Blog de Hildy
Una conmoción en la galaxia: la muerte de Carrie Fisher
“He sentido una gran conmoción en la Fuerza. Como si millones de voces gritaran de terror y luego… fueran silenciadas. Temo que ha ocurrido algo horrible.”
Son las palabras que pronunciaba Obi-Wan Kenobi tras la destrucción de Alderaan, el querido planeta de la princesa Leia en La guerra de las galaxias. Y quizá algo parecido podrían declarar los fans de Star Wars por el fallecimiento de Carrie Fisher, a tenor de las reacciones de pesar de los fans, y al espacio casi monográfico que dedica al tema la prensa especializada de Hollywood, Variety y The Hollywood Reporter.
La guerra de las galaxias es la película de mi infancia. La primera. La original. Cuando uno podía pensar que todo empezaba y acababa con esa cinta, con la princesa Leia Organa condecorando a los valientes Luke Skywalker, Han Solo y Chewbacca, acompañados de los androides R2-D2 y C-3PO. Yo soy de los que cree que el hecho de que Luke y Leia sean hermanos es un extremo que ni el propia George Lucas contemplaba cuando hizo la película que le consagró. Luego Lucas nos contó que en realidad había imaginado varias trilogías, que todo era una gran cosmología, las máscaras del héroe, Joseph Campbell y un montón de zarandajas. En fin, es posible. El caso es que llegarían más películas, algunas estupendas, sobre todo El imperio contraataca y El despertar de la fuerza, pero a mí siempre me quedaría la de 1977, la que me hizo soñar, aquella de la que completé un álbum de cromos, vi repetidas veces en el cine y de la que me sabía frases enteras.
Por eso del personaje de Fisher me vienen enseguida a la cabeza algunas de sus memorables frases en ese film: el holograma, “Ayúdanos, Obi-Wan Kenobi, tú eres nuestra única esperanza”, su comentario a Chewbacca, “¿Quiere quitarme alguien de delante a este felpudo con patas?”, su respuesta altiva como prisionera “Gobernador Tarkin, debí figurarme que usted sujetaba la correa de su fiel perro Vader, noté su repugnante olor a cuervo carroñero en cuanto me trajeron a bordo”.
Las últimas entregas starwarsianas han concedido preponderancia a las mujeres, Rey y Jyn, que se supone que son más aguerridas y resueltas, pero para mí es Leia la de más personalidad, acostumbrada al mando, sin pelos en la lengua, quejándose de la incompetencia de los varones, Han y Luke vienen a rescatarla, ¡sin un plan!, y la terminan conduciendo a… ¡un apestoso vertedero!
Debo ser un romántico, sentimental incorregible, pero prefiero quedarme con la imagen idealizada de Carrie Fisher como Leia, con su peinado a la japonesa, su túnica blanca, su sonrisa al final de esa película, entregando las medallas como diciendo, “bueno, no lo habéis hecho tan mal después de todo”. Me interesa menos su imagen posterior. Entiendo que lo pasó mal por las dificultades familiares y sus problemas con las drogas, que contribuyeron a la imagen pública desgarrada que cultivó, y no me ha atraido la lectura de sus libros, aunque imagino que el que estaba ahora promocionando, “The Princess Diarist”, que incluía el “scoop” de su affaire con Harrison Ford, se venderá ahora como rosquillas.
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