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Biografía

Jean-Pierre Jeunet

Jean-Pierre Jeunet

66 años

Jean-Pierre Jeunet

Nació el 03 de Septiembre de 1953 en Roanne, Loire, Francia

Premios: 1 Goya

Mundos imaginarios

16 Junio 2011

Desde su primera película se convirtió en uno de los más aclamados directores franceses debido a su estilo absolutamente personal, apoyado en una gran imaginación, un recargado diseño de producción y un tratamiento fotográfico asombroso.

Su seña de identidad es tanto la creación de mundos visuales propios como la forma de presentar en pantalla esos universos personales. Sus películas se ven a modo de cuentos para adultos, narraciones que nunca dejan de ser fantásticas y aun surrealistas, con personajes estrambóticos y aventuras inverosímiles.

Jean-Pierre Jeunet nació el 3 de septiembre de 1953 en Roanne, Loire, Francia. Desde muy joven ya le gustó el mundo de las imágenes y a los 17 años se compró su primera cámara. Realizó estudios de cine en Cinémation Studios y fue allí donde conoció a Marc Caro, un dibujante del cual se hizo muy amigo. A los veinticinco años realizó su primer trabajo de ficción junto a Marc Caro, el cortometraje de animación L’Evasion. Dos años después recibió el premio César al mejor cortometraje de animación gracias a Le manège. Estaba claro que la asociación entre Jeunet y Caro funcionaba, y al año siguiente se embarcaron en otro cortometraje, pero esta vez con personajes reales. Los dos cineastas escribieron, dirigieron y diseñaron la producción de Le bunker de la dernière rafale (1981). Se trataba de una fantasía de ciencia ficción sobre unos soldados atrapados bajo tierra. Empezaban a estar muy presentes las constantes de Jeunet, mundos propios, cercanos al surrealismo, con personajes raros en situaciones muy extravagantes.

Sin la colaboración de Caro dirigió posteriormente el cortometraje Pas de repos pour Billy Brakko (1984), de apenas cinco minutos de duración, y se realizó también varios anuncios comerciales para la televisión y algunos videoclips, para artistas como Julien Clerc, Étienne Daho o Jean-Michel Jarre. En 1989 volvió a realizar en solitario un cortometraje cómico titulado Foutaises, con el que ganó el Premio César. Fue en este trabajo cuando colaboró por primera vez con el actor Dominique Pinon. Este actor, de aspecto extraño y feo, resultaba perfecto para expresar la imaginería de Jeunet y se convirtió desde entonces en el más fiel camarada del director. Desde entonces Pinon ha actuado en todas sus películas.

En 1991 Jeunet y Caro volvieron a reunirse para dar luz verde a su primer largometraje: Delicatessen. Ambos compartieron créditos de guionistas y directores. Por encima de cualquier otra característica, este film llamó la atención por su oscuro y gótico diseño de producción que recreaba un mundo postapocalíptico lleno de surrealismo. Pero también dejó huella por su historia siniestra a más no poder (la de un charcutero que vende carne humana), narrada en clave de comedia negra. El film cosechó un enorme éxito internacional y se llevó multitud de premios y nominaciones.

Por los mismos derroteros circuló cuatro años después la siguiente película de Jeunet-Caro, titulada La ciudad de los niños perdidos. Se trataba de una aventura de ciencia ficción bastante tenebrosa, sobre un científico loco que rapta niños para robarles los sueños. El diseño de producción, claustrofóbico y surrealista, volvía a ser decisivo. La película contó con actores perfectos para el mundo amenazante de Jeunet, tales como Jean-Claude Dreyfus, Ron Perlman o el mentado Dominique Pinon. Dos años más tarde Jeunet firmaría su película menos personal que también supuso su primera aventura norteamericana. El tipo arriesgó, pues se trataba de dirigir la cuarta entrega de Alien, el octavo pasajero, titulada en este caso Alien Resurrección, cuyo guión había sido escrito por Joss Whedon (Serenity). Jeunet se llevó con él a Perlman y Pinon, y el resultado general fue estimable. Sin embargo, el director no volvería a trabajar en producciones americanas. Lo mejor de ese año 1997 tuvo que ver con su vida personal, pues se casó con Liza Sullivan con quien había trabajado en la película.

