Blog de Hildy
Viena, o la fascinación por la muerte
Viena es una ciudad muy ligada a lo fúnebre, y se entiende, hay un romanticismo que recorre cada una de sus calles, se clama por la memoria eterna y
Viena es una ciudad muy ligada a lo fúnebre, y se entiende, hay un romanticismo que recorre cada una de sus calles, se clama por la memoria eterna y la perdurabilidad, al tiempo que se constata la inevitable mortalidad. Esto se nota también en el cine ligado a la capital austriaca, no en vano la trama de El tercer hombre está encerrada por los dos entierros de Harry Lime, el fingido y el auténtico. Estas míticas secuencias están rodadas en el Zentralfriedhof, el mayor cementerio de Viena, y casi una ciudad, donde descansan en paz más de dos millones y medio de personas. El lugar es tan inmenso e impresionante como el resto de la ciudad, y de hecho la Karl-Lueger-Gedächtniskirche, la iglesia ejecutada a principios del siglo XX por Max Hegele, “desboina”.
Hombres ilustres de la música están enterrados aquí, en el Ehrengräber, y en una de las imágenes que presento pueden “intuirse” -ya siento que la foto no sea mejor- las tumbas de Beethoven y Schubert; en medio hay una estatua de Mozart, no su sepultura, pues como saben los amantes de la música y los que han visto Amadeus, el genial compositor murió en la penuria económica y fue enterrado en una fosa común, la localización exacta de sus restos se desconoce. En realidad ni siquiera fue a parar al Zentralfriedhof, sino que fue a otro cementerio de Viena más antiguo, el St. Marxer Friedhof. Por supuesto, todos recordamos que la última e inacabada obra de Mozart es el “Réquiem”, pieza fúnebre cuyo encargo en la película de Milos Forman adquiría tintes siniestros muy subyugantes.
Pero en fin, volviendo a la película de Carol Reed y Graham Greene, Joseph Cotten, Alida Valli y Orson Welles, aquí ofrezco una foto de un paseo que podría ser -o no- el de la película, donde Cotten, y el espectador con él, esperan entre la duda y la esperanza, durante minutos que parecen eternos y acompañados de la cítara de Anton Karas, la llegada de la persona amada. ¿Pasará o no pasará Alida de largo?
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