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Biografía

Sacha Baron Cohen

Sacha Baron Cohen

48 años

Sacha Baron Cohen

Nació el 13 de Octubre de 1971 en Hammersmith, Londres, Reino Unido
Filmografía
El espía

2019 | The Spy | Serie TV

Intrigante miniserie basada en hechos reales, creada por Gideon Raff, el responsable de Prisioneros de guerra, la serie israelí que dio pie a la muy popular Homeland. Sigue la trayectoria del espía israelí de origen sirio Eli Cohen –sus padres eran judíos originarios de Alepo–, quien, en los años de la crisis de los altos del Golán, logró infiltrarse en la esfera de influencia las más altas capas del poder en Siria, simulando ser un hombre adinerado que ha regresado a su país para hacer negocios ahí, por motivos patrióticos. De entrada, y cinematográficamente hablando, suena a la típica trama de espionaje mil veces vista. Pero Raff, que también dirige los seis episodios, logra insuflarle una enorme tensión, con una estupenda creación de personajes, de modo que la dificultad de llevar una doble vida, el secretismo, la separación de la familia y las motivaciones por amor al propio país, quedan perfectamente reflejados. Resulta una acertada elección, para el papel protagonista, Sacha Baron Cohen, quien al parecer tiene además un parentesco lejano con el personaje que interpreta. El actor demuestra que puede interpretar perfectamente un papel dramático, y el tener que simular ser quien no es, el exportador Kemal Amin Taabet, le permite moverse en la salsa de sus Brunos y Borats, pero no buscando el efecto cómico zafio de esos roles, sino el de un "encantador de serpientes", el "influencer" del que todo el mundo desea ser amigo. El precio a pagar es el alejamiento de su esposa Nadia, a la que ama tiernamente, pero con la que no puede estar, y el apenas conocer a sus hijitas, que crecen con su madre. La serie pinta bien esta dicotomía, que también tiene reflejo en las amistades que Cohen-Taabet hace en Siria, y el modo en que le pesa en el alma su innegable deslealtad, pese a la inteligencia que reúne para su país auténtico, Israel. A la hora de alcanzar metas loables, se pasa por la deshumanización, lo que invita a pensar hasta qué punto el fin puede justificar determinados medios. Raff sabe acompañar a Cohen-Taabet, pero también a Nadia en casa, sufriente pese a contar con el apoyo de la familia de su esposo –resulta un descubrimiento el buen hacer de Hadar Ratzon Rotem–, y del jefe de éste, muy bien interpretado por Noah Emmerich, que sabe dar el tipo de quien se preocupa por su subalterno, y que al mismo tiempo no puede revelar la verdadera naturaleza de las actividades de su agente. Los entresijos del poder sirio y los intentos por dar con el espía, y el modus operandi del Mossad, también quedan muy bien reflejados. Además se opta por buenas soluciones visuales para plasmar las comunicaciones en morse de Cohen.