Probablemente el mejor film del director llegó en el año 2001. Amelie cautivó a los espectadores de todo el mundo por su frescura, romanticismo, diseño e interpretación de la actriz protagonista, una dulce Audrey Tautou que se convertiría en estrella de la noche a la mañana y que haga lo que haga siempre será recordada por ese papel. El film, que también incluía una partitura maravillosa del compositor Yann Tiersen, fue premiado en numerosos festivales y recibió 5 nominaciones al Oscar. Tautou repitió con el director en su siguiente película, Largo domingo de noviazgo (2004), aunque esta vez se trataba de una cinta desigual en torno a la I Guerra Mundial que no acababa de encontrar el tono, entre bélico, nostálgico y romántico. Jeunet tampoco debió de quedar muy satisfecho y se tomó un respiro laboral antes de escribir y dirigir su siguiente film cinco años después: la divertida comedia Micmacs, donde Jeunet hace una severa crítica al tráfico de armas, con un diseño de producción muy de su estilo y donde ha contado con el comediante Dany Boon para el papel protagonista.

Goya
2002

Ganador de 1 premio

Filmografía
El extraordinario viaje de T.S. Spivet

2013 | The Young and Prodigious T.S. Spivet

T.S. Spivet es un chaval de 12 años de extraordinaria inteligencia, que vive con su atípica familia en un rancho en Montana. Su padre es el tradicional cowboy de pocas palabras. Su madre es una investigadora científica, experta en escarabajos. Su hermana mayor es una adolescente, en plena edad del pavo. Y su hermano mellizo murió en un trágico accidente. Spivet tiene una mente tan preclara que inventa una máquina de movimiento perpetuo que le supone un importante premio. De modo que emprende un viaje en solitario –pues se siente excluido del resto de la familia– para recoger el galardón, mientras que los que se lo han concedido ignoran que el genial inventor es un niño. Adaptación de “Las obras escogidas de T.S. Spivet”, original libro juvenil de Reif Larsen, muy gráfico, con dibujos en los márgenes. Lo traslada muy imaginativamente a la pantalla Jean-Pierre Jeunet, que ha demostrado de sobras su capacidad de crear mundos visualmente muy atractivos a lo largo de una filmografía que arrancó en los 90 con Delicatessen. En esta ocasión además recurre por primera vez al 3D, algo completamente justificado, pues saca todo el partido a la tridimensionalidad con múltiples recursos en planos muy estudiados, de gran elaboración en su concepción en localizaciones y acabado digital, incluidos dibujos, recortables, mapas, “bocadillos”... El guión de Jeunet y Guillaume Laurant estructura la narración en los clásicos 3 actos, “El Oeste”, “El viaje” y “El Este”, y recurre sin cansar a la voz en off de Spivet, muy bien encarnado por el niño Kyle Catlett, todo un descubrimiento por su desparpajo y naturalidad. El extraordinario viaje de T.S. Spivet es un canto al deseo de conocer y a la ciencia, pero, no deja de subrayarse, ésta debe estar atravesada por la poesía, o dicho de otro modo, ser humana. Porque de otro modo lleva al escepticismo ante tantas cosas bellas de la vida, o al mercantilismo y la manipulación de los sentimientos, la tentación que ronda a una de las directivas del Smithsonian, la institución que ha premiado al chico. Cine de aventuras fantásticas, en la línea de La invención de Hugo, con momentos dramáticos, pero también buenos golpes humorísticos, ofrece una atinada reflexión sobre la familia, el modo en que hay que cultivar las relaciones padres-hijos o entre hermanos, abordando de frente los malos tragos que depara la vida, sin excusas que demoran y empeoran determinadas situaciones.

