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Biografía

Léa Seydoux

Léa Seydoux

35 años

Léa Seydoux

Nació el 01 de Julio de 1985 en París, Francia
Filmografía
The French Dispatch

2020 | The French Dispatch

Sin tiempo para morir

2020 | No Time to Die

Bond ha dejado el servicio activo y disfruta de una vida tranquila en Jamaica, que se ve interrumpida de repente cuando aparece su antiguo amigo de la CIA Felix Leiter para pedirle ayuda. La misión de rescatar a un científico secuestrado resulta ser mucho más peligrosa de lo esperado, y conduce a Bond tras la pista de un misterioso villano armado con una nueva tecnología muy peligrosa.

Oh, mercy!

2019 | Roubaix, une lumière

Kursk

2018 | Kursk

La trágica historia del submarino nuclear ruso Kursk (K-141) y de su tripulación, cuando durante unas maniobras realizadas en el Mar de Barents en el año 2000 sufrió un accidente debido a la explosión de varios torpedos en su interior. Los daños provocaron que el submarino descendiera semidestruido hasta el fondo del mar, en donde unos cuantos marineros lucharon por sobrevivir durante días ante la incapacidad de los servicios de rescate. El prestigioso guionista y director danés Thomas Vinterberg (La caza) se pone detrás de las cámaras para narrar la crónica de esta tragedia que conmovió al mundo al comienzos del siglo XXI. El guión de Robert Rodat (El patriota) presenta con brevedad pero suficiencia a sus personajes, en especial al capitán Mijaíl Averin y a su mujer Tanya (estupendos Matthias Schoenaerts y Léa Seydoux), y logra trasladar la angustia que se vive en los dos escenarios de la película, el interior del submarino y el pequeño pueblo en donde residen las esposas y familias de los siniestrados. En un film de este tipo, en donde el espectador conoce el desenlace de la catástrofe, el argumento no genera especial intriga, aunque hay que reconocer que está muy bien imaginado lo que pudo suceder en el interior del enorme ataúd de hierro. Fiel a su estilo, Vinterberg es sobrio en su narración , aunque eso no significa que no ofrezca momentos de valentía, heroísmo y fraternidad entre los marineros. La película es implacable por otra parte a la hora de señalar a los culpables de que se perdieran aquellas vidas. Y Vinterberg denuncia sin duda la negligencia rusa. La falta de previsión y medios de la Armada Rusa es un hecho incontestable, como lo es también la vergüenza que provocaba tal situación en los arrogantes líderes rusos. Ese recelo a mostrar su debilidad, junto a la mezquindad de los gobernantes –aquí se señala especialmente a Boris Yeltsin, interpretado por Max Von Sydow, aunque el presidente de Rusia era ya Vladímir Putin– a la hora de afrontar globalmente la tragedia fue el freno que impidió el salvamento internacional, una ayuda necesaria que fue aceptada demasiado tarde.

6/10
Solo el fin del mundo

2016 | Juste la fin du monde

Adaptación de la obra de teatro homónima de Jean-Luc Lagarce (1957-1995), muerto prematuramente de sida. Sin duda que aborda una temática profundamente personal y medianamente autobiográfica, que el canadiense Xavier Dolan ha encontrado también próxima, aunque reconoce que su primer acercamiento al texto escénico de Hasta el fin del mundo no le produjo especial emoción, tuvo que pasar el tiempo antes de que se produjera cierta conexión. El film describe el regreso a casa de Louie, tras doce años de ausencia. Escritor afamado y homosexual, se está muriendo de una enfermedad innombrada que su familia –la madre, el hermano mayor casado Antoine y su esposa Catherine, la hermana pequeña Suzanne, a la que apenas conoce– ignora por completo. Ellos están asombrados de su repentino e inesperado interés por propiciar una reunión familiar, pero lejos de convertirse aquello en la ocasión idónea para limar asperezas y conseguir algo parecido a la reconciliación, enseguida saltan chispas de resquemores e incomprensiones, que dificultan mucho expresar lo que verdaderamente sienten unos y otros, sincerarse. Dolan tiene el mérito de, sin ocultar el origen teatral de su propuesta, concederle una puesta en escena –fotografía, juegos de luces, breves flash-backs, inserciones musicales...– que convierte la experiencia en cinematográfica. No obstante las reacciones de los personajes a veces parecen exageradas, y como la idea es mantener al espectador en la oscuridad de qué ha envenenado las relaciones, y sólo sugerir que algo terrible sucedió, el conjunto a veces se antoja un tanto impostado, a pesar del buen hacer actoral de todo el reparto, donde sobresalen el contenido protagonista Gaspard Ulliel, o la torpeza del apocado y sensible personaje de Marion Cotillard.