7/10
Alicia a través del espejo

2016 | Alice In Wonderland: Through the Looking Glass

Tras su inolvidable aventura en el País de las Maravillas, Alicia Kingsleigh es ahora una valiente capitana de barco, capaz de afrontar cualquier peligro: “Para hacer lo imposible sólo hay que creer que lo imposible es posible”, dice. Ya en tierra, sin embargo, constatará las dificultades económicas en que se encuentran ella y su madre, por culpa de que no aceptó un matrimonio con Lord Ascot, supuestamente ventajoso. En ese situación será “invitada” a atravesar un espejo de la mansión de Ascot y de repente se encontrará de nuevo en el País de las Maravillas acompañada de sus viejos amigos: la reina blanca, la liebre, los gemelos Tweedledee y Tweedledum, etc. Éstos entonces le pedirán ayuda a Alicia para salvar al sombrerero loco, que sostiene que su familia, muerta hace muchos años, está realmente viva. Para muchos Alicia en el País de las Maravillas pasa por ser una de las peores películas dirigidas por Tim Burton. No convencía la frialdad colorida de sus imágenes, adaptadas del relato de Lewis Carroll. En su favor hay que decir que el original literario es un libro verdaderamente extraño, un juego racional que resta continuamente la emoción que requerirían las aventuras de la protagonista. Seis años después llega Alicia a través del espejo, una impecable y entretenida producción con algunas diferencias importantes respecto de su predecesora. Para empezar Tim Burton da un paso atrás personal y se retira a la labores de producción, cediendo el testigo a James Bobin, hasta ahora conocido por la simpática El tour de los Muppets; y en segundo lugar la guionista Linda Woolverton deja de lado el texto original para idear una historia completamente nueva. Aunque es posible que los más puristas se sientan defraudados, lo cierto es que lo que vemos en pantalla no tiene ni una pizca del libro escrito por Carroll. Felizmente, quizás. Y es que visto que adaptar el cúmulo de situaciones rocambolescas, desconcertantes y surrealistas del texto literario era pinchar en hueso –recordemos que Woolverton escribió también la anterior película–, la guionista británica concibe una historia que, en su fondo, está en las antípodas de Carroll. El clasicismo de la aventura es patente, los conflictos comprensibles, las reacciones de los personajes normales y accesibles a todo tipo de público y, sobre todo, el guión pone en claro el objetivo que ha de perseguir la heroína, su misión es algo que no deja jamás de estar presente en una Mia Wasikowska que cuenta con una presentación modélica como intrépida capitana de barco, con un rol muy alejado de la dulce y curiosa Alicia de nuestra infancia. Esto no significa que el guión no ofrezca ideas muy “carrollianas”, como la inclusión del personaje del Tiempo (Sacha Baron Cohen) o el espectacular desenlace contrarreloj, nunca mejor dicho. Alicia a través del espejo es una trepidante película de aventuras, con el tono exótico del mundo “maravilloso” de Carroll pero esta vez sin confusión posible. La imaginería increíble ideada hace años por Burton se mantiene, al igual que los inolvidables personajes del País de las Maravillas vuelven a pulular alrededor de ella –el sombrero loco, la reina roja, la reina blanca, la liebre de marzo, el gato de Cheshire– pero ahora tan sólo como alentadores en su propósito de ayudar al sombrerero a recuperar a su familia, aunque eso implique peligrosamente retroceder hasta el pasado. Se elude en el film desviaciones de la trama principal así como la intrusión de momentos demasiado inquietantes que puedan dañar la imaginación infantil, al tiempo que se incide con fuerza en las cosas que verdaderamente importan en la vida, en primer lugar la familia –el amor del padre, de la madre–, pero también el sacrificio heroico por los amigos. Y quizá el pasado no pueda cambiarse (lo hecho, hecho está), pero siempre se puede aprender de él, perdonar o pedir perdón, y enderezar así el rumbo del futuro. Ni que decir tiene que el diseño de producción del film es absolutamente asombroso, y aunque en ciertas secuencias se abuse de técnicas digitales –los viajes con la cronosfera pueden resultar un tanto reiterativos–, los paisajes y la coloridísima ambientación están diseñados con un perfecto esmero, realzados en la versión 3D. El trabajo de los actores está ajustado: Mia Wasikowska ofrece una Alicia más cercana esta vez, mientras que el sombrerero loco tiene menos presencia con un Johnny Depp menos sobreactuado. Destaca además una más humana Helena Bonham Carter (la reina roja) y un Sacha Baron Cohen muy competente a la hora de encarnar a su difícil personaje temporal.

7/10
Agente contrainteligente (Grimsby)

2015 | Grimsby

En una humilde localidad pesquera, Nobby, padre de familia numerosa pero un tanto desastroso, echa de menos a su hermano Sebastian, del que se separó 28 años atrás, al ser adoptados por diferentes familias. Dará con él, pero éste se ha hecho agente del FBI y necesitará su ayuda para salvar el mundo. El rey del humor contrainteligente y provocador, Sacha Baron Cohen, perpetra otro atentado contra el buen gusto, esta vez una sátira del cine de espías, de factura impecable a cargo del especialista en acción Louis Leterrier, responsable de las dos primeras entregas de Transporter. También se ha rodeado de un buen reparto, pues tiene como coprotagonista a Mark Strong, convincente como héroe a lo James Bond, y secundarios de lujo, entre ellos la española Penélope Cruz, breve pero esforzada. Se podía pensar que en Borat, o El dictador, el cómico británico había tocado fondo en cuanto a zafiedad se refiere. Craso error, aquí se supera a sí mismo en escenas brutales, como la de los elefantes, una auténtica locura, y no se resiste a sumarse a la última ‘moda’ del mundillo del cine: arremeter contra Donald Trump. Quienes busquen sal gruesa a mansalva la tendrán, y se le debe reconocer a Baron Cohen su habilidad para transmutarse con gracia en personajes diferentes, esta vez la parodia del típico ‘hooligan’. Pero la mayor parte del público acabará asustada con sólo unos minutos de proyección.

3/10
Anchorman 2: The Legend Continues

2013 | Anchorman 2: The Legend Continues

El dictador

2012 | The Dictator

Aladeen es el tiránico Líder Supremo de Wadiya, un país árabe africano. Encantado de tener sometido bajo su férrea bota al pueblo, de desarrollar la energía nuclear con “fines pacíficos” (siempre ríe cuando lo dice) y de ejecutar a aquellos que se le oponen, el dictador es convocado a Nueva York por Naciones Unidas para explicarse. Es el momento en que Tamir, su tío y hombre de confianza, decide deshacerse de él y sustituirle por un estúpido doble. Lo que no sabe Tamir es que Aladeen sobrevive al hombre que iba a eliminarle, pero le toca comportarse como un ciudadano de a pie para recuperar su posición; encuentra una ayuda inesperada en Zoey, una feminista radical vegetariana algo marimacho, que regenta un establecimiento ecologista y solidario. Para los baremos de zafiedad que habitualmente maneja Sacha Baron Cohen, probablemente El dictador es una película “fina”. Aunque claro, resulta difícil igualar, incluso para él mismo, los “logros” de Borat. En su línea transgresora, hay que reconocer que concibe algún buen gag, se atreve a bromear con el 11-S y critica por igual a dictaduras tiránicas, presuntas democracias y mitos del progresismo. No osa en cambio mentar siquiera el fundamentalismo, pero claro, eso es más arriesgado. Lo que sí está claro es que a Sacha Baron Cohen le encanta revolcarse en la grosería, y aunque en El dictador parece más contenido que en otras ocasiones, no nos ahorra algunas gracieta escatológica próxima a lo vomitivo, el parto, el alivio por los aires del dictador protagonista o cuando éste descubre el placer en solitario. Aunque con el discurso final parece querer remedar a Charles Chaplin, El dictador está muy, muy lejos, de El gran dictador. Uno hace poesía, el otro, con perdón, emite ventosidades. También se juega con el tema de los dobles, lo que hace pensar en El prisionero de Zenda en clave de humor. Sobre los actores, poco hay que decir. Ben Kingsley juega con su acento, que probablemente es lo único con lo que puede entretenerse a la hora de concebir a su personaje. Todo es la mayor gloria de “el dictador” Sacha Baron Cohen que es, evidentemente, el rey de la función. Es buen actor, buen cómico, pero prefiríamos verle componiendo buenos personajes, como con Martin Scorsese en La invención de Hugo.

