Entrevistas
Yared Zeleke, director de "Efraín"
Yared Zeleke ha hecho historia con “Efraín”, que participó en la sección Un Certain Regard, del Festival de Cannes, en 2015, convirtiéndose en el primer etíope seleccionado por el certamen. El film, que se estrena en España el viernes 8 de abril, tiene como protagonista a un niño que trata de adaptarse a la vida con su abuela y sus tíos, después de que su padre se marche a la gran ciudad, en compañía de su mascota, un cordero. El cineasta, que visitó Madrid para conceder entrevistas a los medios, transmite en persona la simpatía y la mezcla de culturas de los habitantes de Nueva York, su lugar de adopción.
¿Cómo surgió la idea para esta película?
Tiene mucho de mi propia vida, salvo porque yo crecí en una ciudad y no tenía mascota, como el protagonista. Digamos que ofrece una versión idealizada de lo que fue mi infancia en Adís Abeba, que recuerdo como un cuento de hadas, a pesar de la guerra, la hambruna y el caos político de los ochenta. Crecí con mucho amor, buena comida, y personas pintorescas y divertidas. A los diez años, dejé atrás todo lo que conocía y a la gente que me amaba para irme con mi padre en busca de una vida mejor a Estados Unidos, lo que supuso un verdadero drama para mí. He llevado siempre conmigo ese dolor que comparto con el de cualquier otro emigrante. Cuando me enteré de la muerte de mi progenitor, comencé a escribir esta historia como terapia.
Llega a los cines en un momento en el que la emigración está de actualidad, por los refugiados de guerra.
Quiero que el espectador entienda el sentido de pérdida. Europa puede estar tranquila, pues no va a ser invadida. Creo que resulta tan duro irse lejos de casa, que por norma general sólo se hace cuando no queda más remedio.
Cuando empezamos a escribir el guión, me gustaba la idea de reflexionar sobre otros temas, como la libertad, el poder de la comunicación, y el machismo y las dificultades para salirte de los roles predeterminados, o sea que un niño que quiere dedicarse a cocinar lo tiene difícil, al igual que una niña que quiera recibir una educación.
Bajo esa apariencia de fábula de Efraín, ¿qué elementos de denuncia de la actualidad etíope se pueden entresacar?
Se produce una paradoja muy curiosa. Tenemos una gastronomía muy variada y apetitosa, y los restaurantes etíopes triunfan en el mundo, pero sin embargo gran parte de la población carece de recursos para comer.
Por suerte, las condiciones rurales están mejorando gracias a los programas de ayuda gubernamentales, y a los ciudadanos que han cursado estudios de agricultura en el extranjero. Yo mismo estudié un máster en Agroeconomía en Noruega antes de estudiar cine en Nueva York. Poco a poco, Etiopía está cambiando sus prácticas agrícolas, por lo que su economía será más sostenible en cuestión de tiempo.
¿Es complicado rodar en un país donde se hace poco cine?
Fue muy complicado encontrar a los actores, porque en Etiopía no existe ninguna cultura de cine. Si organizas un casting en Nueva York, enseguida aparecen decenas de aspirantes entusiasmados con su book, y hasta han preparado un monólogo para recitarlo. Pero si lo haces en Etiopía, apenas muestran interés, no les emociona salir en la pantalla, y no viene casi nadie.
Era muy complicado rodar sin electricidad, sin cámaras y equipos como en Europa. En la parte occidental, la gente tiende a ser bastante reservada. Y además, tuvimos que hacer frente a un clima muy frío en la alta montaña.
Por si fuera poco, todo el mundo es un poco hostil hacia los equipos de rodaje. Están acostumbrados a que sólo se rueden documentales de BBC y National Geographic, que se centran en la hambruna, y el subdesarrollo, buscando lo peor del país. Por eso se piensan que todos los cineastas vamos en busca de desgracias. De entrada, no nos daban ninguna facilidad.
En este contexto no debe ser fácil encontrar a un niño tan expresivo como Rediat Amare, el protagonista.
Yo era consciente de que la película dependía en un 90 por ciento de la habilidad del actor, que aparece en pantalla durante todo el metraje. Dediqué seis meses, en los que organizamos unas siete mil pruebas de casting, hasta que di con Rediat. Y aun así, no estaba seguro de que fuera el más apropiado, por lo que le llamé varios días para verle actuar, hasta que al final me decidí.
Era un papel tan complicado que tenía que estar seguro de que pudiera soportar más de un mes de agotador rodaje. Antes de comenzar se puso a las órdenes de Beru Tessema, un profesor de interpretación etíope, que también trabajó con el resto del elenco. Ah, y como tarea extra tuvo que pasar mucho tiempo con los cinco corderos que participaron en la filmación, para desarrollar un vínculo con ellos que pareciera real. Total, que era muy difícil, pero creo que el resultado ha sido extraordinario.
Rediat es un niño de una familia pobre que vivía en una aldea. La película le ha cambiado la vida porque la productora del film le ha subvencionado su formación académica en un prestigioso colegio americano del país.
¿Cómo ha sido recibido el film por los etíopes?
Era más importante para mí su respuesta que las críticas, que por suerte han sido muy buenas. CNN dedicó un programa de media hora al film. Se llevaron a los agricultores de Gonder, el pueblo en el que rodé, a la ciudad, para ver la película en pantalla grande. Para la gran mayoría era la primera vez que iban al cine. Después decían en su precioso idioma amárico lo que habían sentido al verla. Lo que comentaban ha sido para mí lo más importante, incluso más que el número de espectadores.
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