Blog de Hildy
El cine tiene cáncer: “Bajo la misma estrella” y otras películas enfermas
Llega mañana a los cines Bajo la misma estrella, una película cuya protagonista tiene cáncer, y su candidato a noviete también padeció la enfermedad, hasta le amputaron una pierna. Suelen decir los estudiosos de las audiencias que el público huye por definición de cualquier película que muestre gente enferma, y si encima tienen cáncer, todos corren al grito, naturamente, de “¡Sálvese quien pueda!”; y es que se supone que la gente va a la sala oscura del cine para entretenerse y olvidar sus problemas al menos por un par de horas. Sin embargo Bajo la misma estrella viene a desmentir estas ideas, al menos en parte, la película basada en el best-seller de John Green ha recaudado más de 100 millones de dólares, cifra insólita para un drama sobre el dolor y la muerte.
A posteriori resulta fácil teorizar sobre las claves del éxito. Pero allá voy. En el fondo todos sabemos lo que es la enfermedad y la realidad de la muerte está siempre ante nuestros ojos. En torno a ellas asoman a veces sentimientos que forman parte de lo mejor del ser humano: espíritu de sacrificio, entrega, amor, acompañamiento. Se llora, sí, pero queda algo bueno en estas situaciones difíciles. Cuando el espectador es arrastrado al cine por alguna fuerza inefable –llámase “preciosa historia de amor”, actores de moda como la jovencita Shailene Woodley...–, si ante sus ojos se proyecta una historia con fuerza, aquello acaba enganchando.
Por supuesto, cuenta el modo de hacer la promoción. La frase que encabeza el cartel de la peli no dice “El cáncer puede ser el inicio de un amor maravilloso”, sino algo mucho más etéreo y digerible, “La vida no tiene que ser perfecta para ser extraordinaria”.
Es muy difícil vender bien un film con el cáncer en primer plano. Algunos títulos lo logran, pienso en Tierras de penumbra y La habitación de Marvin, pero ambos tenían un gancho. Pienso en otros títulos muy estimables, pero que no triunfaron en taquilla, El doctor y Vivir para siempre.
De todos modos, y si se me permite la malévola parábola, me atrevo a decir que el cine que tiene “cáncer” sí triunfa a menudo en taquilla, y no me refiero a Bajo la misma estrella. El arrase de Transformers: La era de la extinción en Estados Unidos, y previsiblemente en el resto del mundo, no deja de llamar la atención, cuando ya la segunda y tercera entrega resultaron ser muy, muy cansinas, la descripción del cuarto film por un crítico como “sangre, sudor y chatarra”, habla a las claras de un cine enfermo.
Porque resulta que la asistencia al cine sigue cayendo, y lo que el público va a ver a menudo son películas que lo confían casi todo a la acción, los efectos visuales y el marketing. De modo que la tendencia –cineastas galos como Laurent Cantet y Jean-Pierre Jeunet, con pelis estrenadas o a punto en España lo confirman con cierto pesimismo– es que las películas con historias normales no atraen suficientemente al público para que los inversores apuesten por ellas. Mientras los grandes estudios cada vez producen menos, y la mayoría de títulos son concebidos como “blockbusters” mastodónticos.
El cine languidece, atrapado por múltiples males, y ello sin insistir en la piratería, internet que lo cambia todo. Un cáncer nuevo para un tiempo nuevo, al menos de momento.
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