Zona friki
Cuando fuimos a ver “E.T.” en 1982 lo menos marciano era... ¡el extraterrestre!
Pero también es verdad que viví durante esos años mi infancia y adolescencia, por lo que le tengo mucho cariño a numerosos films que se estrenaron por entonces. Recientemente me han traído a la memoria esa época dos estrenos: el remake de Poltergeist (el original se rodó... ¡en 1982!) y Tomorrowland: el mundo del mañana. ¿Y qué tienen en común esas dos películas? Nada, o casi nada, salvo que ambas sacan jóvenes que tienen en su casa para jugar... ¡drones!
Sí, amigos, pensábamos que los americanos sólo usaban los drones para matar terroristas y para librarse por fin de Enrique Iglesias. Pero resulta que no, que cualquier chavalín tiene uno en su cuarto junto al balón de fútbol y la Playstation. Tremendo.
Así que el visionado de ambas cintas (perdón, quería decir ambos DCP, pero como os decía me estoy quedando anticuado) me ha retrotraído a los años en los que ibas al cine, veías por ejemplo Juegos de guerra, y el elemento fantástico principal no era ni mucho menos que alguien se cambiara las notas gracias a un módem y jaqueara el Pentágono, lo que nos impactaba de verdad era que el chavalín tuviera en su casa un ordenador, ¡como si fuera lo más normal del mundo!
Disculpad la ‘batallita’ de anciano que os estoy contando, pero España ha cambiado mucho desde entonces. Para empezar, los Lacasitos con los que Elliot atrapa a E.T. los conocí por primera vez ese día, cuando fui al cine a ver el film de Steven Spielberg, pues la empresa que los sacó a la venta aprovechó su presencia en la pantalla para repartirlos entre los espectadores. Una novedad increíble. “¿Qué es esto?”, le pregunté al chico que me regaló mi primer tubo de esta fascinante golosina. "Los vas a ver en la peli", recuerdo que contestó.
Más fantasía a raudales: la primera vez que se encontraba con su nuevo amigo, Elliot comía... ¡pizza! ¿Eso qué era? Imagino que en nuestro país se podía pedir en algunos restaurantes italianos pero no llamabas y te la llevaba a casa un motorista, por lo que no era nada común que por entonces cenáramos una Cuatro Quesos, por ejemplo. Creo que la mayoría de los niños ni la habíamos probado.
Niños que jugaban al rol, televisores que tenían canales a cascoporro... ¿Seguro que E.T. había aterrizado en la Tierra? A mí me parecían extraterrestres todos.
Pero el gran drama de la película era la desestructuración familiar. Los padres de Elliot se habían divorciado, lo que resultaba terrible, pero pienso que mucho más en España, pues aquí la ley del divorcio se acababa de aprobar unos meses antes, en 1981. No era ni mucho menos habitual que tuvieras amiguitos cuyos padres hubieran roto su matrimonio. ¡Eso a los niños nos daba más miedo que el propio E.T., y mira que era feo!
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