Entrevistas
Señora del drama social
Brenda Blethyn es una gran actriz, que logró el reconocimiento gracias a su trabajo con Mike Leigh en Secretos y mentiras. Gran actriz que ha sabido superar los escollos de no ser el bellezón al uso que requieren los estereotipos de cierto cine, brilla como madre coraje en London River. De esta película hablé con ella, y la actriz demostró su simpatía con su típico timbre de voz y su característica risita.
¿Cómo vivió los atentados terroristas en Londres, el 7-J, reflejados en London River?
No estaba en Londres aquel día. Estaba en la costa, al sur de Inglaterra. No había puesto la tele en toda la mañana y ese día tenía previsto volver a Londres. Mi compañero me llamó por teléfono y me dijo que no fuera. Yo le pregunté por qué, y me dijo que pusiera la tele, que ya me enteraría. Vi todo y quedé horrorizada, como todo el mundo. Me preocupé por é,l porque trabaja en un edificio público y en aquel momento aún no sabíamos si habrías más bombas. Fue un caos, horrible, me imagino que la experiencia sería parecida a la de de Madrid, en España.
En Hollywood dicen que no hay buenos papeles para mujeres maduras.
Es verdad que en general, hay más papeles fuertes para los hombres que para las mujeres. Yo no tengo ego en cuanto a eso. Por ejemplo sobre Little Voice, en Estados Unidos una actriz me dijo que le sorprendía ver cómo era en realidad, con lo desastrosa que había aparecido por mi personaje. Pero tiene que ser así, por el papel que interpretaba. Yo le dije que no me veía a mí, sino que la veía a ella, al personaje. Le pregunté si ella lo haría y me dijo que no porque además hay mucha presión para proteger la imagen de la mujer en las películas.
No soy una actriz del método, sino todo lo contrario. Trabajo por objetivos. No me importa sin son papeles grandes, pequeños, glamourosos o no. Yo miro el personaje que aparece en le guión, y es lo que juzgo para aceptarlo o no. Y también me gusta interpretar a mujeres normales y corrientes. Todos somos ordinarios, lo único que cambia son nuestras circunstancias. También hay más posibilidades de hacer este tipo de papeles porque los corrientes somos más, así que hay más papeles para elegir (risas).
Efectivamente, aquí interpreta a una mujer ordinaria en una situación extraordinaria como es perder a una hija. ¿Interiorizó de alguna manera esta situación?
Me he basado en la observación y la reflexión. Trataba de imaginar cómo se sentiría esa persona en una situación así. Barajar las probabilidades de cómo se podría sentir, tratar de trabajar con certezas sobre ciertas cosas. Un artista hace lo mismo con un retrato. Añade, quita cosas, pero todavía está experimentando. Vosotros, como periodistas, como escritores, también quitáis y ponéis y sigue siendo una interpretación vuestra.
Actuar es como una fachada. Si, por ejemplo, cuando hago una obra de teatro ocho días a la semana, me metiera en el papel todos los días, me volvería loca y estaría en el hospital bajo tratamiento. Si piensas en algunas obras de Shakespeare o en “Medea” o en “Tito Andrónico”, estaría completamente loca. Te vas a casa y en el trayecto piensas, pero vas a cenar con tu compañero, vas a tomar una copa de vino, porque ese personaje no soy yo.
¿Cómo vivió el éxito de Secretos y mentiras? ¿Cree que fue la gran oportunidad de su vida?
Totalmente. Antes había trabajado con Mike Leigh en una película para la tele. Secretos y mentiras fue la gran oportunidad de mi vida porque él ya me había enseñado antes que había sido vaga, perezosa con la materia y con el guión; que simplemente iba con las líneas y a interpretar. Pero con Mike hay un mundo de cosas que se pueden llevar al set y eso se aplicó también a London River. Abordando la normalidad de Elisabeth antes de los atentados, es importante conocer la sustancia del personaje para poder empezar a trabajarla. Ya sabe que todos los trabajos de Mike Leigh son improvisados.
¿No tenía miedo de interpretar a un personaje tan real y doloroso?
Sí, sentí mucha responsabilidad. Sobre todo queríamos, tanto Rachid Bouchareb como yo, mostrar mucho respeto, especialmente a las familias. Y eso se ha hecho gracias a la integridad del proyecto. Se trata de entenderse, y cuanto más avanzaba el proyecto y más se hablaba, menos posibilidades había de que hubiera un mal entendido de ese tipo. Hay mucha gente que vio la película que dice que no está de acuerdo. Cuando yo les explico que no es así y se dan cuenta, cambian de opinión. La audiencia sí sabe cómo es el señor Ousmane antes de conocer a Elisabeth, pero ella no lo sabe. Sólo ve a un desconocido con una foto de su hija, en una zona hostil para ella. Es una mujer perdida. La religión no juega un papel muy grande en su vida. Es una mujer ignorante de este tipo de cosas y está sola. Este hombre desconocido, extraño, sabe algo de su vida y esto hace que ella esté muy sorprendida. Quién no estaría así en esas circunstancias.
Al final de la película se hacen amigos y luego hay un momento, cuando Elisabeth culpa al islam por la muerte de su hija, que incluye al señor Ousmane, por supuesto. Parece que va a acabar mal todo hasta que él dice que en su país no se pueden acabar las cosas así. Entonces cuando está a punto de irse, empieza a cantar. Se marchan juntos y se da cuenta de que él no es la cara de la gente que ha matado a su hija, sino que es la cara de la inmensa mayoría de la gente musulmana, que no tiene nada que ver con los atentados. Son una panda de lunáticos los que han hecho esto. Yo comparto esta forma de ver las cosas.
Los dos personajes comparten su soledad. ¿Crees que hay personas de cierta edad que ante los cambios que experimenta el mundo no tienen capacidad para encajar?
Bueno sí, por un lado, cuanto mayor eres, más posibilidades hay de estar solo. Elisabeth está muy sola, lo vemos al principio con la cosecha, los animales, la granja, y su futuro básicamente es su hija. El trabajo en la granja es sólo un trabajo y no tiene ese amor que se puede tener hacia algo cuando se piensa en el futuro. Y al final, cuando pregunta sobre los olmos, le dice que los corte. Es verdad que los dos parecen estar unidos por el mismo dolor, la misma tristeza.
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