la que los ciudadanos están sometidos a vigilancia día y noche. Monroe acaba uniéndose a Luna Schllossel, una mujer que pertenece a la resistencia contra 'el jefazo', tirano que rige la sociedad. Divertida parodia de clásicos de la ciencia ficción apocalíptica como '1984' y 'Un mundo feliz'. Allen incluye divertidas secuencias de amor físico, al estilo de Buster Keaton, parodias de otras películas como Un tranvía llamado deseo y momentos hilarantes, como cuando el dictador sufre atentado y sólo sobrevive su nariz, de forma que la nariz sigue gobernando. La banda sonora, compuesta por piezas de jazz, está compuesta por el propio Woody Allen.

6/10
Todo lo que usted quería saber sobre el sexo pero temía preguntar

1972 | Everything You Always Wanted to Know About Sex * But Were Afraid to Ask

En su cuarto trabajo como director, Woody Allen partió de un libro homónimo sobre sexualidad del Dr. David Reuben, con el fin de parodiar ese libro y todos los estudios psicológicos sobre el tema. El film se divide en siete fragmentos independientes, cada uno con un título sacado del libro. Aborda muy alocadamente temas como el travestismo, la seducción y hasta la zoofilia. Lo mejor es quizá el episodio en el que Woody Allen interpreta a un espermatozoide.

5/10
Sueños de seductor

1972 | Play It Again, Sam

Woody Allen interpreta a un tipo torpe y pusilánime, fanático del cine, que no es capaz de mantener una relación seria con una mujer. Además, cree que Humphrey Bogart se le aparece, dándole consejos para conquistar a las mujeres. Pero ni con esas. Aunque trate de imitar al mítico Bogart del pitillo en la boca, sombrero de ala y gabardina, al Bogart de Casablanca, Allen convierte en desastre cualquier cosa que se propone. Una estupenda comedia de Woody Allen, aunque, a modo de excepción, dirigida por Herbert Ross. Se trata de una de las más divertidas y frescas películas de Allen, además de ser un sentido homenaje a la mítica película de Michael Curtiz. Allen da vida a su personaje característico: un tipo hipocondríaco, inseguro y con un fuerte conflicto moral. Un guión muy inteligente, que se basa en una obra teatral escrita por el propio Allen, en el que el cine se parodia a sí mismo. Algunas escenas son desternillantes, y las que recogen los consejos de Bogart son verdaderos hallazgos. No es indispensable ser fan de Woody Allen para disfrutar con ella.

7/10
Bananas

1971 | Bananas

Fielding Mellish, un tímido intelectual que se gana la vida probando diferentes productos, se enamora de Nancy, activista política que lucha por derrocar al despótico dictador de San Marcos, un imaginario país latinoamericano. Deprimido ante la noticia de que Nancy le abandona, para ir a San Marcos, Fielding decide que su vida no tiene sentido sin ella. De esta forma, acaba viajando también a San Marcos, en busca de Nandy, involucrándose en una revolución. Tercer film dirigido por Woody Allen, sin duda uno de sus trabajos más decepcionantes. En cualquier caso incluye críticas a algunos líderes revolucionarios de Sudamérica, como Fidel Castro, pues el líder revolucionario de esta película, cuando llega al poder, acaba convirtiéndose en un déspota que aprueba normas absurdas (una de ellas es que la gente debe llevar la ropa interior por fuera). Además, contiene algunos momentos divertidos, como la escena en la que Woody Allen intenta defender con su torpeza habitual a una pobre mujer atacada por unos macarras en el metro. Uno de los asaltantes es un jovencísimo Sylvester Stallone, en uno de sus primeros papeles. El título, que en inglés equivale a "locura", también hace referencia a las repúblicas bananeras, como el lugar donde transcurre la acción. En cierta ocasión, le preguntaron a Woody Allen por qué se llamaba así la película. Contestó que porque en su país no había bananas.

5/10
Toma el dinero y corre

1969 | Take The Money And Run

Primera película de Woody como director, guionista y actor, sobre un ladronzuelo de poca monta. Virgil, que así se llama, es patético y malísimo en su trabajo, pero es incapaz de reformarse (ante la sorpresa de su enamorada Louise) y cada dos por tres acaba entre rejas. Excelente muestra cómica del genio neoyorquino, con estilo pseudo-documental y gags desternillantes, algunos de los cuales ya presagiaban las constantes de su cine: religión, sexo, psicoanalistas. Lo de los presos unidos por cadenas, de mondarse.

7/10
What's Up Tiger Lily?

1966 | What's Up Tiger Lily?

Antes de debutar como director y guionista de cuño personal, Woody Allen dobló libremente una producción de espionaje de Hong Kong, y añadió trozos nuevos, convirtiéndola en una comedia surrealista. Atención a los divertidos títulos de crédito finales.

4/10
¿Qué tal, Pussycat?

1965 | What's New, Pussycat?

Hilarante y superficial film lleno de gags despiporrantes, con un tono gamberrillo y picantorro, que retrata la vida ligera y alegre de los sesenta, en materia amorosa. La idea es jugar con el concepto de "swinger" de los 60 (intercambios de pareja), y el argumento gira en torno a la vida de Mike (Peter O'Toole), editor de una revista de moda en París, a quien gustan tanto las mujeres que no puede evitar liarse continuamente con las chicas fáciles que se le ponen a tiro. Pero él suspira en el fondo por la dulce Carole (Romy Schneider). Se trata de la primera película como actor y guionista del gran Woody Allen, a quien se reconoce detrás de cada frase delirante de los protagonistas. Y destaca todo un elenco de actores y actrices primorosos, muy inspirados en sus tonterías y enredos cómicos.

4/10
Rifkin’s Festival

2020 | Rifkin’s Festival

La historia de un matrimonio estadounidense que acude al Festival de Cine de San Sebastián. La pareja queda prendada del festival, así como de la belleza y encanto de España y la fantasía del mundo del cine. Ella tiene un affaire con un brillante director de cine francés y él se enamora de una bella española residente en la ciudad.

Día de lluvia en Nueva York

2018 | A Rainy Day in New York

Gatsby (Timothée Chalamet) y Ashleigh (Elle Fanning) son novios, estudiantes en una pequeña universidad. Ella proviene de Tucson, Arizona, mientras que él es un niño bien de Nueva York. Ambos harán un viaje relámpago a Manhattan con motivo de una entrevista que Ashleigh ha concertado con un prestigioso director de cine y que publicará en el periódico de la universidad. Aunque la cita iba a durar tan sólo una hora, las cosas se complican y cada uno acabará pasando el día por su cuenta. Tras dar rienda suelta a su pesimismo en Wonder Wheel el gran Woody Allen regresa a su faceta más ligera y menos molesta para las mentes poco cínicas, una de esas fruslerías románticas que tanto le gustan al genio de Nueva York y que acostumbra a intercalar en medio de sus dramas y de otras películas humorísticas que destilan mayor acidez. Por supuesto, eso no significa que abandone su particular toque crítico y que desborde talento con sus continuos diálogos y sus divertidas réplicas, tan mordaces y agudas, en ocasiones tan picantes, a veces tan desternillantes. Vuelve el cineasta a tocar el mundo de los artistas y más concretamente el del cine, temas que inundan su filmografía, en ocasiones de modo más directo como en Desmontando a Harry, Un final Made in Hollywood o Café Society. Aquí, el pretexto –la jovencita reportera que espera realizar su primera entrevista de éxito– le sirve a Allen para poner a los cineastas –un director, un guionista, un actor– a caer de un burro, personas inseguras que lejos de la pantalla dan bastante pena y resultan vulgares, aunque deslumbren con su fama a incautas universitarias del medio oeste. Por contra se situaría el lado más reflexivo e inconformista de Gatsby, neoyorquino pintoresco (como dice su novia), un tipo desconcertado con la vida que le ha tocado vivir y que descubrirá que no es oro todo lo que reluce en las clases altas y forradas de dinero, incluida su propia familia. Un poco de maldad no podía faltar. La puesta en escena de Día de lluvia en Nueva York es inconfundiblemente alleniana, estampas idílicas de impecable fotografía, escenas completamente definidas, con gusto clásico por la cámara fija o con movimientos elegantes y sutiles que siguen a los personajes (magnífica la escena inicial) mientras escuchamos ese sempiterno sonido de las techas del piano, sobre todo en este caso los saltarines acordes jazzísticos de Erroll Garner. Pero especialmente estamos aquí ante el Woody Allen de los diálogos continuos, llenos de humor, de las conversaciones y flirteos rápidos, con personajes que hablan y hablan y hablan, con continuas citas a autores, directores, pintores, cine clásico, etc., todo un compendio cultural. El variado reparto está muy ajustado, con grandes nombres que apenas tienen unas líneas de guión y otros más jovencitos que hacen un trabajo espléndido (impresionante en verdad Elle Fanning) y que sirven para demostrar una vez más la maestría de Woody Allen como director de actores. Y por supuesto destila el conjunto una querencia y romanticismo por Nueva York que se echaba de menos. Para Allen un día en la Gran Manzana puede cambiarte la vida.

6/10
Wonder Wheel

2017 | Wonder Wheel

Woody Allen en su versión más pesimista de los últimos años. Sin llegar a los extremos de Blue Jasmine ni a los existencialismos de Match Point y conservando cierto aire de historia ligera el genio neoyorquino vuelve a insistir en que la felicidad es imposible de alcanzar. El amor, el matrimonio, los hijos, los sueños artísticos, todo acaba tocado por el infortunio. Tan pronto estamos arriba y la existencia parece un cuento de hadas, como un momento después respiramos a ras de suelo y la frustración reina por doquier. Es la “maravillosa” rueda de la vida. Coney Island, años 50. Ginny, guapa cuarentona, casada y con un hijo de un matrimonio anterior, trabaja en un restaurante del parque de atracciones. Su vida ha perdido el color, siente que es un fracaso, sus sueños de ser actriz se esfumaron y el amor por su marido, un hombre bonachón pero tendente a la bebida y a los arrebatos violentos, es prácticamente inexistente. Por si fuera poco su pequeño hijo se ha convertido en un pirómano incontrolable. Sin embargo, dos hechos cambiarán la rutina de Ginny: se enamorará de un atractivo socorrista mucho más joven que ella y su cuñada Carolina se presentará en su casa buscando un lugar donde vivir. No estamos ante la mejor versión de Allen, pero aun así cuántas virtudes tiene Wonder Wheel. Muestra el director de Manhattan su inmenso talento narrativo, introduciendo el relato en boca de uno de los protagonistas, el socorrista Mickey, recurso ficticio que él maneja con una perfección extraordinaria. Logra así –como, por otra parte, es habitual en él– una gran fluidez en el desarrollo del guión, al tiempo que le sirve para introducir numerosas referencias literarias al hilo de las ínfulas de escritor del socorrista, fascinado por la obra del dramaturgo Eugene O'Neill, un autor no precisamente optimista acerca de las relaciones humanas, por decirlo suavemente. La película se ve/lee entonces como una pequeña gran tragedia familiar, en donde poco importa si la desgracia la buscamos nosotros mismos o es el destino quien entra en escena. La ambientación del film es sobresaliente, presidida en todo momento por un tratamiento fotográfico exquisito y que aporta una brillante tonalidad miel que tiñe el conjunto de una nostalgia casi irreal. No sería nada extraño que Vittorio Storaro se hiciera con su cuarto Oscar. A eso hay que sumar la eficiente banda sonora compuesta por canciones de época y la puesta en escena playera, luminosa, festiva, paradoja perfecta para la historia de infortunio que entrega Allen. Y no del todo se abandona la comedia, con la sorprendente introducción en la trama de los dos lugartenientes del mismísimo Tony Soprano, Steve Schirripa y Tony Sirico, los míticos Bobby y Paulie de la serie. Por primera vez trabaja con Woody Allen la gran Kate Winslet y desde luego su excelente composición es extraordinaria, el "alma mater" de la película, aunque su rol no sea demasiado agradecido, un poco al estilo de la Cate Blanchett del film citado más arriba; también está magnífico James Belushi en el papel de su marido. Menor presencia tienen Justin Timberlake y Juno Temple.

6/10
Café Society

2016 | Café Society

Bobby Dorfman es un joven judío neoyorquino que parte hacia Hollywood en los años 30 en busca de una vida mejor. Busca paradójicamente liberarse de sus padres, su hermana casada con un comunista y su hermano gángster, pues acude a otro pariente, su tío Phil, célebre agente de las estrellas de cine. La idea es que le dé algún trabajillo, aunque sea como chico de los recados. Phil le coloca bajo la tutela de su secretaria Vonnie, de la que enseguida se enamora. Pero ella tiene novio, e incluso cuando rompe con él, surgirán nuevos obstáculos, el destino puede ser muy irónico. Es ya un lugar común decirlo, pero repitámoslo, Woody Allen nunca defrauda. Aunque eso sí, uno le pone el listón tan alto, que en el film que nos ocupa cabe decir: esperábamos más. Su Café Society se encuadra en sus películas "serias", aunque siempre haya espacio para las bromas, en esta caso negras o agridulces, como las que propicia un gángster que nos hace pensar en Balas sobre Broadway. Siguiendo la vena filosófica pesimista de la que ya hiciera gala con profesor de la materia incluido en Irrational Man, el director y guionista nos viene a decir que no es posible la felicidad plena, que las oportunidades vienen y van, que la vida consiste en elecciones, aunque no es lo mismo una Veronica que otra Veronica, las dos mujeres principales en la vida de Bobby. Anhelamos una vida auténtica, pero no sabemos lo que es eso, y con frecuencia en el camino nos dejamos llevar sin más, por lo que nos ocurre, no somos tan dueños de nuestras decisiones como creemos. El desencanto impregna el film, que muestra sobre todo a tres personajes, Bobby, Vonnie y Phil, agitados cada uno por el amor, el trabajo, lo que quieren hacer en sus vidas, y que sin duda acaban ejerciendo su libertad, pero lo que han hecho no les deja satisfechos (aunque intuimos que de haber seguido otros derroteros, tampoco su felicidad habría estado garantizada). De modo que Allen traza con habilidad el arco vital de este trío, mientras coloca un telón de fondo de glamour hollywoodiense, y de gángsteres neoyorquinos, quizá algo forzado, pero que ayuda a sostener el entramado, y hacer el trago amargo en que consiste el film más llevadero. Como es habitual, el cineasta acierta con sus actores, Jesse Eisenberg y Steve Carell –los alter ego de Allen, sobre todo el primero, pero también el segundo–, más las chicas, Kristen Stewart y Blake Lively, y los numerosos y eficaces secundarios.