4/10
Los miserables, el musical

2012 | Les misérables

Año 1815. Jean Valjean cumple condena de trabajos forzados por robar una hogaza de pan, bajo los vigilantes ojos del estricto inspector de policía Javert. Obtenida la libertad condicional, desespera porque nadie le da trabajo cuando se conoce que es un ex convicto. Pero su vida da un vuelco cuando redescubre el amor y la compasión gracias al obispo que le acogió en su casa, a quien robó su cubertería, y que descarta denunciarle asegurando que el botín fue un regalo. Valjean iniciará una nueva existencia bajo otra identidad, pero a lo largo de los años Javert se cruzará en varias ocasiones decisivas de su vida, poniendo en peligro todo lo logrado. Pese a todo siempre optará por intentar hacer lo correcto, lo que supone entre otras cosas ayudar a su ex empleada Fantine, obligada a prostituirse, y que tiene una hijita, Cosette. Mientras, en las calles de París, entre los miserables, cada vez se extiende más el anhelo de la libertad frente a la tiranía y la injusticia social. “Los miserables” de Victor Hugo ha sido repetidamente adaptada al cine, además de convertirse en maravilloso musical de Alain Boublil, Claude-Michel Schönberg y Herbert Kretzmer, el más representado hasta la fecha en los escenarios. Tom Hooper (ganador del Oscar por El discurso del rey) acomete el desafío de versionar para el cine musical, con un guión donde a los autores originales se suma William Nicholson, que dio muestra de sensibilidad con historias tan humanas como la de Tierras de penumbra. Él y Hooper consiguen dar a la película aliento cinematográfico, no tiene el espectador la sensación de que las canciones se encadenen abruptamente saltando de un escenario o año a otros, y los diálogos no cantados se han reducido para este fin al mínimo. Los temas de Los miserables, el musical, son, por supuesto, los bien conocidos para todo aquel familiarizado con la obra de Hugo. Es decir, la confianza en Dios en situaciones extremas, el mantenimiento de la esperanza y la necesidad de dar gratis el amor a los demás. También el realismo de no negar la existencia de la miseria y de aprovechados que sacan partido exprimiendo a los más débiles o simplemente a los incautos, la disposición a dar la vida por ideales que merecen la pena, la lucha por la libertad. O la importancia de tener corazón frente a la tentación de atarse a frías normas y reglamentaciones. El mérito del musical, en los escenarios y en el cine, es no volver simplón este amplio y rico abanico de cuestiones. En la película Los miserables, el musical, Hooper añade un arriesgado tono épico, apostando por un marco abrumador en el que se desarrolla la acción, como subrayando más la universalidad y grandeza de lo narrado, eso no es simplemente una pequeña historia en el devenir de la humanidad. Y deslumbra con escenarios como el lugar de los trabajos forzados de Valjean, un muelle sacudido por la tormenta, el paisaje por el que vaga ya en libertad, o los marcos de la capilla donde hace su plegaria, del París sediento de libertad, o el que marca el destino de Javert. También es muy hábil el montaje, sobre todo en el momento climático que une diversos temas musicales y a casi todos los personajes. Pero por supuesto, lo importante es el drama humano de los personajes, expresado en desgarradoras canciones. El director pone el acento sobre todo en los aspectos trágicos, lo que hace que los personajes cómicos de los mesoneros Thénadier (Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen), presentados con zafiedad, queden algo desdibujados, no producen gracia sino repulsa, y hasta se acercan a lo grotesco con su aparición en la boda. A cambio, Valjean crece, ayudado por la increíble interpretación de Hugh Jackman, verdaderamente notable en sus solos como “What Have I Done?”, al igual que Anne Hathaway como Fantine -increíble con “I Dreamed a Dream” y, sorpresa, la desconocida Samantha Barks como Éponine que deslumbra con “On My Own”. Es meritorio el trabajo del resto de actores, niños y mayores, con Russell Crowe interpretando a su racionalista Javert de modo contenido, evitando cualquier asomo de histrionismo, una arriesgada opción que acaba dando sus frutos.

