Entrevistas
"He vivido personalmente la enfermedad en mi entorno familiar"
Edoardo Leo, protagonista de "Cosas que no olvidaré", conmovedor acercamiento al alzheimer precoz
La historia del alzheimer precoz padecido por Paolo Piccoli conmocionó a toda Italia, y ha dado pie a un libro y a una obra de teatro. Ahora se produce la traslación a la pantalla, y el actor encargado de encarnarlo, Edoardo Leo, nos explica cómo afrontó el desafío de acometer a un personaje real.
¿Conocías la historia antes de hacer la película Cosas que no olvidaré?
Sí, porque en Italia es una historia muy famosa. El hijo de Paolo fue premiado por el presidente de la República, Sergio Mattarella, como abanderado, por cuidar con cariño y dedicación de su padre.
Después de aquel reconocimiento, descubrimos que su mujer había escrito un libro de memorias sobre la vida de Paolo, aunque Paolo sigue vivo. A partir de esos dos elementos decidimos escribir el guion.
¿Estabas familiarizado con la enfermedad de alzheimer y, más concretamente, con el hecho de que pueda aparecer de forma precoz? No sé si lo habías vivido en tu entorno cercano...
Sí. Lamentablemente, mi abuela enfermó de alzheimer muy joven, con 53 años. Así que conozco personalmente este problema y ese fue uno de los motivos por los que decidí hacer esta película.
También ha sido un viaje hacia la memoria de mi propia familia: hablar con mi padre, recordar a mi abuela… Además de la parte profesional de la película, ha habido una parte humana y personal muy importante para mí.
¿Llegaste a conocer a Paolo?
No, porque Paolo está muy enfermo. Ir a hablar con él sin que pudiera reconocerme no me parecía respetuoso. Sentía que podía ser una forma de invadir su dolor y el de su familia.
En internet hay muchos vídeos sobre él. Pero en la película no hablamos de la enfermedad de una manera clínica, sino de una pequeña parte de ella. Era más interesante contar ese limbo en el que una persona sabe que tiene una enfermedad, pero todavía no la percibe del todo. Y eso es muy difícil de representar.
Por eso elegí no reunirme con él ni hablar con él.
¿Te resultó difícil ponerte en esa situación? Me refiero a imaginar a una persona que tiene que compartir con su hijo una noticia que quizá como niño no va a entender. No sé si, en tu caso, el hecho de ser padre te ayudó a ubicarte emocionalmente. La película se centra mucho en el núcleo familiar: el matrimonio y el hijo, aunque después aparezcan otras relaciones...
Sí, yo tengo dos hijos, ya mayores. Está claro que cuando haces una película como esta proyectas cosas de tu propia familia en lo que estás haciendo.
Pero también creo que es importante esconder el dolor personal y no convertirlo todo en algo biográfico. Yo pensé solamente en el personaje. Me centré en él y en qué me habría pasado a mí si hubiera estado en esa misma situación, enfrentándome a un problema tan devastador.
Ha sido muy doloroso rodar la película, aunque sea una comedia. Lo más difícil era interpretar la ausencia de conciencia. Esa parte fue muy complicada: trabajar físicamente lo que le ocurre a una persona que padece Alzheimer.
Mucha gente piensa que es solo un problema de la cabeza, pero en realidad es una enfermedad que afecta muchísimo al cuerpo. Buscar esa manera de andar, esa forma de mirar, fue un proceso muy largo y difícil. Trabajé durante muchos meses con un “coach”, con un entrenador.
Es una película que trata un tema muy duro, pero también tiene una parte de comedia. Me gustaría saber cómo encontrasteis ese equilibrio entre drama y comedia. No sé si con Alessandro [Aronadio] hablasteis de cómo hacer más amable la historia.
Yo conozco muy bien la mirada de Alessandro, porque hemos hecho tres películas juntos. De hecho, renuncié a dirigir esta película y también a escribir el guion. Solo quise ser actor. Si la hubiera dirigido yo, quizá le habría dado un punto más dramático. En cambio, fue bonito buscar ese equilibrio, que para mí es el equilibrio de la comedia.
Esta es una comedia pura. En la comedia están presentes la muerte y el dolor. Eso es distinto de una película simplemente cómica o de la comicidad pura. No hay una diferencia de calidad, pero en las grandes comedias que yo he amado siempre están presentes la muerte y el dolor.
En la tradición de la comedia pienso en Buster Keaton, a quien se cita expresamente, o en Charles Chaplin. En la película aparece esa idea de compartir un cine que quizá ahora la gente joven no conoce tanto. ¿Cómo sentías tú esas referencias cinéfilas?
La referencia a Buster Keaton es una metáfora maravillosa: un hombre que, para hacer reír a los demás, pone físicamente en riesgo su vida.
Hay números y ejercicios complicadísimos. Es algo único en la historia del cine mundial: reírse con alguien que está arriesgando su vida para hacerte reír. Me parece increíble.
