Blog de Hildy
La Thatcher y los Kennedy: una comparación
Por una de esas coincidencias de la vida seguramente no buscada, y que no se ha señalado en muchos sitios -yo diría que en ninguno-, el mismo día 5
Por una de esas coincidencias de la vida seguramente no buscada, y que no se ha señalado en muchos sitios -yo diría que en ninguno-, el mismo día 5 de enero de 2012 se ha estrenado en cines la película La dama de hierro y se ha puesto a la venta en DVD y Blu-ray la serie televisiva Los Kennedy. Entre una y otra existen puntos en común que invitan a la comparación, pues se trata en ambos casos de políticos de gran envergadura -la premier británica Margaret Thatcher y el presidente estadounidense John F. Kennedy, con sus alrededores-, que han tenido una influencia importantísima en sus respectivos países y en la escena mundial. No son perfectas, aunque sí interesantes, y si debo decantarme por una, me inclino por la serie, que en su conjunto funciona muy razonablemente para darte una idea del clan Kennedy.
1) El lado humano de los personajes. Tanto La dama de hierro como Los Kennedy fijan más su atención en las personas, grandezas y debilidades, que en los hechos históricos que contribuyen a forjar. Es una opción, y a la hora de describir los caracteres, se deja espacio a la imaginación. En el caso de Margaret Thatcher dibujando las mermas que acompañan a la senilidad, acudiendo al artificio de las alucinaciones de su esposo muerto, que sirven para incidir en una ambición política que le habría hecho caminar sola, descuidando un tanto a su familia. En los Kennedy se parte de hechos conocidos -las infidelidades conyugales de JFK, sus dolores de columna, la condición de patriarca de Joseph...- para crear escenas domésticas o íntimas que, lógicamente, ignoramos cómo se desarrollaron en la realidad. Ni en un caso ni en otro hay invenciones execrables.
2) Los hechos históricos. Como decía en 1), quedan en un segundo plano, se juega con la idea de que el público los conoce más o menos, y no se trata de interpretarlos o darles una lectura política. En cualquier caso creo que Los Kennedy sabe manejarlos mejor, y que los santos temporales son más claros, desde el día de la elección presidencial, o en el día en que Lee Oswald dispara sobre JFK. Están presentes piedras miliares del breve mandato presidencial de John F. Kennedy -Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles, el muro de Berlín, la cuestión racial, el atentado, la persecución de la mafia...-. En La dama de hierro de algún modo forman parte de los recuerdos de la anciana senil Thatcher, y son puros fogonazos; aunque se da alguna luz sobre su irrupción en un mundo de hombres o la Guerra de las Malvinas, otras cuestiones como el terrorismo del IRA o la conflictividad laboral por las reformas en tiempos económicos duros quedan muy, muy desdibujadas, ni se atisba por qué la primera ministra acomete unos ajustes que ocasionan protestas tan violentas.
3) Actores brillantes. Lo de Meryl Streep en La dama de hierro es sencillamente asombroso, hay que verlo para creerlo. Es Margaret Thatcher, y punto. En tal sentido creo que como anciana lo clava, y sirve para que luego nos creamos a la Thatcher joven, una esforzada Alexandra Roach, y a la Thatcher madura, donde es más reconocible Streep, pero no menos meritoria su interpretación. A Jim Broadbent le toca bailar con el más feo, porque su personaje de Denis, el marido de Margaret, es artificial y cargante, no ayuda a la narración, su condición de “muleta” para que Streep se apoye y hable con él resulta demasiado evidente, nada natural. Los actores de Los Kennedy están muy bien, forman un sexteto estupendo -me encanta la escena final del brindis-, donde brillan especialmente Barry Pepper -Bobby, el fiscal general- y Tom Wilkinson -el patriarca Joseph, ambicioso pero humano-, pero también sus esposas -Diana Hardcastle y Kristin Booth-, y el matrimonio presidencial -Greg Kinnear y Katie Holmes-; la comparación con Streep quizá sería odiosa, porque ella parece de otro planeta, pero insisto, lo hacen muy bien.
4) Las polémicas. La verdad, no las entiendo, me parecen sintomáticas de una tremenda cerrazón mental que da pena. Me parece ridículo que la Cámara de los Comunes británica dedique un debate parlamentario a La dama de hierro, o que History Channel rehusara emitir Los Kennedy, de la que tenía los derechos en Estados Unidos, aduciendo que no es historia (este mismo canal había emitido antes un documental sobre Lyndon Johnson sugiriendo su implicación en el asesinato de JFK, algo que no parece demasiado riguroso, ya se ve que las varas de medir son diferentes...). Ni La dama de hierro carga las tintas contra Margaret Thatcher, ni Los Kennedy hace lo propio con la poderosa familia. Es cierto que una y otra no son partidarias incondicionales o fans acérrimas de sus personajes, pero tal vez eso les ha obligado a cierto ejercicio de ecuanimidad, de no caer en el trazo groseramente grueso, lo que resulta positivo. No digo que hagan un formidable retrato de los personajes auténticos -no creo que lo hagan-, pero sí pienso que los acercan al espectador, que aprende algo de ellos, lo que no es poco, y hasta anima a la investigación personal para ahondar. Los más allegados -de Thatcher o de los Kennedy-, son, lógicamente, los que más defectos pueden sacar a estas ficciones basadas en la realidad, pero deberían tener en cuenta eso, que son ficciones basadas en la realidad.
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