8/10
La invención de Hugo

2011 | Hugo Cabret

París, tras la Primera Guerra Mundial. El pequeño Hugo Cabret, que ha heredado de su padre el gusto por los inventos, se ha quedado huérfano. Y tras desaparecer su viejo tío borrachín, que se ocupaba del mantenimiento del reloj de la estación de tren, vive solo en la torre, junto a la complicada maquinaria que ayuda a marcar las horas, sin que nadie lo sepa. Toda su ilusión es poner en marcha un autómata que andaba reparando su padre, y que cree que le ayudará a dar un sentido a su vida. Le ayudará Isabelle, que siempre ha deseado vivir una ventura, y se encuentra bajo la tutela de sus padrinos Georges y Jeanne. El viejo Georges regenta una tienda de juguetes mecánicos, de la que de vez en cuando Hugo birla piezas, y está amargado por algún suceso indeterminado del pasado. Imaginativa adaptación de un libro infantil de Brian Selznick -pariente del mítico productor David O. Selznick-, con guión de John Logan, que ya había colaborado con Martin Scorsese en El aviador. Por fin el director italoamericano entrega una película infantil disfrutable por pequeños y grandes –no nos parece que el “ladrillo” Kundun entre en las categorías de “infantil” y “disfrutable”–, su historia de un huérfano al que intenta capturar el lisiado y cuadriculado inspector de la estación, que trata de resolver un enigma atravesando mil aventuras en compañía de una amiga, con la moraleja de encontrar el propio sitio en el mundo, arreglando lo que está roto, está perfectamente servida. Nunca es ñoña y desprende emociones genuinas, tiene magia y el encanto de un relato de Charles Dickens. Además Scorsese asume con La invención de Hugo el reto de rodar una película en 3D, y lo hace con brillantez, sacando todo el partido al formato, de modo que la deslumbrante imaginería –maravilloso diseño de producción de Dante Ferretti– luce en todo su esplendor, el apartado visual del que es responsable el director de fotografía Robert Richardson resulta deslumbrante, y la música de Howard Shore acompaña muy bien. El cineasta se suma al selecto grupo de colegas –James Cameron, Wim Wenders, Werner Herzog...– que sí saben utilizar la tridimensionalidad en sus historias, lo suyo no es la simple excusa de otros para que la productora haga más “caja”. Destaca el partido que se saca al tren que quiere salirse de la pantalla, guiño a los Lumière, pero también en los planos picados y contrapicados, e incluso en algunos primeros planos, y ello de un modo nada artificial, justificado por lo que se está contando. El ritmo es muy dinámico, no en balde colabora por enésima vez con Scorsese en el capítulo de montaje Thelma Schoonmaker Scorsese es un estudioso del cine, que ha publicado libros y hecho documentales para llamar la atención sobre los grandes maestros del Séptimo Arte, desconocidos con demasiada frecuencia por el gran público. Ahora suma a tal faceta este film que rescata a grandes genios del cine mudo del olvido, ahí está presente como personaje el gran mago y pionero del cine francés, Georges Méliès, a cuyos logros se rinde homenaje, pero también, aparte de los mentados hermanos Lumière, Harold Lloyd, Charles Chaplin, etc. Una magnífica pedagogía de los orígenes del cine, en forma de entrañable película familiar. Acierta el director en el reparto de La invención de Hugo. Los chavales protagonistas resultan encantadores, mientras que Ben Kingsley, que ya hizo a un eficaz Faggins en el Oliver Twist (2005) de Roman Polanski, encaja muy bien como el cascarrabias Georges. No es cuestión de hacer aquí el repaso completo de los actores secundarios, pero merece la pena destacar las composiciones de Sacha Baron Cohen y Emily Mortimer, su delicada historia de amor da pie a un par de escenas memorables. Puestos a poner un “pero” al film, podemos decir que el secreto del estado de decaimiento de Georges no encuentra una explicación plenamente satisfactoria, uno esperaba algo de más calado. Pero en fin, como decía Billy Wilder, “nadie es perfecto”.

