Entrevistas
El actor imponente
Si algo sorprende del encuentro en carne y hueso con Isaach De Bankolé es la simpatía del actor, y lo mucho que se explaya con sus respuestas. Le gusta hablar sin duda, y ama su profesión de actor. Nos cuenta cómo ha sido eso de ser protagonista con Jim Jarmusch en Los límites del control.
Los límites del control es un collage donde da la sensación de que Jim Jarmusch ha ido añadiendo distintos elementos. ¿Cómo afecta esto a la labor de un actor?
Ha sido un privilegio ser algo así como el molde para un director como Jim Jarmusch. Para mí ha sido una gran responsabilidad, pero también ha sido una gozada poder explorar y no tener miedo de perderse o tomar un camino equivocado. Es la cuarta vez que trabajo con él y creo que este proyecto es diferente y muy especial en su carrera. No tenía un guión escrito convencional. Había 25 páginas de tratamiento. Cuando trabajas en un proyecto así, éste te lleva. Por ejemplo, cuando rodamos la escena de la tarjeta postal de la Torre del Oro, el guión ponía que la encontraba en la basura, pero luego por la noche pensé que eso no estaba bien, porque el Solitario no es el tipo de hombre que busca sus pistas en la basura. Entonces al día siguiente volvimos a grabarlo pero haciendo que lo encontraba en el suelo. Jim estaba de acuerdo con esto. Es el tipo de director que te dice que se ha equivocado y que hay que hacerlo de nuevo, buscar otra forma. Hay que tener mucha fuerza para hacer eso. También pasó en una escena con Tilda Swinton. Rodaron y Jim no se quedó muy contento. En casa lo reescribió y al día siguiente lo volvieron a rodar. Es estupendo estar con un director que trabaja de esta forma.
¿Qué tipo de discusiones tuvo con Jim sobre el significado de la película?
Los límites de control se han aplicado a todo el mundo, actores, directores, equipo. Trabajar con Jim es muy especial porque es un ‘freak’ del control total, pero también admite diálogo. En la película no hay mucho diálogo, pero sí hemos discutido mucho sobre todos los temas. Yo cada vez que veo la película, veo cosas que no había visto la vez anterior. Nunca he intentado analizarlo, se trata de variaciones, de los pequeños detalles. No es la gran idea, son las pequeñas cosas las que hacen que vibre. Para mí no es importante analizarlo. Lo que me dice el tipo que me manda la misión es casi todo el diálogo de la película, luego cada personaje toma una parte y sigue con eso. Somos partes de una máquina que está en marcha. A veces le dije a Jim que no se podía hacer eso, que tenía que haber algún límite. Él es como un director de orquesta que quiere controlarlo todo. Discutíamos cosas y decidía que lo mejor era tomarnos un descanso antes de retomar el tema. Es muy difícil trabajar así, ya sea para un gran estudio o para una película independiente pequeña. Muy pocos directores pueden trabajar con esa libertad y dar tiempo para pensar.
En La escafandra y la mariposa su personaje habla bastante porque el protagonista no puede expresarse. Aquí sucede lo contrario. ¿Qué prefiere, expresarse con palabras o este personaje lacónico?
Como actor estoy encantado cuando un director confía en mí y pide mi colaboración para algo. Tenemos la habilidad de hablar y muchas veces nos equivocamos. Además cuando hablamos, muchas veces no pensamos en lo físico, en lo que estamos haciendo con las manos, el cuerpo, etc. Cuando no tienes la habilidad de hablar, te fías más de lo físico. Tienes que pensar más en tu expresión corporal, facial. Cuando hablas muchas veces no piensas en todo esto. Como actor me encanta ver que confían en mí para que haga una película así, con tan poco diálogo. En La escafandra todo era diferente. Hablabas, pero todo tenía que tener sentido, porque si no, te caes. Yo vivo en Estados Unidos y algo que no me gusta es que la gente habla demasiado. En la televisión ves debates y sólo ves personas hablando. En un debate tienes que intentar convencer a alguien, cambiar su forma de pensar, atraerles a tu posición. No me gusta de la sociedad americana esto de hablar por hablar. Cuando hablas tienes que decir algo que tenga sentido. Cuando no puedes hablar, tienes que fijarte mucho en los detalles, cualquier gesto. Tienes que fijarte mucho en lo que haces.
¿Cree que el hecho de que la película se haya rodado en España influye en la historia?
Mi personaje tiene una misión y para mí el idioma es un código. Puede estar en Alemania, en China, en cualquier parte. Hay muy poco lenguaje y lo utiliza para obtener un fin. El hecho de que se haya rodado en España viene de una serie de coincidencias. A Jim le gustaba el edificio de Torres Blancas desde hace 20 años porque tiene un amigo que vive allí. Otro amigo suyo tiene una casa en Almería. Son casualidades las que han llevado la grabación a España, la historia se podría haber desarrollado en cualquier país.
¿Cómo ha evolucionado su relación tanto personal como profesional con Jim Jarmusch?
Siempre es un placer trabajar con él. Pero intentamos que cada vez sea como la primera, para que podamos centrarnos en lo que estamos haciendo en ese momento. Nos conocimos en 1983 o 1984 en Cannes cuando Jim estaba allí con Extraños en el paraíso. Vi la película por la mañana y me encantó. Por la noche recibí una invitación para una fiesta y resultó ser la de Jim, así que aproveché para decirle lo que me había emocionado su película. Me hice una foto con él y nos intercambiamos las tarjetas. Yo me fui a París y Jim volvió a Nueva York. En este tiempo yo estaba haciendo Chocolat (1988) con Claire Denis, que era ayudante de Jim. Antes de montar la película, Jim le echó un vistazo y se acordó de mí, de Cannes y de la foto. Me llamó y yo estaba en Nueva York de vacaciones. Nos vimos y él me contó lo que se traía entre manos. Me dijo que era una película con Gérard Depardieu. Pasó el tiempo y me llamó para decirme que se lo había pensado mejor y que creía que yo era perfecto para el papel de Depardieu e hicimos una prueba y así salió Noche en la Tierra. Antes habíamos aprovechado para rodar el pequeño papel que tengo en Coffee and Cigarettes.
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