Entrevistas
En una película sorprendente hecha solo con cuatro actores
David Marqués habla de "Puntos suspensivos" o el arte de crear intriga
Presentamos unas notas del director de "Puntos suspensivos", David Marqués, acerca de su nueva película, un ejercicio de intriga que romperá el saque a muchos espectadores. Nada mejor que contar con el responsable de un film, para que lo defienda.
Notas del director David Marqués sobre su película Puntos suspensivos
El thriller actual suele apostar por teñir sus tramas con acción y violencia. Con Puntos suspensivos hemos intentado, rendir un homenaje, cargado de admiración y respeto, a otro tipo de thriller; uno muy concreto y alejado de la actual tendencia: el de tradición teatral, con pocos personajes, ambientado generalmente en una mansión o caserón aislado, trufado de giros inesperados, asesinatos perfectos que nunca lo son, que sorprende, entretiene y mantiene al espectador atento a una trama retorcida e imprevisible.
Junto con el co-guionista Rafa Calatayud Cano, y fijándonos en clásicos del género como La huella, La trampa de la muerte, Las diabólicas, La soga o Misery, hemos construido la trama de Puntos suspensivos por medio de una narración no lineal entroncada con lo literario, y proponiendo al público un juego con el que podrá sumergirse en la historia con una implicación mucho mayor, en la que deberá dar forma a ese puzzle a medida que avanzan los acontecimientos y la intriga, además de ir descubriendo en cada uno de los personajes capas sobre capas de secretos y mentiras. Llevamos de tal manera esto al límite que, en un segundo visionado, el espectador podrá disfrutar de una película total y absolutamente diferente a la que vio en el primero.
Por otra parte, el espectador cinéfilo podrá, además, disfrutar identificando un festín de guiños y referencias a los títulos antes nombrados. Todo ello sin inmiscuirse en el disfrute de la película en sí y por sí misma, sin necesidad alguna de conocer o reconocer sus múltiples homenajes y citas.
Añadimos también al juego el paralelismo entre lo narrado en las novelas de Cameron Graves y lo que le ocurre a nuestros protagonistas en “la vida real”, creando un metalenguaje que transita entre lo literario y lo cinematográfico, mezclando ambos mundos. Apoyándonos en las soberbias interpretaciones de nuestros actores y actrices, la trama lleva al espectador de una sorpresa a otra sin prácticamente respiro, siendo una de esas películas en las que, cuanto menos sepas del argumento, mucho más vas a disfrutarla.
En cuanto al apartado técnico; la fotografía de Santiago Racaj busca dotar a la película de dos tonos muy diferentes: el primero, en la época actual, más frío, oscuro y monocromático. El segundo, diez años antes, previo a un momento crucial en la vida de los personajes, los colores son más vivos, más intensos, más luminosos... Contraste este que va paralelo a la actitud de y entre los protagonistas, cada vez más hostil y llena de desconfianza.
La aislada casa donde se ambienta la película no deja de ser un personaje más. Ese refugio, ese bunker, ese tablero donde se juega la partida donde se enfrentan nuestros protagonistas es el lugar donde Cameron Graves escribe sus best sellers cargados de tópicos y es también un espacio lleno de contradicciones: amplio pero claustrofóbico, gris pero colorido, austero pero pomposo, frío pero acogedor... Y esa dualidad es un reflejo de lo que significa ser Cameron Graves, ese afamado y anónimo escritor de exitosos thrillers literarios. Dualidad también presente entre la casa y el pantano, que simboliza los secretos ocultos, como ese pueblo enterrado en oscura profundidad bajo toneladas de agua estancada pero rodeada de un paisaje verde y lleno de vida.
En el vestuario de los protagonistas hemos buscado un estilo clásico atemporal a la vez que actual y chic. Reflejando en él a Cameron Graves, o lo que es lo mismo, a su obra. Sus libros tienen una portadas muy reconocibles, muy inspiradas en diseños clásicos, en Saul Bass y esa elegancia minimalista pero cargada de simbolismo. Los colores que predominan en la obra de Cameron Graves son el azul y el rojo. Y esos son los colores de los atuendos de Leo y Jota. Y luego están el verde y el morado para las prendas de Victoria y Adriana, respectivamente. Colores también presentes de manera muy sutil en las obras de Cameron Graves. Estos colores no solo nos hablan del carácter de los personajes, también nos sirven para identificar las fichas de este juego de identidades.
Con la música también nos hemos decantado por lo clásico, con esas tensas cuerdas a lo Bernard Herrmann mezcladas con juguetonas melodías que nos llevan del suspense a la angustia y, a la vez, nos transportan a ese cine tan concreto al que rendimos homenaje. Además de contar con un tema original compuesto por el grupo Morgan que acompaña, con elegancia y clase, a los protagonistas en momentos decisivos de la trama. Así que, bienvenidos a este juego que es Puntos suspensivos. Espero que disfruten de una emocionante y apasionante partida
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