6/10
Journal d'une femme de chambre

2015 | Journal d'une femme de chambre

Spectre

2015 | Spectre

Alguien muy apreciado por James Bond le ha puesto sobre la pista de un criminal italiano al que sigue hasta México. Tras acabar con él, y arrebatarle un misterioso anillo con el símbolo de un pulpo, también acude a su funeral, en Roma, donde la viuda le revelará la celebración de una reunión clandestina en la que el agente con licencia para matar se enterará de la existencia de la siniestra Spectre, que engloba varios tentáculos, las organizaciones que ha combatido en el pasado. Sam Mendes salió tan bien parado de la saga de James Bond con Skyfall, que se ha animado a dirigir otra entrega. Y de nuevo acierta, pues Spectre supone un redondo colofón (con independencia de que se realicen más secuelas) de lo que hasta ahora ha sido el ciclo de Daniel Craig, con el que se ha reinventado el personaje desde que lo encarnó por primera vez en 007 Casino Royale. Sigue siendo brillante el trabajo de este actor, que se convierte en el personaje, un aparente matón sin escrúpulos, pero que esconde sentimientos. Aquí el espía sigue dolido por la muerte de la que fue la mujer de su vida, Vesper Lynd, y aunque eso no le ha impedido reconvertirse en un frívolo seductor en la línea tradicional de 007, volverá a reencontrar el amor… Pero la estrella no está sola, y se nota que la gran especialidad del responsable de American Beauty sigue siendo sacar petróleo de los actores. Tienen más papel de lo habitual Q (Ben Whishaw) y M (un genial Ralph Fiennes componiendo un jefe más duro que nunca), y están a un gran nivel las dos chicas Bond, una breve Monica Bellucci y Léa Seydoux. No habría un buen Bond sin un antagonista a la altura, y quién mejor para encarnar a un villano que Christoph Waltz. El coronel Hans Landa de Malditos bastardos consigue rendir tributo a los grandes enemigos de Bond, sin parecer forzado ni repetitivo, y también se debe mencionar al luchador de wrestling Dave Bautista, el mejor sicario del malo desde los míticos Oddjob y Tiburón. El resto del film sigue esta línea, pues se homenajea todo lo que salía en las viejas películas, con su humor en la onda del James Bond de Roger Moore, guiños para los entendidos, como el Rolls Royce Silver de Goldfinger, o el emblemático Aston Martin, y tópicos como los gadgets del departamento Q, o la superfortaleza del villano, que a pesar de haber sido parodiados hasta la saciedad resultan frescos. Como cabe esperar, el punto fuerte son las espectaculares secuencias de acción, desde que Spectre arranca con la caída de un edificio en la capital mexicana, y a partir de ahí, 007 protagoniza vibrantes persecuciones en otras localizaciones, como Italia, Austria y Tánger. También se entresaca una crítica a los políticos obsesionados por poner en marcha nuevas medidas de vigilancia y seguridad que está por ver si funcionan o encubren oscuros intereses.

7/10
Langosta

2015 | The Lobster

El griego Giorgos Lanthimos es un cineasta singular e inclasificable, al que hay que reconocer la originalidad en sus historias, una crítica social incómoda y extrema que no transita por caminos trillados. Tras Canino y Alps, la principal novedad es que la cinta está rodada en inglés, con actores conocidos –Colin Farrell, Rachel Weisz, John C. Reilly, Léa Seydoux…–, y que su enfoque de ciencia ficción distópica, aunque sigue siendo rarito, puede llegar a más público. Por ejemplo gustó a los Coen, pues bajo su presidencia en Cannes ganó el Premio del Jurado. En un futuro no demasiado lejano, es obligatorio vivir en pareja. Quien está soltero debe acudir a un hotel, donde debe encontrar su media naranja en un plazo de 45 días, ampliable si logran cazar a otros solteros que no aceptan las reglas y viven clandestinamente en el bosque. Pasado ese tiempo, en caso de no haber terminado con su soltería, cada persona será transformada en un animal, el que prefieran. En esta tesitura, llega David, recién divorciado, al hotel, en compañía de un perro, que es su hermano. Comenzará a relacionarse con los otros huéspedes, en busca de una pareja que le convenga, antes de que le llegue el turno de convertirse en... langosta. Con sus típicas perversiones violentas y sexuales, y actitudes ridículas próximas al surrealismo buñuelesco, Lanthimos crea con ayuda de su coguionista Efthymis Filippou una atmósfera malsana, subrayada por una banda sonora simple, de chirriantes notas de violines, que viene a poner en solfa la deshumanización de la sociedad, su adocenamiento y aceptación de reglas y costumbres que van contra la dignidad de las personas. Tiene fuerza su propuesta, pero también produce repulsión, aunque se quiera hacer una apuesta por el amor, que como no podía ser menos en el griego, es bastante radical en su manifestación final, por no decir, disparatada, aunque pueda considerarse simbólica acerca de los riesgos que hay que tomar en la vida para ser fiel a uno mismo.

