Blog de Hildy
El último tango
Muchos estudiosos consideran El último tango en París de Bernardo Bertolucci un film de culto. Otros lo recuerdan simplemente como un título
Muchos estudiosos consideran El último tango en París de Bernardo Bertolucci un film de culto. Otros lo recuerdan simplemente como un título escándaloso, de imágenes subidas de sexo que provocaron conmoción, entre otras cosas porque uno de los actores era el hollywoodiense Marlon Brando; revisada ahora la película, queda como una especie de sobrevalorada reliquia histórica, en la que destaca su carácter transgresor, donde se daban la mano pornografía y cine comercial.
¿Pero cómo afectó el film a la protagonista femenina, Maria Schneider, que cuando lo rodó tenía tan sólo 20 años? Se puede descubrir en una interesante entrevista publicada en el número de septiembre de la revista Studi Cattolici. Allí, cuando se le pregunta por el tema, explota: “¡Basta con esa película! Estaba tan deprimida que llegué a intentar suicidarme.” Desde luego la declaración es suficientemente contundente para no poder albergar dudas acerca de que rodar determinadas historias y escenas de sexo influye en los actores, aunque algunos aseguren que no, que aquello no les afecta para nada.
Schneider explica, no obstante, por qué se involucró en la película: “Era inexperta. Quería hacerme famosa. La ocasión de trabajar junto a Marlon Brando era un sueño hecho realidad. Era un mito para mí. Y no me lo pensé dos veces. Pero esa escena que para bien o para mal, tantos me reprochan ahora, no estaba prevista. La inventó Brando con la complicidad tácita del director Bernardo Bertolucci. A quien desde entonces no he querido volver a ver.” El entrevistador sigue tirando de la lengua a la actriz, y ésta comenta sobre esa escena que “al volver a casa tras rodarla me sentía humillada como mujer e instrumentalizada como actriz. Veía que había tocado fondo en mi propia dignidad, pero no imaginaba que tendría tal eco mundial. ¡Vaya éxito! Era como un verdadero y adecuado castigo.” “Desorientada”, “como un objeto”, “deshumanizada”, son algunas de las palabras con que autodescribe sus sentimientos Schneider. Además le pesaba haber escandalizado a otros, a lo que acompañaba un sentimiento de culpa, y una necesidad de encontrar el perdón. La actriz comenta que Brando no le ayudó a superar aquello, sólo eran colegas, y desde luego no lo hizo Bertolucci; y que si a alguien debe gratitud, ese alguien es el cineasta Franco Zeffirelli, con quien haría Jane Eyre: “Me hizo redescubrir la religión. Franco es católico practicante, muy devoto de la Virgen. Con él comencé a rezar. Y al fin pude mirarme al espejo sin sentirme un pedazo de basura.” Tambien piensa que Michelangelo Antonioni supo ayudarle.
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