8/10
Brüno

2009 | Brüno

Es difícil decir si Brüno ha ido un punto más allá que el ya extralimitado Borat, aunque puede que sí. Este reportero austríaco homosexual compuesto por Sacha Baron Cohen, que está dispuesto a todo con tal de alcanzar la fama, es lo más exagerado, vulgar y soez que se ha visto en las pantallas en mucho tiempo. Completamente obsesionado con el sexo, con la estética y con el triunfo, su vida es un continuo despropósito donde se suceden los disparates más inesperados. Y todo para convertirse en una “celebrity” hollywoodiense. Parece que la intención de Sacha Baron Cohen es la de criticar a varios sectores de la sociedad, como el conservador cristiano de Estados Unidos. Pero aun así todo es confuso, y se diría que la cosa es una mera excusa para hacer el cafre, ya sea practicando y hablando de sexo con toda la explicitud del mundo y más, o en situaciones de lo más comprometidas como cuando aparece depilándose el lugar donde la espalda pierde su nombre. Según se dice, cada vez que Cohen hace una película de este tipo se suceden las denuncias y hasta las agresiones. Cierto es que tras irrumpir en el desfile de Ágatha Ruiz de la Prada en Milán fue detenido. Pero, ¿todo esto para qué? ¿Para hacer una crítica de lo superflua y frívola que es la moda? Porque si es así, es difícil de entender, porque a Bruno el calificativo de frívolo le queda pequeño... El cúmulo de despropósitos es tal que no sabes si Brüno sólo pretende hacer reír –a su peculiar manera, claro–, si es un crítico iluminado de la realidad circundante, o si él mismo es la crítica en sí. En este maremagno de inconexiones, se podrá ver a Brüno haciendo barbaridades de todo tipo, como la mentada en el desfile de Ágatha, el trueque que realiza para hacerse con un bebé negrito adoptivo, la sesión de fotos que se hace con el citado crío, las conversaciones con el consejero espiritual cristiano que lo va a ayudar a dejar de ser homosexual, etc. Y hablando de estas conversaciones, resulta difícil de creer que alguien se deje grabar así, sin darse cuenta, porque no puede estar más claro que Brüno se está riendo del tipo a la cara. Este tipo de escenas son las que realmente hacen dudar del pretendido carácter documental de la cinta. Aún así, es difícil dar respuesta a estas preguntas porque la originalidad de Cohen reside en que se convierte tanto en su personaje que acude a las entrevistas promocionales del film como Brüno, así que resulta imposible saber cuáles son sus intenciones como creador. Puestos a destacar algún momento graciosos, es reseñable aquel en que Brüno está intentando dejar de ser gay, y para ello se va de caza con los típicos “machitos”. En ese fragmento se produce una conversación en torno a Sexo en Nueva York que tiene cierta gracia.

1/10
Sweeney Todd, el diabólico barbero de la calle Fleet

2007 | Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street

Inspirada adaptación burtoniana del sangriento musical de Stephen Sondheim y Hugh Wheeler, basado a su vez en una criminal leyenda urbana, de la que algunos aseguran que tiene cierta conexión con la realidad, cosa poco clara. La trama se ambienta en el Londres contemporáneo de Jack el Destripador y demás facinerosos de esa ralea. Allí Benjamin Barker llevaba una feliz vida de hombre casado y padre de una niña, pero el desalmado juez Turpin puso sus lujuriosos ojos en la esposa; de modo que se las arregló para condenar injustamente a Barker, y robarle a su familia. Pasados los años Barker, ayudado por un joven marinero, regresa a Londres bajo otro nombre, el de Sweeney Todd; la única idea que ocupa su cabeza es la de venganza, acrecentada cuando le comunican la trágica muerte de su esposa, y que su hija es la pupila de Turpin. Traza entonces el plan de poner una barbería encima del garito de empanadas asquerosas que regenta la señora Lovett; la idea es rebanar el pescuezo a su mortal enemigo, y antes irá tomando práctica con los incautos que acudan a solicitar sus servicios; para deshacerse de los cuerpos, nada mejor que incorporar nuevos y sabrosos "ingredientes" a las empanadas de la señora Lovett. Esta macabra película encaja muy bien en el cine de Tim Burton por su conjunción de elementos feístas con componentes exacerbadamente románticos. A lo largo de una trama trufada de bellas canciones, que han debido ser convenientemente adaptadas y a veces recortadas con respecto al original, hay muchas historias de amor. Por supuesto la truncada de Barker-Todd con su esposa, pero también la de la señora Lovett por Todd, la del marinero por Johanna, la hija de Todd, o esa suerte de amor maternofilial entre la señora Lovett y el niño ayudante del barbero Pirelli; por no referirnos a la degradación del amor a que apunta Turpin. Y se trata sobre todo de una nostalgia de amor, de un deseo más que de algo verdaderamente logrado. En ese sentido resulta curioso que Burton haya contado de nuevo con Johnny Depp y Helena Bonham Carter, los protagonistas animados de La novia cadáver. A pesar de que la película que nos ocupa está recorrida por un sentido más trágico, existen puntos de conexión, por las dificultades del amor, por el componente musical, e incluso por la paleta de colores, esos tonos oscuros y apagados, que sólo son negados en los pasajes en que la señora Lovett imagina una imposible vida familiar con Todd y el niño, un esquema semejante a la confrontación mundo de los vivos-mundo de los muertos del film citado. Burton cada vez tiene un mayor dominio del oficio de cineasta. Esta película se prestaba a los excesos, pero logra mantener cierto equilibrio. Parece claro que no le interesa la violencia por la violencia. Aunque desde luego, tiene un toque "gore", sobre todo en la primera "faena" de Todd, donde carga la mano tal vez para que nadie le pueda tachar de blando. Hay una magnífica dirección artística, una fotografía excelente, un cuidado vestuario y reconstrucción de Londres, también con ordenador. Los actores cantan todos, y están muy bien en sus diferentes papeles. Johnny Depp exhala todo el tiempo en su rostro la tragedia que le ha carcomido el alma, un papel en las antípodas de su Jack Sparrow, por poner un poner; Helena Bonham Carter sabe conjugar algunos momentos cómicos con su despertado deseo de maternidad, y su conciencia de prestarse a un horror. Los villanos, Alan Rickman y Timothy Spall, hacen lo que cabe esperar de ellos, con gran profesionalidad; mientras que Sacha Baron Cohen tiene un personaje que le va al pelo, de opereta.