6/10
Crisis in Six Scenes

2016 | Crisis in Six Scenes | Serie TV

  Los agitados años 60, marcados por los disturbios raciales, las protestas contra la Guerra de Vietnam… El maduro matrimonio formado por el arriesgado escritor Sidney Munsinger, y la asesora matrimonial Kay, su esposa, simpatiza con estas causas, pero sería incapaz de mover un dedo para apoyarlas, por temor a poner en peligro su acomodada vida. Una noche se cuela en su casa Lennie Dale, activista de una organización violenta antisistema. Aunque le busca la policía, su familia ayudó mucho a Kay en su juventud, por lo que ésta rogará a su marido que le presten ayuda, aunque eso significa traspasar la legalidad. Después de que prestigiosos realizadores, como Martin Scorsese o David Fincher, se hayan sumado a la época dorada de las series televisivas, le toca el turno al gran Woody Allen, que inició su singladura como guionista en series, telefilmes y shows variopintos. Pese a que en 50 años casi había abandonado la pequeña pantalla, dirigió en 1994 una adaptación de su obra teatral Los USA en zona rusa. Por desgracia, el neoyorquino –que afirma que no ve ninguna temporada de ninguna de las producciones catódicas de moda de la actualidad– no se ha esforzado mucho por adaptarse al lenguaje del medio. Se limita a componer una de sus películas habituales un poco más larga, de 120 minutos, que después ha cortado en seis capítulos de 20, sin que cada entrega parezca estar concebida con estructura propia. El propio Allen ha llegado a declarar que se ha equivocado al llegar a un acuerdo con Amazon, que esto no era para él. Crisis In Six Scenes no aporta demasiado a la historia de las series, ni tampoco a su extensa filmografía; quedará como un trabajo menor. Sabe a poco su crítica al posicionamiento radical, inaceptable por muy legítima que sea la causa, pues al final resulta todo demasiado ligero. Pese a su toque maestro con los actores, esta vez no todos encajan, por ejemplo, la reputada dramaturga, actriz y realizadora Elaine May no se complementa del todo en pantalla con el propio Allen, en un papel que habría bordado Diane Keaton, o alguna otra de sus compañeras más memorables. Por su parte, la joven Miley Cyrus sobreactúa, no llega al nivel de otras jóvenes que han estado a las órdenes del cineasta, como Scarlett Johansson, o más recientemente Emma Stone. Pese a todo, se disfruta, pues sus capítulos de 20 minutos tienen un ritmo dinámico. Agradará sobre todo a los incondicionales del creador de Annie Hall, pues recupera sus elementos recurrentes, como esa música de jazz siempre tan bien elegida, sus personalísimos títulos de crédito, o ese personaje neurótico al que le saca tanta gracia, y que propicia los diálogos y situaciones más divertidos.  

6/10
Irrational Man

2015 | Irrational Man

Woody Allen sigue explorando la condición humana, y en esta ocasión lo hace de modo explícito a través de Abe, un profesor de filosofía que ha tocado fondo existencialmente. Aunque sus clases en la universidad gozan de merecido prestigio, varias desgracias personales que le han tocado en lo más íntimo le han arrebatado las ganas de vivir, no encuentra gusto en sus investigaciones ni en el aula, e incluso ya no parece estar fisiológicamente a la altura de su fama de mujeriego. De hecho otra profesora universitaria, Rita, una mujer infeliz en su matrimonio, le tira los tejos sin demasiado éxito; más agradable resulta la compañía de su joven alumna Jill, que verdaderamente le admira, pero quiere mantener la relación en el plano de la amistad, no quiere echar a perder su noviazgo. Curiosamente la noticia de una terrible injusticia que está a punto de cometer un juez, y su idea de resolverla de un modo drástico, le transforma en un hombre nuevo, optimista y resolutivo. La duda es si tal transformación no resultará efímera. Verdaderamente merece alabanza el cineasta neoyorquino por su inagotable capacidad de trabajo, que le lleva a entregar anualmente una película, una puntualidad casi kantiana, si se nos permite la broma filosófica que también parece querer introducir Allen con la rutina del personaje del juez en el parque, que semanalmente efectúa siempre los mismos movimientos. Y lo que entrega nunca carece de interés, ni en los casos en que pueda estar menos inspirado o ser menos brillante. Irrational Man no es de los mejores filmes de Allen, y el problema no estriba tanto en que repita ideas y temas previamente abordados –la conexión en este caso con Delitos y faltas y Match Point, incluida la cita explícita a “Crimen y castigo” de Dostoievski, es evidente–, como en el abuso de la doble voz en off, y, sobre todo, en el estiramiento excesivo de la trama. Trama que en el fondo es muy sencilla, urdida alrededor de la paradoja que encierra la irracionalidad del hombre supuestamente racional, que se cree superior, por encima del bien y del mal, muy en la línea de Nietzsche, un filósofo que curiosamente no es citado expresamente en la película. La idea del crimen perfecto con coartada intelectual, que hace pensar en La soga de Alfred Hitchcock, es cuestionada con inteligencia cuando finalmente queda expuesto a las claras que las razones de fondo para actuar son puramente narcisistas, al final uno sólo piensa en su propio bienestar, se diría que las motivaciones desinteresadas en las personas no existen o son muy difíciles de encontrar. El pesimismo de Allen asoma no sólo en el deprimido profesor, sino también en las dos mujeres que asoman en su vida. Y aunque se supone que con su proceder el “profesor” Joaquin Phoenix va a impartir sendas “lecciones vitales” a sus “pupilas” Emma Stone y Parker Posey, no dejan éstas de estar atravesadas por una ironía próxima al cinismo, sólo a base de recibir palos en la vida llegamos al conocimiento.

6/10
Magia a la luz de la luna

2014 | Magic in the Moonlight

Años 20 del pasado siglo XX. Stanley es un afamado mago británico que, caracterizado como oriental, sorprende con sus trucos a medio mundo. Pero es un tipo racionalista, que rechaza cualquier cosa que huela a sobrenatural, no cree en Dios ni en espíritus, y disfruta desenmascarando a cualquiera que se atreva a decir que tiene dotes de adivinación o de hablar con fantasmas. Su amigo y colega Howard le propone conocer en la Provenza francesa a la joven americana Sophie, quien asistida por su madre tiene obnubilada por completo a una adinerada familia, con la idea de que la ponga en evidencia. Y aunque Stanley está convencido de que está ante una embaucadora, ésta resulta ser demasiado buena, y hasta empiezan a entrarle las dudas de si no habrá dado por fin con alguien capaz de poner sus convicciones patas arriba. Woody Allen vuelve a hacerlo. Una vez más. Fiel a su cita anual. El cinesta, director y guionista, entrega una fábula deliciosa, muy suya, donde sabe dar vueltas y revueltas a la idea de si hay algo más de lo que detectan nuestros cinco sentidos, existe Dios o no –o al menos algo que podamos llamar "magia", capaz de animarnos la existencia y darle sentido–, he ahí el dilema. Puede parecer que Allen apenas araña la cuestión, o que la trivializa, pero encarna como nadie la añoranza, el deseo, de saber que alguien se ocupa de nosotros. Nos hemos acostumbrado tanto a las genialidades del neoyorquino bajito, que si no nos entrega algo que se acerque a lo sublime, parece que nos quedamos insatisfechos. El hecho es que su film funciona como un perfecto mecanismo de relojería en el juego que Allen se lleva entre manos, envolviéndolo de un delicioso halo romántico, con bromas y sorpresas de buena ley, sembrando las dudas que el mismo director alberga en su interior. Resulta muy adecuada esa andanada a los intelectuales sabelotodos, tan egocéntricos que incluso cuando cambian su punto de vista, lo hacen para admirarse a sí mismos, por lo abiertos que estarían a nuevos conocimientos (aunque nunca estarán abiertos a las personas que tienen al lado, y así acabará luciéndoles el pelo). Again, Allen potencia a grandes actores a los que no había acudido hasta la fecha para su film, en Magia a la luz de la luna, Colin Firth se encuentra muy a gusto, Emma Stone resulta encantadora, y a muchos secundarios –Simon McBurney, Eileen Atkins, Hamish Linklater...– da gloria verlos. 

7/10
Blue Jasmine

2013 | Blue Jasmine

Historia contada en dos tiempos sobre dos hermanas, Jasmine y Ginger, con la misma familia de adopción y distintos padres biológicos. Sus vidas tomaron rumbos muy distintos, pues Jasmine se casó con Hal, un hombre de negocios de Wall Street que le trajo lujo y sofisticación, mientras que Ginger unió su vida con Augie, un “chapuzas” al que la otra considera un perdedor. La detención de Hal por delitos financieros da un vuelco a la vida de las dos hermanas, hasta el punto de que Ginger debe acoger a Jasmine en su sencillo hogar de San Francisco. La mejor película “seria” de Woody Allen desde que filmara Match Point, y del nivel de la también notabilísima Midnight in Paris. Esta vez el director y guionista vuelve con Blue Jasmine a Estados Unidos, con notable presencia de su amada Nueva York, a la que se suma la de San Francisco, ciudad donde se criaron las dos hermanas. Y aunque la filmografía de Allen siempre ha pintado a cierto tipo de personas contemporáneas que él conoce bien, enfrentados a las grandes cuestiones que se plantea siempre el ser humano, aquí, quizá por primera vez, aborda un tema de rabiosa actualidad, el de la actual crisis económica con las actitudes que han dado pie a tan dramática situación y sus consecuencias. La cinta pivota alrededor de ese colapso económico y vital, centrada sobre todo en Jasmine, con numerosos flash-backs que permiten comparar la época de estar en la cima del mundo, con la de la precariedad, sobre todo psicológica, que dificulta asumir las nuevas circunstancias para pasar página. En tal sentido Cate Blanchett hace un trabajo formidable, su personaje de rica venida menos que quiere mantener su estatus se prestaba a la caricatura o al histrionismo, y en sus manos se convierte en un ser humano al que podemos entender y compadecer. Por supuesto, como suele ocurrir en las películas de Woody Allen, todos los actores de Blue Jasmine lo hacen muy bien, incluida la estupenda Sally Hawkins como la otra hermana, pero lo de Blanchett es sencillamente increíble. Con su clásica actitud pesimista, Allen invita a reflexionar sobre las vidas huecas, construidas sobre una fantástica nada. Y donde el bienestar, la riqueza, las relaciones sociales, la pose, resultan tener bastante menos valor que el simple hecho de mantener los pies pegados al suelo, lo que ayuda a encajar las inevitables contrariedades que consigo lleva la existencia. ¿Es Ginger mejor que Jasmine? Desde luego no es perfecta, pero está armada de ciertos recursos morales para rectificar, algo que parece imposible en el caso de su “cristalizada” hermana, que nunca se ha ganado la vida, y que en más de un sentido se ha labrado su propia ruina, aceptando que la mentira presida su existencia. Blue Jasmine es una película muy bien armada, con espacio incluso para la sorpresa. Contiene algún momento humorístico –Jasmine trabajando en la recepción de un dentista–, pero domina un tono de amargura, pues pinta con acierto la degradación moral de una persona. Y nos hace preguntarnos, cómo hacía Mario Vargas Llosa en “Conversación en la catedral”: ¿en qué momento se jodió todo?

8/10
A Roma con amor

2012 | To Rome with Love

Un guardia urbano romano que pone orden a la circulación, por así decir, introduce un ramillete de historias que transcurren en la ciudad eterna: el arquitecto famoso americano, que recordando sus años mozos en Roma, se topa con un compatriota estudiante de arquitectura, y es testigo de sus devaneos amorosos; la pareja provinciana de recién casados, que en la gran urbe se pierden y enredan, ella conoce a un famoso actor, él recibe la visita inesperada de una prostituta; la turista americana que se enamora y compromete con un italiano, y a la que vienen a ver sus padres, él promotor musical que encuentra un tenor donde menos lo espera; y finalmente el padre de familia y gris oficinista que un día se convierte en alguien famoso sin que exista razón objetiva alguna para ello. Sigue Woody Allen su periplo fílmico por ciudades europeas, tras Londres, Barcelona y París le llega el turno a Roma. Con su ritmo habitual de una película al año, el cineasta neoyorquino da muestras con A Roma con amor de sus virtudes y defectos. Su nueva película no es redonda, ni mucho menos, dista de la perfección lograda con Midnight in Paris. Aunque justo es reconocer que Allen confiesa siempre no estar satisfecho con el resultado de sus filmes, que salvo excepciones en la mayoría detecta fallos. En el film que nos ocupa, esto es muy claro. En el haber de Allen está el saber trenzar los diversos hilos narrativos, la construcción de personajes con un acertado reparto, ciertas ocurrencias que introduce con prodigiosa naturalidad y encajan bien, lograr que parezca que todo ocurre en poco tiempo. ¿Los problemas? Ciertos estereotipos italianos que evidencian demasiado la mirada foránea, las bromas de comedia de alcoba no las maneja con el necesario desparpajo. El complejo de no perder comba con la mentalidad actual, del que es botón de muestra el monólogo de Ellen Page sobre su experiencia de una relación lésbica. La reiteración en lo que al principio suponían hallazgos: la idea de la ducha del personaje de Woody Allen, las servidumbres de la fama que padece Roberto Benigni, el embarazo que produce en los que le rodean el descaro de Penélope Cruz. Ver una película de Woody Allen siempre tiene interés, y en tal sentido A Roma con amor no es la excepción. Pero es cierto que se trata de un trabajo que se diría hecho con desgana, con el piloto automático, y que poco aporta a su filmografía, a excepción de que supone un reconocimiento más de que Woody se hace mayor, la petición de su personaje a Judy Davis de que no le psicoanalice resulta muy elocuente. Aunque el tema de la fama sea abordado a la italiano, desde una óptica que retrotrae a Federico Fellini y La dolce vita, lo cierto que es que Allen ya lo había tratado en Celebrity.

5/10
Midnight in Paris

2011 | Midnight in Paris

Gil e Inez son unos jóvenes prometidos, que pasan unos días de turismo en la capital del amor, París, antes de su inminente boda. Él es guionista exitoso en Hollywood, pero su ambición es convertirse en un gran escritor de novelas. Una noche en que decide volver por su cuenta al hotel, se pierde en las calles parisinas. Mientras suenan las campanadas de la medianoche, un antiguo carruaje pasa a su vera y los ocupantes le invitan a subir. Se ve de pronto inmerso en una fiesta... ¡en el París de los años 20! Y no sólo eso, sino que tiene el honor de conocer a los escritores y artistas de la época a los que tanto admira: Francis Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel... Y queda especialmente fascinado por una chica Flapper, que le hace dudar acerca de su amor por Inez. Originalísima película de un Woody Allen sembrado, con un estupendo punto de partida al que sabe sacar todo su jugo. El personaje de Gil, encarnado por Owen Wilson, es por supuesto un “alter ego” del director, el típico personaje que él habría podido interpretar en otra época; pero el actor ha sabido hacerlo suyo, y concederle la deseada aura romántica. Tiene interés la consideración de la expresión artística como forma de exorcizar la nostalgia de la belleza, de una edad de oro que se añora y que idealmente algunos colocan en el pasado. Toda una declaración de principios de Allen, que advierte del peligro de caer en el “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero que también supone una andanada para los que sólo creen en el futuro y el progreso, que siempre serían lo mejor. El artificio fantástico, con un recurso de medianoche a lo “Cenicienta”, conecta claramente con La rosa púrpura del Cairo. Pero gran mérito de Allen es que aceptemos la inesperada magia, y que en ese mundo alternativo sepa definirnos con unos pocos trazos a una numerosa galería de artistas, moviéndose entre el homenaje y la broma, manejando con absoluta conciencia ciertos tópicos al uso. Aunque hable de sus temas recurrentes, el amor que no acaba de encontrarse plenamente, o el arte como forma de llenar el vacío existencial, el tono de Allen es más ligero que en otras ocasiones, claramente ha optado por ofrecernos un “divertimento”, donde hay espacio para alcanzar una cierta felicidad. Acierta Allen en su reparto, donde nuevas caras que nunca habían trabajo con él se suman a la función, allí están el citado Wilson, Rachel McAdams, Michael Sheen, la muy publicitada Carla Bruni –la esposa de Nicolas Sarkozy, que sale airosa de un papel menor– y la formidable Marion Cotillard, más Adrien Brody y Kathy Bates (que hizo con él tiempo ha, Sombras y niebla). Como es natural, París está muy presente en toda la cinta. La película arranca con una especie de obertura jazzística, con cantidad de planos de todo París, que podría hacer temer que Allen había caído en la tentación de filmar un spot de promoción turística; pero no, luego Darius Khondji juega al contraste con el resto de poderosas imágenes que ofrece de la capital francesa.

