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Blog de Hildy

¿Cómo debe juzgarse un formato narrativo tan poliédrico y que parece no tener fin?

La serie interminable, que dura, y dura, y dura...

Tengo muchos colegas críticos de cine, que sólo reseñan películas. Qué afortunados son. Se quejan cuando les toca ver un film de tres horas, pero es de vicio, porque a la postre abordan algo que empieza, continúa y acaba, o sea, es algo manejable. No es el caso de las series, un formato más escurridizo que una pastilla de jabón.

La serie interminable, que dura, y dura, y dura...

Si viviéramos en el multiverso, reseñar series televisivas no ofrecería ninguna dificultad. Viajaríamos a una realidad alternativa en que dispusieras de todo el tiempo del mundo, y en que dedicar ocho horas de tu vida a ver la temporada de una serie no fuera algo desmesurado. Pero en el mundo real, en que cada semana se estrenan montones de series compuestas de numerosos capítulos –qué dicha cuando es una miniserie de sólo... ¡4 capítulos!–, tienes que hacer el pino con las orejas para ofrecer una crítica razonable que haga algo de justicia al producto que tienes entre manos. Porque es mucho metraje, y todo el tiempo aquello parece “La historia interminable”, lleno de subtramas y vericuetos que son otras historias, que deben ser contadas en otra ocasión, con episodios extra, o no se sabe qué.

¿La situación ideal? Que tuvieras un equipo con muchas personas, y que según sus gustos pudieras encargarles series cuyo visionado no fuera una tortura china. Desgraciadamente no es lo habitual, menos en los tiempos que corren de críticos mal pagados, redacciones menguantes y uso indiscriminado y loco de la IA. Se imponen otras soluciones, donde cabe dar el paso de seleccionar lo que tenga mejor pinta y descartar el resto, dar por vista una serie con unos pocos capítulos, dando por sentado que te has hecho una idea bastante cabal, y aumentar la velocidad de visionado para hacerte una composición. Escribo lo anterior mientras me sonrojo, porque esto no es serio, no lo bastante al menos, y se supone que mucha gente ha trabajado en esas series, y merecen que su obra sea juzgada con un visionado completo en las mejores condiciones posibles. Pero quiero ser honrado, y digo lo que hay, en muchos casos, por desgracia.

Después de tirar piedras contra mi propio tejado, toca tirarlas contra los que hacen las series y los que las encargan, que merecen que les lluevan pedruscos bien gordos. ¿Y por qué? Por hacer perder el tiempo a los espectadores con tantas propuestas de escasísimo interés, alargadas innecesariamente, y que sólo buscan tener abducido al público, crearle adicción, sí, adicción, que no puedan dejar de ver aquello porque luego tienen que comentarlo con los amigos o en las redes, y demostrar que están en la pomada. Los recursos de chicos y chicas luciendo palmito, qué buenorros y buenorras que están, o de persecuciones y explosiones sin cuento, o de acumulación de situaciones lacrimógenas o supuestamente tronchantes, o lo que sea, prolongados hasta el infinito, agotan a cualquiera, hasta al espectador más pasivo y complaciente. No quiero alargarme, pero las plataformas de streaming se han convertido en contenedores de productos para que el público no les deje, y la reciente noticia de que Netflix incorporará "La resistencia" de Broncano después de su emisión, me deja patidifuso. Todo vale para que estén contigo.

Dicho todo la anterior, incluso las series buenas, muy buenas o incluso excelentes, ofrecen dificultades para darles un juicio justo. Es como decir “Barcelona es una ciudad preciosa”. Bien, tal vez lo sea, y pueda decirse, pero es más sencillo comentar que me encantan Las Ramblas, la Sagrada Familia o el barrio gótico, porque está el lado oscuro y feo de la ciudad, nadie dirá que es una maravilla el entorno de la estación de Sants, por decir algo. A veces pasa algo de esto con las series. Tienen una premisa fantástica, y ves capítulos muy potentes, pero la cosa se alarga, temporada tras temporada, estirada como un chicle, y meten rellenos muy indigestos, y tienes la sensación de que no saben cómo acabar. Fueron emblemáticos Los Soprano, pedazo de serie, o Perdidos, intrigante hasta decir basta, pero cuya conclusión no acabó de apasionar a sus seguidores. Me parece que es un genio Vince Gilligan, estupendas Breaking Bad y Better Call Saul, pero tengo mis dudas de si tiene una buena hoja de ruta con la intrigante Pluribus.

Es lo que tienen las series, pueden tener un estupendo piloto, algunos episodios geniales, pero luego aquello se estanca y cae por derribo. Recuerdo haber contado maravillas de Raised by Wolves, impulsada por Ridley Scott, tras un par de capítulos, pero tuve que variar mi juicio cuando la cosa entró en franca decadencia. Rectificar es de sabios. Aunque El ala oeste de la Casa Blanca es estupenda, ya en sus últimos coletazos no era lo mismo. En fin, que juzgar una serie en su totalidad no es nada fácil, porque al ser interminable, puede que no hayas visto todos los episodios de todas las temporadas (¿alguien ha visto los 800 de Los Simpson?), hayas pasado a otra cosa, mariposa, que la vida es breve y hay que aprovecharla en algo mejor que en estar colgado todo el día de la pantalla. Pero es que aunque lo hayas visto todo, una serie es un contenedor de tantas cosas que tener una opinión global de la totalidad se antoja misión imposible.

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