A nivel más general, la idea era hacer reír a las personas contando un gran dolor.
Has hablado antes de la situación del personaje, que está en una especie de limbo, a punto de entrar en un olvido absoluto. ¿Crees que eso funciona también como una metáfora? Al final, todos tenemos un tiempo limitado y hay que aprovecharlo. A mí me parece un mensaje muy estimulante, porque vivimos con la sensación de que no nos vamos a morir nunca o de que disponemos de todo el tiempo del mundo, y esta enfermedad nos muestra la fragilidad.
Incluso las personas que no padecen Alzheimer están sometidas al olvido. Nuestro cerebro está diseñado para eliminar recuerdos. Selecciona información y, con la edad, tiende al olvido. Es un procedimiento muy rápido.
En el caso de Paolo es rapidísimo y tremendo, pero no es tan distinto del proceso al que estamos sometidos todos. Envejecer es también una forma de seleccionar los mejores recuerdos y eliminar otros.
Si tuviera que pensar en un mensaje —aunque no me gustan mucho los mensajes en las películas— sería este: prestar atención a la calidad de los recuerdos. No se trata de acumular recuerdos, sino de cuidar su calidad.
Quería que me hablaras un poco de tus relaciones con los otros personajes. Con tu mujer hay una complicidad muy clara, aunque la situación sea muy dolorosa. Los dos se hacen cargo. Con tu hijo hay escenas muy bonitas, en las que no sabe cómo transmitirte ciertas cosas. Y luego está la relación con tu hermano, esa reconciliación que nunca termina de llegar. ¿Cómo trabajaste esas relaciones?
Son relaciones muy distintas.
Teresa Saponangelo es una actriz extraordinaria. Ha trabajado con Sorrentino y para mí fue muy fácil trabajar con ella. También con Giorgio Montanini, que interpreta a mi hermano, porque yo ya había trabajado antes con él.
Con Javier [Francesco Leoni], el hijo, decidimos una estrategia junto a Alessandro. Javier no tiene padre, aunque no sabemos exactamente por qué. No está muerto, pero yo no pregunté. Él dijo que quería hacer esta película para entender lo que significa tener un padre, aunque fuera desde la ficción.
Entonces decidimos no hacer el casting juntos. Nos vimos directamente en el rodaje, nos presentamos y éramos padre e hijo.
Como en la película padre e hijo se conocen poco, Javier y yo también nos fuimos conociendo durante el rodaje. Intentamos rodar las escenas en secuencia para que nuestra relación se fuera profundizando de forma natural, igual que les ocurre a los personajes.
Fue una estrategia maravillosa de Alessandro. Solo en los últimos días tuvimos una confianza más fuerte, justo para rodar las escenas finales, en las que él, de alguna manera, se convierte en su padre.
Creo que es una película preciosa y capaz de llegar a muchos espectadores. Entiendo que en Italia ha tenido mucha repercusión también porque se basa en un caso conocido. Yo dirijo un festival, Educacine, dirigido a estudiantes de entre 14 y 18 años, y pensaba que quizá, de entrada, un joven no iría por sí mismo a ver una película así. Sin embargo, en el contexto de un festival educativo, creo que encaja muy bien. Si tuvieras que convencer a un chico o una chica de entre 14 y 18 años para ver esta película, ¿qué le dirías? ¿Por qué debería verla?
Porque tiene la mirada importante de un niño normal.
Cuando contamos historias de niños o adolescentes, muchas veces sentimos que tenemos que presentar historias extraordinarias, de chicos que hacen cosas increíbles. Aquí, en cambio, se cuenta la normalidad de la vida cuando se vuelve extraordinaria.
Es la historia de un chico que se convierte en superhéroe simplemente por cuidar de su padre.
Creo que historias como esta existen en todas las familias: abuelos que no están bien, tíos con algún problema de salud, personas cercanas que necesitan cuidados… A veces no tenemos la fuerza para cuidar de ellos.
Esta película les cuenta a los jóvenes que es posible mejorar como seres humanos cuidando de alguien.
Muchas gracias. Ojalá la película triunfe también en España y tenga una buena repercusión. Gracias.
Santiago Segura aprobó la versión light de "Torrente presidente" para Netflix
Santiago Segura ha tenido que salir al paso del pequeño incendio digital que ha rodeado a “Torrente presidente”, la sexta entrega de su saga más gamberra, que tras arrasar en cines y coronarse en Netflix, ahora se ha convertido también en protagonista de una polémica inesperada.
Danny Glover desvela que padece Alzheimer
Se le conoce por títulos como “Silverado”, “Grand Canyon”, “Los Tenenbaums. Una familia de genios” o “Saw”, pero para millones de espectadores siempre será el inolvidable Roger Murtaugh, el policía que repetía aquello de "ya soy demasiado viejo para esto", en "Arma letal". Ahora, la realidad ha colocado a Danny frente al reto más duro de su vida.