8/10
Conocerás al hombre de tus sueños

2010 | You Will Meet a Tall Dark Stranger

La vida es ruido y furia, y en último término no significa nada. Woody Allen encierra su película en esta cita shakespeareana leída en clave nihilista, para mostrar la patética existencia de una serie de personajes, perpetuamente insatisfechos, y cuyos anhelos, cuando se cumplen, conducen a la frustración, por lo efímero de los mismos. Ellos son Alfie y Helena, un matrimonio maduro que se acaba de divorciar. Él se niega a aceptar su ancianidad, y acabará uniendo su vida a una supuesta actriz, que ejercía la prostitución para redondear su sueldo. Ella, angustiada, acude a una farsante adivina, Cristal, que le dice lo que quiere oír. Están además Sally, la hija única de Alfie y Helena, que trabaja en una galería de arte, cuyo matrimonio con Roy, médico trocado en escritor no marcha bien. Ambos alimentan fantasías de otras posibles relaciones, ella con su jefe, él con la musicóloga vecina de enfrente. En la segunda producción de Mediapro de una película de Woody Allen, el cineasta neoyorquino acierta en no ambientar su historia en España –error de bulto en Vicky Cristina Barcelona, pues Allen no ha captado la idiosincrasia hispana–, de modo que vuelve a Londres. Y algo de coincidencia hay con su otra película londinense Match Point, su descorazonadora y cínica visión de los avatares humanos, donde sólo cuenta el azar, y donde la capacidad para contruir la felicidad resulta muy escasa. Sin apenas espacio para el humor, Allen se permite una pirueta con tirabuzón, por así decir, la ironía de que la adivina estaría acertando en sus predicciones, para luego lanzar la carga de profundidad de que ni en broma va a permitir tal salida a la resolución de su trama. Woody Allen cuenta con un reparto magnífico, todos están perfectos en sus respectivos roles. Es cierto que sigue dando vueltas a sus temas de siempre, pero caramba, lo hace con un increíble talento. La escena de la ventana de Josh Brolin, que sugiere que vuelve a estar como al principio de la película, es de una asombrosa inteligencia. De nuevo tenemos tipos humanos tremendamente egoístas, que buscan únicamente su personal felicidad, llama la atención en tal sentido la total ausencia de acciones desinteresadas en ninguno de los personajes.

7/10
Si la cosa funciona

2009 | Whatever Works

Boris es un tipo de cierta edad, profesor de física jubilado que pudo haber sido premio Nobel, divorciado, que intentó una vez suicidarse, y con una increíble labia con la que expresa su visión desencantada de la vida. Para él la mayoría de los mortales son simples gusanos, muy por debajo de su nivel clarividente. Una noche ayuda a una jovencita, la sureña Melodie, que ha huido de su conservador hogar hasta Nueva York. La chica se queda a vivir en su casa, aunque él al principio la mira por encima del hombro, no le parece atractiva, y la ve ingenua y no demasiado inteligente. Pero con el roce de la convivencia surge algo entre ellos, e incluso el compromiso. Un día, inesperadamente, irrumpirá en sus vidas la madre de ella. El Woody Allen de siempre. Buen contador de historias, ingenioso en algunos recursos -el protagonista hablando a cámara en varios momentos, incluido inicio y desenlace-, divertido... pero también cínico y desesperanzado, a vueltas con el amor y el desamor, la felicidad y la desdicha, el sentido de la vida y la religión. Si acaso algo cambia en la mirada de Allen es la senectud del protagonista: Boris, interpretado por Larry David, cómico conocido sobre todo por la 'sitcom' Seinfeld, y que deviene aquí en 'alter ego' de Woody Allen, incluso con innegables paralelismos autobiográficos, apuntados por los personajes de Evan Rachel Wood y Patricia Clarkson. Un psicoanalista podría hablar seguramente de narcisismo y de coartada pergeñada por Allen para justificarse en el otoño de la vida -hace dos años morían sus admirados maestros Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni-, ese principio que da título al film y que repite continuamente el protagonista, “si la cosa funciona”... La idea sería que cualquier decisión que se tome en esta vida sería correcta, sin con ella se alcanza cierta tranquilidad, paz, equilibrio... aunque nada garantice que las relaciones o compromisos nacidos de tales decisiones vayan a durar un tiempo ilimitado. De modo que Allen da un giro argumental a las vidas de los distintos personajes del film, para ilustrarla, riéndose del racionalismo de Boris, y dándole finalmente la razón existencial al puro azar. No obstante, resulta significativo que, en plan iconoclasta, se conceda el beneficio de la duda de “si la cosa funciona” a una relación homosexual y a un 'ménage-à-trois', y no en cambio al cristianismo conservador de los personajes sureños, que Allen ridiculiza presentándolo como poco menos que un estadio mental infantil y frustrante.

6/10
Vicky Cristina Barcelona

2008 | Vicky Cristina Barcelona

Dos íntimas amigas estadounidenses, Vicky y Cristina, viajan en verano a Barcelona. Aunque se aprecian sinceramente, no pueden ser más distintas. La primera es cerebral, tiene su vida muy ordenada, se piensa mucho las cosas antes de actuar; su prometido le aguarda en Nueva York, y está haciendo entretanto un máster en identidad catalana. Su amiga, en cambio, no tiene muy claro lo que desea en la vida; le gusta el cine y ha rodado un corto, pero no sabe si ésa será su futura dedicación profesional; es impulsiva, le gusta vivir la vida intensamente, se deja llevar. Una noche conocen a Juan Antonio, un pintor español, que les hace una insólita propuesta: viajar a Oviedo en su avioneta, y compartir habitación y cama los tres. Vicky y Cristina se quedan alucinadas, aunque previamente habían sabido de la agitada trayectoria vital de Juan Antonio, separado de su esposa, quien le agredió en el pasado. El caso es que el pintor hispano y sus planes resultan excitantes, y de momento aceptan acompañarle a Oviedo. Aquello resulta ser una inmersión muy especial en la cultura española. Primera película de Woody Allen coproducida por España, a través de Mediapro, y con los dos actores hispanos más internacionales del momento, Javier Bardem y Penélope Cruz, que están estupendos, especialmente el primero. Pues el actor compone a un personaje rebosante de sensibilidad, en lo que al aprecio de la belleza se refiere, lo que le aleja de otras interpretaciones de tipos decididamente brutales; también es encomiable el trabajo de “Pe”, aunque su composición esté más cercana a los personajes femeninos latinos de carácter, al estilo de los de Sophia Loren o Gina Lollobrigida, algo previsibles. También está muy bien, como suele, Scarlett Johansson, aunque quizá la gran sorpresa interpretativa del film de Allen sea la desconocida Rebecca Hall, vista fugazmente en El truco final, y que está sobresaliente como la amiga cerebral, un papel muy medido. El cineasta neoyorquino explora sus temas habituales, entre los que sobresale la eterna búsqueda del amor. Los personajes anhelan la felicidad, un amor que les llene... Y lo encuentran... por un tiempo, pero se hagan las combinaciones que se hagan, parece decir el pesimista Allen, es imposible encontrar la dicha completa. En tal sentido juega el director a varias bandas: el matrimonio convencional y programado, el de los artistas bohemios, el arriesgado... e incluso las “nuevas formas de familia” (qué disparatada e inadecuada expresión, perdón por usarla), manifestadas en un segundo “trío”, el compuesto por el pintor, su esposa, y una de las turistas, donde habría espacio para la variante lésbica. “No sé lo que quiero, pero no es esto”, llega a decir uno de los personajes teóricamente más desinhibidos... Mientras que la joven convencional, cuando parece decidida a “quemar las naves” de su convencionalismo, va a tener dificultades por donde no se lo esperaba... Azar, libertad, insatisfacción... Todo anda flotando por ahí, dejando mal sabor de boca. Resulta curioso, pero Woody Allen no parece confiar en el compromiso, ni en lo que es la lucha día a día por alimentar el amor, tales posturas no asoman en su film, como tampoco lo que sería, de verdad, formar una familia, engendrar hijos y cuidarlos... Uno de los aspectos más interesantes del film es observar la mirada a España de un extranjero como es Woody Allen. En la mirada subyugada por la belleza de las dos turistas hay algo del propio Allen, así como su guía podría representar a los amigos españoles del cineasta, que le han descubierto el país. Así se entiende la inclusión de una iglesia románica y su Cristo, la guitarra española, y por supuesto Gaudí. Por supuesto Allen no sería Allen si renunciara a su singular sentido del humor. Y aunque este film tiene su punto patético, porque está hablando de la infelicidad (mucho más que de la felicidad, una utopía desde su punto de vista), hay algunas buenas ideas, con su punto socarrón, que en parte se diría dirigidas al público hispano, al que se diría ha “pillado”, al menos en parte. Así se entiende que cuando Vicky explica sus estudios de identidad catalana a un maduro matrimonio americano, él pregunte “Y eso, ¿para qué sirve?”; tampoco parece casual la inclusión de la rotulación en español de los precios de una frutería catalana. Se diría que alguien le ha dicho, “a ver si haces un bonito 'spot' promocional de Barcelona”, y Allen asume el reto, pero apostando por su amado Gaudí, arrimando el ascua a la sardina de su gusto personal. Y nos queda la duda de si la boda en el ayuntamiento de Barcelona respondía al “caprichito” de algún concejal que quería salir en la peli; en cualquier caso, Allen salva la situación con dignidad.

6/10
Cassandra's Dream

2007 | Cassandra's Dream

Tras Match Point y Scoop, Woody Allen completa su trilogía londinense, ciudad que ha sustituido para su siguiente trabajo por Barcelona. Las tres películas no sólo tienen en común su localización geográfica sino también su temática, pues todas giran en torno al asesinato y sus consecuencias. De las tres, ésta es la que más críticas negativas ha recibido –sobre todo tras su proyección en el Festival de Venecia–, a pesar (o precisamente por eso) de que es la que más en serio se toma el asunto, pues prescinde por completo de su característico humor, salvo en algún guiño sutil. Se trata de una película terrible en la que el prolífico cineasta de Manhattan hace gala de un fatalismo que parece salido de una tragedia griega, como apunta el título. Quizás el film no es tan sorprendente ni redondo como Match Point, pero Allen desarrolla su historia con habilidad, y sobre todo, se luce nuevamente como guionista, pues las reacciones y la evolución de sus personajes están trazadas con tiralíneas. Sigue los pasos de Ian (Ewan McGregor) y su hermano menor Terry (Colin Farrell) que a pesar de su evidente falta de recursos adquieren un velero de segunda mano al que llaman Cassandra’s Dream (‘el sueño de Casandra’). Ian ayuda en el restaurante de su padre, que aspira a que un día le sustituya, pero él se ha propuesto invertir en un hotel, para tener una vida de grandes lujos, e impresionar a la joven actriz Angela, de la que se ha enamorado. Lo poco que ha ahorrado para este proyecto debe prestárselo a Terry, que ha perdido una cantidad muchísimo mayor jugando a las cartas. Podría solucionar los problemas económicos de estos hermanos su tío Howard (Tom Wilkinson), que se ha convertido en millonario. Ayudar a la familia es para él lo primero, pero exige el mismo trato por parte de sus sobrinos, a quienes pide a cambio un gran favor. Deberán asesinar a un contable que conoce sus trapos sucios y que está a punto de testificar contra él. Ian y Terry, asustados, le dicen que no, en un principio, pero están tan agobiados por las deudas que poco a poco deciden cruzar la línea sin retorno del crimen Es un tópico a estas alturas señalar la buena mano para los actores de Allen, que se ha rodeado de un elenco envidiable. Ha vuelto a contar con el director de fotografía de Melinda y Melinda, Vilmos Zsigmond, que se luce sobre todo con sus llamativas postales del puente de Londres y diferentes localizaciones de la rivera del Támesis. Llama la atención el hecho de que Allen haya encargado esta vez una partitura de Philip Glass, en lugar de recurrir a sus temas de jazz habituales. El film está plagado de referencias de distinto origen, desde Bonnie and Clyde, que como es bien sabido está protagonizada por dos delincuentes que acabaron tiroteados, a los clásicos griegos, pero sobre todo parece que desde hace algún tiempo, Woody Allen no puede sacarse de la cabeza la temática de Crimen y castigo, la novela de Fiodor Dostoievski que leía uno de sus personajes de Match Point. Ya aparecían allí los remordimientos que sufría un personaje, y sin embargo este tema se plantea aquí con mayor profundidad, preocupándose incluso uno de los personajes por la trascendencia de sus actos, sin que esto venga acompañado como siempre de un chiste típico del hombrecillo de gafas. En el film están muy presentes la cara y la cruz de este genial autor, que da vueltas una y otra vez a los mismos temas, parece mantener una jugosa guerra interior y ha sabido madurar con el tiempo.

7/10
Scoop

2006 | Scoop

Tras ponerse serio en Match Point, Woody Allen retorna a la senda de la comedia ligera con un punto de intriga, que tan buenos resultados le ha dado en títulos como Misterioso asesinato en Manhattan. El film arranca con la muerte del célebre reportero Peter Lyman, que ni siquiera en el más allá puede resistirse a seguir su instinto periodístico. Conocedor en su viaje por el averno de algunos datos en torno a un asesinato, escoge comunicar dicha información a Sondra (Scarlett Johansson), una joven estudiante de periodismo. Y lo hará a través del más célebre número de magia del ilusionista Sid Waterman (Woody Allen). La investigación le conduce hasta el encantador Peter Lyman (Hugh Jackman), miembro de una aristocrática familia. Una gozada de película, capaz de despertar risas de buena ley. Allen cumple con el rito de entregar un film anual, y está verdaderamente sembrado a la hora de discurrir gags y juegos de palabras, a la vez que nos hace dudar acerca de cómo resolverá la historia. Aunque el tono es humorístico, no faltan diatribas a las ínfulas que se gastan los ‘chicos de la prensa’ o al afán de morbo de tantas personas. Además, vuelve a abordar el tema de ‘crimen y castigo’, donde de nuevo viene a decir que no existe la impunidad, una ‘corrección’ a Delitos y faltas que ya había apuntado, en forma de remordimientos, en Match Point.

8/10
Match Point

2005 | Match Point

Terrible y desesperanzada película de Woody Allen, y una muestra al tiempo de su enorme talento. Con aire ‘british’ –quién diría que éste es un film del neoyorquino, aun estando presentes sus temas de siempre– cuenta el ascenso social y caída moral de Chris, joven de extracción humilde que se codeó con la élite del tenis mundial, y que actualmente da clases de este deporte a gente pudiente. Esto le permite introducirse en el círculo de una familia inglesa de clase alta, e incluso integrarse en ella. El problema surge cuando se encapricha de la novia americana del hijo, aspirante a actriz sin futuro. El protagonista, rendido a su belleza, se deja llevar, pero manteniendo las apariencias. Estamos ante el mejor film de la nueva etapa ‘seria’ de Allen, aunque algún pasaje se estire sin necesidad. El reparto, como es norma, está sobresaliente. En su hábil narración, el director y guionista introduce un giro contundente, perfecta maniobra de un mago del cine, al convertir un drama sobre la infidelidad en planificación fría de un crimen: Chris pretende quitar de en medio a quien hasta entonces era objeto de goce, su amante, y que se ha convertido en estorbo para su ordenado mundo perfecto. Así llega el momento cerebral, a lo Raskolnikov de "Crimen y castigo", libro expresamente citado.

