Entrevistas
Rowan Atkinson, el eterno "Mister Bean"
Pasen y “Bean”, el mayor hombre-espectáculo del mundo. Al menos en la pantalla, pues en persona Rowan Atkinson es la némesis del personaje que le ha dado la fama. El actor llama la atención por su seriedad, lo que explica en cierta medida que haya triunfado en un género que contrariamente a lo que se cree, no es nada fácil. Ninguna pista parecía indicar que Atkison tiene un carácter elegante, típicamente británico, que en realidad es ingeniero eléctrico por la Universidad de Oxford, y que es un padre de familia felizmente casado con dos niños. Ni una gracia ni mueca de más en mi encuentro con él.
Han pasado casi 17 años desde que empezó a interpretar a Mr. Bean. ¿Le sigue ilusionando y sorprendiendo como el primer día?
Cuando ensayamos nuevas escenas, siempre me vienen a la mente reacciones inesperadas muy apropiadas para Mr. Bean. Es un personaje tan anárquico que nunca se sabe muy bien qué va a hacer, por lo que no resulta aburrido. No me ha costado nada recuperarle, después de tantos años. Además, esta nueva película muestra aspectos insospechados del personaje, como su capacidad para hacer amigos y cierto instinto paternal, que nunca habían aparecido en la serie televisiva ni en el anterior film.
Después de tanto tiempo, ¿no le ha cansado el personaje? ¿Mantiene con él una relación de amor-odio?
Pues si existiera en la realidad, tendría con él una buena relación, porque me hace gracia, me sigue haciendo reír. Eso sí, cuando lo pienso friamente, no es una buena persona, es egoísta. No es el tipo de persona que uno querría tener como amigo.
Es cierto que es egoísta, pues Mr. Bean se comporta a veces de forma mezquina. Por ejemplo, no tiene remordimientos cuando separa a un padre de su hijo, en un momento del film. ¿Por qué cree que a pesar de todo resulta entrañable?
Bean es universal por su condición de niño atrapado en un cuerpo de adulto. También es bastante atractivo porque aunque todo se derrumbe a su alrededor, es un permanente optimista, nunca mira atrás. Siempre piensa que la diversión está a la vuelta de la esquina.
El personaje dice pocas cosas en esta película. Una de ellas es ‘gracias’, en español. ¿Por qué escogió esta palabra?
La idea de que mi personaje sólo diga tres palabras fue del director, Steve Bendelack, que asegura que se basa en lo que contaba un tío suyo. Este pariente estaba convencido de que se podía viajar por todo el mundo pronunciando sólo tres palabras: ‘Oui’, ‘non’ y ‘Gracias’. La película muestra que con eso se puede hacer creer a la gente que hablas cualquier idioma.
La película anterior, Bean, lo último en cine catastrófico, fue un gran éxito y obtuvo buenas críticas. El público parecía salir encantado. Pero los guionistas y yo fuimos bastante críticos con nosotros mismos. Queríamos convertir a Mr. Bean en protagonista de la típica comedia americana, y al final le hicimos hablar demasiado. El film funcionó, pero no era el mismo Mr. Bean de la televisión británica. Esta vez, queríamos regresar a las raíces, y por eso era indispensable que hablara muy poco. Tenía que parecerse a Charles Chaplin.
En la película ocurren cosas insospechadas todo el tiempo. ¿Cómo nacen los gags de Mr. Bean?
Es una labor delicada, que exige inventar una historia, y pensar en gags relacionados con el tema, que encajen en la trama. Trabajo con buenos guionistas, y ensayo mucho, lo que da lugar a mejorar todavía los chistes, por lo que al final acabamos tejiendo un montón de momentos cómicos efectivos. El caso es que siempre me sobran números divertidos. La parte difícil es renunciar a ellos, para dejar sólo los que hagan avanzar la historia.
Esto es más importante de lo que parece. Corremos el peligro de que el público, que no es tonto, tenga la sensación de que le estamos contando chistes sin orden ni concierto. Si la parte humorística no está colocada en la película por algún motivo, acaba aburriendo y cansando.
Cuando rodamos Bean, lo último en cine catastrófico, hicimos un primer montaje de dos horas y media. Era demasiado metraje para ser una comedia, pues se estima que la clave del género reside en una duración de en torno a hora y media. Así que tuvimos que quitar muchos gags, que estaban bastante bien. Renunciar a eso fue duro, pero en caso contrario, el conjunto se habría hecho lento y aburrido.
En esta película también tuvimos que quitar cosas. Y eso que ya sabíamos que no podía durar demasiado, y desde el principio tratamos de sintetizar la historia.
¿Podría poner un ejemplo de gag engarzado?
En esta película el personaje y el niño no tienen un duro para continuar su viaje a Cannes. Mr. Bean roba un radiocassette para ponerse a bailar, en estilos muy diferentes, de forma disparatada, en medio de la calle. Esto da lugar a uno de los momentos más divertidos de la película, pero a la vez está en juego que los protagonistas logren dinero para llegar hasta su destino, y que avance la película.
¿Hará más películas de Mr. Bean?
Nunca se puede decir que no volverás a hacer algo. Pero es poco probable que le recupere nuevamente. Ha pasado el tiempo, y no estoy tan en forma como cuando empecé a interpretar a Mr. Bean. La comedia física exige estar muy preparado. En algunos momentos de esta película he acabado completamente agotado.
Si no piensa seguir interpretando a Mr. Bean, ¿hacia dónde va a encauzar su carrera?
Aún no sé qué tipo de papeles interpretaré, ni si me dedicaré a competir en las carreras de caballos. De momento, me han propuesto recuperar a otro de mis personajes, Johnny English, en la secuela de la película, que funcionó bastante bien. Pero también es una película llena de acción, que exige mucho esfuerzo físico, así que no sé si acabaré rodándola. Si lo hacemos, habría que pulir y mejorar el guión.
En persona es usted tan serio… No tiene nada que ver con la imagen preconcebida que tiene el público de usted. ¿La gente no se sorprende cuando le ve tan distinto a Mr. Bean?
Depende del país. Por lo que me han dicho, en España a los cómicos la gente les pide que hagan gracias cuando les ven por la calle. Yo tengo que decir que en Gran Bretaña la gente tiene muy claro que yo soy un actor, que cuando trabaja se convierte en un personaje, que no tiene por qué parecerse en nada a mí. Sólo he tenido algún caso, sobre todo con niños, que vienen pensando que van a encontrar a Mr. Bean, pero cuando ven que no hago esas muecas tan exageradas, no se lo toman a mal, son simpáticos.
¿Qué le parece la comedia que se hace ahora mismo en cine?
En general es bastante distinta a lo que yo pienso que debe ser una comedia, aunque sólo puedo hablar de los cómicos británicos, que son los únicos que sigo. Los humoristas modernos de este momento no tienen nada que ver con los de mi generación. Aunque no soy tan viejo, ha habido una evolución en el género claramente visible. Sólo sigo a los británicos, pero por ejemplo Sacha Baron Cohen, que es el que está de moda, tiene un estilo radicalmente opuesto al mío. Y eso que dicen que sólo hay siete chistes efectivos y que todos los cómicos damos vueltas sobre las mismas ideas. De todas formas, tengo que decir que Sacha Baron Cohen me parece un tipo gracioso.
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