Análisis de guión
27) "Mary Poppins", de Bill Walsh y Don DaGradi
Convertir las aventuras de Mary Poppins en película no era de entrada tarea fácil. En primer lugar Walt Disney tuvo que vencer la resistencia de al autora P.L. Travers, la historia de cómo logró persuadirla está narrada en otra película, “Al encuentro de Mr. Banks”.
Pero una vez lograda la autorización de P.L. Travers, los guionistas Bill Walsh y Don DaGradi, luego bien conocidos en la factoría Disney como libretistas de filmes familiares con actores de carne y hueso –Un sabio en las nubes, La bruja novata, Un gato del F.B.I., Ahí va ese bólido...–, debieron afrontar una dificultad no menor. Los libros de P.L. Travers son episódicos, están compuestos por capítulos independientes que describen diversas peripecias inconexas, de modo que había que lograr dotar al film de una sólida columna vertebral. Prueba de que Walsh y DaGradi lo lograron es su nominación al Oscar al mejor guión adaptado, una de las 13 que recibió el film, que logró finalmente 5 estatuillas.
Se busca niñera
De entrada, había que sentar las bases de la narración, y establecer cuál es el detonante. Y ahí no había muchas dudas acerca de cómo había que proceder. Nos introduce en la historia Bert, el alegre deshollinador. Estamos en Londres, alrededor del año 1910. En la Calle del Cerezo, número 17, tiene su hogar la familia Banks, un matrimonio, George W. y Winnifred, con dos niños muy traviesos, Jane y Michael. Cerca vive un excéntrico anciano almirante que se dedica a dar la hora a cañonazos, con el consiguiente alboroto. Los progenitores se encuentran muy ocupados. George trabaja en un banco, que absorbe la mayor parte de su tiempo, y afecta a su exigente carácter, y al pensamiento de que en su casa, cuando vuelve “cansado de luchar”, debe ser recibido “como un gran rey”, los vasallos, o sea, las mujeres del servicio, deben servirle, los niños deben estar bañados, listos para acostarse. Mientras que Winnifred se encuentra muy atareada con sus actividades políticas como sufragista, rompiendo cadenas que sojuzgan a la mujer y defendiendo sus derechos.
Lecciones de vida
A partir de aquí se puede desarrollar el segundo acto, en que básicamente Mary Poppins se ocupa a su manera de la educación de los niños, ante la dejación de sus padres. Y en este proceso de aprendizaje se pueden articular las mil y una anécdotas y bromas dispersas, servidas con canciones que remachan las ideas que dan cohesión narrativa, acerca de lo que ayuda a conseguir la felicidad y a fomentar la unidad familiar.
Detrás de la actuación aparentemente disparatada de Mary Poppins, respaldada por el alegre deshollinador Bert, quedan impartidas valiosas lecciones para los niños, que terminan haciéndose cargo de la responsabilidad que pesa sobre los hombros de su padre, lo que implica preocupaciones que les evita padecer en primera persona, le toca tragárselas en soledad.
Se puede disfrutar de un paseo, y observar el arte callejero de Bert, que pinta cuadros en el suelo. Pero no basta con mirar los cuadros, hay que meterse en ellos –lo que dará pie a la parte animada del film–, para disfrutarlos. Y adivinar lo que hay en lo que se ve... y en lo que no se ve. Acudir a la feria, montarse en los caballitos de un tiovivo, y, más difícil todavía, liberarse del tiovivo y participara en una carrera del derby.
Hay que dar hilo a la cometa, en el parque y en la vida, saber reír, con el tío Jack, un modo excelente de elevar el espíritu, los chistes como “el hombre de la pata de palo que se llams...”, pero también ante las tribulaciones de la vida, cabe afrontarlas con actitud positiva, pensando que “Con un poco de azúcar, esa píldora que os dan, pasará mejor...”. A veces basta una sola palabra, como la disparatada “supercalifragilisticoespialidoso”, para cambiar las disposiciones de ánimo, y pasar de la cara larga y la angustia, a una alegre despreocupación que puede ser mucho más fructífera.
Supercatalizador
A modo de singularísima hada buena, que no tiene problemas en reconocerse “la mejor” y en mirarse con coquetería continuamente en el espejo, Mary Poppins es un catalizador que mejora a las personas, empezando por la criada y la cocinera, que han empezado a llevarse bien, pero acabará notándose sobre todo en George Banks y en sus hijos Jane y Michael. En tal sentido, la señora Banks queda quizá algo postergada, aunque preocupada por la familia y tal vez más serena con Mary Poppins, no vemos tanto la evolución, el arco de transformación clara de los otros componentes de la familia,.
La vuelta a casa
Nos metemos de lleno en el tercer acto. Los niños, que han salido corriendo, van a encontrarse con Bert con el rostro manchado de hollín, que les recordará que padres e hijos deben preocuparse por los otros, mutuamente. Esta escena tiene su correspondencia con otra posterior, en que Bert le hace caer en la cuenta a Banks acerca de sus obligaciones paternas. Pero antes, con sus herramientas de trabajo, y trayendo a los niños de vuelta a casa, se introduce la excusa perfecta, la necesaria limpieza de la chimenea de los Banks, para que los niños con Bert y Mary Poppins acaben en la azotea manchados de hollín, y acompañados de los compañeros de faena de deshollinador, participar en un increíble baile amenizado por los fuegos artificiales proporcionados a cañonazos por el almirante.
Mary Poppins está feliz pero triste, como le recrimina su paraguas, el mango se anima mágicamente. Pero ella tiene claro que su función no era reemplazar a los padres, aunque siempre llevará a los niños Banks en el corazón, volverá a hacer de “ángel bueno” con otros niños. De nuevo vuela mágicamente con su paraguas, mecida por el mismo viento que permite volar las cometas, y ahí está para agradecerle sus servicios el siempre alegre Bert.
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