7/10
Melinda y Melinda

2004 | Melinda and Melinda

Un grupo de sofisticados intelectuales neoyorquinos, cena en un restaurante de postín. Agradable velada, donde la desgutación de una buena comida es compatible con la conversación “trascendente”. Pues dos de comensales, ambos escritores, tienen visiones diversas acerca de los sucesos que nos depara la vida. Y cada uno va a demostrar que un mismo hecho, punto de partida, puede desembocar en tragedia o comedia. Risas y lágrimas, con ellas tejemos nuestra existencia, y quizá no anden tan lejos unas de otras. Woody Allen traza su historia con tres líneas maestras: la mencionada cena, y las dos versiones, trágica y cómica, de las vicisitudes de una tal Melinda. En la “cara” divertida de la “moneda” woodyalleniana, Melinda es la vecina de una pareja que ofrece una cena, ella exitosa directora de cine independiente, él actor en horas bajas. Mientras que la “cruz” seria, muestra a una Melinda depresiva con tendencias suicidas, antigua amiga de un matrimonio en que él es actor, que se presenta de improviso en su casa, cuando ellos tienen una cena con invitados. El film salta de uno a otro escenario con pasmosa agilidad, mostrando que los reversos de la citada moneda se asemejan bastante. Todo ello con el habitual tono cáustico y pesimista de su director. Aunque el arranque y la estructura son originales, el cineasta sigue estancado en sus temas de siempre (el amor insatisfecho, las complicadas relaciones de pareja, el sexo, la felicidad, Dios…), y no encuentra nuevos terrenos a descubrir, como si hubiera decidido encerrarse en una isla de geografía limitada.

7/10
Todo lo demás

2003 | Anything Else

Jerry Falk (Jason Biggs) es un aspirante a escritor, que trata de abrirse camino. Su agente, Harvey (Danny DeVito), tiene tales sueños de grandeza, y exige tanto a sus representados, que se ha quedado con un solo cliente: Jerry. Por otra parte, su amigo David (Woody Allen), es una especie de mentor, que trata de darle consejos para desenvolverse en la vida. Jerry pronto se enamora de la imprevisible Amanda (Christina Ricci), con la que empieza a convivir; ella tendrá la ocurrencia de traerse a casa a su madre Paula (Stockard Channing) una temporadita. Woody Allen deja atrás el optimismo que parecía haber adquirido con títulos como Granujas de medio pelo y Un final made in Hollywood. Su último film, Todo lo demás, es una nueva indagación en el mundo de la pareja, en sus amores y desamores, egoísmos y neuras, dentro del vértigo de la atracción. Pero hay más cinismo, quizá por ser su primer proyecto concebido tras los desgraciados sucesos del 11 de septiembre, que sacudieron a su muy amada Nueva York. Aunque a ratos se estanca, Allen es siempre Allen, y da algunas pruebas de brillantez. Los momentos más hilarantes corren a su cargo, con una divertida crítica al descontrol de armas que existe en Estados Unidos.

4/10
Un final made in Hollywood

2002 | Hollywood Ending

Nuevo film de Woody Allen donde siguen abundando los elementos autobiográficos –el protagonista es un director de cine, amante de Manhattan, considerado un autor, más comprendido en Francia que en casa (genial el gag que resuelve el film)–, con la omnipresente preocupación por las relaciones hombre-mujer. Aquí ella productora y él director de cine son Téa Leoni (magnífica elección) y Woody Allen, matrimonio divorciado, cada uno con nueva pareja, pero en realidad todavía enamorados, aunque no lo reconozcan. Sobre todo ella, que se las arregla para que su compañía confíe a su ex marido una nueva película. Todo muy profesional, claro, nada personal. ¿O no? Los ribetes de comedia se disparan cuando el personaje de Woody se queda ciego. Con ayuda de su agente mantendrá la situación en secreto, aunque la película va camino del desastre. Como es de suponer, la ceguera del director propicia gags desternillantes. Pero esto no impode a Allen reflexiona sobre otras cuestiones. Como la del amor aún vivo entre su personaje y el de la estupenda Téa Leoni y el de, ¡oh, novedad!, el hijo de Woody, con pelo de colores, piercings y tatuajes, del que se ha distanciado culpablemente. Hasta la cuestión de la líbido, como ya ocurriera en La maldición del escorpión de jade, se trata de modo sorprendente. En ambas películas se repite el tema de la mujer exuberante que se ofrece al protagonista, y que en un caso por ceguera, en el otro por hipnosis, éste no llega siquiera a advertir. ¿Estará diciendo Woody que llega el momento en la vida de poner el sexo en su sitio, sin dejarse llevar sólo por impulsos primarios? No parece descabellado.     Decine21 · Entrevista con Joan Pera    

7/10
La maldición del escorpión de Jade

2001 | The Curse of the Jade Scorpion

Años 40. C.W. Briggs (Woody Allen) es el as de los detectives de seguros. No hay caso que se le resista, porque tiene una habilidad especial para meterse en la mente de los criminales. Su personalidad es tan arrolladora que va a chocar con la de Fitzsimmons (Helen Hunt), una experta recién llegada a la compañía. En una cena de la empresa, ambos son hipnotizados por un ilusionista. Lo que va a dar lugar a más de una sorpresa cuando se producen unos robos, tras los cuales parece estar una mente criminal tan inteligente como la de Briggs. El cine negro más clásico viene aquí tamizado por el humor chispeante y lleno de ingenio del pequeño Woody. Quizá él como actor no dé el tipo del clásico detective privado. Pero los diálogos y situaciones son tan divertidos y están tan bien trazados, que poco importa. Dominan en el film los personajes femeninos, muy bien perfilados. El de Elizabeth Berkley responde al de la clásica secretaria atractiva, que tan bien supo desarrollar el novelista Raymond Chandler. Allen convenció a Charlize Theron para embarcarse en la película con este sencillo argumento: “Si hiciera esta película en los años 40, contrataría a Lauren Bacall. ¿Te interesa?”. Y Helen Hunt es la clásica mujer fuerte, dura por fuera pero delicada en su interior.

7/10
Granujas de medio pelo

2000 | Small Time Crooks

Un grupo de ladrones, pobres diablos, idean un plan para robar un banco: un butrón a perpetrar desde el local de al lado, donde han montado un negocio tapadera. Pero ocurre lo inesperado: las galletas que venden en su chiringuito resultan un éxito arrollador, que les vuelve multimillonarios. Woody Allen vuelve a redescubrirse a sí mismo. Increíble la capacidad creadora del neoyorkino, que año tras año acude puntual a su cita con los espectadores, ofreciendo una nueva película. A veces mejor (la que nos ocupa es divertidísima, a la altura de Misterioso asesinato en Manhattan), otras veces menos; aunque lo indudable es que Allen nunca defrauda, siempre da algo que tiene interés. Uno de los aciertos de Allen es el reparto. Aquí es magnífica la elección de Tracey Ullman en el personaje de su esposa, y el de Hugh Grant como maestro de buenos modales. Por cierto, viendo el final del film nos surge la cuestión: ¿se nos habrá vuelto romántico y optimista el pequeño Woody? No estaría nada mal.

6/10
Acordes y desacuerdos

1999 | Sweet and Lowdown

Con Acordes y desacuerdos Allen rinde un homenaje explícito a su muy amado jazz. La banda sonora de sus películas siempre la ha presidido esta música, pero aquí inventa a Emmet Ray, un guitarrista de jazz de los años 30 supuestamente legendario, del que diversos personajes auténticos, incluido el propio Allen, cantan su talento. Con un esquema narrativo que recuerda a Toma el dinero y corre y Zelig, el director salpica el relato de declaraciones de personas que evocan la figura de Ray, su egocéntrica personalidad y su personal aportación al jazz. Entre medias, se desliza la historia del guitarrista, sobre todo en su vertiente amorosa. Y es aquí, sobre todo, donde Allen acierta de pleno. Pocas veces se ha visto contada de modo más sentido una historia de amor. Allen demuestra una prodigiosa sensibilidad. Para empezar, define a sus personajes a las mil maravillas. Ray es un egocéntrico. Con talento, va a lo suyo. A su bola. Sean Penn le presta cuerpo y alma, y consigue el milagro de que amemos a este personaje. Somos incapaces de guardarle rencor, aunque se lo gane a pulso. El amor pasa a su lado en forma de Hattie, una chica muda. Ella no es demasiado inteligente. Bonita, ingenua, luminosa, dulce, sensible... Una joya, a pesar de que no pueda hablar. El director nos presenta a otras mujeres importantes en la vida de Ray, como la Blanche de Uma Thurman, pero el corazón de esta película es la historia de amor con Hattie que tiene un antes y un después. El reencuentro con Hattie es causa de dos de las mejores secuencias que ha dado nunca la cámara de Allen, verdadera poesía con mayúsculas. El director coge de improviso el corazón del espectador y lo estruja sin misericordia. De pocas maneras se puede expresar mejor el gran error de Ray. Con su otro amor, la guitarra entre sus manos, Allen nos habla también de lo que puede ser una disyuntiva en la vida del artista. Si uno se viera forzado a elegir, ¿qué debería ir antes, el amor o el arte?

7/10
Celebrity

1998 | Celebrity

Lee Simon es un novelista sin éxito, cuyas relaciones con las mujeres son muy poco duraderas. Su intento de colocar un guión en Hollywood le da entrada al mundo de las celebridades: gente acelerada, siempre a la búsqueda de nuevos placeres y sensaciones. El vértigo que sufre Simon en este mundo es descomunal. Woody Allen sigue con sus temas habituales, aunque con un pesimismo más marcado que en otros films. El director (que cede el típico papel que él suele interpretar a Kenneth Branagh) analiza el desconcierto afectivo de numerosos personajes, con un acidísimo sentido del humor y un tratamiento de la sexualidad mucho más oscuro y descarnado de lo acostumbrado. El reparto, como siempre, es fantástico: desde los jovenzuelos Leonardo DiCaprio, Winona Ryder, Famke Janssen y Charlize Theron, hasta los más veteranos Judy Davis, Joe Mantegna y Melanie Griffith.

5/10
Desmontando a Harry

1997 | Deconstructing Harry

Harry es un escritor con éxito de agitada vida sentimental. Su vida inspira sus libros, lo que irrita a los implicados. Y se interroga, con escepticismo, sobre Dios y el judaísmo, las relaciones hombre-mujer y la sexualidad, los hijos... Sustitúyase Harry por Woody Allen, escritor por director, libros por películas. Imposible dejar de ver a Allen en su obra, que ahora describe a un escritor que se siente más cómodo con los personajes que crea que con los del mundo real. El reparto es envidiable, la historia tiene aspectos originales. El juego entre realidad e imaginación, con distinto tratamiento fotográfico, funciona bien. Con chispazos de genio, el director repite sus temas de siempre, adobados de amargura y erotismo. Y el humor crece en negrura, como en la cruel historia de los padres de Harry. No faltan ideas ocurrentes, como la del actor desenfocado, al que nadie ve con nitidez, o la visita al infierno.

7/10
Todos dicen I Love You

1996 | Everyone Says I Love You

El argumento sigue las peripecias de los familiares de D. J., una adolescente con una madre adinerada que dedica la mayor parte de su tiempo a obras sociales, y un padrastro abogado. Su padre biológico es un escritor de segunda fila que vive en París, y que sufre una grave depresión tras ser abandonado por su última pareja. Woody Allen dirigió por una vez un musical que rinde pleitesía a las comedias musicales protagonizadas por Fred Astaire y Ginger Rogers, o Gene Kelly. El cineasta reunió a un selecto reparto de primeras figuras que no suelen aparecer cantando en las películas, y a los que no les dijo que la película era un musical hasta el último momento. El argumento es muy divertido con momentos delirantes, como el romance entre Julia Roberts y Woody Allen, una de las parejas más extrañas que jamás haya aparecido en la pantalla. Lo mejor, los números musicales compuestos por canciones populares y coreografías sencillas, pero eficaces y divertidas.

6/10
Poderosa Afrodita

1995 | Mighty Aphrodite

Lenny es un periodista deportivo casado una propietaria de una galería de arte. Ella quiere adoptar un niño, y él acaba aceptando aunque no sin ciertas reticencias iniciales. Sin embargo, con el tiempo Lenny se convierte en un hombre feliz con su hijo, un chavalín despierto y ocurrente. Esto le lleva a pensar que su madre biológica ha de ser una mujer muy inteligente y decide encontrarla. Cuando por fin da con ella comprueba con estupor que se trata de Linda, una prostituta y actriz porno con muy pocas luces. Disparatada comedia picaresca de Woody Allen, en su faceta más divertida y gamberra. El director y guionista neoyorquino cuenta su historia al modo de tragedia griega clásica, con su corifeo particular. Los diálogos son divertidos y en algún caso procaces, pero el aire del film no se separa nunca del tono ligero y los gags amables. Destaca sobremanera el trabajo de la entonces desconocida Mira Sorvino en el papel de Linda, por el que ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto. La música, como siempre en Allen, incluye maravillosos temas de jazz clásico.

7/10
Balas sobre Broadway

1994 | Bullets Over Broadway

Corren los locos años 20. David Shayne, joven autor teatral muerto de hambre, consigue por fin que le financien una de sus obras, que podrá estrenar en un teatro, con un reparto excelente. Sólo tiene que cumplir una condición: darle un papel a Olive, la novia del productor del espectáculo, el poderoso gángster Nick Valenti. Por desgracia, Olive, que acude a los ensayos siempre acompañada de Cheech, su guardaespaldas, resulta ser una pésima actriz con una voz extremadamente desagradable. David intenta limitar al máximo posible su papel, pero el gángster le presiona para que lo alargue, lo que daría al traste con la obra. Por otro lado, Cheech, resulta ser un imaginativo consejero a la hora de sugerirle a David cambios en la obra... Una de las mejores comedias de Woody Allen, que cede el protagonismo a John Cusack, en un papel de intelectual neurótico de los que suele interpretar el cineasta neoyorquino, aunque debió pensar que ya estaba demasiado viejo para hacerlo él mismo. Esta vez, Allen ofrece una ambientación prodigiosa de la época, y una reflexión, interesante, aunque salpicada de humor negro, sobre la creación y los límites morales del artista.

8/10
Los USA en zona rusa

1994 | Don’t Drink the Water

Años 60. Los Hollander, un matrimonio estadounidense de vacaciones y su hija, Susan, llegan a la embajada de su país en un país del Este europeo, en busca de refugio, pues han sido acusados de espionaje. Allí les tiene que resolver la papeleta Axel, que se ha hecho cargo de la embajada en ausencia de su padre, el verdadero embajador. Woody Allen filmó para la pequeña pantalla esta comedia sobre la guerra fría, basada en su propia obra de teatro, ya adaptada al cine por Howard Morris en 1969. Aquel film era tan decepcionante, que probablemente Allen se quedó con las ganas de haberlo rodado él mismo. La obra está llena del tipo de humor ligero y desenfadado de las primeras películas de Woody Allen, pues está escrita en la época en la que el cineasta filmaba Bananas, y Toma el dinero y corre. Como es habitual, Allen proporciona papeles increíbles a los actores más indicados, y esta vez logra el lucimiento de Michael J. Fox, divertido hijo del embajador, y del veterano Dom DeLuise, en un alocado papel como sacerdote aficionado a la magia.