6/10
El Gran Hotel Budapest

2014 | The Grand Budapest Hotel

Imaginativo juego de muñecas rusas a cargo del inclasificable y ocurrente Wes Anderson, que dice haberse inspirado en la obra del genial escritor Stefan Zweig, aunque igual podría afirmar que sus personajes de bigotes son deudores de Hergé y su álbum de Tintín “El cetro de Ottokar”, ya puestos. Una joven en la actualidad se siente profundamente conmovida por la novela “El Gran Hotel Budapest”; un autor, unos años antes, confiesa haber escuchado su historia en dicho hotel sito en una montaña solitaria, de labios del señor Mustafá; y Mustafá recuerda su época de botones del hotel, cuando era Zero, a las órdenes del señor Gustave, dueño del establecimiento y todo un caballero, cuando descubrió el amor y se vio sumergido en una vertiginosa aventura conspiratoria de crímenes a cuento de una herencia. Anderson entrega una narración aventurera de enorme dinamismo, con sugerentes toques surrealistas, en la época del desmembramiento del imperio austrohúngaro previa a la Segunda Guerra Mundial, aunque aludiendo siempre a países ficticios. Y a la hora de apostar por lo grotesco, se permite algún detalle gore o tosco, jugando así al contraste con los modales impecables del señor Gustave. Como hiciera ya en Moonrise Kingdom, el cineasta texano apuesta en El Gran Hotel Budapest por una visión romántica, con una paleta de colores pastel muy estudiada, y acudiendo a encuadres atrevidos y al uso de grandes angulares. En su cuidado guión hay espacio para una idealizada historia de amor, y una bonita relación patrón-subalterno de tipo casi paternofilial, que no paternalista. Destaca además un reparto coral de divertidos personajes estrambóticos, y riesgos como el de un formato de pantalla casi cuadrado, y efectos de miniaturas apenas disimulados, que dan al conjunto un adecuado aire naïf.

8/10
La Bella y la Bestia

2014 | La belle et la bête

Continúa la tendencia a versionar cuentos en cine y televisión, piénsese en las casi coetáneas adaptaciones de “Blancanieves”, “Hansel y Gretel”, “Caperucita Roja”... o en la serie que aúna un montón de cuentos Érase una vez. Ahora le toca el turno al relato de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont (1711–1780), que sedujo previamente al surrealismo de Jean Cocteau en 1946, y a los animados estudios Disney en 1991. Christophe Gans, cineasta muy visual pero excesivo –piénsese en El pacto de los lobos–, se autocontrola con una historia de sugestiva imaginería, que subraya bien el sacrificio de Bella para salvar a su familia, y la evolución en el trato con su captor Bestia. Sin que se invente la pólvora, funcionan la estructura de cuento narrada por una mamá a sus niños al estilo La princesa prometida y los flash-backs en la mansión, con elegantes transiciones del presente al pasado. El director demuestra inteligencia creando algo de intriga acerca de cuál será el aspecto de Bestia, y los villanos capitaneados por el español Eduardo Noriega tienen su gracia. Aunque los reyes de la función actoral son Léa Seydoux (La vida de Adèle) y el siempre inquietante y ambiguo Vincent Cassel (Promesas del Este).  

