Reportajes
Dicen que viola el séptimo y décimo mandamientos del Decálogo
Los obispos españoles condenan la piratería de películas
Los prelados españoles han querido celebrar la jornada mundial número 50 dedicada a las comunicaciones sociales con un documento contundente en que señalan la inmoralidad que supone el acceso pirata al cine.
El pasado 3 de mayo los obispos españoles, a través de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, han publicado el documento titulado “La piratería en el cine. Una mirada desde la doctrina social de la Iglesia”, en que tras recordar la importancia de las películas desde el punto de vista cultural y formativo, se analiza el fenómeno cada vez más extendido del acceso indiscriminado a las películas sin pagar a sus legítimos autores. Aunque el documento habla siempre de cine y películas, puede entenderse que también se aplica a otros contenidos audiovisuales y culturales, como son las series de televisión, videojuegos, música, libros, etcétera.
Los obispos reconocen que las nuevas tecnologías, especialmente internet, han favorecido un acceso más sencillo “a gran escala de las obras cinematográficas, llegando a muchas personas de un modo más sencillo y económico”. No obstante, “consideran que sin una pertinente educación moral, esta difusión puede lesionar los legítimos derechos e intereses de un amplísimo número de profesionales que trabajan en la industria del cine (guionistas, productores, intérpretes, distribuidores, exhibidores…). Así ocurre cuando las creaciones audiovisuales se ponen a libre disposición, fundamentalmente a través de internet, al margen del cauce de distribución previsto por los productores, o cuando se elaboran copias de la película para la venta en mercadillos o por las calles”.
El documento alude a los mandamientos de la ley de Dios, “no hurtarás”, “no codiciarás los bienes ajenos”, para señalar que también las películas son una propiedad privada, “sin menosprecio de su necesaria dimensión social”. Los obispos ponen a los fieles católicos de modo particular en su punto de mira cuando señalan que “se constata en muchas personas, sin ser los católicos una excepción, una cierta indiferencia moral, cuando no una clara justificación, ante el hecho tan extendido de la piratería audiovisual, que impide a toda la industria del cine recibir la justa recompensa que es consecuencia de su actividad. En el origen está un grave desconocimiento de la doctrina social de la Iglesia en este campo y, a menudo, una búsqueda de argumentos abstractos y parciales que difuminan la responsabilidad personal apoyados en una impunidad legal de facto.”
No deja de señalarse, que aunque son justas las reivindicaciones de creadores y difusores de películas, que ven dañados sus derechos, el sector también debe “hacer un esfuerzo de adaptación a la nueva situación tecnológica a la hora de crear y, de manera especial, a la hora de difundir la obra creada”. Y citando al Papa Francisco, se pone el dedo en la llaga al señalar que “nos extasiamos con las inmensas posibilidades de consumo y de distracción que ofrece esta sociedad. Así se produce una especie de alienación que nos afecta a todos.”
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