Zona friki
Humor macabro en situaciones terroríficas
Ando estos días de vacaciones tardías. Me resistía, y de hecho he sido el último de los que elaboramos diariamente DECINE21 en cogérmelas, ya que
Ando estos días de vacaciones tardías. Me resistía, y de hecho he sido el último de los que elaboramos diariamente DECINE21 en cogérmelas, ya que pretendo fingir el máximo de tiempo posible que soy un poco imprescindible, en lugar de faltar del trabajo y que se den cuenta de que todo funciona igualmente sin mí. O incluso mejor. Pero al final, como me tocaban no me ha quedado más remedio que venir a pasar unos días en la muy cinematográfica ciudad de Viena. No, no me han dejado desplazarme por las alcantarillas silbando el tema musical de El tercer hombre, y tengo que coger el metro como todo el mundo.
Me hospedo en un hotel cercano a la Academia de Bellas Artes (Akademie der Bildenden Künste) donde Adolf Hitler solicitó su ingreso, pero por lo que me han contado se negaron a admitirle porque dibujaba muy mal las cabezas. Una pena que por esa “cabezonería” no se dedicara el hombre a desperdiciar lienzos en lugar de destrozar el mundo.
Visitar este lugar me ha traído a la memoria que leí hace unos días una noticia sobre un libro, “Dead Funny”, recientemente publicado por un tal Rudolph Herzog que juega con fuego, pues recopila chistes que circulaban por Centroeuropa en los días del Holocausto. Todos ellos son negros, negrísimos, y muy poco apropiados, desapropiadísimos, y de hecho prefiero no poner ningún ejemplo, pero siempre me ha interesado mucho el tema del humor que el ser humano es capaz de desarrollar en situaciones extremas.
Me explicaré. Es muy español que circulen los chistes más salvajes sobre los acontecimientos más trágicos y delicados de la actualidad nacional. Pese a que en Madrid por la magnitud de la tragedia, casi todos conocíamos por desgracia a alguien afectado por los brutales atentados del 11-M, creo que me contaron el primer chiste sobre el asunto el 12 de marzo o el mismo 11 por la tarde. Y no precisamente me lo contó un descerebrado, sino un tipo centrado y equilibrado, al menos “aparentemente”. Nunca más he quedado a comer a solas con él.
Siempre me ha resultado insólito y curioso todo esto. Por ejemplo, me choca que alguien como Charles Chaplin, que pasó mucha hambre durante su desdichada infancia, rodara divertidas secuencias sobre el tema, como aquella en la que se come sus propios zapatos, y enrolla los cordones con el tenedor, como si fueran spaghetti. Sin duda, sabía de lo que hablaba. Yo mismo he conocido a personas en situaciones muy dolorosas que usaban la risa como autodefensa, lo que parece un método psicológicamente sano. Recuerdo un episodio muy duro. A un primo muy cercano tuvieron que amputarle un pie. Fui a verle totalmente destrozado y hecho polvo, y me lo encontré mucho más animado que yo.
-Me han cortado un pie. Hoy dan de cena carne con tomate, seguro.
Buff, ojalá me tomara yo así una situación tan dura. Incluso hoy en día, cuando coincido con él, me sigue tomando el pelo.
-Me han cortado un pie. Antes tenía tres piernas, pero ahora sólo dos.
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