Reportajes
Palacio de Santa Cruz (Quai d’Orsay a la Española)
¿Podría darse en España una situación como la que propone el film “Quai d’Orsay” respecto a la política francesa? Proponemos una variante alternativa en el país de la piel de toro que bien podría llamarse “Palacio de Santa Cruz”, por el edificio que alberga a nuestro Ministerio de Exteriores.
Imagina que estás tranquilo leyendo estas líneas cómodamente sentado en tu casa, cuando recibes inesperadamente una llamada del Ministerio de Exteriores. Aunque el gobierno tiene una ideología política opuesta a la tuya, te ofrecen reclutarte para “ocuparte de la palabra”. Lógicamente aceptas, pues supone una buena oportunidad profesional, te dará prestigio y un sueldo de puesto político (tal y como están las cosas, nadie diría que no). Pero, ¿sobrevivirás en tu nueva ocupación?
Rápidamente, te encuentras en una reunión con el ministro, un tipo al que la prensa define como “delirante, grandilocuente y megalómano” (caray). Tras soltarte un vago discurso apelando al espíritu de equipo, te encarga para dentro de dos días tu primer trabajo, redactar un discurso para su intervención en la Cumbre UE-EE.UU., donde deberás exponer los principales problemas diplomáticos de España de los últimos tiempos. Mucha suerte.
Te encierras con el ordenador y te pones a teclear a toda pastilla. Pero, para empezar, ¿qué temas sacas a relucir teniendo en cuenta que tienes que responder al tema central pero no ofender a nadie, ni ofrecer una imagen nefasta de tu país? Elige entre los siguientes:
1. Gibraltar. Muy bien, un comienzo arriesgado. Conviene mostrar solidez, o sea dejar claro lo que opinamos sobre que los británicos nos sigan tocando las narices, pero eso debe combinarse con declaraciones líricas en torno al auténtico amor que en realidad siente nuestro pueblo hacia la patria de William Shakespeare. Sobre todo evita trasladar al discurso lo que realmente piensas tú (y casi todo el resto de los españoles) sobre Fabián Picardo, el Ministro Principal de Gibraltar, o provocarás una guerra hispano-británica.
2. Migraciones ilegales. ¿Tienes tu propia opinión sobre el tema? Olvídala, aquí eres simplemente un mercenario. Lógicamente intentarás preguntarle al Ministro cuál es la postura de su gobierno sobre este tema. Pero cuando te cruzas con él sólo corre de un lado a otro y ni si quiera te escucha. Sus asesores desconocen por completo qué es lo que piensa. Así que debes improvisar. Recuerda que si insinúas que España va a ser permisiva con el flujo de inmigrantes indocumentados, los otros países de la UE os van a saltar encima como perros de caza, pero que si dejas caer que vas a ser demasiado tolerante, la prensa de tu país te va a poner a caldo. Mucha suerte.
3. Candidaturas de España a organizar grandes eventos internacionales. Aquí tu instinto patriótico igual te pide sugerir que Tokio está muy cerca de Fukushima. Respecto a este asunto, resulta complicado dejar claro que España a pesar de sus pequeños problemillas económicos, viene a ser una sólida alternativa capaz de organizar Juegos Olímpicos, Exposiciones Internacionales o lo que haga falta, a todo lujo. Por si algún extranjero pone cara de choteo, incluye por ahí la expresión “la Roja campeona del mundo”, que eso les duele.
5. Tensiones interterritoriales internas. Aquí debes olvidar que naciste en Puertollano, y estás tan harto de lo que pasa en tu propio país, que quieres que el territorio se independice. España cara al exterior está perfectamente unida y cohesionada. Puertollano también está perfectamente unido y cohesionado (cosa que por otra parte posiblemente es así).
6. El canal de Panamá. Igual recuerdas cuando encontraste unos albañiles –supuestamente los más baratos del mercado–, que presupuestaron la obra de reforma de tu casa en 7.000 euros, pero que a los dos días te aseguraron que no tenían ni para pipas, así que si querías que siguieran tenías que abonar otros 7.000 más. Pero no importa, olvida tus vivencias personales y céntrate en frases como “las empresas españolas siempre cumplen con sus obligaciones en el exterior”, “España ofrece enorme solvencia”, etc., etc. A ver si cuela.
Resultado del test
En el fondo lo que hayas puesto da un poco igual. Te va a pasar lo mismo que en Quai d'Orsay, pero como esto es España, las complicaciones se multiplicarán por tres. El ministro en cuanto lo lea dirá que no lo acaba de ver, y que tienes que reescribirlo, reestructurándolo en tres puntos: “legitimidad”, “unidad” y “eficacia”. Y te mandará para ayudarte a un poeta amigo suyo que insistirá en que el ministro le cite continuamente. Por supuesto, tus compañeros te pondrán zancadillas, igual la delegada de temas africanos te dice que le encanta lo que has puesto, pero luego se queja al ministro de que no la has tenido en cuenta ni le has dicho nada de nada (igual lo hace para que te fijes en ella).
Y por si fuera poco, alguna página se filtrará en El Mundo, que la publicará lanzando dardos contra el ministerio y un funcionario del ministerio insertará un virus en tu ordenador porque aspira a tu puesto (la envidia nacional). Y por supuesto, extraño sería que aquí no apareciera alguien con un fajo de billetes dispuesto a que omitas tal o cuál tema por una cantidad módica. En cualquier caso, para tu nueva ocupación, cuentas con toda nuestra simpatía. ¡Ánimo!
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