Blog de Hildy
Levantar la mirada y soñar en un mundo hostil
Nuestra vieja amiga la Luna: a propósito de Proyecto Salvación, Artemis II y Tintín
Todos los días nos llegan malas noticias. Guerra de Irán, cierre del estrecho de Ormuz, bombardeos del Líbano, guerra de Ucrania, políticos prepotentes y corruptos, depravación sexual, familias desestructuradas, muerte disfrazada de “nuevos derechos”. Y de pronto, alzamos los ojos y vemos las cosas estupendas de que es capaz el ser humano.
En el fondo de la pantalla de mi teléfono móvil tengo una viñeta de Tintín. La dibujó Hergé cuando el hombre pisó por primera vez la Luna, y allí unos sonrientes Tintín, Haddock, Tornasol y Milú dan la bienvenida con un ramo de rosas y una pancarta a un estupefacto Neil Armstrong. Sí, ellos llegaron antes.
Recuerdo también como terminaba el álbum “Aterrizaje en la Luna”, con un entusiasmado profesor Tornasol celebrando el feliz final de la aventura y brindando por un próximo regreso, lo que despertaba la irascibilidad del capitán Haddock, que exclamaba, “¡Que me convierta en cabestrante, mil rayos, si otra vez me dejo embarcar en su ataúd volante! ¡Jamás, me oye, especie de zuavo interplanetario, jamás!”. Y se ponía a andar sin mirar al suelo mientras argumentaba “De toda esta historia, ya se lo digo, yo sólo he sacado una cosa. ¡QUÉ BIEN SE ESTÁ...” –en ese momento se tropieza con el extremo de una camilla y cae al suelo– “... EN NUESTRA VIEJA AMIGA LA TIERRA!” Difícilmente se puede resumir de un modo más genial la maravilla de la aventura lunar, y cómo aquí abajo en la Tierra tropezamos con demasiada frecuencia con nuestras pequeñitas y mezquinas preocupaciones.
Estos días en que el mundo está muy revuelto, ha habido dos acontecimientos relacionados con los viajes espaciales, que han despertado un optimismo esperanzado. Ambos vienen servidos con espectaculares imágenes, el primero es netamente cinematográfico, la adaptación de una novela de Andy Weir, Proyecto Salvación, y cuenta las andanzas de un astronauta a su pesar, un profesor de física cuyos conocimientos científicos podrían ser inesperdamente la clave de la salvación de la Tierra, el planeta entero corre peligro. No es un héroe de entrada, pero “a la fuerza ahorcan”, y en una situación límite aprenderá lo que es el sacrificio e incluso estará dispuesto a dar la vida por sus amigos, incluso amigos de una cultura completamente desconocida, maravillosos los lazos que surgen con un tal Rocky. No se menciona para nada el cristianismo en el film dirigido por Phil Lord y Christopher Miller, aunque sí asoma una conversación sobre Dios, pero aletea el espíritu evangélico en la historia, para quien quiera verlo, sin obviedades, con inteligencia. Y en cualquier caso, la historia que allí se nos muestra es tremendamente inspiradora.
Por supuesto millones de personas hemos seguido las andanzas de la misión Artemis II, comandada por Reid Wiseman, al que acompañaban los astronautas Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. Para los que peinan canas se ha revivido lo ocurrido en 1969 con el Apolo XI, donde el contexto de la guerra fría quedó por un momento aparcado cuando Neil Armstrong dijo aquello de “un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”. Aquel acontecimientos nos unía por encima de las diferencias. Ahora nos ha unido no sólo un frasco de Nutella flotando ingrávido en la Orion, sino las imágenes de gran belleza de la cara oculta de la Luna, detalles como el de la tripulación proponiendo que un cráter descubierto llevara el nombre Carroll, el nombre de la esposa del astronauta viudo Wiseman, fallecida a causa del cáncer, nos conmueven.
Al igual que la frases cargadas de trascendencia del cristiano Glover, cuando la cápsula se dirigía a la cara oculta de la Luna, y se iba a quedar incomunicada con la Tierra, el 6 de abril, en plena Pascua de Resurrección: “A medida que nos acercamos al punto más cercano a la Luna y al punto más alejado de la Tierra, mientras seguimos desvelando los misterios del cosmos, me gustaría recordaros uno de los misterios más importantes que hay allá en la Tierra, y ese es el amor. Cristo dijo, en respuesta a cuál era el mandamiento más grande, que era amar a Dios con todo tu ser. Y él también, siendo un gran maestro, dijo que el segundo es igual a este. Y es amar a tu prójimo como a ti mismo”.
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