Reportajes
Cannes 2013, día 18: Zlotowski, Desplechin y el gran Koreeda
Después de una pausa inesperada la lluvia sigue formando parte del decorado del 66 Festival de Cannes , una lluvia persistente que cala los huesos y que está bien lejos de la imagen turística de la Costa Azul. Y cuando llueve las playas se vacían y las salas oscuras se llenan. Es difícil a veces entrar en una proyección y largas filas de paraguas abiertos sirven como indicio de la popularidad de una película antes de que sea presentada.
"Grand Central", de Rebecca Zlotowski
La sala estaba llena hasta los bordes en la presentación de Grand Central de Rebecca Zlotowski, (segunda mujer en “Un certain Regard”) con reparto prestigioso que reúne Tahar Rahim (por según vez en este Festival) con Léa Seydoux. Esta película ha batido un récord, pues la directora ha hecho subir al escenario a 27 personas para hacer la presentación. Grand Central sería como un “western moderno” en el que un joven obrero entra en la “familia” de los que trabajan en una central nuclear. Gary (Tahar Rahim) es aceptado por el grupo para caer pronto bajo la seducción de Karole (Léa Seydoux), la compañera del capataz, Toni (Denis Ménoche). Rebecca Zlotowski se esfuerza en evocar una serie de mitos cinematográficos para hablar de esta pasión devorante y destructora, que se paga con una traición a la amistad y que no concluye verdaderamente. La gran cantidad de referencias no contribuyen a evitar la idea de ‘ya visto’. La novedad sería el interés por la energía nuclear y sus peligros. Parece ser que la producción de la película ha tenido la suerte de encontrar una gran central nuclear en Austria terminada y abandonada antes de su utilización. No parece sin embargo que el tema sea esencial en la trama dramática de la película, que solo explotaría el carácter social del trabajo en las centrales, para jugar con las pasiones teñidas de una fuerte dosis de sexualidad.
"Jimmy P.", de Arnaud Desplechin
Arnaud Desplechin, qua había trunfado en Cannes en 2004 con Reyes y reina sigue a François Ozon en la presentación de películas francesas pero lo hace trasladándose al hospital Militar de Topeka en Kansas, donde el psiquiatra y etnólogo francés, Georges Devereaux, cuidó al soldado de la Segunda Guerra Mundial Jimmy Picard, indio de la tribu Blackfoot que había combatido en Francia. Esta experiencia fue descrita en el libro “Psicoterapia de un Indio de las llanuras”, publicado en 1951, y ha inspirado el guión de la película. El papel de Jimmy ha sido para Benicio del Toro, el de Devereux para Mathieu Amalric. Y la película está rodada en inglés. Los males graves de Jimmy, ceguera intermitente, vértigos, dolores de cabeza, etc., no parecen tener una explicación orgánica y obligan a los médicos a dirigirse al psiquiatra francés, que es además un especialista del mundo de los indios americanos. La película se reduce así a unos enfrentamientos repetidos entre los dos personajes en los que el médico trata de encontrar las causas de una serie de recuerdos traumáticos que tienen una relación directa con la sexualidad. Si la fidelidad al “caso” está asegurada, así como la ambientación de época, son los actores –excelentes– los que deben sostener una película cuyo interés sería el de descubrir la teoría del psicoanálisis practicada por un individuo fuera de las normas: “Demasiado freudiano para los antropólogos, demasiado etnólogo para los psiquiatras”. Todo resulta laborioso y reiterativo. El único valor que queda a salvo es la amistad establecida entre el medico y su paciente, y que aparece como conclusión de la obra.
Y, en fin, Like Father, Like Son es una película que suscita el entusiasmo y que confirma el talento del director japonés Hirokazu Koreeda, que ya ha demostrado su maestría al abordar temas relacionados con la familia y con la infancia en Nadie sabe (2004), Still Walking (2008) o Kiseki (Milagro) (2011). Esta vez va a presentar un caso que no es nuevo en el cine y que constituye incluso uno de los temas favoritos de la cultura del folletín popular: la sustitución de recién nacidos en una maternidad. Éste es el problema con el que se enfrenta Ryata (Masaharu Fukuyama) y su joven esposa, cuando la Maternidad les anuncia un día que su hijo de seis años no es el que han educado. Su verdadero hijo se encuentra en otra familia, de un nivel social más modesto. Pero la diferencia no es solo social, pues el padre que ha educado a su verdadero hijo, Yukasi (Maki Yoko) tiene un carácter exuberante e imaginativo, bien distinto del de Ryata, acaparado por su éxito profesional. Sobre estas bases, Hirokazu Koreeda borda una trama sin estridencias, todo se resuelve de forma verosímil sin forzar las situaciones y sin caricaturizar los personajes. Y de ello se obtiene a veces una comedia, a veces un drama, de situaciones que alternan humor y emoción con una serie de conclusiones para la pedagogía de los padres de valor inestimable.
Cuando se pregunta a Hirokazu Koreeda cuál es la fórmula para acceder a la condición de padre nos hace la confidencia de que él lo es, como el protagonista de la película, desde hace seis años, pero que no tiene una fórmula mágica que resuelva todo los problemas de la paternidad. Y ello precisando que para las mujeres, al menos para la suya, el problema fue resuelto de forma inmediata en el momento del nacimiento. En todo caso, a todos los que el tema les interesa se les pueda dar un consejo: ver esta película, seguros de que, sin fórmula mágica, encontrarán numerosos motivos de reflexión.
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