6/10
Misterioso asesinato en Manhattan

1993 | Manhattan Murder Mystery

Un matrimonio neoyorquino sospecha que su vecino ha asesinado a su esposa. Se trata de uno de los filmes más completos de Woody Allen y secuencias míticas como la de la llamada telefónica, convierten esta comedia en uno de sus más hilarantes trabajos. Hay momentos inolvidables, como aquel en el que suena el tema "Sing Sing Sing", interpretado por el gran Benny Goodman y su orquesta en el Carnegie Hall neoyorquino en 1938. Una auténtica delicia. Para leer un completo análisis del guion de Allen y Marshall Brickman pincha aquí.

8/10
Sombras y niebla

1992 | Shadows and Fog

Un hombre cobarde es obligado por sus vecinos a salir en plena noche, para capturar a un asesino que siembra el pánico entre la población. Woody Allen homenajeó al Expresionismo Alemán con este thriller cómico, con una magistral fotografía en blanco negro que recuerda a clásicos como Nosferatu, y un argumento que recuerda a M, el vampiro de Düsseldorf. Sin ser de los mejores títulos de Woody Allen, contiene algunos momentos memorables.

6/10
Maridos y mujeres

1992 | Husbands and Wives

Jack y Sally son una pareja liberal que después de darle muchas vueltas a su relación, han decidido separarse de manera amigable, por el bien de ambos. Racionalmente han llegado a la conclusión de que no son dichosos juntos, y antes de que sea más tarde deben buscar la felicidad por su cuenta. Esta decisión sorprende mucho a sus mejores amigos, la pareja formada por Woody Allen y Mia Farrow, que sin saberlo están atravesando la misma situación. La película narra las relaciones entre varios personajes, que coinciden en sus dudas y sus indecisiones. Una comedia típica de Woody Allen, que trata de reflejar la complejidad de las relaciones amorosas entre un hombre y una mujer. Protagonizada por la atractiva Mia Farrow, unida sentimentalmente a Allen durante diez años, con quien trabajó además en Zelig (1983), La rosa púrpura del Cairo (1985) o Delitos y faltas (1989). Realista, divertida y con un ritmo muy rápido. Ésta no es una de las mejores películas de Allen, y quizá se repite un poco, pero sin duda merece la pena.

6/10
Alice

1990 | Alice

Woody Allen al ataque. Aquí sigue a Alice, que lleva una vida gris. Su marido la ignora, y ella no ha hecho nada para remediarlo... hasta ahora. Unas hierbas le llevan a un viaje para descubrirse así misma.

6/10
Historias de Nueva York

1989 | New York Stories

Los tres realizadores que más han recurrido, a lo largo de su filmografía a escenarios de Nueva York, se unieron en esta cinta donde cada uno aporta un episodio.  En 'Apuntes del natural', de Scorsese, un pintor mundialmente famoso se siente atraido por su ayudante. 'Vida sin Zoe', de Coppola, es la historia de una niña de doce años. 'Edipo reprimido', de Woody Allen, sigue los pasos de un neurótico abogado, incapaz de escapar a la influencia que su madre ejerce sobre él. Mientras que el de Coppola resulta magistral y está lleno de elementos autobiográficos, el de Scorsese es un tanto rutinario y el de Allen autocomplaciente aunque divertido.

6/10
Delitos y faltas

1989 | Crimes and Misdemeanors

Judah Rosenthal (Martin Landau) es un prestigioso oftalmólogo que lleva una vida exitosa y plácida con su familia, o al menos eso es lo que parece. Porque en realidad está pasando por una grave crisis: lleva dos años engañando a su mujer, y su amante –harta de la precaria situación– ha tomado la decisión de contarle a su mujer la verdad. Por otro lado tenemos a Cliff Stern (Woody Allen), un director de documentales fracasado, cuya vida matrimonial hace aguas y que se acaba de enamorar de Halley, una lista productora de televisión que es pretendida también por el ególatra cuñado de Cliff. Delitos y faltas es probablemente una de las películas más logradas e interesantes de Allen. Como es habitual, sus temas de siempre están presentes de modo contundente: el amor, las mujeres, la religión, el sexo, el cine; pero esta vez incorpora otro aspecto vital de la vida humana: la moral. Como en Match Point, el genio neoyorquino reflexiona acerca de la moralidad de los actos, del castigo y el perdón, de la culpa y de la conciencia. Allen no deja de ser él mismo, y se muestra cínico y nihilista, sobre todo cuando se trata de hablar de religión (un personaje importante llega a afirmar que prefiere a Dios antes que a la verdad). De cualquier forma, y aun con su tono pesimista, el film ofrece importantes puntos de reflexión y destaca el soberbio y contundente paralelismo final. El guión es modélico, plagado de diálogos ricos y chispeantes, y pese a no tratarse de una comedia al uso del director, hay algunas escenas desternillantes, como cuando Cliff le muestra a su cuñado la película que ha rodado sobre él. El reparto está sensacional, pero hay que hacer mención especial de un superlativo Martin Landau, cuya composición dramática es sencillamente excepcional. No en vano fue nominado al Oscar.

8/10
Otra mujer

1988 | Another Woman

Marion, una mujer casada, aunque de carácter solitario, profesora de filosofía, alquila un apartamento. Y por el delgado tabique se cuelan las confidencias de otra mujer al psiquiatra. Aunque pretende escribir un libro no encuentra la inspiración. Y es que Marion se ha autoconstruido un escudo, una fachada, para evitar ser vulnerable. Pero cuando escucha los problemas que esa desconocida cuenta en la consulta del vecino, le parece ver un reflejo de su propia vida. Woody Allen se pone serio para hablar de un problema muy contemporáneo: la soledad, la falta de personas a las que poder confiar los propios problemas. Como es habitual cuenta con un reparto excepcional, donde se llevan la palma la que fuera su mujer, Mia Farrow, esta vez en un papel secundario, y sobre todo ese peso pesado de la interpretación llamado  Gena Rowlands.

7/10
Días de radio

1987 | Radio Days

Lejos del diván, Woody Allen hila fino para crear un maravilloso tapiz de entrañables historias en torno a la radio de los años 40. Nunca el genio de Manhattan ha destilado con tanto cariño y comicidad la chispa de la adolescencia y la nostalgia. Imborrable en su autorretrato como Joe Needleman, un pícaro chaval que fantasea con su sexy profesora de sexto. Lúcida y encantadora.

6/10
Septiembre

1987 | September

Un grupo de personas pasa unos días en una casa de campo, en Vermont. Algunos de los miembros del grupo se enamoran, pero pronto llegaran a la conclusión de que podrían haber elegido una pareja equivocada. Gran admirador de Ingmar Bergman, Woody Allen ya revisitó los temas de Gritos y susurros en Interiores. En Septiembre retoma los de Sonata de otoño. Aunque los conflictos que plantea son interesantes, Allen no alcanza la talla intelectual del maestro sueco, y pesan demasiado sus prejuicios, su irreverencia y su visión irresponsable de la vida.

6/10
Hannah y sus hermanas

1986 | Hannah and Her Sisters

A través de las andanzas de tres hermanas, Woody Allen indaga en la infidelidad matrimonial, esta vez con un tono reposado, introspectivo y profundo, a medio camino entre la comedia clásica y el cine de Bergman. Del excelente reparto, destacan Michael Caine y Dianne Wiest, premiados con los Oscars al mejor actor y a la actriz secundaria, respectivamente.

7/10
La rosa púrpura del Cairo

1985 | The Purple Rose of Cairo

Años de la Depresión. Cecilia se evade de la realidad en el cine. Cautivada por el actor de una peli, la ve una y otra vez. Un Woody Allen mágico y cinéfilo.

7/10
Broadway Danny Rose

1984 | Broadway Danny Rose

Danny Rose es un representante artístico que lleva a los perdedores más estrafalarios: un ventrílocuo tartamudo, un bailarín de claqué con una sola pierna, o un loro que toca el piano. Un día, parece que su suerte empieza a cambiar, pues Lou Canova, un cantante relacionado con la mafia, le pide que le represente, a condición de que acompañe a su amante a ver una actuación. Pero Danny se enamora de la muchacha, lo que está a punto de llevarle al más absoluto de los desastres. Divertido homenaje de Woody Allen a las actuaciones en directo de los clubs de Nueva York, donde él mismo había comenzado como humorista. Excelente fotografía en blanco y negro.

6/10
Zelig

1983 | Zelig

Documental ficticio sobre la figura de Leonard Zelig, un hombre dotado de la capacidad sobrenatural de cambiar su apariencia. El film sigue sus pasos desde 1920, cuando empieza a llamar la atención, y presentan testimonios de supuestos testigos de los sucesos. También se incluye un análisis del personaje de la psicóloga Eudora Fletcher, que tiene la teoría de que Zelig es un caso extremo de timidez, lo que le lleva a cambiar su apariencia, para que le acepten las personas de su alrededor. Sin duda, es una de las películas más originales de Woody Allen, que logró dar a la cinta una apariencia de viejo documental. Para que las imágenes parecieran lo suficientemente deterioradas, los operadores de cámara llegaron a ensuciar e incluso pisotear los rollos de película. El personaje principal llega a aparecer con personajes reales, como Adolf Hitler, mediante imágenes superpuestas.

6/10
La comedia sexual de una noche de verano

1982 | A Midsummer Night's Sex Comedy

Andrew, un inventor de tres al cuarto, y su esposa, Adrian, ofrecen su lujosa residencia campestre a su amigo, el pretencioso filósofo Leopold, para que pase allí el fin de semana junto a su prometida Ariel, a punto de casarse. También se apunta el mejor amigo de Andrew, Maxwell, un médico ligón que llega hasta la bucólica casita con una guapa enfermera llamada Dulcy. Durante esos dos días idílicos del verano hablarán del amor, rememorarán recuerdos y tendrán lugar diversas relaciones de infidelidad. Woody Allen homenajea Sonrisas de una noche de verano, una película de su maestro sueco, Ingmar Bergman, añadiendo elementos de La regla del juego, una de las obras maestras de Jean Renoir. Allen se muestra más frívolo que nunca y bastante pesimista en su visión de las relaciones matrimoniales y de pareja, aunque sigue repartiendo divertidos gags, e introduce un par de toques mágicos con ingenio. De todos modos no acaba de dar con el ritmo vertiginoso de otras ocasiones, a ratos resulta algo cansino.

5/10
Recuerdos

1980 | Stardust Memories

Sandy Bates, un conocido actor y cineasta, sufre una crisis creativa porque está cansado de rodar comedias. La productora de su última película quiere cambiar el final trágico de su última película, para hacerla más comercial. Un fin de semana, le invitan a una retrospectiva de sus films, donde le asedian sus numerosos fans. Allí le visita su novia, pero Sandy se fija en una atractiva violinista. Woody Allen homenajeó a su maestro italiano, Federico Fellini, en esta comedia dramática libremente inspirada en Ocho y medio, de Federico Fellini, también sobre un realizador que pasa una grave crisis vital. El título original del film, Stardust Memories, proviene de una famosa canción de Louis Armstrong, que suena en un momento importante de la trama. Aunque es una de las películas menos redondas de Allen, algunos momentos son realmente memorables.

5/10
Manhattan

1979 | Manhattan

Woody Allen da vida a un escritor de comedias cuya esposa le ha abandonado por una mujer. Actualmente mantiene una relación con una chica que no tiene ni dieciocho años. Los problemas surgen cuando aparece la mujer que él considera apropiada, ya que se trata de la novia de su mejor amigo. Con este pretexto argumental, Woody Allen elabora una comedia que tiene como finalidad elaborar un retrato de la ciudad de Manhattan y sus habitantes. No faltan las referencias al sexo, a la religión y a los psiquiatras, temas siempre presentes en las películas de Allen. El film cuenta con un excelente reparto que incluye, además de al propio director, a Diane Keaton, Michael Murphy, Mariel Hemingway y Meryl Streep. Rodada en blanco y negro, la fotografía corre a cargo de Gordon Willis, quien hace un espléndido retrato de la ciudad de Nueva York. Sin lugar a dudas, se trata de una de las grandes obras maestras del genio neoyorquino, junto a Annie Hall, Hannah y sus hermanas y Delitos y faltas.

8/10
Interiores

1978 | Interiors

Un padre de familia anuncia a sus tres hijas que ha decidido abandonar a su esposa a causa del amor que siente por otra mujer. La madre, una decoradora de gran reputación en los ambientes intelectuales de Nueva York, recibe la noticia con escepticismo, pero enseguida inicia una desesperada etapa de crisis. Primer drama de Woody Allen, que para lograr una mayor seriedad decidió no intervenir como actor. Como es habitual, logra desgarradoras interpretaciones, y algunas secuencias bastante emotivas. De paso, muestra el dolor que la situación provoca entre sus personajes, pero su visión del matrimonio es un tanto cínica y negativa.

6/10
Annie Hall

1977 | Annie Hall

Escrita y dirigida por Woody Allen, Annie Hall narra la relación que surge entre un neurótico escritor de comedias (Woody Allen) y una joven cantante (Diane Keaton). Excelente film, considerado por muchos como la mejor película del genio neoyorquino, ofrece unos elaborados diálogos en los que no faltan las referencias a los temas preferidos por Allen: sexo, religión, la influencia paterna y, por supuesto, psiquiatras. Todo ello interpretado por un envidiable reparto; así, la pareja protagonista está acompañada por Tony Roberts, Carol Kane, Paul Simon y Christopher Walken. Como anécdota que encantará a los admiradores de la heroína de la saga de Alien, el octavo pasajero hay que señalar una brevísima aparición de unos diez segundos de Sigourney Weaver. Annie Hall fue galardonada con cuatro Oscar en las categorías de mejor película, mejor director, mejor actriz y mejor guión original. El célebre director no acudió a la ceremonia para recibir la dorada estatuilla, alegando que tenía que tocar el clarinete en su club de jazz.

8/10
La última noche de Boris Grushenko

1975 | Love and Death

Rechazado por su amada Sonja, a punto de casarse con un comerciante de arenques, Boris Grushenko se siente despechado y se alista en el ejército, justo antes de la invasión de Rusia, por parte de las tropas napoleónicas. En el frente de combate, Grushenko logra sobrevivir por su pereza y cobardía. En uno de los mejores trabajos de su primera etapa, Woody Allen parodió la literatura realista rusa, sobre todo 'Guerra y paz' y 'Crimen y castigo'. Divertidas discusiones filosóficas de los personajes, en los momentos menos oportunos, y graciosos homenajes al cine de Charles Chaplin y de los hermanos Marx. La banda sonora se compone de obras clásicas del compositor ruso Sergei Prokofiev.

6/10
El dormilón

1973 | Sleeper

Año 2174. Miles Monroe, músico que toca el clarinete, despierta tras haber permanecido dos siglos en una cápsula de hibernación. Los Estados Unidos ya no existen, pues se han convertido en una sociedad despótica, en la que los ciudadanos están sometidos a vigilancia día y noche. Monroe acaba uniéndose a Luna Schllossel, una mujer que pertenece a la resistencia contra 'el jefazo', tirano que rige la sociedad. Divertida parodia de clásicos de la ciencia ficción apocalíptica como '1984' y 'Un mundo feliz'. Allen incluye divertidas secuencias de amor físico, al estilo de Buster Keaton, parodias de otras películas como Un tranvía llamado deseo y momentos hilarantes, como cuando el dictador sufre atentado y sólo sobrevive su nariz, de forma que la nariz sigue gobernando. La banda sonora, compuesta por piezas de jazz, está compuesta por el propio Woody Allen.