7/10
Micmacs

2009 | Micmacs à tire-larigot

Bazil es un tipo que ha tenido muy malas experiencias con las armas. Su padre era militar y murió al pisar una mina antipersona cuando Bazil era todavía un niño. Y por si eso fuera poco, ya de adulto, Bazil recibe una bala perdida mientras está trabajando en su videoclub. Los cirujanos deciden dejar la bala alojada en su cerebro porque temen que el paciente muera al extraerla. Con su trabajo perdido, sin casa y sin familia, Bazil se convertirá en vagabundo y conocerá a unos curiosos personajes que se alojan en una especie de caverna subterránea, elaborada a base de desperdicios. Entre todos forman una gran familia y Bazil les pedirá ayuda para sabotear a las dos principales empresas de fabricación de armas. Así, Bazil y sus amigos pergeñarán una serie de maniobras para que las dos corporaciones se destruyan entre ellas. Regreso a la dirección de Jean-Pierre Jeunet, sin lugar a dudas uno de los talentos visuales más prestigiosos del cine, tal y como ha demostrado en películas como Delicatessen o Amelie. En este caso, elabora también un guión con mucha metralla (nunca mejor dicho), que arremete explícitamente contra el negocio armamentístico actual de las potencias occidentales, causantes de terribles guerras y tragedias personales en todo el mundo. Pero, por supuesto, Jeunet narra su historia a modo de cuento, pleno de humor y con algunos momentos creativos muy brillantes –como el del partido de fútbol con mina antipersona–, de modo que el espectador se entretiene con continuos gags visuales, herederos del 'slapstick' del cine mudo. Sin embargo, ese aire ligero que envuelve toda la trama también tiene su contrapartida, pues en general no se genera tensión alguna y la acumulación de pequeños episodios puede aburrir, mientras que la imaginería gótica y la fotografía colorista del director ya no es suficiente para mantener la atención, pues no sorprende como en sus primeros filmes. El reparto está lleno de rostros familiares, con protagonismo para Dany Boon (Bienvenidos al norte), pero también con la presencia del actor fetiche de Jeunet, Dominique Pinon, o de comediantes de altura como André Dussollier, Julie Ferrier y Yolande Moreau. Todos están bien en sus papeles, aunque quizá falte más nitidez en la caracterización de algunos personajes, así como la inclusión de alguna trama amorosa que hubiera contribuido a redondear y completar el conjunto.

5/10
Largo domingo de noviazgo

2004 | Un long dimanche de fiançailles

Decir Jean-Pierre Jeunet es decir preciosismo fotográfico, personajes tan ricos como estrambóticos, gags carcajeantes próximos al slapstic del cine mudo y desfachatez visual a la hora de mostrar crudeza u obscenidad sin perder ni por un instante el aire mágico de la fábula imaginaria. Todo eso lo tenía esa obra magistral que se llamaba Amelie, y que le granjeó el aplauso de la crítica y el público de todo el mundo. Ahora, el director francés vuelve a usar idéntica fórmula con una historia muy distinta, más sórdida y monocromática, pero con la misma e inestimable colaboración de la luminosa Audrey Tautou, una actriz de una candidez y expresión en la mirada fuera de lo común. La historia, adaptación de la novela del francés Sébastien Japrisot, se centra en el amor hiperrromántico de Mathilde por Gilles. Ambos se separaron cuando él marchó a luchar a las trincheras en la Primera Guerra Mundial. Al cabo del tiempo Mathilde recibe la noticia de su muerte, ya que, tras ser sometido a consejo de guerra junto a otros cuatro compañeros, Gilles fue abandonado en tierra de nadie. Mathilde viaja, investiga y remueve cielo y tierra para dar con el paradero de su amor. Pese a que las noticias nunca son halagüeñas, ella no desespera de encontrarle vivo. Junto Mathilde el espectador es testigo poco a poco del puzzle de los acontecimientos, y, mientras tanto, otras curiosas historias y personajes entran en juego. Entre el drama y la comedia, la historia no pierde nunca el aire del cuento romántico, en especial en las estampas idílicas en la casa de los tíos, aunque también destaca el naturalismo con que Jeunet rueda las secuencias de guerra, muerte y sexualidad. Entre los intérpretes no falta el buen hacer del actor fetiche del director, Dominique Pinon.

