Zona friki
Peter Jackson, pintor de brocha gorda por horas, en “El hobbit: la desolación de Smaug”
Al ver El hobbit: La desolación de Smaug uno tiene la impresión de que efectivamente, Peter Jackson casi consigue hacernos creer al
Al ver El hobbit: La desolación de Smaug uno tiene la impresión de que efectivamente, Peter Jackson casi consigue hacernos creer al final que el librito de J.R.R. Tolkien daba para dos películas (para tres ya veremos). El caso es que la entrega que llega ahora a las carteleras en su mayor parte funciona. Arranca con un ritmo muy dinámico, grandes secuencias de acción como los barriles –un poco de videojuego pero efectivas– y mantiene más o menos el interés a base de añadidos, que si una elfa por aquí, que si recupero a Legolás por allí...
No es que la sensación al salir del cine sea negativa, ni mucho menos, no voy a ser yo el que va a aguar la fiesta anual del reencuentro cinematográfico con la saga. Pero hacia el final de El hobbit: La desolación de Smaug uno tiene la misma sensación que cuando va en un taxi cuyo conductor se detiene en todos los semáforos, para ver si te saca algún euro más. “¡Ay, casi consigo pasar pero se ha puesto en rojo!”, te dice mientras tú te has dado cuenta perfectamente de que no ha pisado demasiado el acelerador.
Llega un momento en este film de 161 minutos de duración (¿por qué no podía durar 100?) en el que rememoras cuando has llamado a ese pintor de brocha gorda que cobra por horas, al que observas cuando abre la lata de pintura con gran parsimonía, y hasta camina con pequeños pasos... “¿Cuánto le queda jefe? Ya sólo falta un pequeño rincón de la pared”. “Uy, esto en menos de tres o cuatro horas no hay quien lo termine”.
De todas las criaturas de la Tierra Media, al final Peter Jackson parece haberse mimetizado con los ents. Pooooorqueeeeee nooooooo tieeeeneee priiiiiiiisaaaaaa eeeen aaacabaaar laaaa peeelícuuulaaaaaaaaaa.
Si los legisladores fueran al cine, estoy seguro de que harían una ley obligando a que te descontaran un euro de las entradas si el film superase los 70 minutos. Estoy seguro de que por norma general eso mejoraría mucho la calidad de las películas.
Acabo de mantener sendas entrevistas con los integrantes del reparto Luke Evans –nuevo fichaje como Bardo– y Richard Armitage, que vuelve a ser Thorin Escudo de Roble, líder de los enanos aunque impresiona un poco porque en la realidad resulta ser altísimo... Mide 1,87. ¡Vaya enano! Puedes leer la primera pinchando aquí , y la segunda aquí.
Hemos hablado entre otras cosas de una de las mayores bazas de Peter Jackson, que ha consistido en ocultar el dragón, pues éste sólo se ve fugazmente en el tráiler. Aunque le han vendido su imagen a una compañía aérea para unos anuncios que pintaron en sus aviones, creo que a pesar de todo casi nadie conoce cómo es la criatura. Pues bien, los actores me cuentan que ni ellos habían visto al bicho de marras hasta el día anterior de iniciar la gira para atender a la prensa, cuando por fin les proyectaron la película a los pobres (también a nosotros), para que pudiéramos hablar de algo.
Lo cierto es que Smaugh es una genialidad. Está muy bien hecho, quizás porque Peter Jackson se siente un poco identificado también con él (igual que con los ents). Por lo menos por el hecho de que el cineasta parece aspirar a dormir como el monstruo, cubierto por completo de dinero (estilo tío Gilito), con lo que nos va a sacar con las tres películas.
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