Reportajes
Historias que tocan la tecla femenina
San Sebastián 2017, día 25: la jueza belga, la madre adoptiva argentina y la pianista austríaca
Las películas a competición cobran hoy un sabor fuertemente femenino. Las tres están protagonizadas por mujeres, y dos de ellas parten de la realidad. La profesión en “Ni jueza, ni sumisa”, el talento en “Mademoiselle Paradis” y la maternidad en “Una especie de familia” son los temas dilucidados con tonos muy diversos.
No son conocidos para nada, al menos en España, Yves Hinant y Jean Libon, provenientes del mundo de la televisión, donde realizan habitualmente programas satíricos que parten de la realidad. En Ni jueza, ni sumisa siguen a la jueza belga Anne Gruwez, todo un personaje, ríanse de los magistrados estrella que se estilan en estos lares, tipo Baltasar Garzón.
Estudiar fotografías de crueles asesinatos, exhumar un cadáver para hacer pruebas de ADN, interrogar a personajes variopintos, posibles autores de crímenes sexuales, delincuentes islámicos que pueden ser carne de cañón para el terrorismo y la guerra en Siria, y que no se integran en los países que les acogen, manteniendo sus costumbres... Aunque hay crudeza en el relato, y chistes que no parecen de recibo para quien es ajeno a este mundillo, se agradece un poco de incorrección política, expresar lo que se piensa, poner en su sitio al presunto criminal. La película es un interesante documento, que ofrece una foto de una sociedad, la europea, que está cambiando su rostro a todo gas, y de una jueza sin complejos que se mueve de acá para allá en su auto Dos Caballos y que pese a todo no se conforma con el estado de las cosas, que afronta a su muy personal manera.
En el nombre del hijo
Diego Lerman, ayudado en el guión por María Meira, describe el deseo de una mujer por ser madre a toda costa. Y a la hora de plasmarlo en la película, opta por dejar cosas fuera de campo, lo que desconcierta y deja demasiados interrogantes en el espectador, las respuestas están apenas insinuadas: ¿por qué Malena no tiene hijos propios? ¿Qué pasa con su marido, ausente al principio en la aventura? ¿Los cauces ordinarios para adoptar no son suficientes? ¿Hay mafia en este terreno o sólo “iniciativa privada” para atajar una miseria ante la que las autoridades se ven desbordadas?
Hay algunos aspectos del film que tienen fuerza, la mujer que sufre por no tener un hijo, la mujer que sufre por perderlo. Cinematográficamente puede impresionar el ataque de langostas, pero suena a capricho esteticista; hay un trabajo de cámara muy cuidado, la fotografía del polaco Wojtek Staron es bella, los planos tienen una cualidad pictórica, siguiendo a Malena, o en ese general con que se cierra la película. Pero no basta para hacer convincente la narración, la tozudez de Malena por tener el hijo como sea, y su decisión final, tienen un toque de impostura, a pesar del esfuerzo actoral de Lennie.
¿Quién es el más ciego?
Una mujer, la austríaca Barbara Albert, cuenta en Licht, también conocida como Mademoiselle Paradis, la peripecia de una compatriota del siglo XVIII, la pianista ciega Maria Theresa Paradis. Siempre arropada por sus padres, exhiben su talento musical en los salones de la alta sociedad, y aunque han intentado mil y un tratamientos para que recupere una vista que perdió inexplicablemente cuando tenía tres años, no encuentran remedio. Finalmente acuden a los servicios del doctor Franz Anton Mesmer, cuyos heterodoxos métodos no encuentra el respeto de la comunidad médica que él anhela con todas sus fuerzas. Los buenos resultados que obtiene con mademoiselle Paradis, tendrán, por así decir, efectos secundarios no deseados: la incredulidad de algunos, que parecen empeñados en seguir aquello de que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”; la dificultad de ella para adaptarse a la recuperación parcial de la vista, y lo que se diría pérdida del talento musical; la insensibilidad creciente de los progenitores ante el sufrimiento de su hija.
Están presentes los bailes de salón, los chismes de sociedad, los corrillos femeninos, el catolicismo dominante... El conjunto resulta un tanto frío, e insulso si me apuran, pero a la vez desprende magnetismo. Maria Dragus hace un excelente trabajo, que podría ser considerado a la hora de premiar a la mejor actriz.
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