6/10
Amelie

2001 | Le Fabuleux destin d'Amélie Poulain

Si uno piensa que la originalidad en cine es terreno agotado, con esta película se va a llevar una sorpresa. Amelie es un maravilloso ejemplo de que hay tantas historias como modos de contar y de que la forma visual puede configurar el contenido tanto como el argumento. Amelie es una joven de veintidós años que ha tenido una infancia un tanto extraña, al amparo de unos padres más raros que un perro verde. Ahora trabaja en un bar de Montmartre cuya propietaria es una antigua jinete circense y que es frecuentado por un celoso patológico. Pero su vida rutinaria cambia de la noche a la mañana, cuando una coincidencia despierte en ella un sueño filantrópico que se convertirá en su misión en la vida: hacer felices a los demás. Una a una, las personas que la rodean irán notando su influjo: la estanquera hipocondriaca, la portera llorona, el tonto empleado de la frutería y, muy especialmente, “el hombre de cristal”, un pintor solitario que sólo es capaz de ver la realidad a través de un cuadro de Renoir. Sin embargo, algo también va a trastocar el corazón de Amelie cuando se quede prendada de Nino, un joven extraño que se dedica a coleccionar fotos desechadas en los fotomatones. El divertimento acaba de empezar. Gran parte del mérito de esta película lo tiene una chica llamada Audrey Tautou, la actriz francesa que da vida a la protagonista. Curiosamente el papel había sido pensado para Emily Watson. Sin embargo, la actriz tuvo que rechazarlo por no saber francés y estar comprometida para filmar Gosford Park. Feliz contratiempo. El rostro de Tautou es un hallazgo, con una candidez, picardía y atractivo fuera de lo común. Jean-Pierre Jeunet (Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, Alien Resurrección) ha filmado sin duda su película más amable y sensorial, un auténtico virtuosismo de colores, movimientos de cámara, sonido y ritmo. Y aunque siempre impera un tono de fábula "light", el guión firmado por Guillaume Laurant, colaborador habitual de Jeunet, es divertido de verdad, y algunos episodios como la vuelta al mundo del gnomo son tan desternillantes como surrealistas.

7/10
Alien Resurrección

1997 | Alien Resurrection

Ellen Ripley murió luchando contra un Alien en la anterior entrega de la serie. Sin embargo, doscientos años después regresa como un clon, creado por un equipo de científicos con un objetivo: recuperar a la reina Alien que estaba engendrando antes de morir. Sin embargo, con ella vuelven los Aliens, que toman la nave donde la nueva Ripley ha sido engendrada. Paralelamente, una tripulación de estrafalarios piratas espaciales han llegado hasta ese lugar para robar todo lo que sea posible. Ripley se une a ellos para combatir a los depredadores espaciales, pero la huida no será fácil, ya que son demasiados. Cuarta entrega de la serie y, aun así, tiene el mérito de ser absolutamente distinta a las demás. Para ello, los productores contrataron a un mago visual, el realizador francés Jean-Pierre Jeunet, que ya había demostrado su solvencia con el éxito de Delicatessen y con el film La ciudad de los niños perdidos, uno de los títulos más caros del cine europeo. Ambos trabajos los realizó junto con su compañero Marc Caro. En esta ocasión, Jeunet salió airoso de su primer trabajo en solitario que, a pesar de conservar las señas de identidad de las anteriores entregas, tiene también el impactante estilo del francés, quien se llevó a Ron Perlman, uno de los actores de La ciudad de los niños perdidos y a Dominique Pinon (Delicatessen). El reparto vuelve a estar encabezado por Sigourney Weaver, protagonista del resto de entregas, pero esta vez incorpora a la estrella, cada vez más en alza, Winona Ryder.

6/10
La ciudad de los niños perdidos

1995 | La Cité des enfants perdus

Krank es un científico que vive junto a unos clones en una plataforma en medio del mar. Es incapaz de soñar y por ello envejece cada vez más rápido, lo que le hace raptar a los niños de la ciudad portuaria que tiene más cerca y robarles sus sueños. En la ciudad vive el gran One, que va en busca de su hermano pequeño Denre; pero también aparecen otros personajes, como Miga (estupenda Judith Vittet), la niña de nueve años que acompaña a One; o Irvin, el cerebro que vive en un acuario. Cinta fantástica, llena de seres extraños, dirigida por Jean-Pierre Jeunet (Amelie) y por Marc Caro, que también trabajó con Jeunet en Delicatessen. La trama, lejos de tener un argumento lógico, resulta algo confusa y se alimenta de personajes oníricos e imaginarios y de situaciones surrealistas, que parecen sacadas de un cuento tenebroso. La estética, por momentos oscura y claustrofóbica, da paso también a momentos muy tiernos, en este film muy del estilo de Jeunet. Entre el reparto se puede ver al feote Ron Perlman (Hellboy), que interpreta al enorme One, o a Dominique Pinon (La gran aventura de Mortadelo y Filemón), que hace el papel de los clones.

6/10
Delicatessen

1991 | Delicatessen

Uno de los mayores éxitos del cine francés de los últimos años, lo que se debe a su renovador estilo visual y a la gran imaginación que destila cada uno de sus planos. Además, crea un mundo propio, con unos decorados y vestuarios muy originales, que pueden ser parte de cualquier lugar del mundo. Retrata a los habitantes de un edificio, en cuya planta baja se sitúa una charcutería. El origen de la carne que allí se vende es desconocido. Con este largometraje debutaron los realizadores Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro (La ciudad de los niños perdidos). Obtuvieron un gran número de premios internacionales, entre los que destacan los cuatro del festival de Cinema Fantastic de Sitges de 1991. El film tiene pasajes de una rara y bella poesía.

