Entrevistas
Protagoniza "Blackthorn. Sin destino"
El camino de Eduardo Noriega vuelve a cruzarse con el de Mateo Gil, que fue coguionista de Tesis, el film que le dio a conocer, y también de otras dos de sus películas Abre los ojos y El método. Además, le dirigió en Nadie conoce a nadie, que fue un éxito. Ahora, el actor santanderino se pone a las órdenes de Gil, en el segundo largometraje que éste dirige, Blackthorn. Sin destino, un western que transcurre en Bolivia.
¿Qué le hizo escoger este proyecto?
Es una película que trata muchos temas. Es una película sobre la amistad, pero también sobre los efectos de las decisiones que toma cada uno. Butch Cassidy se ve obligado a matar, a pesar de que presumía de no haber matado a nadie, y se entiende que esto es duro para él. Mi personaje no acaba de entender que ha cometido un error, pero este hecho le pasa factura.
¿Ha tenido que prepararse mucho para esta película?
Sobre todo he tenido que aprender a montar a caballo. Anteriormente, en una película también cabalgué, pero apenas me enseñaron a montar, y prácticamente he tenido que aprender de cero. He estado dos meses montando diariamente antes de ir a Bolivia. Me escapaba de vez en cuando en mi montura, con un walkie-talkie. Terminé con heridas y rozaduras porque las sillas de montar antiguas eran duras.
¿Cómo ha sido el rodaje en Bolivia?
Ha sido un poco como una aventura, porque no están preparados para hacer cine, y no tienen mucha infraestructura. Para llegar a cualquier sitio había que recorrer carreteras interminables. Lo bueno es que en las pausas de rodaje podía recorrer lugares increíbles. Aprovechaba que teníamos caballos para dar una vuelta por ahí, por el altiplano boliviano, que desconocía por completo. El país es increíble.
¿Se sentía extraño con sombrero y ropa del Oeste?
Lo bueno de rodar un western es que el vestuario es tan específico que ya tienes compuesto medio personaje, simplemente porque lleve sombrero y pistolas. Era un reto absolutamente nuevo para mí rodar una película de este género. Y sacó a la luz una parte de mi infancia, me veía rodando por el suelo y disparando, como en mis juegos de niño.
¿Cómo fue el rodaje con Sam Shepard?
Es un tipo genial. Cogí confianza con él porque le ayudé con el español. Pensábamos que hablaba mejor, porque tiene frases en español, pues resulta que su padre era profesor y enseñaba este idioma. Pero no tenía ni idea. De hecho se le entiende a duras penas. ¡Y a veces me consultaba cómo se decían algunas frases que quería improvisar! Yo le decía que tratara de decir bien primero las frases que salían en el guión, antes de inventar otras nuevas.
¿Si tiene éxito en Estados Unidos se establecerá en Hollywood?
Ojalá funcione. Eso nunca se sabe. De momento, se ha proyectado por allí, en el Festival de Tribeca, y las críticas no han sido malas. Se va a estrenar allí, y eso ya es un éxito. No llegan muchas películas españolas, y las que llegan se quedan en muy pocas salas. Hay que tener en cuenta que el western es un género que consideran muy americano, y que nos seleccionaran para Tribeca y nos estrenen es importante.
Obviamente me encantaría que tuviera mucho éxito, y eso sería buenísimo para mi carrera. Pero mi objetivo no es establecerme en Hollywood. No quiero hacer cualquier película por el mero hecho de que sea estadounidense. Me tiene que gustar. No rodaría una película que no haría en España, en la que no creyera.
Tampoco me establecería allí. No me importa moverme específicamente para rodar una película en concreto, a cualquier punto del globo. Así lo he hecho hasta ahora. Pero trasladarme allí y cambiar mi vida me resultaría un incordio.
Cada vez se reducen más las distancias en Hollywood. No hace falta estar ahí para hacerse una carrera internacional. Se generalizan las coproducciones entre países y por ejemplo el español Rodrigo Cortés está dirigiendo a Robert De Niro en Red Lights.
En una secuencia demuestra usted mucha capacidad de reírse de sí mismo, cuando tiene que recuperarse de una herida en el trasero.
Cierto, recuerda a cierto anuncio televisivo que nos tomamos a risa. Pero tengo que decir que ya estaba escrita así la escena en el guión. Creo que ya pensaban en mí para interpretar al personaje, pero yo no he aportado nada a esos diálogos. Me limité a decir lo que estaba escrito.
Recuerdo que Sam Shepard se sintió muy incómodo con esa secuencia, porque tenía que realizarme unas curas en el trasero con una masa con sal. Decía que en Estados Unidos tenían cierto prejuicio, y que le iban a tomar por gay. Tratamos de convencerle de que no tenía connotaciones sexuales, simplemente su personaje ayudaba al mío pero no hubo manera. "Esto es importante, tío. Si no puedes cabalgar en el desierto en esa época, no sobrevivías", le decía. Pero se resistía.
Al final se puso a ponerme el mejunje con movimientos muy rápidos de sus manos, sin frotar mucho, y hubo que ralentizar la secuencia en el montaje, para que pareciera que efectivamente me estaba curando, y me frota un poco.
¿Se ha doblado a sí mismo en la versión española?
No, porque ya lo había hecho alguna vez. El resultado es que en la versión en español el público espera el tono de los actores de doblaje, a los que está acostumbrado, y mi registro les resulta extraño. No es lo que esperan. En esta película habría desentonado menos, pues los actores bolivianos no están doblados, se usan sus diálogos originales. No habría desentonado con ellos, pero sí cuando hablo con el personaje de Sam Shepard.
¿Se siente cómodo con Mateo Gil, con quien ha trabajado tantas veces?
Nos conocimos cuando yo era un joven estudiante de la escuela de arte dramático. Formamos un grupo, con Amenábar y otros. Teníamos mucha ilusión y empezamos haciendo cortos muy poco profesionales, aunque tratábamos de comportarnos como cineastas veteranos. Decíamos 'acción', 'silencio se rueda' y 'corten', para hacernos los importantes. Se cambiaban sus puestos técnicos y todos tratábamos de aprenderlo todo.
Por suerte hemos podido hacer trabajos profesionales juntos, y me emociona y me llena de orgullo que sigan contando conmigo. ¡Eso significa que les ha ido bien! Ahora hemos evolucionado muchísimo. Recuerdo que Mateo Gil me decía en este rodaje que se me daba mejor todo que antes. Yo le respondía: Mateo, hace doce años de Nadie conoce a nadie, y desde que hacíamos cortos ha llovido. ¡Si en todo este tiempo no hubiera mejorado como actor sería un perfecto inútil!
¿Qué proyectos tiene para el futuro?
Me quedaré todo el verano rodando Homicidios, la serie televisiva. Se trabaja muchísimo en una serie, o sea que no voy a parar.
También vamos a poner en marcha la Tweet-Película, un proyecto muy original. Todo aquel interesado en formar parte del proyecto podía ofrecerse a través de Twitter. Nos presentamos unas 600 personas, algunos profesionales y otros amateur. Se ha preparado la cinta para aprovechar el talento de todos, los que sabían escribir han elaborado el guión, y como también se ofreció un grupo de música, por ejemplo, pues en la trama aparece un concierto. Algunos que no sabían desempeñar ninguna labor relacionada con el cine, han acabado como extras.
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