6/10
Todo lo que usted quería saber sobre el sexo pero temía preguntar

1972 | Everything You Always Wanted to Know About Sex * But Were Afraid to Ask

En su cuarto trabajo como director, Woody Allen partió de un libro homónimo sobre sexualidad del Dr. David Reuben, con el fin de parodiar ese libro y todos los estudios psicológicos sobre el tema. El film se divide en siete fragmentos independientes, cada uno con un título sacado del libro. Aborda muy alocadamente temas como el travestismo, la seducción y hasta la zoofilia. Lo mejor es quizá el episodio en el que Woody Allen interpreta a un espermatozoide.

5/10
Bananas

1971 | Bananas

Fielding Mellish, un tímido intelectual que se gana la vida probando diferentes productos, se enamora de Nancy, activista política que lucha por derrocar al despótico dictador de San Marcos, un imaginario país latinoamericano. Deprimido ante la noticia de que Nancy le abandona, para ir a San Marcos, Fielding decide que su vida no tiene sentido sin ella. De esta forma, acaba viajando también a San Marcos, en busca de Nandy, involucrándose en una revolución. Tercer film dirigido por Woody Allen, sin duda uno de sus trabajos más decepcionantes. En cualquier caso incluye críticas a algunos líderes revolucionarios de Sudamérica, como Fidel Castro, pues el líder revolucionario de esta película, cuando llega al poder, acaba convirtiéndose en un déspota que aprueba normas absurdas (una de ellas es que la gente debe llevar la ropa interior por fuera). Además, contiene algunos momentos divertidos, como la escena en la que Woody Allen intenta defender con su torpeza habitual a una pobre mujer atacada por unos macarras en el metro. Uno de los asaltantes es un jovencísimo Sylvester Stallone, en uno de sus primeros papeles. El título, que en inglés equivale a "locura", también hace referencia a las repúblicas bananeras, como el lugar donde transcurre la acción. En cierta ocasión, le preguntaron a Woody Allen por qué se llamaba así la película. Contestó que porque en su país no había bananas.

5/10
Toma el dinero y corre

1969 | Take The Money And Run

Primera película de Woody como director, guionista y actor, sobre un ladronzuelo de poca monta. Virgil, que así se llama, es patético y malísimo en su trabajo, pero es incapaz de reformarse (ante la sorpresa de su enamorada Louise) y cada dos por tres acaba entre rejas. Excelente muestra cómica del genio neoyorquino, con estilo pseudo-documental y gags desternillantes, algunos de los cuales ya presagiaban las constantes de su cine: religión, sexo, psicoanalistas. Lo de los presos unidos por cadenas, de mondarse.

7/10
What's Up Tiger Lily?

1966 | What's Up Tiger Lily?

Antes de debutar como director y guionista de cuño personal, Woody Allen dobló libremente una producción de espionaje de Hong Kong, y añadió trozos nuevos, convirtiéndola en una comedia surrealista. Atención a los divertidos títulos de crédito finales.

4/10
Crisis in Six Scenes

2016 | Crisis in Six Scenes | Serie TV

  Los agitados años 60, marcados por los disturbios raciales, las protestas contra la Guerra de Vietnam… El maduro matrimonio formado por el arriesgado escritor Sidney Munsinger, y la asesora matrimonial Kay, su esposa, simpatiza con estas causas, pero sería incapaz de mover un dedo para apoyarlas, por temor a poner en peligro su acomodada vida. Una noche se cuela en su casa Lennie Dale, activista de una organización violenta antisistema. Aunque le busca la policía, su familia ayudó mucho a Kay en su juventud, por lo que ésta rogará a su marido que le presten ayuda, aunque eso significa traspasar la legalidad. Después de que prestigiosos realizadores, como Martin Scorsese o David Fincher, se hayan sumado a la época dorada de las series televisivas, le toca el turno al gran Woody Allen, que inició su singladura como guionista en series, telefilmes y shows variopintos. Pese a que en 50 años casi había abandonado la pequeña pantalla, dirigió en 1994 una adaptación de su obra teatral Los USA en zona rusa. Por desgracia, el neoyorquino –que afirma que no ve ninguna temporada de ninguna de las producciones catódicas de moda de la actualidad– no se ha esforzado mucho por adaptarse al lenguaje del medio. Se limita a componer una de sus películas habituales un poco más larga, de 120 minutos, que después ha cortado en seis capítulos de 20, sin que cada entrega parezca estar concebida con estructura propia. El propio Allen ha llegado a declarar que se ha equivocado al llegar a un acuerdo con Amazon, que esto no era para él. Crisis In Six Scenes no aporta demasiado a la historia de las series, ni tampoco a su extensa filmografía; quedará como un trabajo menor. Sabe a poco su crítica al posicionamiento radical, inaceptable por muy legítima que sea la causa, pues al final resulta todo demasiado ligero. Pese a su toque maestro con los actores, esta vez no todos encajan, por ejemplo, la reputada dramaturga, actriz y realizadora Elaine May no se complementa del todo en pantalla con el propio Allen, en un papel que habría bordado Diane Keaton, o alguna otra de sus compañeras más memorables. Por su parte, la joven Miley Cyrus sobreactúa, no llega al nivel de otras jóvenes que han estado a las órdenes del cineasta, como Scarlett Johansson, o más recientemente Emma Stone. Pese a todo, se disfruta, pues sus capítulos de 20 minutos tienen un ritmo dinámico. Agradará sobre todo a los incondicionales del creador de Annie Hall, pues recupera sus elementos recurrentes, como esa música de jazz siempre tan bien elegida, sus personalísimos títulos de crédito, o ese personaje neurótico al que le saca tanta gracia, y que propicia los diálogos y situaciones más divertidos.  

6/10
Aprendiz de gigoló

2013 | Fading Gigolo

Murray (Woody Allen) tiene una disparatada idea cuando su bella dermatóloga, la doctora Parker (Sharon Stone), le comenta, como quien no quiere la cosa, que desearía mantener un “ménage à trois”, junto con su amiga Selima (Sofía Vergara) y otro hombre... Murray le propone entonces conocer al tipo “perfecto”: su amigo Fioravante (John Turturro), que en realidad es un hombre normal que se dedica a su negocio de floristería en Brooklyn. Y aunque a Murray le cuesta después convencerle para introducirse en ese lucrativo negocio, ambos se convertirán finalmente en chulo y gigoló, e irán ampliando el círculo de clientas. El problema es que Fioravante puede encontrar el amor... Aunque ya había hecho sus pinitos como guionista y director en filmes como Illuminata o Romance & Cigarettes, en Aprendiz de gigoló John Turturro parece transmutarse insólitamente en Woody Allen (con quien ya trabajó en Hannah y sus hermanas), porque, al margen de lo que digan los créditos, todo en este film parece salido de la díscola cabecita del genio neoyorquino, tanto que hace pensar si además de participar como actor no habrá sido Allen también pieza clave del guión (por lo menos). El disparatado planteamiento responde desde luego al universo alleniano por antonomasia –el declarado sesgo sexual, la burlesca visión del mundo judío de su Brooklyn natal, la presencia de despampanantes féminas, etc.–, pero también el tono de comicidad, de chiste continuo, la frescura pícara de los diálogos (casi siempre pronunciados por el propio Woody) y la buscada ligereza moral del conjunto son muy sintomáticas, por no mentar la omnipresente música de jazz. Sin embargo, la película, al contrario que muchas de Woody Allen, no es redonda. Tras un comienzo prometedor se desinfla en cuanto Turturro decide tomarse en serio a los personajes. La trama entonces pierde equilibrio, ritmo, personalidad. Ya adentrado el metraje, en ciertas fases se deja tanto de lado la comedia que la película se desliza inevitablemente hacia el melodrama soso y acaramelado. Lo que se empezó a ver como algo fresco y desinhibido adquiere tonos pastel y olvida a los personajes que aportaban guasa y enjundia (picante eso sí), como los de Sharon Stone y Sofía Vergara, a la postre aquí dos actrices tan explosivas como desaprovechadas. Sólo remonta el film cuando regresa al esperpento original, donde quien sí se encuentra como pez en el agua es el bueno de Woody Allen, que en su casi omnipresente personaje mantiene en todo momento un tono estrambóticamente cómico.

5/10
A Roma con amor

2012 | To Rome with Love

Un guardia urbano romano que pone orden a la circulación, por así decir, introduce un ramillete de historias que transcurren en la ciudad eterna: el arquitecto famoso americano, que recordando sus años mozos en Roma, se topa con un compatriota estudiante de arquitectura, y es testigo de sus devaneos amorosos; la pareja provinciana de recién casados, que en la gran urbe se pierden y enredan, ella conoce a un famoso actor, él recibe la visita inesperada de una prostituta; la turista americana que se enamora y compromete con un italiano, y a la que vienen a ver sus padres, él promotor musical que encuentra un tenor donde menos lo espera; y finalmente el padre de familia y gris oficinista que un día se convierte en alguien famoso sin que exista razón objetiva alguna para ello. Sigue Woody Allen su periplo fílmico por ciudades europeas, tras Londres, Barcelona y París le llega el turno a Roma. Con su ritmo habitual de una película al año, el cineasta neoyorquino da muestras con A Roma con amor de sus virtudes y defectos. Su nueva película no es redonda, ni mucho menos, dista de la perfección lograda con Midnight in Paris. Aunque justo es reconocer que Allen confiesa siempre no estar satisfecho con el resultado de sus filmes, que salvo excepciones en la mayoría detecta fallos. En el film que nos ocupa, esto es muy claro. En el haber de Allen está el saber trenzar los diversos hilos narrativos, la construcción de personajes con un acertado reparto, ciertas ocurrencias que introduce con prodigiosa naturalidad y encajan bien, lograr que parezca que todo ocurre en poco tiempo. ¿Los problemas? Ciertos estereotipos italianos que evidencian demasiado la mirada foránea, las bromas de comedia de alcoba no las maneja con el necesario desparpajo. El complejo de no perder comba con la mentalidad actual, del que es botón de muestra el monólogo de Ellen Page sobre su experiencia de una relación lésbica. La reiteración en lo que al principio suponían hallazgos: la idea de la ducha del personaje de Woody Allen, las servidumbres de la fama que padece Roberto Benigni, el embarazo que produce en los que le rodean el descaro de Penélope Cruz. Ver una película de Woody Allen siempre tiene interés, y en tal sentido A Roma con amor no es la excepción. Pero es cierto que se trata de un trabajo que se diría hecho con desgana, con el piloto automático, y que poco aporta a su filmografía, a excepción de que supone un reconocimiento más de que Woody se hace mayor, la petición de su personaje a Judy Davis de que no le psicoanalice resulta muy elocuente. Aunque el tema de la fama sea abordado a la italiano, desde una óptica que retrotrae a Federico Fellini y La dolce vita, lo cierto que es que Allen ya lo había tratado en Celebrity.

5/10
Scoop

2006 | Scoop

Tras ponerse serio en Match Point, Woody Allen retorna a la senda de la comedia ligera con un punto de intriga, que tan buenos resultados le ha dado en títulos como Misterioso asesinato en Manhattan. El film arranca con la muerte del célebre reportero Peter Lyman, que ni siquiera en el más allá puede resistirse a seguir su instinto periodístico. Conocedor en su viaje por el averno de algunos datos en torno a un asesinato, escoge comunicar dicha información a Sondra (Scarlett Johansson), una joven estudiante de periodismo. Y lo hará a través del más célebre número de magia del ilusionista Sid Waterman (Woody Allen). La investigación le conduce hasta el encantador Peter Lyman (Hugh Jackman), miembro de una aristocrática familia. Una gozada de película, capaz de despertar risas de buena ley. Allen cumple con el rito de entregar un film anual, y está verdaderamente sembrado a la hora de discurrir gags y juegos de palabras, a la vez que nos hace dudar acerca de cómo resolverá la historia. Aunque el tono es humorístico, no faltan diatribas a las ínfulas que se gastan los ‘chicos de la prensa’ o al afán de morbo de tantas personas. Además, vuelve a abordar el tema de ‘crimen y castigo’, donde de nuevo viene a decir que no existe la impunidad, una ‘corrección’ a Delitos y faltas que ya había apuntado, en forma de remordimientos, en Match Point.

8/10
Todo lo demás

2003 | Anything Else

Jerry Falk (Jason Biggs) es un aspirante a escritor, que trata de abrirse camino. Su agente, Harvey (Danny DeVito), tiene tales sueños de grandeza, y exige tanto a sus representados, que se ha quedado con un solo cliente: Jerry. Por otra parte, su amigo David (Woody Allen), es una especie de mentor, que trata de darle consejos para desenvolverse en la vida. Jerry pronto se enamora de la imprevisible Amanda (Christina Ricci), con la que empieza a convivir; ella tendrá la ocurrencia de traerse a casa a su madre Paula (Stockard Channing) una temporadita. Woody Allen deja atrás el optimismo que parecía haber adquirido con títulos como Granujas de medio pelo y Un final made in Hollywood. Su último film, Todo lo demás, es una nueva indagación en el mundo de la pareja, en sus amores y desamores, egoísmos y neuras, dentro del vértigo de la atracción. Pero hay más cinismo, quizá por ser su primer proyecto concebido tras los desgraciados sucesos del 11 de septiembre, que sacudieron a su muy amada Nueva York. Aunque a ratos se estanca, Allen es siempre Allen, y da algunas pruebas de brillantez. Los momentos más hilarantes corren a su cargo, con una divertida crítica al descontrol de armas que existe en Estados Unidos.

4/10
Un final made in Hollywood

2002 | Hollywood Ending

Nuevo film de Woody Allen donde siguen abundando los elementos autobiográficos –el protagonista es un director de cine, amante de Manhattan, considerado un autor, más comprendido en Francia que en casa (genial el gag que resuelve el film)–, con la omnipresente preocupación por las relaciones hombre-mujer. Aquí ella productora y él director de cine son Téa Leoni (magnífica elección) y Woody Allen, matrimonio divorciado, cada uno con nueva pareja, pero en realidad todavía enamorados, aunque no lo reconozcan. Sobre todo ella, que se las arregla para que su compañía confíe a su ex marido una nueva película. Todo muy profesional, claro, nada personal. ¿O no? Los ribetes de comedia se disparan cuando el personaje de Woody se queda ciego. Con ayuda de su agente mantendrá la situación en secreto, aunque la película va camino del desastre. Como es de suponer, la ceguera del director propicia gags desternillantes. Pero esto no impode a Allen reflexiona sobre otras cuestiones. Como la del amor aún vivo entre su personaje y el de la estupenda Téa Leoni y el de, ¡oh, novedad!, el hijo de Woody, con pelo de colores, piercings y tatuajes, del que se ha distanciado culpablemente. Hasta la cuestión de la líbido, como ya ocurriera en La maldición del escorpión de jade, se trata de modo sorprendente. En ambas películas se repite el tema de la mujer exuberante que se ofrece al protagonista, y que en un caso por ceguera, en el otro por hipnosis, éste no llega siquiera a advertir. ¿Estará diciendo Woody que llega el momento en la vida de poner el sexo en su sitio, sin dejarse llevar sólo por impulsos primarios? No parece descabellado.     Decine21 · Entrevista con Joan Pera    

7/10
La maldición del escorpión de Jade

2001 | The Curse of the Jade Scorpion

Años 40. C.W. Briggs (Woody Allen) es el as de los detectives de seguros. No hay caso que se le resista, porque tiene una habilidad especial para meterse en la mente de los criminales. Su personalidad es tan arrolladora que va a chocar con la de Fitzsimmons (Helen Hunt), una experta recién llegada a la compañía. En una cena de la empresa, ambos son hipnotizados por un ilusionista. Lo que va a dar lugar a más de una sorpresa cuando se producen unos robos, tras los cuales parece estar una mente criminal tan inteligente como la de Briggs. El cine negro más clásico viene aquí tamizado por el humor chispeante y lleno de ingenio del pequeño Woody. Quizá él como actor no dé el tipo del clásico detective privado. Pero los diálogos y situaciones son tan divertidos y están tan bien trazados, que poco importa. Dominan en el film los personajes femeninos, muy bien perfilados. El de Elizabeth Berkley responde al de la clásica secretaria atractiva, que tan bien supo desarrollar el novelista Raymond Chandler. Allen convenció a Charlize Theron para embarcarse en la película con este sencillo argumento: “Si hiciera esta película en los años 40, contrataría a Lauren Bacall. ¿Te interesa?”. Y Helen Hunt es la clásica mujer fuerte, dura por fuera pero delicada en su interior.

