SIN ESPECIFICAR
Venecia 2011: día 9
La Mostra va enfilando la recta final. Los italianos gastan su último cartucho en la competición, mientras que Johnnie To sigue demostrando su condición de punta de lanza del cine oriental.
Una mezcla imposible de géneros. Ciencia ficción, farsa, parábola social, drama. Tal es el curioso punto de partida del italiano Gian Alfonso Pacinotti en L'ultimo terrestre, una curiosa película de marcianos. Sí, han leído bien, de marcianos. Luca es camarero en un bingo, tímido a más no poder, incapaz de intercambiar dos palabras con la vecina que le gusta, que se deja fácilmente avasallar por los demás, y acude a los anuncios de contactos para tener vida sexual. Su mejor amigo es un travesti, su padre vive en el campo regentando una granja de animales. Por motivos ignotos, la gente no hace más que hablar de los marcianos. Que están ahí, que alguien los ha visto, que se mueven entre nosotros. La paranoia es total, como se ve en el divertido prólogo, las surrealistas llamadas a un programa radiofónico. Una marciana -con el típico aspecto que suelen tener en el cine, pero con anatomía marcadamente femenina- recala en la casa del padre del protagonista, y algunos sucesos duros se suceden, mostrando que el ser humano es poco menos que incorregible.
Me puedo imaginar a Pedro Almodóvar haciendo una película de las suyas con elementos tan dispares. Con las limitaciones del cine del manchego, pero algo podría salir de ahí. En manos de Pacinotti la farsa deviene en cóctel que juega al despiste, una broma que no asume todas las consecuencias de la misma, sino que quiere jugar a hablar contra la homofobia, la violencia doméstica y no sé qué más. Sin que venga a cuento, pero no importa. Aunque debería.
El prolífico Johnnie To es un cineasta con estilo. Y cuenta siempre historias entretenidas. Lo que pasa es que en un festival se supone cierto aire de gravedad pomposo en las películas, con lo cual Life Without Principle no parece que tenga grandes posibilidades cara a los premios. Una pena, porque el hongkonés trenza una interesante e intrigante historia coral, esta vez con menos violencia de la que acostumbra, y eso que en el segundo plano del film ya podemos observar unos charquitos de sangre. Vemos a un policía tan enfrascado en su trabajo, que no tiene tiempo para atender los requerimientos de su esposa para comprar un nuevo apartamento. La empleada de un banco tiene que colocar productos financieros de alto riesgo a almas incautas, si quiere conservar su puesto. Un tiburón de las inversiones saca dinero de debajo de las piedras. Un tipo perteneciente a un grupo gangsteril demuestra una lealtad a machamartillo hacia sus compinches.
Las distintas historias se cruzan con el telón de fondo de la reciente crisis económica en Europa y Estados Unidos, aquí vemos sus repercusiones en el mercado oriental. Y a modo de puzzle con idas y venidas temporales, se compone un cuadro coherente, de existencias cotidianas que entran en trepidación por las circunstancias, donde la suerte tiene un rostro irónico, y la ausencia de principios tiene su triste peso específico. En el reparto brilla Lau Ching Wan, uno de los actores habituales de To, formidable como el lerdo matón que aprenderá a jugar en la inversión de capitales.
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