Reportajes
Porque siempre va por delante
Ridley Scott se considera un influencer más que un cineasta
Ridley Scott nunca deja de sorprender. Con sus películas y con sus declaraciones, donde demuestra no tener pelos en la lengua, dice lo que piensa, aunque pueda parecer que arroja piedras sobre su propio tejado.
«Cada vez que haces un film, te expones. Además, no me gusta repetirme nunca y todas mis películas han sido un éxito de taquilla. Con frecuencia he ido un paso por delante y, si vas un paso por delante, eres un referente (influencer). Así que no soy un cineasta: soy un influencer», ha declarado Scott al diario londinense The Times. No está mal para un director imprescindible que ha dado tantas películas, pensar que más que realizador es un tipo que influye, nada más ni nada menos.
Quizá sabe a poco la idea de ser un “influencer”, sobre todo con los cantamañanas que dominan en las redes sociales. Pero desde luego hay mucho de cierto en la idea de Ridley Scott se anticipa a temas que luego dominan a la opinión pública. Así, no resulta exagerado hablar de su capacidad profética –no en balde hizo una película sobre Moises, Exodus: Dioses y reyes– y de auténtica clarividencia formal a la hora de aplicar parámetros estéticos de la publicidad donde empezó a su cine.
A lo largo de casi medio siglo de carrera, el director británico no solo ha definido géneros enteros, sino que se ha anticipado con una precisión asombrosa a las grandes obsesiones y debates culturales que han marcado a la sociedad, a veces varias décadas después.
Su cine no sigue así pues tendencias, sino que más bien las crea, las perfecciona y las deja listas para que el resto de la industria fílmica intente darles alcance.
- El terror en el abismo del cosmos (Alien, el octavo pasajero, 1979): El espacio, emblemático lugar para la aventura, Scott lo transformó en una pesadilla claustrofóbica de diseño industrial y biomecánica sobre el horror corporativo, anticipando la fragilidad humana frente a lo desconocido. Y es que en el espacio nadie puede oír tus gritos.
- Inteligencia artificial y distopía urbana (Blade Runner, 1982): Décadas antes de la eclosión de la IA, el cyberpunk y los debates éticos sobre la conciencia sintética, Scott imaginó una metrópolis decadente inundada de neón, corporaciones omnipotentes y réplicas que se preguntan por su propia alma. Algunos replicantes podían ser más humanos que los humanos.
- Feminismo y ruptura del modelo patriarcal (Thelma y Louise, 1991): Mucho antes de que el empoderamiento femenino se convirtiera en un eje central de la agenda cultural, Scott firmó un wéstern moderno sobre la sororidad, la liberación radical y la respuesta implacable frente a la violencia machista. Se lanzó literalmente al abismo.
- El renacimiento del peplum para el gran público (Gladiator, 2000): Cuando la épica histórica de romanos parecía un género extinto y relegado al cine clásico de los años 50, Scott revolucionó su lenguaje visual, resucitando las grandes superproducciones de arena y espada con un vigor hiperrealista. Y es que lo haces en esta vida, resuena en la eternidad.
- Guerra moderna y pulso adrenalínico (Black Hawk derribado, 2001): Formuló la estética definitiva del cine bélico del siglo XXI: una inmersión táctica, fragmentaria y sin respiro que capturó la caótica naturaleza de los conflictos geopolíticos contemporáneos antes de la era de la información inmediata. Sí, las cosas le podían salir mal a una gran superpotencia como Estados Unidos.
- La conquista espacial del futuro (Marte (The Martian), 2015): Años antes de que la colonización de Marte y las misiones espaciales privadas impulsadas por figuras a lo Elon Musk dominaran la conversación pública, Scott convirtió la ciencia de la supervivencia planetaria en un espectáculo realista, optimista y pop.
Ridley Scott ha demostrado sin lugar a dudas ser un verdadero visionario del lenguaje audiovisual: un artesano que no rueda sobre el presente, sino sobre el molde de lo que la cultura popular terminará abrazando años después. Sorprendentemente, y para vergüenza de Hollywood, nunca le han dado un Oscar. Tiene 88 años, así que más vale que espabilen, tienen una oportunidad con La constelación del perro, aunque se han anticipado con la idea del Oscar honorífico, por si acaso.
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