7/10
Pasado de vueltas

2006 | Talladega Nights: The Ballad of Ricky Bobby

Una de las películas sorpresa este verano en Estados Unidos, por su inesperada recaudación en taquilla. Y la verdad sea dicha, resulta difícil entender su éxito. Ambientada en NASCAR, el mundo de la competición automovilística en EE.UU., sigue la pista a un zafio corredor, sorprendente campeón, que ha convertido en lema personal la frase supuestamente graciosa “menea y hornea”. Se trata de un tipo egocéntrico, algo en lo que han tenido que ver sus desastrosos padres. Aunque se tiene muy creído su triunfo en los circuitos, va a encontrar la horma de su zapato en un campeón francés de Fórmula Uno, homosexual confeso, que se convertirá en su acérrimo rival, capaz de hacerle morder el polvo de la derrota. La trama del film se puede decir que es casi lo de menos. Lo de más es explotar la vis cómica de Will Ferrell, coguionista del film junto al director Adam McKay. Y aunque hay algún gag de buena ley –el del puma es desternillante–, el conjunto apenas se sostiene en pie. Por cierto, que el ejemplo para el público menor de edad de los retoños del protagonista no parece el mejor del mundo; y el empeño de su abuela por reformarlos en el tramo final se nos antoja moralina hipócrita de la peor calaña.

3/10
Borat

2006 | Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan

¡La zafiedad al poder! Con un par de narices… El cómico televisivo británico Sacha Baron Cohen, creador de personajes como Ali G., Brüno y el propio Borat, hasta ahora desconocidos fuera del mundo anglosajón, ha logrado al fin el salto mediático internacional. Su pasaporte definitivo a la fama se lo ha dado el reportero televisivo kazako Borat Sagdiyev, un personaje asumidamente impresentable, tan casposo como el Torrente de Santiago Segura, que adolece de prejuicios antisemitas, obsesión por el sexo, una pesima educación y un conocimiento bastante pobre del idioma inglés. Con tan dudoso bagaje, Borat se embarca con su socio Azamat Bagatov, para hacer un reportaje cuyo propósito, según se repite hasta la saciedad, es cargar con “las enseñanzas culturales de América, en beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán”. Una de ellas, vital para Borat, es encontrarse con la vigilante playera Pamela Anderson. La película es lo que es, no hay que darle más vueltas. Chistes zafios, la mayoría con muy poca gracia, al menos para la mentalidad no anglosajona. Con la excusa de ser políticamente incorrecto –hay incorrecciones políticas que en realidad son muy políticamente correctas–, se acumulan una serie de gags de formato ‘reality’ supuestamente espontáneos, pues se supone, algo bastante difícil de creer, que aparte de la pareja protagonista, el resto de gente no sabe nada de la película, en plan cámara oculta y tal. Además de haber sido un auténtico fenómeno, sobre todo en Estados Unidos, Sacha Baron Cohen ganó el Globo de Oro al mejor actor cómico por su composición del peculiar protagonista. Y el film ha obtenido una nominación al Oscar al mejor guión adaptado.

2/10
Ali G anda suelto

2002 | Ali G Indahouse

Ali G es un personaje cómico de la televisión británica, que convirtió en celebridad al actor Sacha Baron Cohen (Borat) En su paso a la pantalla grande, Ali G se encadena en una estación de autobús para salvar el centro de ocio de su barrio, que va a ser clausurado por las autoridades. Así llama la atención del primer ministro, que busca un joven intelectual como asesor sobre los problemas de la gente de su edad. El doblaje español es obra de Gomaespuma.

3/10
Agente contrainteligente (Grimsby)

2015 | Grimsby

En una humilde localidad pesquera, Nobby, padre de familia numerosa pero un tanto desastroso, echa de menos a su hermano Sebastian, del que se separó 28 años atrás, al ser adoptados por diferentes familias. Dará con él, pero éste se ha hecho agente del FBI y necesitará su ayuda para salvar el mundo. El rey del humor contrainteligente y provocador, Sacha Baron Cohen, perpetra otro atentado contra el buen gusto, esta vez una sátira del cine de espías, de factura impecable a cargo del especialista en acción Louis Leterrier, responsable de las dos primeras entregas de Transporter. También se ha rodeado de un buen reparto, pues tiene como coprotagonista a Mark Strong, convincente como héroe a lo James Bond, y secundarios de lujo, entre ellos la española Penélope Cruz, breve pero esforzada. Se podía pensar que en Borat, o El dictador, el cómico británico había tocado fondo en cuanto a zafiedad se refiere. Craso error, aquí se supera a sí mismo en escenas brutales, como la de los elefantes, una auténtica locura, y no se resiste a sumarse a la última ‘moda’ del mundillo del cine: arremeter contra Donald Trump. Quienes busquen sal gruesa a mansalva la tendrán, y se le debe reconocer a Baron Cohen su habilidad para transmutarse con gracia en personajes diferentes, esta vez la parodia del típico ‘hooligan’. Pero la mayor parte del público acabará asustada con sólo unos minutos de proyección.

