Blog de Hildy
Memoria histórica: centenario de las películas de Charles Chaplin en Essanay
Los auténticos amantes del cine están de enhorabuena. Divisa ha editado un doble disco en Blu-ray, con todos los trabajos de Charles Chaplin para los estudios Essanay. Son 16 mediometrajes espléndidos, entre los quince minutos y la media hora, donde asoma sobradamente el genio de un gran artista, que años después entregaría sus obras maestras más conocidas.
Los investigadores y restauradores, apadrinados por la Asociación Chaplin, han podido trabajar con los mejores materiales existentes en filmotecas y colecciones privadas, y su escaneo y presentación en 2K, con una cuidada banda sonora musical, hacen que el visionado sea una auténtica delicia.
Han pasado 100 años desde que Chaplin y sus compañeros de reparto en Essanay –Edna Purviance, Ernest Van Pelt, el luego director Lloyd Bacon, Leo White, Carl Stockdale...– filmaron estas películas, y sobrecoge un poco pensar que, lógicamente, ninguna de las personas que vemos en la pantalla vive en estos momentos, y sin embargo, paradójicamente, los vemos muy vivos en estos acelerados slapsticks. Su obra perdura, gracias a iniciativas como la de Divisa. Y más debería perdurar, si se hiciera un esfuerzo más serio –en España, y en todo el mundo– por dar a conocer la historia del cine.
Me pregunto cuántos de nuestros jóvenes, que en la actualidad pueblan las aulas de colegios e institutos, saben quién fue Charles Chaplin, y si han visto completa alguna de sus películas, disfrutando de la increíble fisicidad de su humor, y de la entrega de un personaje, el vagabundo Charlot, que a pesar del caos que organiza a su alrededor, se hace querer. En el mejor de los casos, se trata para los chicos y chicas jóvenes de una imagen icónica, el sombrero, el bigotito y el bastón, pero desconocen su obra, la aportación al Séptimo Arte y al mundo de la cultura en general; los que hoy ríen un gag de José Mota, desconocen la larga tradición que entronca a los cómicos como él con el genial Chaplin.
Ver filmes como Charlot campeón de boxeo nos permite reconocer la gramática cinematográfica. A pesar de la sencillez de las historias y lo rápido que se rodaban, el modo en que se empalman los planos revela cómo se ha calado ya, tan tempranamente, en la edición, los trucos para que un plano encaje bien con el siguiente, cortar por ejemplo con ocasión de un golpe.
También nos permite adentrarnos en una etapa concreta de la trayectoria de Chaplin, cuando dejó la Keystone de Mack Sennett, atraído por la mejor remuneración que le ofrecía la compañía radicada en Chicago de George K. Spoor y Broncho Billy Anderson, Essanay, que debe su nombre a las iniciales de sus apellidos, “S” and “A” sonaría pronunciado rápidamente como Essanay. Estaría con ellos un año, con su creación del vagabundo Charlot, antes de pasar a la Mutual Film Corporation, para ser sustituido por Max Linder.
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