5/10
Saint Laurent

2014 | Saint Laurent

Grand Central

2013 | Grand Central

La vida de Adèle

2013 | La vie d'Adèle

Adèle es una jovencita en plena efervescencia adolescente. Le gusta leer y dar vueltas a los desafíos que plantean los libros. Cotorrea con las chicas de su clase, mayormente de los chicos con los que salen y se han acostado. En sus deseos de ser “normal”, ella misma se cita con un compañero y acaban en la cama. Pero una desazón le domina, al tiempo que nota una atracción física por la mujeres, que acabará concretándose en Emma, auténtico flechazo con una chica lesbiana mayor que ella, que estudia Bellas Artes. Adaptación de la novela gráfica de Julie Naroh, a cargo del tunecino afincado en Francia Abdellatif Kechiche, conocido por filmes como La escurridiza o cómo esquivar el amor y Cuscús. La larguísima cinta –tres horas de metraje–, ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes, más un premio a la mejor interpretación femenina para los dos actrices protagonistas, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux. El jurado lo presidía nada menos que Steven Spielberg. A los cineastas no les gusta reconocer que su trabajo es portador de algún tipo de “mensaje”, pero sin duda que La vida de Adèle –como tantas películas, por otra parte– lo tiene. Veinte años después de Philadelphia, uno de los primeros títulos con pretensiones comerciales que daba carta de normalidad a las relaciones homosexuales, el film que nos ocupa sigue transitando por esa senda, cada vez más hollada. La diferencia estribaría en que aquí las pretensiones son artísticas y de prestigio, con una historia compleja, contemporánea y culta de amores desgarrados, y en que las imágenes de sexo, muy gráficas, contribuirían a acostumbrar al espectador a las relaciones lésbicas. Lo que evidentemente es un arma de doble filo, pues este erotismo de alto voltaje –junto a la larga duración del film– limita el público potencial de la película. Dentro de sus innegables propósitos de propaganda, la película de Kechiche podía haber alcanzado una mayor consistencia. Hay inteligencia en el retrato de Adèle, adolescente confusa con su propia identidad, mujer básicamente sola, que no tiene con quien hablar para compartir sus zozobras interiores. Padres o profesores no ayudan, pero es que ni siquiera con su amada Emma habrá una entrega mutua completa propia del amor, un verdadero esfuerzo por compartir los sentimientos y anhelos sin ocultar nada. La apelación a Sartre y el existencialismo, según los cuales habríamos sido arrojados al ser para luego construir cada cual la propia esencia, fundamenta una vida de náufragas, que viven el momento, aman –o creen que aman–, aunque las cosas pueden cambiar, la fidelidad es un valor cargado de ambigüedad, y al final sólo queda vivir, porque no hay más desde el punto de vista de la película. La vida de Adèle tiene interés, y pinta ciertas capas de la sociedad occidental donde dominan las inseguridades, la falta de certezas, en cuya existencia, simplemente no se cree. El arte, la cultura y la enseñanza pueden ser vías para encauzar la propia vida, mientras que el amor es algo que se escurre, muy leve. Kechiche, con sus fogosos brochazos de azul y carne en el lienzo de la pantalla, atrapa algo del caos de la posmodernidad y la actual crisis que no es sólo económica, y deja una sensación altamente deprimente en el espectador, el náufrago lo tiene muy difícil para no ahogarse en sus propias lágrimas de desesperación.

4/10
Adiós a la reina

2012 | Les adieux à la reine

Con Adiós a la reina, Benoît Jacquot (Villa Amalia) adapta la novela homónima de la especialista en el siglo XVIII Chantal Thomas, traducida a numerosos idiomas, que reconstruye los últimos días en la corte de María Antonieta. Se trata de una coproducción francoespañola con un presupuesto lo suficientemente amplio que permite una convincente ambientación. Recrea los hechos históricos desde la perspectiva de Sidonie Laborde, que ejerce en la corte como lectora de la reina. El 14 de julio de 1789, el pueblo enfurecido toma la Bastilla, pero en Versalles no se sabe muy bien qué ha ocurrido, ni las consecuencias que tendrá esta acción. Sólo llegan rumores, lo que provoca que numerosos nobles abandonen la corte para salvar sus vidas. Laborde, fiel a la reina, decide quedarse a su lado, aunque ésta sólo parece preocupada por salvar sus trajes y joyas, y por la duquesa de Polignac, su joven amante. Adiós a la reina se apoya en un notable trabajo de las tres actrices protagonistas. La alemana Diane Kruger se revela como una María Antonieta ideal, la francesa Virginie Ledoyen resulta creíble como duquesa de Polignac, y la mucho menos conocida Léa Seydoux (Misión imposible: protocolo fantasma) sostiene la mayor parte del metraje del film, que cuenta todo a través de lo que su personaje puede deducir. El realizador ha optado por un estilo cercano al documental, con el que logra un inmenso realismo. Pretende posiblemente distanciarse del estilo irreal y videoclipero de María Antonieta, de Sofia Coppola. Pero finalmente el fondo no acaba siendo tan distinto, pues también viene a contar que la monarca vivía instalada en la frivolidad, la vacuidad y el tedio. Esto tiene su interés, aunque provoca que finalmente el film resulte repetitivo y algo frío.

