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Entrevistas

La última película del cineasta francés Eric Rohmer

decine21.com 05 Septiembre 2007

Ha sorprendido El romance de Astrea y Celadón, la última película del cineasta francés Eric Rohmer, por basarse en una obra literaria de su país bastante pasada de moda. La película ha ido a concurso en el Festival de Venecia, y su responsable ha sentido la necesidad de dar una explicación de por qué la ha hecho. Ofrecemos a continuación las palabras del propio director.

Eric Rohmer

“L’Astrée” tiene mala fama. Ya no se lee y casi tampoco se edita. Para alguien que nunca lo ha leído, o sólo lo miró por encima como un libro escolar de lectura obligatoria, la novela de Honoré d’Urfé parece pesada, absurda, poco realista e ingenua.

¿Pesada?

A primera vista, hasta en la versión abreviada editada por Folio, desalienta por lo denso que parece el libro. Esta sensación se debe principalmente al diseño de las páginas: por ejemplo, los diálogos (que son abundantes) están metidos dentro del texto en vez de separados. Esta apariencia desalentadora no invita precisamente al lector a hojear los diálogos llenos de vida y humor.

Para aumentar la confusión, el argumento principal se intercala con capítulos sobre el pasado de los protagonistas, de los personajes menores y hasta de algunos que no tienen nada que ver con la historia de Astrea y Celadón. Pero lo que a nosotros resulta molesto, en cambio divertía a los lectores del siglo xvii, ya que les sobraba tiempo para saborear cada página mientras esperaban el capítulo siguiente de la historia, editada a lo largo de doce años. Este formato en serie tenía un propósito práctico pero también asemeja “L’Astrée” a la novela del siglo xx. Resulta sorprendente que en los años veinte y treinta, cuando Francia descubría la obra de Faulkner, Dos Passos, etc., a nadie se le ocurrió retomar “L’Astrée” por la modernidad de su estructura.

¿Absurda?

Desde luego que no. La novela gustó mucho a Les Précieuses (un movimiento literario femenino de la época), pero no es ni remotamente cursi ni por su vocabulario ni por su prosa, ni por ninguna de sus metáforas, inusuales pero hermosas. Su lenguaje nunca es abstruso ni enrevesado ni arcaico, como puede serlo a veces el de Corneille.

¿Poco realista? ¿Ingenua?

Posiblemente, pero la historia trata de comportamientos extremos que tenían su lugar en la realidad de aquella época y también en la nuestra. Lo que parece poco realista no son tanto los celos feroces de Astrea, ni la obediencia ciega de su orden por parte de Celadón, ni siquiera el hecho de que Astrea crea que el alma de su amado vaga por el lugar en el que se ahogó. Todas estas cosas son creíbles en el contexto de la época y también son creíbles en la actualidad. No, lo que parece poco probable es que ella no reconozca a Celadón pese a su disfraz. Parece que el autor, en su novela por fascículos, estaba empeñado en alargar el tiempo que ella tarda en reconocerle, y eso sugiere que él alimentaba la ambición más noble de hacer de “la ilusión” uno de los temas principales de la historia, como muchos de sus grandes contemporáneos barrocos, entre ellos Shakespeare, Cervantes y Corneille. Es cierto que el tema se desarrolla de forma muy ingenua en el libro, pero en el cine se puede tomar muy fácilmente, haciendo que parezca tan realista como queramos.

[…] Sentí una afinidad indiscutible entre la novela y mis obras de cine. […] Toda la novela se construye alrededor del concepto central de “la fidelidad”: la fidelidad de Astrea y su corolario: sus celos histéricos; la fidelidad de Celadón y su corolario: su obediencia ciega de la orden de Astrea de alejarse de su vista para siempre. Pero esta fidelidad no es nada puritana; permite libremente los atractivos de los placeres terrenales, siempre que la pareja sea indestructible:

“Que él nunca piense
que su amor ha de menguar”

está inscrito en la duocécima tabla de las Leyes del Amor.

De la misma forma, he notado que el tema de la fidelidad está presente de forma prácticamente constante en mis películas, ya sean Mi noche con Maud o Cuento de invierno, La coleccionista, Las noches de la luna llena, o muchas otras. Mi obra de teatro, Trío en mi bemol, se construyó sobre un mecanismo de suspense parecido al de “L’Astrée”, aunque todavía no había leído la novela. Tiene un personaje que se niega, con la obstinación loca de Celadón, a pronunciar la palabra que impulsará a su novia a decir la frase que él está esperando, porque la frase crucial tiene que salir de ella espontáneamente. Y así puedo ser fiel a mí mismo a la vez que soy fiel al autor original, como lo fui en La marquesa de O y Perceval. […]

“L’Astrée” es el legado más destacado que queda en la literatura francesa, y posiblemente europea, de la Contrarreforma. Fue un movimiento más conocido por su influencia en las Bellas Artes, como la pintura sensual de Rubens y Caravaggio o el arte escénico de Carracci, Reni, Domenichino y Parmigianino, y sobre todo, el estilo de arquitectura llamado “jesuita”, un epíteto perfectamente adecuado para el mismo Honoré d’Urfé, que sirvió bajo el estandarte de la Liga Católica en la guerra contra los protestantes. Es también apropiado para sus personajes, a los que les gusta el argumento casuístico; eso queda latente en Astrea y Celadón pero es evidente en Lycidas, Sylvander y especialmente Adamas el druida, a quien vemos educando a Celadón con un discurso ampliamente ecuménico sobre las relaciones entre las religiones paganas y cristianas, con una argumentación muy cercana a la que Pascal criticó en Les Provinciales.

Mis “películas de época” no forman una serie como los “Cuentos” y los “Proverbios”, pero he notado que tienen algo en común por la forma en que son recibidas por el público contemporáneo. Pretenden hacer que una historia del pasado nos resulte más viva y más cercana, y lo consiguen, no por cubrirla con un barniz de modernidad y unas cuantas referencias contemporáneas, sino por la magia del cine, una verdadera resurrección, un auténtico viaje en el tiempo.

Creo que logré este objetivo en parte en La marquesa de O, Perceval, La inglesa y el duque, y Triple Agente. “L’Astrée” se ofrece ahora como una oportunidad nueva y maravillosa para completar la serie.

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