7/10
Lío en La Habana

2000 | Company Man

Una comisión del Senado americano interroga a uno de sus espías, implicado en el intento de invasión de Cuba en Bahía de Cochinos. El tipo es deudor de aquel representante de una empresa de aspiradoras, protagonista de la novela de Graham Greene Nuestro hombre en La Habana. Profesor de gramática inglesa con sueldo irrisorio, su mujer siempre le reprochó su mediocre vida. Hasta el punto de hacerse pasar por agente de la CIA, una ficción que se hace realidad.Lío en La Habana es una comedia que recuerda a títulos de Woody Allen como Toma el dinero y corre, Bananas o El dormilón. Douglas McGrath despuntó precisamente como guionista con Woody Allen en Balas sobre Broadway. Ahora, con Peter Askin, insiste en la comedia disparatada. Y, además de ejercer de guionista, se reserva el papel protagonista; parece como si siguiera los pasos de Allen, quien tiene un pequeño papel. Los gags, desternillantes, explotan un doble filón. Por una parte se basan en que el protagonista es un tipo inofensivo y torpe. La otra veta humorística viene del personaje de la esposa (graciosa Sigourney Weaver), marujona excitada ante la idea de escribir un best-seller.

6/10
Granujas de medio pelo

2000 | Small Time Crooks

Un grupo de ladrones, pobres diablos, idean un plan para robar un banco: un butrón a perpetrar desde el local de al lado, donde han montado un negocio tapadera. Pero ocurre lo inesperado: las galletas que venden en su chiringuito resultan un éxito arrollador, que les vuelve multimillonarios. Woody Allen vuelve a redescubrirse a sí mismo. Increíble la capacidad creadora del neoyorkino, que año tras año acude puntual a su cita con los espectadores, ofreciendo una nueva película. A veces mejor (la que nos ocupa es divertidísima, a la altura de Misterioso asesinato en Manhattan), otras veces menos; aunque lo indudable es que Allen nunca defrauda, siempre da algo que tiene interés. Uno de los aciertos de Allen es el reparto. Aquí es magnífica la elección de Tracey Ullman en el personaje de su esposa, y el de Hugh Grant como maestro de buenos modales. Por cierto, viendo el final del film nos surge la cuestión: ¿se nos habrá vuelto romántico y optimista el pequeño Woody? No estaría nada mal.

6/10
Cachitos picantes

2000 | Picking Up the Pieces

Tex es un curioso carnicero judío que acaba de descuartizar a su esposa. En el camino a México pierde una mano de la difunta que, ¡oh sorpresa!, devuelve la vista a una ciega. La gente empieza a creer que se trata de la mano milagrosa de una santa, ante el asombro del cura del lugar: un tipo no muy ejemplar que digamos, enamorado de una prostituta. Curiosa comedia de humor negro, debida a Alfonso Arau (Como agua para chocolate). El director trata de contar su historia con guiños buñuelescos, para hacer una crítica a no se sabe qué. En el reparto cuenta con Woody Allen, que con su aire siempre perplejo procura insuflar su sentido del humor al film.

4/10
Desmontando a Harry

1997 | Deconstructing Harry

Harry es un escritor con éxito de agitada vida sentimental. Su vida inspira sus libros, lo que irrita a los implicados. Y se interroga, con escepticismo, sobre Dios y el judaísmo, las relaciones hombre-mujer y la sexualidad, los hijos... Sustitúyase Harry por Woody Allen, escritor por director, libros por películas. Imposible dejar de ver a Allen en su obra, que ahora describe a un escritor que se siente más cómodo con los personajes que crea que con los del mundo real. El reparto es envidiable, la historia tiene aspectos originales. El juego entre realidad e imaginación, con distinto tratamiento fotográfico, funciona bien. Con chispazos de genio, el director repite sus temas de siempre, adobados de amargura y erotismo. Y el humor crece en negrura, como en la cruel historia de los padres de Harry. No faltan ideas ocurrentes, como la del actor desenfocado, al que nadie ve con nitidez, o la visita al infierno.

7/10
Todos dicen I Love You

1996 | Everyone Says I Love You

El argumento sigue las peripecias de los familiares de D. J., una adolescente con una madre adinerada que dedica la mayor parte de su tiempo a obras sociales, y un padrastro abogado. Su padre biológico es un escritor de segunda fila que vive en París, y que sufre una grave depresión tras ser abandonado por su última pareja. Woody Allen dirigió por una vez un musical que rinde pleitesía a las comedias musicales protagonizadas por Fred Astaire y Ginger Rogers, o Gene Kelly. El cineasta reunió a un selecto reparto de primeras figuras que no suelen aparecer cantando en las películas, y a los que no les dijo que la película era un musical hasta el último momento. El argumento es muy divertido con momentos delirantes, como el romance entre Julia Roberts y Woody Allen, una de las parejas más extrañas que jamás haya aparecido en la pantalla. Lo mejor, los números musicales compuestos por canciones populares y coreografías sencillas, pero eficaces y divertidas.

6/10
The Sunshine Boys

1995 | The Sunshine Boys

Willie Clark y Al Lewis formaban una exitosa pareja de cómicos. Años después de separarse, se reúnen para volver a trabajar juntos. Adaptación de una obra de Neil Simon con reparto de lujo.

4/10
Poderosa Afrodita

1995 | Mighty Aphrodite

Lenny es un periodista deportivo casado una propietaria de una galería de arte. Ella quiere adoptar un niño, y él acaba aceptando aunque no sin ciertas reticencias iniciales. Sin embargo, con el tiempo Lenny se convierte en un hombre feliz con su hijo, un chavalín despierto y ocurrente. Esto le lleva a pensar que su madre biológica ha de ser una mujer muy inteligente y decide encontrarla. Cuando por fin da con ella comprueba con estupor que se trata de Linda, una prostituta y actriz porno con muy pocas luces. Disparatada comedia picaresca de Woody Allen, en su faceta más divertida y gamberra. El director y guionista neoyorquino cuenta su historia al modo de tragedia griega clásica, con su corifeo particular. Los diálogos son divertidos y en algún caso procaces, pero el aire del film no se separa nunca del tono ligero y los gags amables. Destaca sobremanera el trabajo de la entonces desconocida Mira Sorvino en el papel de Linda, por el que ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto. La música, como siempre en Allen, incluye maravillosos temas de jazz clásico.

7/10
Los USA en zona rusa

1994 | Don’t Drink the Water

Años 60. Los Hollander, un matrimonio estadounidense de vacaciones y su hija, Susan, llegan a la embajada de su país en un país del Este europeo, en busca de refugio, pues han sido acusados de espionaje. Allí les tiene que resolver la papeleta Axel, que se ha hecho cargo de la embajada en ausencia de su padre, el verdadero embajador. Woody Allen filmó para la pequeña pantalla esta comedia sobre la guerra fría, basada en su propia obra de teatro, ya adaptada al cine por Howard Morris en 1969. Aquel film era tan decepcionante, que probablemente Allen se quedó con las ganas de haberlo rodado él mismo. La obra está llena del tipo de humor ligero y desenfadado de las primeras películas de Woody Allen, pues está escrita en la época en la que el cineasta filmaba Bananas, y Toma el dinero y corre. Como es habitual, Allen proporciona papeles increíbles a los actores más indicados, y esta vez logra el lucimiento de Michael J. Fox, divertido hijo del embajador, y del veterano Dom DeLuise, en un alocado papel como sacerdote aficionado a la magia.

6/10
Misterioso asesinato en Manhattan

1993 | Manhattan Murder Mystery

Un matrimonio neoyorquino sospecha que su vecino ha asesinado a su esposa. Se trata de uno de los filmes más completos de Woody Allen y secuencias míticas como la de la llamada telefónica, convierten esta comedia en uno de sus más hilarantes trabajos. Hay momentos inolvidables, como aquel en el que suena el tema "Sing Sing Sing", interpretado por el gran Benny Goodman y su orquesta en el Carnegie Hall neoyorquino en 1938. Una auténtica delicia. Para leer un completo análisis del guion de Allen y Marshall Brickman pincha aquí.

8/10
Maridos y mujeres

1992 | Husbands and Wives

Jack y Sally son una pareja liberal que después de darle muchas vueltas a su relación, han decidido separarse de manera amigable, por el bien de ambos. Racionalmente han llegado a la conclusión de que no son dichosos juntos, y antes de que sea más tarde deben buscar la felicidad por su cuenta. Esta decisión sorprende mucho a sus mejores amigos, la pareja formada por Woody Allen y Mia Farrow, que sin saberlo están atravesando la misma situación. La película narra las relaciones entre varios personajes, que coinciden en sus dudas y sus indecisiones. Una comedia típica de Woody Allen, que trata de reflejar la complejidad de las relaciones amorosas entre un hombre y una mujer. Protagonizada por la atractiva Mia Farrow, unida sentimentalmente a Allen durante diez años, con quien trabajó además en Zelig (1983), La rosa púrpura del Cairo (1985) o Delitos y faltas (1989). Realista, divertida y con un ritmo muy rápido. Ésta no es una de las mejores películas de Allen, y quizá se repite un poco, pero sin duda merece la pena.

6/10
Sombras y niebla

1992 | Shadows and Fog

Un hombre cobarde es obligado por sus vecinos a salir en plena noche, para capturar a un asesino que siembra el pánico entre la población. Woody Allen homenajeó al Expresionismo Alemán con este thriller cómico, con una magistral fotografía en blanco negro que recuerda a clásicos como Nosferatu, y un argumento que recuerda a M, el vampiro de Düsseldorf. Sin ser de los mejores títulos de Woody Allen, contiene algunos momentos memorables.

6/10
Delitos y faltas

1989 | Crimes and Misdemeanors

Judah Rosenthal (Martin Landau) es un prestigioso oftalmólogo que lleva una vida exitosa y plácida con su familia, o al menos eso es lo que parece. Porque en realidad está pasando por una grave crisis: lleva dos años engañando a su mujer, y su amante –harta de la precaria situación– ha tomado la decisión de contarle a su mujer la verdad. Por otro lado tenemos a Cliff Stern (Woody Allen), un director de documentales fracasado, cuya vida matrimonial hace aguas y que se acaba de enamorar de Halley, una lista productora de televisión que es pretendida también por el ególatra cuñado de Cliff. Delitos y faltas es probablemente una de las películas más logradas e interesantes de Allen. Como es habitual, sus temas de siempre están presentes de modo contundente: el amor, las mujeres, la religión, el sexo, el cine; pero esta vez incorpora otro aspecto vital de la vida humana: la moral. Como en Match Point, el genio neoyorquino reflexiona acerca de la moralidad de los actos, del castigo y el perdón, de la culpa y de la conciencia. Allen no deja de ser él mismo, y se muestra cínico y nihilista, sobre todo cuando se trata de hablar de religión (un personaje importante llega a afirmar que prefiere a Dios antes que a la verdad). De cualquier forma, y aun con su tono pesimista, el film ofrece importantes puntos de reflexión y destaca el soberbio y contundente paralelismo final. El guión es modélico, plagado de diálogos ricos y chispeantes, y pese a no tratarse de una comedia al uso del director, hay algunas escenas desternillantes, como cuando Cliff le muestra a su cuñado la película que ha rodado sobre él. El reparto está sensacional, pero hay que hacer mención especial de un superlativo Martin Landau, cuya composición dramática es sencillamente excepcional. No en vano fue nominado al Oscar.

8/10
Historias de Nueva York

1989 | New York Stories

Los tres realizadores que más han recurrido, a lo largo de su filmografía a escenarios de Nueva York, se unieron en esta cinta donde cada uno aporta un episodio.  En 'Apuntes del natural', de Scorsese, un pintor mundialmente famoso se siente atraido por su ayudante. 'Vida sin Zoe', de Coppola, es la historia de una niña de doce años. 'Edipo reprimido', de Woody Allen, sigue los pasos de un neurótico abogado, incapaz de escapar a la influencia que su madre ejerce sobre él. Mientras que el de Coppola resulta magistral y está lleno de elementos autobiográficos, el de Scorsese es un tanto rutinario y el de Allen autocomplaciente aunque divertido.

6/10
Hannah y sus hermanas

1986 | Hannah and Her Sisters

A través de las andanzas de tres hermanas, Woody Allen indaga en la infidelidad matrimonial, esta vez con un tono reposado, introspectivo y profundo, a medio camino entre la comedia clásica y el cine de Bergman. Del excelente reparto, destacan Michael Caine y Dianne Wiest, premiados con los Oscars al mejor actor y a la actriz secundaria, respectivamente.

7/10
Broadway Danny Rose

1984 | Broadway Danny Rose

Danny Rose es un representante artístico que lleva a los perdedores más estrafalarios: un ventrílocuo tartamudo, un bailarín de claqué con una sola pierna, o un loro que toca el piano. Un día, parece que su suerte empieza a cambiar, pues Lou Canova, un cantante relacionado con la mafia, le pide que le represente, a condición de que acompañe a su amante a ver una actuación. Pero Danny se enamora de la muchacha, lo que está a punto de llevarle al más absoluto de los desastres. Divertido homenaje de Woody Allen a las actuaciones en directo de los clubs de Nueva York, donde él mismo había comenzado como humorista. Excelente fotografía en blanco y negro.

6/10
Zelig

1983 | Zelig

Documental ficticio sobre la figura de Leonard Zelig, un hombre dotado de la capacidad sobrenatural de cambiar su apariencia. El film sigue sus pasos desde 1920, cuando empieza a llamar la atención, y presentan testimonios de supuestos testigos de los sucesos. También se incluye un análisis del personaje de la psicóloga Eudora Fletcher, que tiene la teoría de que Zelig es un caso extremo de timidez, lo que le lleva a cambiar su apariencia, para que le acepten las personas de su alrededor. Sin duda, es una de las películas más originales de Woody Allen, que logró dar a la cinta una apariencia de viejo documental. Para que las imágenes parecieran lo suficientemente deterioradas, los operadores de cámara llegaron a ensuciar e incluso pisotear los rollos de película. El personaje principal llega a aparecer con personajes reales, como Adolf Hitler, mediante imágenes superpuestas.