7/10
El extraordinario viaje de T.S. Spivet

2013 | The Young and Prodigious T.S. Spivet

T.S. Spivet es un chaval de 12 años de extraordinaria inteligencia, que vive con su atípica familia en un rancho en Montana. Su padre es el tradicional cowboy de pocas palabras. Su madre es una investigadora científica, experta en escarabajos. Su hermana mayor es una adolescente, en plena edad del pavo. Y su hermano mellizo murió en un trágico accidente. Spivet tiene una mente tan preclara que inventa una máquina de movimiento perpetuo que le supone un importante premio. De modo que emprende un viaje en solitario –pues se siente excluido del resto de la familia– para recoger el galardón, mientras que los que se lo han concedido ignoran que el genial inventor es un niño. Adaptación de “Las obras escogidas de T.S. Spivet”, original libro juvenil de Reif Larsen, muy gráfico, con dibujos en los márgenes. Lo traslada muy imaginativamente a la pantalla Jean-Pierre Jeunet, que ha demostrado de sobras su capacidad de crear mundos visualmente muy atractivos a lo largo de una filmografía que arrancó en los 90 con Delicatessen. En esta ocasión además recurre por primera vez al 3D, algo completamente justificado, pues saca todo el partido a la tridimensionalidad con múltiples recursos en planos muy estudiados, de gran elaboración en su concepción en localizaciones y acabado digital, incluidos dibujos, recortables, mapas, “bocadillos”... El guión de Jeunet y Guillaume Laurant estructura la narración en los clásicos 3 actos, “El Oeste”, “El viaje” y “El Este”, y recurre sin cansar a la voz en off de Spivet, muy bien encarnado por el niño Kyle Catlett, todo un descubrimiento por su desparpajo y naturalidad. El extraordinario viaje de T.S. Spivet es un canto al deseo de conocer y a la ciencia, pero, no deja de subrayarse, ésta debe estar atravesada por la poesía, o dicho de otro modo, ser humana. Porque de otro modo lleva al escepticismo ante tantas cosas bellas de la vida, o al mercantilismo y la manipulación de los sentimientos, la tentación que ronda a una de las directivas del Smithsonian, la institución que ha premiado al chico. Cine de aventuras fantásticas, en la línea de La invención de Hugo, con momentos dramáticos, pero también buenos golpes humorísticos, ofrece una atinada reflexión sobre la familia, el modo en que hay que cultivar las relaciones padres-hijos o entre hermanos, abordando de frente los malos tragos que depara la vida, sin excusas que demoran y empeoran determinadas situaciones.

7/10
Micmacs

2009 | Micmacs à tire-larigot

Bazil es un tipo que ha tenido muy malas experiencias con las armas. Su padre era militar y murió al pisar una mina antipersona cuando Bazil era todavía un niño. Y por si eso fuera poco, ya de adulto, Bazil recibe una bala perdida mientras está trabajando en su videoclub. Los cirujanos deciden dejar la bala alojada en su cerebro porque temen que el paciente muera al extraerla. Con su trabajo perdido, sin casa y sin familia, Bazil se convertirá en vagabundo y conocerá a unos curiosos personajes que se alojan en una especie de caverna subterránea, elaborada a base de desperdicios. Entre todos forman una gran familia y Bazil les pedirá ayuda para sabotear a las dos principales empresas de fabricación de armas. Así, Bazil y sus amigos pergeñarán una serie de maniobras para que las dos corporaciones se destruyan entre ellas. Regreso a la dirección de Jean-Pierre Jeunet, sin lugar a dudas uno de los talentos visuales más prestigiosos del cine, tal y como ha demostrado en películas como Delicatessen o Amelie. En este caso, elabora también un guión con mucha metralla (nunca mejor dicho), que arremete explícitamente contra el negocio armamentístico actual de las potencias occidentales, causantes de terribles guerras y tragedias personales en todo el mundo. Pero, por supuesto, Jeunet narra su historia a modo de cuento, pleno de humor y con algunos momentos creativos muy brillantes –como el del partido de fútbol con mina antipersona–, de modo que el espectador se entretiene con continuos gags visuales, herederos del 'slapstick' del cine mudo. Sin embargo, ese aire ligero que envuelve toda la trama también tiene su contrapartida, pues en general no se genera tensión alguna y la acumulación de pequeños episodios puede aburrir, mientras que la imaginería gótica y la fotografía colorista del director ya no es suficiente para mantener la atención, pues no sorprende como en sus primeros filmes. El reparto está lleno de rostros familiares, con protagonismo para Dany Boon (Bienvenidos al norte), pero también con la presencia del actor fetiche de Jeunet, Dominique Pinon, o de comediantes de altura como André Dussollier, Julie Ferrier y Yolande Moreau. Todos están bien en sus papeles, aunque quizá falte más nitidez en la caracterización de algunos personajes, así como la inclusión de alguna trama amorosa que hubiera contribuido a redondear y completar el conjunto.

