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Convertir las aventuras de Mary Poppins en película no era de entrada tarea fácil. En primer lugar Walt Disney tuvo que vencer la resistencia de al autora P.L. Travers, la historia de cómo logró persuadirla está narrada en otra película, “Al encuentro de Mr. Banks”.

Pero una vez lograda la autorización de P.L. Travers, los guionistas Bill Walsh y Don DaGradi, luego bien conocidos en la factoría Disney como libretistas de filmes familiares con actores de carne y hueso –Un sabio en las nubes, La bruja novata, Un gato del F.B.I., Ahí va ese bólido...–, debieron afrontar una dificultad no menor. Los libros de P.L. Travers son episódicos, están compuestos por capítulos independientes que describen diversas peripecias inconexas, de modo que había que lograr dotar al film de una sólida columna vertebral. Prueba de que Walsh y DaGradi lo lograron es su nominación al Oscar al mejor guión adaptado, una de las 13 que recibió el film, que logró finalmente 5 estatuillas.

Se busca niñera

De entrada, había que sentar las bases de la narración, y establecer cuál es el detonante. Y ahí no había muchas dudas acerca de cómo había que proceder. Nos introduce en la historia Bert, el alegre deshollinador. Estamos en Londres, alrededor del año 1910. En la Calle del Cerezo, número 17, tiene su hogar la familia Banks, un matrimonio, George W. y Winnifred, con dos niños muy traviesos, Jane y Michael. Cerca vive un excéntrico anciano almirante que se dedica a dar la hora a cañonazos, con el consiguiente alboroto. Los progenitores se encuentran muy ocupados. George trabaja en un banco, que absorbe la mayor parte de su tiempo, y afecta a su exigente carácter, y al pensamiento de que en su casa, cuando vuelve “cansado de luchar”, debe ser recibido “como un gran rey”, los vasallos, o sea, las mujeres del servicio, deben servirle, los niños deben estar bañados, listos para acostarse. Mientras que Winnifred se encuentra muy atareada con sus actividades políticas como sufragista, rompiendo cadenas que sojuzgan a la mujer y defendiendo sus derechos.

mp3En tal tesitura, el servicio aguanta a los niños como buenamente puede, mientras que las niñeras duran poco tiempo en casa. Tras despedirse la última, que ha perdido a los niños, los Banks tienen la idea de poner un anuncio en el Times solicitando los servicios de una niñera, para lo que hacen una descripción de lo que se espera de las candidatas. Mientras, los niños escriben en un papel lo que esperarían de su niñera, pero su riguroso padre lo rompe en mil pedazos. Pero la magia que empieza a actuar, porque sopla viento del este hace que el papel se recomponga y aspirado por la chimenea, llegue a manos de Mary Poppins, que se presenta ofreciendo sus servicios. La larga cola de aspirantes se la llevará, literalmente, el viento, de modo que es Mary Poppins, con su característica actitud decidida, la que logrará el puesto, incluso imponiendo sus condiciones acerca del día de la semana que desea librar.

Lecciones de vida

A partir de aquí se puede desarrollar el segundo acto, en que básicamente Mary Poppins se ocupa a su manera de la educación de los niños, ante la dejación de sus padres. Y en este proceso de aprendizaje se pueden articular las mil y una anécdotas y bromas dispersas, servidas con canciones que remachan las ideas que dan cohesión narrativa, acerca de lo que ayuda a conseguir la felicidad y a fomentar la unidad familiar.

Detrás de la actuación aparentemente disparatada de Mary Poppins, respaldada por el alegre deshollinador Bert, quedan impartidas valiosas lecciones para los niños, que terminan haciéndose cargo de la responsabilidad que pesa sobre los hombros de su padre, lo que implica preocupaciones que les evita padecer en primera persona, le toca tragárselas en soledad.

mp2Del bolso de Mary Poppins salen todo tipo de objetos que por su tamaño resulta imposible que estuvieran ahí dentro, lo que deja a los niños boquiabiertos. Con su nueva niñera se les caen los esquemas preconcebidos, todas las metas y retos pueden afrontarse con una sonrisa, y ser superados con éxito. Ordenar un cuarto hecho un desastre puede parecer fatigoso y aburrido, pero con un poco de magia al principio, se puede dedicar tiempo y esfuerzo a que todo quede en su sitio.

