Zona friki
Atención a Sharesub, plataforma para compartir suscripciones de streaming
Me mandan una nota de prensa de Sharesub, plataforma que facilita compartir suscripciones de streaming, música y software, titulado “La lista definitiva: 30 películas que todo el mundo debería ver antes de los 30”.
Según el texto, “esta selección es un recorrido cinematográfico para vivir, aprender y disfrutar antes de dar el próximo gran salto en la vida (sic)”. Desconozco si cuando alguien habla de “el próximo gran salto en la vida” uno teme que el siguiente paso sea contratar un seguro o empezar a decir cosas como “yo a tu edad”.
Examino los títulos incluidos, pero no salgo de mi asombro. Mezcla títulos españoles con otros en inglés, y otros inexistentes, pues por ejemplo, aparece Indiana Jones, que no me consta que sea una película, sino más bien una persona muy ocupada que protagoniza varias. También figura Bridget Jones, que tampoco es un largometraje, sino una señora británica con agenda sentimental complicada.
Dice el texto “la plataforma que facilita compartir suscripciones de streaming, música y software ha elaborado una lista de recomendaciones para ver antes de los 30: clásicos que marcaron generaciones, historias modernas que capturan la esencia de los sueños y películas que se convierten en referencias culturales inevitables”. Muy bien. Ahora bien: el film más antiguo que han encontrado es El planeta de los simios, de 1963, como si quisieran tranquilizar al lector:
“Sí, tranquilos, también incluimos cine antiguo. De cuando la gente llevaba bigote y no había Wi-Fi”.
Aunque todo indica que como mucho conocen la versión de Tim Burton, de 2001.
En fin, no cabe duda de que la agencia responsable de este correo ha logrado su objetivo: captar mi atención sobre qué demonios es Sharesub… y hasta conseguir que escriba sobre ello. Si alguien me lee, seguro que irá a mirar la página por pura curiosidad, así que felicidades a la agencia V3rtice, de Barcelona. La cosa no tiene desperdicio, pues hubo un tiempo en que compartir contraseña era un gesto romántico. Algo íntimo. Como dejarle a alguien tu cepillo de dientes, pero con menos bacterias y más series. Llegabas a tu casa, entrabas en la cuenta de Netflix de un amigo y te encontrabas con perfiles tan misteriosos como “Papá”, “Mamá”, “Invitado” y “No tocar o te mato”.
La idea es aparentemente sencilla: tú pagas una suscripción, y luego invitas a completos desconocidos a compartirla contigo. No amigos. No familia. No esa prima que siempre te pide el Wi-Fi. No. Extraños de internet. Personas cuya relación contigo es exactamente la misma que la del señor que estornuda en el metro: ninguna.
Y así, lo que antes era una cuenta de streaming se transforma en una cooperativa audiovisual.
Entras en tu perfil y descubres que ya no eres tú, sino una comunidad internacional:
- “Juan Luis”
- “Marta”
- “Kevin-1987”
- “Usuario3”
- “Jean-Michel posiblemente en Lyon”
Todos conviviendo pacíficamente bajo el mismo algoritmo. De pronto Netflix creerá que tu sueño es ver telenovelas turcas sobre abogados vampiros.
Sharesub se presenta como economía colaborativa. Una expresión maravillosa. Es como si alguien hubiera mirado el viejo gesto de decir “toma mi contraseña” y hubiera pensado:
“¿Y si lo burocratizamos?”
Porque ahora compartir una suscripción ya no es un acto informal. Es un proceso casi notarial. Hay pagos, intermediarios, perfiles coordinados y probablemente un Excel en algún servidor europeo calculando quién tiene derecho a ver el episodio 4 de la temporada 2 de una serie danesa sobre detectives deprimidos.
Lo más fascinante de Sharesub es que convierte algo que ya era barato en algo… ligeramente más complicado.
¿Es legal? Por lo que yo entiendo, en España el uso de Sharesub se mueve en una zona legal gris: la plataforma en sí no es ilegal, pero puede entrar en conflicto con las condiciones de uso de muchos servicios de streaming.
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