5/10
Largo domingo de noviazgo

2004 | Un long dimanche de fiançailles

Decir Jean-Pierre Jeunet es decir preciosismo fotográfico, personajes tan ricos como estrambóticos, gags carcajeantes próximos al slapstic del cine mudo y desfachatez visual a la hora de mostrar crudeza u obscenidad sin perder ni por un instante el aire mágico de la fábula imaginaria. Todo eso lo tenía esa obra magistral que se llamaba Amelie, y que le granjeó el aplauso de la crítica y el público de todo el mundo. Ahora, el director francés vuelve a usar idéntica fórmula con una historia muy distinta, más sórdida y monocromática, pero con la misma e inestimable colaboración de la luminosa Audrey Tautou, una actriz de una candidez y expresión en la mirada fuera de lo común. La historia, adaptación de la novela del francés Sébastien Japrisot, se centra en el amor hiperrromántico de Mathilde por Gilles. Ambos se separaron cuando él marchó a luchar a las trincheras en la Primera Guerra Mundial. Al cabo del tiempo Mathilde recibe la noticia de su muerte, ya que, tras ser sometido a consejo de guerra junto a otros cuatro compañeros, Gilles fue abandonado en tierra de nadie. Mathilde viaja, investiga y remueve cielo y tierra para dar con el paradero de su amor. Pese a que las noticias nunca son halagüeñas, ella no desespera de encontrarle vivo. Junto Mathilde el espectador es testigo poco a poco del puzzle de los acontecimientos, y, mientras tanto, otras curiosas historias y personajes entran en juego. Entre el drama y la comedia, la historia no pierde nunca el aire del cuento romántico, en especial en las estampas idílicas en la casa de los tíos, aunque también destaca el naturalismo con que Jeunet rueda las secuencias de guerra, muerte y sexualidad. Entre los intérpretes no falta el buen hacer del actor fetiche del director, Dominique Pinon.

6/10
Amelie

2001 | Le Fabuleux destin d'Amélie Poulain

Si uno piensa que la originalidad en cine es terreno agotado, con esta película se va a llevar una sorpresa. Amelie es un maravilloso ejemplo de que hay tantas historias como modos de contar y de que la forma visual puede configurar el contenido tanto como el argumento. Amelie es una joven de veintidós años que ha tenido una infancia un tanto extraña, al amparo de unos padres más raros que un perro verde. Ahora trabaja en un bar de Montmartre cuya propietaria es una antigua jinete circense y que es frecuentado por un celoso patológico. Pero su vida rutinaria cambia de la noche a la mañana, cuando una coincidencia despierte en ella un sueño filantrópico que se convertirá en su misión en la vida: hacer felices a los demás. Una a una, las personas que la rodean irán notando su influjo: la estanquera hipocondriaca, la portera llorona, el tonto empleado de la frutería y, muy especialmente, “el hombre de cristal”, un pintor solitario que sólo es capaz de ver la realidad a través de un cuadro de Renoir. Sin embargo, algo también va a trastocar el corazón de Amelie cuando se quede prendada de Nino, un joven extraño que se dedica a coleccionar fotos desechadas en los fotomatones. El divertimento acaba de empezar. Gran parte del mérito de esta película lo tiene una chica llamada Audrey Tautou, la actriz francesa que da vida a la protagonista. Curiosamente el papel había sido pensado para Emily Watson. Sin embargo, la actriz tuvo que rechazarlo por no saber francés y estar comprometida para filmar Gosford Park. Feliz contratiempo. El rostro de Tautou es un hallazgo, con una candidez, picardía y atractivo fuera de lo común. Jean-Pierre Jeunet (Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, Alien Resurrección) ha filmado sin duda su película más amable y sensorial, un auténtico virtuosismo de colores, movimientos de cámara, sonido y ritmo. Y aunque siempre impera un tono de fábula "light", el guión firmado por Guillaume Laurant, colaborador habitual de Jeunet, es divertido de verdad, y algunos episodios como la vuelta al mundo del gnomo son tan desternillantes como surrealistas.