6/10
La comedia sexual de una noche de verano

1982 | A Midsummer Night's Sex Comedy

Andrew, un inventor de tres al cuarto, y su esposa, Adrian, ofrecen su lujosa residencia campestre a su amigo, el pretencioso filósofo Leopold, para que pase allí el fin de semana junto a su prometida Ariel, a punto de casarse. También se apunta el mejor amigo de Andrew, Maxwell, un médico ligón que llega hasta la bucólica casita con una guapa enfermera llamada Dulcy. Durante esos dos días idílicos del verano hablarán del amor, rememorarán recuerdos y tendrán lugar diversas relaciones de infidelidad. Woody Allen homenajea Sonrisas de una noche de verano, una película de su maestro sueco, Ingmar Bergman, añadiendo elementos de La regla del juego, una de las obras maestras de Jean Renoir. Allen se muestra más frívolo que nunca y bastante pesimista en su visión de las relaciones matrimoniales y de pareja, aunque sigue repartiendo divertidos gags, e introduce un par de toques mágicos con ingenio. De todos modos no acaba de dar con el ritmo vertiginoso de otras ocasiones, a ratos resulta algo cansino.

5/10
Recuerdos

1980 | Stardust Memories

Sandy Bates, un conocido actor y cineasta, sufre una crisis creativa porque está cansado de rodar comedias. La productora de su última película quiere cambiar el final trágico de su última película, para hacerla más comercial. Un fin de semana, le invitan a una retrospectiva de sus films, donde le asedian sus numerosos fans. Allí le visita su novia, pero Sandy se fija en una atractiva violinista. Woody Allen homenajeó a su maestro italiano, Federico Fellini, en esta comedia dramática libremente inspirada en Ocho y medio, de Federico Fellini, también sobre un realizador que pasa una grave crisis vital. El título original del film, Stardust Memories, proviene de una famosa canción de Louis Armstrong, que suena en un momento importante de la trama. Aunque es una de las películas menos redondas de Allen, algunos momentos son realmente memorables.

5/10
Manhattan

1979 | Manhattan

Woody Allen da vida a un escritor de comedias cuya esposa le ha abandonado por una mujer. Actualmente mantiene una relación con una chica que no tiene ni dieciocho años. Los problemas surgen cuando aparece la mujer que él considera apropiada, ya que se trata de la novia de su mejor amigo. Con este pretexto argumental, Woody Allen elabora una comedia que tiene como finalidad elaborar un retrato de la ciudad de Manhattan y sus habitantes. No faltan las referencias al sexo, a la religión y a los psiquiatras, temas siempre presentes en las películas de Allen. El film cuenta con un excelente reparto que incluye, además de al propio director, a Diane Keaton, Michael Murphy, Mariel Hemingway y Meryl Streep. Rodada en blanco y negro, la fotografía corre a cargo de Gordon Willis, quien hace un espléndido retrato de la ciudad de Nueva York. Sin lugar a dudas, se trata de una de las grandes obras maestras del genio neoyorquino, junto a Annie Hall, Hannah y sus hermanas y Delitos y faltas.

8/10
Annie Hall

1977 | Annie Hall

Escrita y dirigida por Woody Allen, Annie Hall narra la relación que surge entre un neurótico escritor de comedias (Woody Allen) y una joven cantante (Diane Keaton). Excelente film, considerado por muchos como la mejor película del genio neoyorquino, ofrece unos elaborados diálogos en los que no faltan las referencias a los temas preferidos por Allen: sexo, religión, la influencia paterna y, por supuesto, psiquiatras. Todo ello interpretado por un envidiable reparto; así, la pareja protagonista está acompañada por Tony Roberts, Carol Kane, Paul Simon y Christopher Walken. Como anécdota que encantará a los admiradores de la heroína de la saga de Alien, el octavo pasajero hay que señalar una brevísima aparición de unos diez segundos de Sigourney Weaver. Annie Hall fue galardonada con cuatro Oscar en las categorías de mejor película, mejor director, mejor actriz y mejor guión original. El célebre director no acudió a la ceremonia para recibir la dorada estatuilla, alegando que tenía que tocar el clarinete en su club de jazz.

8/10
La tapadera (1976)

1976 | The Front

La acción tiene lugar en los años 50. Howie, un joven cajero de un pequeño restaurante acepta una curiosa propuesta de Hecky Brown, guionista de Hollywood incluido en las listas negras. Éste no puede trabajar para ninguna productora, por su presunta filiación al partido comunista, así que escribirá guiones que Howie presentará como sus propias obras. Con el paso del tiempo, Howie pasa a convertirse en un escritor famoso. Una de las mejores películas sobre la Caza de brujas. El guionista Walter Bernstein, que realmente padeció la persecución del Comité de Actividades Antiamericanas, escribió el guión del film, basándose en sus experiencias reales, y en las de sus compañeros de profesión, que se buscaban a un amigo, para usarlo como tapadera, con el fin de poder trabajar.

7/10
La última noche de Boris Grushenko

1975 | Love and Death

Rechazado por su amada Sonja, a punto de casarse con un comerciante de arenques, Boris Grushenko se siente despechado y se alista en el ejército, justo antes de la invasión de Rusia, por parte de las tropas napoleónicas. En el frente de combate, Grushenko logra sobrevivir por su pereza y cobardía. En uno de los mejores trabajos de su primera etapa, Woody Allen parodió la literatura realista rusa, sobre todo 'Guerra y paz' y 'Crimen y castigo'. Divertidas discusiones filosóficas de los personajes, en los momentos menos oportunos, y graciosos homenajes al cine de Charles Chaplin y de los hermanos Marx. La banda sonora se compone de obras clásicas del compositor ruso Sergei Prokofiev.

6/10
El dormilón

1973 | Sleeper

Año 2174. Miles Monroe, músico que toca el clarinete, despierta tras haber permanecido dos siglos en una cápsula de hibernación. Los Estados Unidos ya no existen, pues se han convertido en una sociedad despótica, en la que los ciudadanos están sometidos a vigilancia día y noche. Monroe acaba uniéndose a Luna Schllossel, una mujer que pertenece a la resistencia contra 'el jefazo', tirano que rige la sociedad. Divertida parodia de clásicos de la ciencia ficción apocalíptica como '1984' y 'Un mundo feliz'. Allen incluye divertidas secuencias de amor físico, al estilo de Buster Keaton, parodias de otras películas como Un tranvía llamado deseo y momentos hilarantes, como cuando el dictador sufre atentado y sólo sobrevive su nariz, de forma que la nariz sigue gobernando. La banda sonora, compuesta por piezas de jazz, está compuesta por el propio Woody Allen.

6/10
Todo lo que usted quería saber sobre el sexo pero temía preguntar

1972 | Everything You Always Wanted to Know About Sex * But Were Afraid to Ask

En su cuarto trabajo como director, Woody Allen partió de un libro homónimo sobre sexualidad del Dr. David Reuben, con el fin de parodiar ese libro y todos los estudios psicológicos sobre el tema. El film se divide en siete fragmentos independientes, cada uno con un título sacado del libro. Aborda muy alocadamente temas como el travestismo, la seducción y hasta la zoofilia. Lo mejor es quizá el episodio en el que Woody Allen interpreta a un espermatozoide.

5/10
Sueños de seductor

1972 | Play It Again, Sam

Woody Allen interpreta a un tipo torpe y pusilánime, fanático del cine, que no es capaz de mantener una relación seria con una mujer. Además, cree que Humphrey Bogart se le aparece, dándole consejos para conquistar a las mujeres. Pero ni con esas. Aunque trate de imitar al mítico Bogart del pitillo en la boca, sombrero de ala y gabardina, al Bogart de Casablanca, Allen convierte en desastre cualquier cosa que se propone. Una estupenda comedia de Woody Allen, aunque, a modo de excepción, dirigida por Herbert Ross. Se trata de una de las más divertidas y frescas películas de Allen, además de ser un sentido homenaje a la mítica película de Michael Curtiz. Allen da vida a su personaje característico: un tipo hipocondríaco, inseguro y con un fuerte conflicto moral. Un guión muy inteligente, que se basa en una obra teatral escrita por el propio Allen, en el que el cine se parodia a sí mismo. Algunas escenas son desternillantes, y las que recogen los consejos de Bogart son verdaderos hallazgos. No es indispensable ser fan de Woody Allen para disfrutar con ella.

7/10
Bananas

1971 | Bananas

Fielding Mellish, un tímido intelectual que se gana la vida probando diferentes productos, se enamora de Nancy, activista política que lucha por derrocar al despótico dictador de San Marcos, un imaginario país latinoamericano. Deprimido ante la noticia de que Nancy le abandona, para ir a San Marcos, Fielding decide que su vida no tiene sentido sin ella. De esta forma, acaba viajando también a San Marcos, en busca de Nandy, involucrándose en una revolución. Tercer film dirigido por Woody Allen, sin duda uno de sus trabajos más decepcionantes. En cualquier caso incluye críticas a algunos líderes revolucionarios de Sudamérica, como Fidel Castro, pues el líder revolucionario de esta película, cuando llega al poder, acaba convirtiéndose en un déspota que aprueba normas absurdas (una de ellas es que la gente debe llevar la ropa interior por fuera). Además, contiene algunos momentos divertidos, como la escena en la que Woody Allen intenta defender con su torpeza habitual a una pobre mujer atacada por unos macarras en el metro. Uno de los asaltantes es un jovencísimo Sylvester Stallone, en uno de sus primeros papeles. El título, que en inglés equivale a "locura", también hace referencia a las repúblicas bananeras, como el lugar donde transcurre la acción. En cierta ocasión, le preguntaron a Woody Allen por qué se llamaba así la película. Contestó que porque en su país no había bananas.

5/10
Toma el dinero y corre

1969 | Take The Money And Run

Primera película de Woody como director, guionista y actor, sobre un ladronzuelo de poca monta. Virgil, que así se llama, es patético y malísimo en su trabajo, pero es incapaz de reformarse (ante la sorpresa de su enamorada Louise) y cada dos por tres acaba entre rejas. Excelente muestra cómica del genio neoyorquino, con estilo pseudo-documental y gags desternillantes, algunos de los cuales ya presagiaban las constantes de su cine: religión, sexo, psicoanalistas. Lo de los presos unidos por cadenas, de mondarse.

7/10
Casino Royale

1967 | Casino Royale

James Bond disfruta ya de una muy merecida jubilación. Pero los planes del malvado Smersh obligan al Servicio Secreto a acudir a 007. El célebre personaje es parodiado con el rostro del gentleman David Niven.

5/10
What's Up Tiger Lily?

1966 | What's Up Tiger Lily?

Antes de debutar como director y guionista de cuño personal, Woody Allen dobló libremente una producción de espionaje de Hong Kong, y añadió trozos nuevos, convirtiéndola en una comedia surrealista. Atención a los divertidos títulos de crédito finales.

4/10
¿Qué tal, Pussycat?

1965 | What's New, Pussycat?

Hilarante y superficial film lleno de gags despiporrantes, con un tono gamberrillo y picantorro, que retrata la vida ligera y alegre de los sesenta, en materia amorosa. La idea es jugar con el concepto de "swinger" de los 60 (intercambios de pareja), y el argumento gira en torno a la vida de Mike (Peter O'Toole), editor de una revista de moda en París, a quien gustan tanto las mujeres que no puede evitar liarse continuamente con las chicas fáciles que se le ponen a tiro. Pero él suspira en el fondo por la dulce Carole (Romy Schneider). Se trata de la primera película como actor y guionista del gran Woody Allen, a quien se reconoce detrás de cada frase delirante de los protagonistas. Y destaca todo un elenco de actores y actrices primorosos, muy inspirados en sus tonterías y enredos cómicos.

4/10
Wild Man Blues

1997 | Wild Man Blues

Documental que acompaña al director Woody Allen y su banda, la New Orleans Jazz Band, en una de sus giras internacionales. Allen se comporta como siempre, como en sus papeles más característicos. Kopple se acerca más al protagonista que a la música, lo de la banda de jazz es un elemento secundario, un pretexto para la película. Aquí se nos presenta al cineasta en un lejano acercamiento sobre sus gustos, deseos, pensamientos e intimidades. Y lejano porque no deja de interpretarse a sí mismo y dejar de nuevo a los espectadores con la duda de: ¿cómo es realmente Woody Allen?

6/10
El dormilón

1973 | Sleeper

Año 2174. Miles Monroe, músico que toca el clarinete, despierta tras haber permanecido dos siglos en una cápsula de hibernación. Los Estados Unidos ya no existen, pues se han convertido en una sociedad despótica, en la que los ciudadanos están sometidos a vigilancia día y noche. Monroe acaba uniéndose a Luna Schllossel, una mujer que pertenece a la resistencia contra 'el jefazo', tirano que rige la sociedad. Divertida parodia de clásicos de la ciencia ficción apocalíptica como '1984' y 'Un mundo feliz'. Allen incluye divertidas secuencias de amor físico, al estilo de Buster Keaton, parodias de otras películas como Un tranvía llamado deseo y momentos hilarantes, como cuando el dictador sufre atentado y sólo sobrevive su nariz, de forma que la nariz sigue gobernando. La banda sonora, compuesta por piezas de jazz, está compuesta por el propio Woody Allen.

6/10
Crisis in Six Scenes

2016 | Crisis in Six Scenes | Serie TV

  Los agitados años 60, marcados por los disturbios raciales, las protestas contra la Guerra de Vietnam… El maduro matrimonio formado por el arriesgado escritor Sidney Munsinger, y la asesora matrimonial Kay, su esposa, simpatiza con estas causas, pero sería incapaz de mover un dedo para apoyarlas, por temor a poner en peligro su acomodada vida. Una noche se cuela en su casa Lennie Dale, activista de una organización violenta antisistema. Aunque le busca la policía, su familia ayudó mucho a Kay en su juventud, por lo que ésta rogará a su marido que le presten ayuda, aunque eso significa traspasar la legalidad. Después de que prestigiosos realizadores, como Martin Scorsese o David Fincher, se hayan sumado a la época dorada de las series televisivas, le toca el turno al gran Woody Allen, que inició su singladura como guionista en series, telefilmes y shows variopintos. Pese a que en 50 años casi había abandonado la pequeña pantalla, dirigió en 1994 una adaptación de su obra teatral Los USA en zona rusa. Por desgracia, el neoyorquino –que afirma que no ve ninguna temporada de ninguna de las producciones catódicas de moda de la actualidad– no se ha esforzado mucho por adaptarse al lenguaje del medio. Se limita a componer una de sus películas habituales un poco más larga, de 120 minutos, que después ha cortado en seis capítulos de 20, sin que cada entrega parezca estar concebida con estructura propia. El propio Allen ha llegado a declarar que se ha equivocado al llegar a un acuerdo con Amazon, que esto no era para él. Crisis In Six Scenes no aporta demasiado a la historia de las series, ni tampoco a su extensa filmografía; quedará como un trabajo menor. Sabe a poco su crítica al posicionamiento radical, inaceptable por muy legítima que sea la causa, pues al final resulta todo demasiado ligero. Pese a su toque maestro con los actores, esta vez no todos encajan, por ejemplo, la reputada dramaturga, actriz y realizadora Elaine May no se complementa del todo en pantalla con el propio Allen, en un papel que habría bordado Diane Keaton, o alguna otra de sus compañeras más memorables. Por su parte, la joven Miley Cyrus sobreactúa, no llega al nivel de otras jóvenes que han estado a las órdenes del cineasta, como Scarlett Johansson, o más recientemente Emma Stone. Pese a todo, se disfruta, pues sus capítulos de 20 minutos tienen un ritmo dinámico. Agradará sobre todo a los incondicionales del creador de Annie Hall, pues recupera sus elementos recurrentes, como esa música de jazz siempre tan bien elegida, sus personalísimos títulos de crédito, o ese personaje neurótico al que le saca tanta gracia, y que propicia los diálogos y situaciones más divertidos.  

6/10

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