Blog de Hildy
“Imparable” o el cine de acción como una de las bellas artes
Más de uno se habrá llevado las manos a la cabeza escandalizado. ¡El cine de acción arte! ¡Qué disparate! El arte sólo lo es –pensarán– si viene
Más de uno se habrá llevado las manos a la cabeza escandalizado. ¡El cine de acción arte! ¡Qué disparate! El arte sólo lo es –pensarán– si viene firmado por Jean-Luc Godard –ausente del acto de este fin de semana donde le iban a dar un Oscar honorífico: ¡Hollywood, puah!–, o servido en iraní subtitulado.
En fin, viene todo a propósito de Imparable, de Tony Scott, cine de acción modélico. ¿Arte? No sé, pero tengo claro que no se puede contar mejor el caso de este tren descontrolado, que podría provocar una terrible catástrofe en Pensilvania. El film es un prodigio de narración perfecta, encuadres inmejorables, montaje maravilloso, pinceladas adecuadas de interés humano... Incluso la decisión de prescindir de efectos de ordenador y zarandajas de 3D acentúa el realismo, y engancha más si cabe.
Lo cierto es que Tony Scott tiene a sus espaldas un puñado de buenas películas de acción, especialmente Asalto al tren Pelham 1 2 3, Spy Game y Marea roja. Y si nos vamos a otros directores, títulos como Acorralado, Terminator, Jungla de cristal, El caballero oscuro, Spider-Man... son ejemplos estupendos de que el cine de acción puede ser buen cine, que gana dinero y hasta, tal vez, es artístico. Aunque pese a mucho pedante.
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