7/10
La ciudad de los niños perdidos

1995 | La Cité des enfants perdus

Krank es un científico que vive junto a unos clones en una plataforma en medio del mar. Es incapaz de soñar y por ello envejece cada vez más rápido, lo que le hace raptar a los niños de la ciudad portuaria que tiene más cerca y robarles sus sueños. En la ciudad vive el gran One, que va en busca de su hermano pequeño Denre; pero también aparecen otros personajes, como Miga (estupenda Judith Vittet), la niña de nueve años que acompaña a One; o Irvin, el cerebro que vive en un acuario. Cinta fantástica, llena de seres extraños, dirigida por Jean-Pierre Jeunet (Amelie) y por Marc Caro, que también trabajó con Jeunet en Delicatessen. La trama, lejos de tener un argumento lógico, resulta algo confusa y se alimenta de personajes oníricos e imaginarios y de situaciones surrealistas, que parecen sacadas de un cuento tenebroso. La estética, por momentos oscura y claustrofóbica, da paso también a momentos muy tiernos, en este film muy del estilo de Jeunet. Entre el reparto se puede ver al feote Ron Perlman (Hellboy), que interpreta al enorme One, o a Dominique Pinon (La gran aventura de Mortadelo y Filemón), que hace el papel de los clones.

6/10
Delicatessen

1991 | Delicatessen

Uno de los mayores éxitos del cine francés de los últimos años, lo que se debe a su renovador estilo visual y a la gran imaginación que destila cada uno de sus planos. Además, crea un mundo propio, con unos decorados y vestuarios muy originales, que pueden ser parte de cualquier lugar del mundo. Retrata a los habitantes de un edificio, en cuya planta baja se sitúa una charcutería. El origen de la carne que allí se vende es desconocido. Con este largometraje debutaron los realizadores Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro (La ciudad de los niños perdidos). Obtuvieron un gran número de premios internacionales, entre los que destacan los cuatro del festival de Cinema Fantastic de Sitges de 1991. El film tiene pasajes de una rara y bella poesía.

7/10
Largo domingo de noviazgo

2004 | Un long dimanche de fiançailles

Decir Jean-Pierre Jeunet es decir preciosismo fotográfico, personajes tan ricos como estrambóticos, gags carcajeantes próximos al slapstic del cine mudo y desfachatez visual a la hora de mostrar crudeza u obscenidad sin perder ni por un instante el aire mágico de la fábula imaginaria. Todo eso lo tenía esa obra magistral que se llamaba Amelie, y que le granjeó el aplauso de la crítica y el público de todo el mundo. Ahora, el director francés vuelve a usar idéntica fórmula con una historia muy distinta, más sórdida y monocromática, pero con la misma e inestimable colaboración de la luminosa Audrey Tautou, una actriz de una candidez y expresión en la mirada fuera de lo común. La historia, adaptación de la novela del francés Sébastien Japrisot, se centra en el amor hiperrromántico de Mathilde por Gilles. Ambos se separaron cuando él marchó a luchar a las trincheras en la Primera Guerra Mundial. Al cabo del tiempo Mathilde recibe la noticia de su muerte, ya que, tras ser sometido a consejo de guerra junto a otros cuatro compañeros, Gilles fue abandonado en tierra de nadie. Mathilde viaja, investiga y remueve cielo y tierra para dar con el paradero de su amor. Pese a que las noticias nunca son halagüeñas, ella no desespera de encontrarle vivo. Junto Mathilde el espectador es testigo poco a poco del puzzle de los acontecimientos, y, mientras tanto, otras curiosas historias y personajes entran en juego. Entre el drama y la comedia, la historia no pierde nunca el aire del cuento romántico, en especial en las estampas idílicas en la casa de los tíos, aunque también destaca el naturalismo con que Jeunet rueda las secuencias de guerra, muerte y sexualidad. Entre los intérpretes no falta el buen hacer del actor fetiche del director, Dominique Pinon.

6/10

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