Se puede disfrutar de un paseo, y observar el arte callejero de Bert, que pinta cuadros en el suelo. Pero no basta con mirar los cuadros, hay que meterse en ellos –lo que dará pie a la parte animada del film–, para disfrutarlos. Y adivinar lo que hay en lo que se ve... y en lo que no se ve. Acudir a la feria, montarse en los caballitos de un tiovivo, y, más difícil todavía, liberarse del tiovivo y participara en una carrera del derby.

Hay que dar hilo a la cometa, en el parque y en la vida, saber reír, con el tío Jack, un modo excelente de elevar el espíritu, los chistes como “el hombre de la pata de palo que se llams...”, pero también ante las tribulaciones de la vida, cabe afrontarlas con actitud positiva, pensando que “Con un poco de azúcar, esa píldora que os dan, pasará mejor...”. A veces basta una sola palabra, como la disparatada “supercalifragilisticoespialidoso”, para cambiar las disposiciones de ánimo, y pasar de la cara larga y la angustia, a una alegre despreocupación que puede ser mucho más fructífera.

Supercatalizador

A modo de singularísima hada buena, que no tiene problemas en reconocerse “la mejor” y en mirarse con coquetería continuamente en el espejo, Mary Poppins es un catalizador que mejora a las personas, empezando por la criada y la cocinera, que han empezado a llevarse bien, pero acabará notándose sobre todo en George Banks y en sus hijos Jane y Michael. En tal sentido, la señora Banks queda quizá algo postergada, aunque preocupada por la familia y tal vez más serena con Mary Poppins, no vemos tanto la evolución, el arco de transformación clara de los otros componentes de la familia,.

mp7En esa transformación tiene la función principal Mary Poppins, auténtico catalizador, que está muy bien secundado por Bert, a modo de ayudante, siempre ahí cuando le necesitan. La niñera sabe despertar los buenos sentimientos de Michael, que quiere dar su moneda de dos peniques para comprar pan a la señora pobre de las palomas, en vez de emplearla en abrir una cartilla de ahorros, como sugiere el señor Dawes del banco. Y sabe engatusar al señor Banks para que deje que los niños vayan al banco y conozcan el trabajo que desarrolla su padre. Los niños no son perfectos, y son traviesos, lo que dará pie a que organicen un lío monumental en el banco, un lugar serio y respetable, donde nunca antes se había visto tanto jaleo, se produce un pánico en cierto momento, todos los clientes desean retirar al mismo tiempo sus ahorros. De modo que el señor Banks queda malparado, su posición laboral peligra.

La vuelta a casa

Nos metemos de lleno en el tercer acto. Los niños, que han salido corriendo, van a encontrarse con Bert con el rostro manchado de hollín, que les recordará que padres e hijos deben preocuparse por los otros, mutuamente. Esta escena tiene su correspondencia con otra posterior, en que Bert le hace caer en la cuenta a Banks acerca de sus obligaciones paternas. Pero antes, con sus herramientas de trabajo, y trayendo a los niños de vuelta a casa, se introduce la excusa perfecta, la necesaria limpieza de la chimenea de los Banks, para que los niños con Bert y Mary Poppins acaben en la azotea manchados de hollín, y acompañados de los compañeros de faena de deshollinador, participar en un increíble baile amenizado por los fuegos artificiales proporcionados a cañonazos por el almirante.

mp4Más tarde, con el señor Banks en casa, hay una llamada del banco, está citado a primera hora de la mañana. Hay tiempo para reflexionar en las cosas que importan, la familia, la señora necesitada de las palomas. Por eso cantará las cuarenta al consejo de administración del banco, aun sabiendo que va a terminar en la calle y sin empleo. Lejos de ser dominado por sentimientos suicidas, como se temen en su casa, George vuelve contento, dispuesto a dedicar sus mejores esfuerzos a los hijos, “volar” con ellos, algo simbolizado por el vuelo de la cometa en el parque, en el que participa alegre y unida toda la familia. Allí se encontrarán con el heredero del banco, que readmite al señor Banks, y encima en calidad de socio.

Mary Poppins está feliz pero triste, como le recrimina su paraguas, el mango se anima mágicamente. Pero ella tiene claro que su función no era reemplazar a los padres, aunque siempre llevará a los niños Banks en el corazón, volverá a hacer de “ángel bueno” con otros niños. De nuevo vuela mágicamente con su paraguas, mecida por el mismo viento que permite volar las cometas, y ahí está para agradecerle sus servicios el siempre alegre Bert.

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