Blog de Hildy
Para Hollywood, ya no hay chinos malos, sólo dólares buenos
Este año está previsto el estreno del remake de Amanecer rojo (1984), film de John Milius que mostraba a unos jóvenes defendiendo
Este año está previsto el estreno del remake de Amanecer rojo (1984), film de John Milius que mostraba a unos jóvenes defendiendo a Estados Unidos de una invasión soviética. En el guión de la nueva cinta con actores de moda como Josh Hutcherson, Isabel Lucas y Chris Hemsworth –sustituyen al brat pack, o atajo de mocosos, de los 80, Patrick Swayze, C. Thomas Howell y Charlie Sheen, entre otros– estaba escrito que los malos fueran chinos. Y de ese modo se rodó la película, hasta que por obra y gracia del borrado digital los villanos se han convertido en norcoreanos.
¿Y han visto ya Men in Black III? Pues si se les ocurre verla en china, echarán en falta una escena que transcurría en un restaurante en Chinatown, donde se camuflaban peligrosos aliens. Y es que si se quería estrenar la cinta en el gigante asiático había que pasar la tijera por el film, según explican Steven Zeitchik y Jonathan Landreth en un interesantísimo artículo publicado por Los Angeles Times; la imagen de los chinos que se daba no agradó a las autoridades.
Son dos ejemplos significativos de cómo Hollywood está dispuesto a tragar carros y carretas con tal de no perder comba en el apetitoso mercado chino a la hora de hacer y estrenar sus costosas megaproducciones. Y es que, en efecto, no vienen a la cabeza fácilmente películas de los últimos cinco años que den una mala imagen de los chinos. Está claro que los grandes estudios buscan estrenar en el superpoblado país, e indisponerse con los mandamases no es el mejor modo de lograrlo. Así que la táctica parece: rodar muchas escenas en China, a modo de promoción turística (Karate Kid); lograr algún socio local de modo que la película se considere china y no cuente para la restrictiva cuota anual de títulos de Estados Unidos que los chinos permiten entrar en su país, hay vía libre desde el principio (Iron Man 3); incluir una imagen amistosa de los chinos (en Battleship, aparte de mostrar “japos” buenos, algo habitual para satisfacer al potente mercado nipón, son los chinos de Hong Kong los que dan pistas sobre la invasión extraterrestre a los yanquis).
Simon Beaufoy, guionista de La pesca de salmón en Yemen, añadió una escena no incluida en la novela de Paul Torday en que se basa la película, donde se ve que los chinos son los mejores ingenieros de presas del mundo mundial; el ganador del Oscar por Slumdog Millionaire dice que nadie le obligó, pero admite que escribió ese pasaje con sumo ciudado, sabedor de la innegable susceptibilidad china, que no permite que nada llegue a su país que afecte negativamente a su imagen, o pueda resultar potencialmente subversivo.
Por supuesto, la ironía de todo esto es que en Estados Unidos, donde eternamente se autoconfiesan campeones de los derechos humanos, callan ante la falta de libertades en China y bailan el agua a las autoridades practicando la autocensura; ello en aras a ganar dólares, muchos dólares. Si las estrategia es buena a la larga, no es fácil decirlo, aunque si estuviéramos hablando de Japón, tal vez alguno diría que con tantas concesiones Hollywood se está haciendo el harakiri, una muesca más en el suicidio ritual de su creatividad.
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