3/10
El dictador

2012 | The Dictator

Aladeen es el tiránico Líder Supremo de Wadiya, un país árabe africano. Encantado de tener sometido bajo su férrea bota al pueblo, de desarrollar la energía nuclear con “fines pacíficos” (siempre ríe cuando lo dice) y de ejecutar a aquellos que se le oponen, el dictador es convocado a Nueva York por Naciones Unidas para explicarse. Es el momento en que Tamir, su tío y hombre de confianza, decide deshacerse de él y sustituirle por un estúpido doble. Lo que no sabe Tamir es que Aladeen sobrevive al hombre que iba a eliminarle, pero le toca comportarse como un ciudadano de a pie para recuperar su posición; encuentra una ayuda inesperada en Zoey, una feminista radical vegetariana algo marimacho, que regenta un establecimiento ecologista y solidario. Para los baremos de zafiedad que habitualmente maneja Sacha Baron Cohen, probablemente El dictador es una película “fina”. Aunque claro, resulta difícil igualar, incluso para él mismo, los “logros” de Borat. En su línea transgresora, hay que reconocer que concibe algún buen gag, se atreve a bromear con el 11-S y critica por igual a dictaduras tiránicas, presuntas democracias y mitos del progresismo. No osa en cambio mentar siquiera el fundamentalismo, pero claro, eso es más arriesgado. Lo que sí está claro es que a Sacha Baron Cohen le encanta revolcarse en la grosería, y aunque en El dictador parece más contenido que en otras ocasiones, no nos ahorra algunas gracieta escatológica próxima a lo vomitivo, el parto, el alivio por los aires del dictador protagonista o cuando éste descubre el placer en solitario. Aunque con el discurso final parece querer remedar a Charles Chaplin, El dictador está muy, muy lejos, de El gran dictador. Uno hace poesía, el otro, con perdón, emite ventosidades. También se juega con el tema de los dobles, lo que hace pensar en El prisionero de Zenda en clave de humor. Sobre los actores, poco hay que decir. Ben Kingsley juega con su acento, que probablemente es lo único con lo que puede entretenerse a la hora de concebir a su personaje. Todo es la mayor gloria de “el dictador” Sacha Baron Cohen que es, evidentemente, el rey de la función. Es buen actor, buen cómico, pero prefiríamos verle componiendo buenos personajes, como con Martin Scorsese en La invención de Hugo.

4/10
Brüno

2009 | Brüno

Es difícil decir si Brüno ha ido un punto más allá que el ya extralimitado Borat, aunque puede que sí. Este reportero austríaco homosexual compuesto por Sacha Baron Cohen, que está dispuesto a todo con tal de alcanzar la fama, es lo más exagerado, vulgar y soez que se ha visto en las pantallas en mucho tiempo. Completamente obsesionado con el sexo, con la estética y con el triunfo, su vida es un continuo despropósito donde se suceden los disparates más inesperados. Y todo para convertirse en una “celebrity” hollywoodiense. Parece que la intención de Sacha Baron Cohen es la de criticar a varios sectores de la sociedad, como el conservador cristiano de Estados Unidos. Pero aun así todo es confuso, y se diría que la cosa es una mera excusa para hacer el cafre, ya sea practicando y hablando de sexo con toda la explicitud del mundo y más, o en situaciones de lo más comprometidas como cuando aparece depilándose el lugar donde la espalda pierde su nombre. Según se dice, cada vez que Cohen hace una película de este tipo se suceden las denuncias y hasta las agresiones. Cierto es que tras irrumpir en el desfile de Ágatha Ruiz de la Prada en Milán fue detenido. Pero, ¿todo esto para qué? ¿Para hacer una crítica de lo superflua y frívola que es la moda? Porque si es así, es difícil de entender, porque a Bruno el calificativo de frívolo le queda pequeño... El cúmulo de despropósitos es tal que no sabes si Brüno sólo pretende hacer reír –a su peculiar manera, claro–, si es un crítico iluminado de la realidad circundante, o si él mismo es la crítica en sí. En este maremagno de inconexiones, se podrá ver a Brüno haciendo barbaridades de todo tipo, como la mentada en el desfile de Ágatha, el trueque que realiza para hacerse con un bebé negrito adoptivo, la sesión de fotos que se hace con el citado crío, las conversaciones con el consejero espiritual cristiano que lo va a ayudar a dejar de ser homosexual, etc. Y hablando de estas conversaciones, resulta difícil de creer que alguien se deje grabar así, sin darse cuenta, porque no puede estar más claro que Brüno se está riendo del tipo a la cara. Este tipo de escenas son las que realmente hacen dudar del pretendido carácter documental de la cinta. Aún así, es difícil dar respuesta a estas preguntas porque la originalidad de Cohen reside en que se convierte tanto en su personaje que acude a las entrevistas promocionales del film como Brüno, así que resulta imposible saber cuáles son sus intenciones como creador. Puestos a destacar algún momento graciosos, es reseñable aquel en que Brüno está intentando dejar de ser gay, y para ello se va de caza con los típicos “machitos”. En ese fragmento se produce una conversación en torno a Sexo en Nueva York que tiene cierta gracia.

