Entrevistas
"Debí convencerme de que podía sonar como Churchill"
Gary Oldman nos cuenta cómo se convirtió en Winston Churchill
Probablemente si se hubiera hecho una encuesta entre cinéfilos que propusieran un actor para encarnar a Winston Churchill, pocos habrían pronunciado el nombre de Gary Oldman. Sin embargo, en “El instante más oscuro” entrega una interpretación soberbia, que ya le ha valido el Globo de Oro al mejor actor en una película dramático. Charlamos con el actor acerca de cómo ha logrado la transformación.
¿Qué fue lo primero que pensó Gary Oldman cuando le ofrecieron encarnar a Winston Churchill en El instante más oscuro?
Siempre me ha fascinado Churchill y creo que fue nuestro hombre de Estado más grande. Pero no es alguien a quien me apetecía encarnar; me ofrecieron el papel hace años y lo rechacé. El reto intelectual o psicológico no tuvo nada que ver, sino la mera cuestión física. Basta con ver una foto de Churchill y mirarme a mí.
Pero reconoce que al saber quién estaba detrás de El instante más oscuro empecé a tener ganas de aceptar. Lo que más me gusta del maravilloso guion que ha escrito Anthony [McCarten] es que no se trata de una película biográfica. Solo se ocupa de unas pocas semanas de enorme dramatismo; no hace falta ir hacia atrás o hacia delante, el personaje no envejece.
Me apetecía pronunciar esas palabras. Los discursos de Churchill, todos escritos por él, están entre los más grandes del idioma inglés. Son extraordinarios porque no utilizaba una prosa florida, no empleaba metáforas ni imágenes, aunque sabía usarlas si hacía falta. Pero entendía a la gente a la que se dirigía y se aseguraba de que sus palabras llegaban directamente al corazón del país.
Mientras tanto, luchaba contra la adversidad. El gobierno estaba en su contra. Las peleas en el gabinete de guerra eran continuas, y Churchill temía por las vidas de miles de hombres atrapados en Dunkerque. Sin embargo, a pesar de estar bajo semejante presión, usó el idioma inglés como nadie, lo que me parece milagroso.
¿Cómo hizo para meterse en su piel?
Todo tiene que ver con la voz. Debí convencerme de que podía sonar como Churchill. Me hice con uno de sus discursos y una grabadora, y empecé a experimentar. Luego busqué documentación para saber quién era realmente el hombre que se enfrentó a un tirano. Quería ir más allá, llegar al nivel psicológico e intelectual. Construirle ladrillo a ladrillo.
Seguí entrenándome para imitar su voz, además de ver un sinfín de imágenes de archivo que me permitieron descubrir a un hombre de 65 años lleno de energía y de motivación. Más de 50 años en el gobierno; escribió 50 libros, es más, ganó el Premio Nobel de Literatura; condecorado en cuatro guerras; pintó 500 cuadros y realizó 16 exposiciones en la Academia Real. De no ser por él, ¿qué habría sido del mundo? Nadie puede alcanzarle, sigue sin haber nadie como él.
Pero como bien apuntaba antes, usted no se parece a Churchill...
Sabía que no podría encarnarle hasta que no solo le oyera, sino que le sintiera físicamente y me moviera como él... Debía mirarme en el espejo y verle, o al menos a su espíritu. Estaba convencido de que Kazuhiro Tsuji era la persona -la única persona- capaz de llevarme allí. En su profesión [maquillador], Kazu es el equivalente a Picasso.
Pero se había retirado como maquillador, para dedicarse a la escultura, y usted logró embarcarle en la aventura...
Sí. Hacía falta un híbrido, una especie de polinización cruzada. Debía ser un cruce entre Churchill y yo. Y además, un rostro con el que pudiera trabajar.
Hicimos cinco pruebas de maquillaje hasta encontrar el diseño que funcionaba mejor. Un director debe tener un ojo clínico, pero Joe Wright es excepcional y fue de gran ayuda.
Llegaba al estudio a las tres de la mañana para la sesión de maquillaje. Tardaba otra media hora en vestirme, para entonces ya eran las siete y llegaba el resto del equipo. David Malinowski y Lucy Sibbick trabajaron conmigo cada día, siguiendo las instrucciones de Kazu al pie de la letra. ¡Forman un equipo increíble!
Cada mañana era como el ritual del boxeador preparándose para el combate, se le envuelve las manos, se le masajea. Cuando llevaba la cara, el traje y la ropa, estaba listo, era Winnie.
Reconozco que es el trabajo más duro que he hecho en mi carrera, pero también el más liberador. Antes de rodar, estaba impaciente por empezar y ser Winston. Llegaba cada mañana pensando que era afortunado por tener esa oportunidad.
He trabajado en películas en las que no he hablado ni conocido al director hasta el primer día de rodaje. Por eso fue maravilloso trabajar con Joe, una persona minuciosa que se involucra en el guión desde el principio y pide opiniones, que crea un ambiente cálido en el plató. Joe tenía una visión muy clara de lo que debía ser El instante más oscuro.
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