Reportajes
La sombra del fatalismo es alargada
Festival de San Sebastián 2015, 23 de septiembre: el puño del destino de Moira y la porca miseria del Rey de La Habana
Segundo día gris y de lluvia en San Sebastián. Las dos películas a concurso de hoy están a tono con esa visión ceniza de la vida, donde apenas controlamos los hechos de los que somos protagonistas. La diferencia estriba en que la georgiana "Moira" se ve, mientras que la española "El rey de La Habana" resulta difícilmente soportable.
El cine ligado a la antigua república soviética de Georgia no llega al resto del mundo con la frecuencia y buena distribución que serían de desear, pero a veces se cuelan en las pantallas de cine comerciales títulos tan apreciables como Corn Island y Mandarinas. En la competición hoy he podido ver Moira, del para mí desconocido Levan Tutberidze, quien sabe contar con firme pulso narrativo un drama familiar de corte fatalista.
Moira es el nombre que Mamuka da al barco que debería darles tantas alegrías. Alude a las moiras griegas que personifican el destino, también conocidas como fatas. O sea, Tutberidze pone pronto sus cartas boca arriba, nos está hablando de un microcosmos humano que está tratando de labrarse su propio destino, y de las circunstancias que les aprisionan y no les permiten hacer aquello que desearían. El cineasta georgiano no niega la libertad –la madre puede elegir cuidar de su esposo en un rincón perdido o irse y proseguir con su carrera; el hermano pequeño puede irse con su novia aunque los padres de ella le aceptan o no; y Mamuka, aunque se le vayan cerrando las opciones, puede escoger si lo desea el camino siempre difícil de olvidarse de sí mismo.
La película está rodada con agradecible clasicismo, con una bella fotografía de muchos grises, y hay personajes y dilemas que interesan. Quizá se la ve venir demasiado, no abundan los giros sorprendentes. Pero esto a veces es bueno, pues muchas películas se malogran por el deseo de ofrecer algo diferente a cualquier precio.
Si algo puede salir mal, saldrá peor
Coincide la proyección de está película que transcurre en Cuba –supuestamente, pues está rodada en República Dominicana–, con el final del viaje del Papa Francisco a la isla. Es de esperar que el ilustre visitante habrá visto algo más animante que lo que nos muestra el deprimente film El rey de la Habana.
Agustí Villaronga hace un cine visceral, provocador, desagradable, él sabrá por qué. Los traumas, desgracias y patologías de tristes personajes marcan sus películas, incluida la más comercial y ganadora del Goya Pan negro.
El rey de La Habana, adaptación de una novela del cubano Pedro Juan Gutiérrez, transita por la senda habitual, si acaso Villaronga se hace más extremo en la presentación de seres humanos desalmados, a los que apenas queda un resquicio de bondad, el deseo ingenuo e irrealizable de la felicidad que sería para el Rey Reinaldo constituir una familia.
Pero más allá del leve apunte de anhelo de una vida mejor, tenemos sobre todo una pintura negra hasta lo grotesco, donde el arranque del film parece una especie de broma macabra, con las tintas toscamente cargadas. Y a partir de ahí se sucede una vida de picaresca sin pizca de gracia, una insistencia en lo sexual exagerada, más el tremendo egoísmo de los personajes, sin rasgos que inviten, ya no a la simpatía, sino al menos a la compasión; todo esto debería tener el efecto de alejar al potencial espectador, testigo de un lamentable espectáculo, que le resultará lejano, pues nada hay para suavizarlo, para hacerlo digerible. Para el director, la condición humana arrastrada en el fango es “porca miseria”, darwinismo social y celos, y no hay lugar ni para la redención ni para el amor, ni siquiera breves lapsos de tiempo para gozar, sólo sexo asimilado al de los animales y el hecho de seguir respirando... de momento.
A Hayao Miyazaki le parece "insultante" la IA generativa
La escena se ha convertido en uno de los momentos más citados cada vez que se debate la relación entre inteligencia artificial y animación.
Dua Lipa y Callum Turner ya son marido y mujer
La cantante Dua Lipa y el actor Callum Turner ya son marido y mujer. La pareja contrajo matrimonio el domingo en una ceremonia privada celebrada en el histórico Old Marylebone Town Hall, uno de los lugares más emblemáticos de la capital británica para las bodas civiles.