1/10
Borat

2006 | Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan

¡La zafiedad al poder! Con un par de narices… El cómico televisivo británico Sacha Baron Cohen, creador de personajes como Ali G., Brüno y el propio Borat, hasta ahora desconocidos fuera del mundo anglosajón, ha logrado al fin el salto mediático internacional. Su pasaporte definitivo a la fama se lo ha dado el reportero televisivo kazako Borat Sagdiyev, un personaje asumidamente impresentable, tan casposo como el Torrente de Santiago Segura, que adolece de prejuicios antisemitas, obsesión por el sexo, una pesima educación y un conocimiento bastante pobre del idioma inglés. Con tan dudoso bagaje, Borat se embarca con su socio Azamat Bagatov, para hacer un reportaje cuyo propósito, según se repite hasta la saciedad, es cargar con “las enseñanzas culturales de América, en beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán”. Una de ellas, vital para Borat, es encontrarse con la vigilante playera Pamela Anderson. La película es lo que es, no hay que darle más vueltas. Chistes zafios, la mayoría con muy poca gracia, al menos para la mentalidad no anglosajona. Con la excusa de ser políticamente incorrecto –hay incorrecciones políticas que en realidad son muy políticamente correctas–, se acumulan una serie de gags de formato ‘reality’ supuestamente espontáneos, pues se supone, algo bastante difícil de creer, que aparte de la pareja protagonista, el resto de gente no sabe nada de la película, en plan cámara oculta y tal. Además de haber sido un auténtico fenómeno, sobre todo en Estados Unidos, Sacha Baron Cohen ganó el Globo de Oro al mejor actor cómico por su composición del peculiar protagonista. Y el film ha obtenido una nominación al Oscar al mejor guión adaptado.

2/10
Ali G anda suelto

2002 | Ali G Indahouse

Ali G es un personaje cómico de la televisión británica, que convirtió en celebridad al actor Sacha Baron Cohen (Borat) En su paso a la pantalla grande, Ali G se encadena en una estación de autobús para salvar el centro de ocio de su barrio, que va a ser clausurado por las autoridades. Así llama la atención del primer ministro, que busca un joven intelectual como asesor sobre los problemas de la gente de su edad. El doblaje español es obra de Gomaespuma.

3/10
Brüno

2009 | Brüno

Es difícil decir si Brüno ha ido un punto más allá que el ya extralimitado Borat, aunque puede que sí. Este reportero austríaco homosexual compuesto por Sacha Baron Cohen, que está dispuesto a todo con tal de alcanzar la fama, es lo más exagerado, vulgar y soez que se ha visto en las pantallas en mucho tiempo. Completamente obsesionado con el sexo, con la estética y con el triunfo, su vida es un continuo despropósito donde se suceden los disparates más inesperados. Y todo para convertirse en una “celebrity” hollywoodiense. Parece que la intención de Sacha Baron Cohen es la de criticar a varios sectores de la sociedad, como el conservador cristiano de Estados Unidos. Pero aun así todo es confuso, y se diría que la cosa es una mera excusa para hacer el cafre, ya sea practicando y hablando de sexo con toda la explicitud del mundo y más, o en situaciones de lo más comprometidas como cuando aparece depilándose el lugar donde la espalda pierde su nombre. Según se dice, cada vez que Cohen hace una película de este tipo se suceden las denuncias y hasta las agresiones. Cierto es que tras irrumpir en el desfile de Ágatha Ruiz de la Prada en Milán fue detenido. Pero, ¿todo esto para qué? ¿Para hacer una crítica de lo superflua y frívola que es la moda? Porque si es así, es difícil de entender, porque a Bruno el calificativo de frívolo le queda pequeño... El cúmulo de despropósitos es tal que no sabes si Brüno sólo pretende hacer reír –a su peculiar manera, claro–, si es un crítico iluminado de la realidad circundante, o si él mismo es la crítica en sí. En este maremagno de inconexiones, se podrá ver a Brüno haciendo barbaridades de todo tipo, como la mentada en el desfile de Ágatha, el trueque que realiza para hacerse con un bebé negrito adoptivo, la sesión de fotos que se hace con el citado crío, las conversaciones con el consejero espiritual cristiano que lo va a ayudar a dejar de ser homosexual, etc. Y hablando de estas conversaciones, resulta difícil de creer que alguien se deje grabar así, sin darse cuenta, porque no puede estar más claro que Brüno se está riendo del tipo a la cara. Este tipo de escenas son las que realmente hacen dudar del pretendido carácter documental de la cinta. Aún así, es difícil dar respuesta a estas preguntas porque la originalidad de Cohen reside en que se convierte tanto en su personaje que acude a las entrevistas promocionales del film como Brüno, así que resulta imposible saber cuáles son sus intenciones como creador. Puestos a destacar algún momento graciosos, es reseñable aquel en que Brüno está intentando dejar de ser gay, y para ello se va de caza con los típicos “machitos”. En ese fragmento se produce una conversación en torno a Sexo en Nueva York que tiene cierta gracia.

1/10

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