5/10
Sister

2012 | L'enfant d'en haut

Una estación de esquí alpina. Simon, un chaval de doce años, malvive con su hermana mayor Louise, no resulta fácil dilucidar cuál de los dos es más maduro. Ella tiene novios varios, y le cuesta mantener sus precarios empleos de baja cualificación, él ejerce de ratero robando los esquíes, gafas, guantes, plumas y demás equipamiento de los adinerados turistas, para venderlos de segunda mano. Simon añora los lazos afectivos que podría proporcionarle una madre, y los nexos de unión con Louise se dirían cada vez más precarios. La directora francesa Ursula Meier ofrece una película muy en la línea de los trabajos de los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne. Con un estilo sobrio y áspero, de corte realista, y ofreciendo el punto de vista de Simon, compone un cuadro familiar en el que cuesta entrar al principio, pero que a medida que avanza la narración resulta altamente coherente y conmovedor. De modo que somos testigos de una historia de supervivencia, donde el amor debe esforzarse por sobreponerse a las debilidades y carencias, y en que las circunstancias sociales y familiares resultan muy determinantes en la personal trayectoria vital. No hay en el film héroes y villanos, por lo menos no al uso, cada uno de los personajes tiene virtudes y defectos que asoman en su existencia cotidiana. El joven protagonista Kacey Mottet Klein, resulta muy natural, y a ratos recuerda al Jamie Bell de Billy Elliot (Quiero bailar), mientras que Léa Seydoux le da perfecta réplica.

6/10
Midnight in Paris

2011 | Midnight in Paris

Gil e Inez son unos jóvenes prometidos, que pasan unos días de turismo en la capital del amor, París, antes de su inminente boda. Él es guionista exitoso en Hollywood, pero su ambición es convertirse en un gran escritor de novelas. Una noche en que decide volver por su cuenta al hotel, se pierde en las calles parisinas. Mientras suenan las campanadas de la medianoche, un antiguo carruaje pasa a su vera y los ocupantes le invitan a subir. Se ve de pronto inmerso en una fiesta... ¡en el París de los años 20! Y no sólo eso, sino que tiene el honor de conocer a los escritores y artistas de la época a los que tanto admira: Francis Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel... Y queda especialmente fascinado por una chica Flapper, que le hace dudar acerca de su amor por Inez. Originalísima película de un Woody Allen sembrado, con un estupendo punto de partida al que sabe sacar todo su jugo. El personaje de Gil, encarnado por Owen Wilson, es por supuesto un “alter ego” del director, el típico personaje que él habría podido interpretar en otra época; pero el actor ha sabido hacerlo suyo, y concederle la deseada aura romántica. Tiene interés la consideración de la expresión artística como forma de exorcizar la nostalgia de la belleza, de una edad de oro que se añora y que idealmente algunos colocan en el pasado. Toda una declaración de principios de Allen, que advierte del peligro de caer en el “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero que también supone una andanada para los que sólo creen en el futuro y el progreso, que siempre serían lo mejor. El artificio fantástico, con un recurso de medianoche a lo “Cenicienta”, conecta claramente con La rosa púrpura del Cairo. Pero gran mérito de Allen es que aceptemos la inesperada magia, y que en ese mundo alternativo sepa definirnos con unos pocos trazos a una numerosa galería de artistas, moviéndose entre el homenaje y la broma, manejando con absoluta conciencia ciertos tópicos al uso. Aunque hable de sus temas recurrentes, el amor que no acaba de encontrarse plenamente, o el arte como forma de llenar el vacío existencial, el tono de Allen es más ligero que en otras ocasiones, claramente ha optado por ofrecernos un “divertimento”, donde hay espacio para alcanzar una cierta felicidad. Acierta Allen en su reparto, donde nuevas caras que nunca habían trabajo con él se suman a la función, allí están el citado Wilson, Rachel McAdams, Michael Sheen, la muy publicitada Carla Bruni –la esposa de Nicolas Sarkozy, que sale airosa de un papel menor– y la formidable Marion Cotillard, más Adrien Brody y Kathy Bates (que hizo con él tiempo ha, Sombras y niebla). Como es natural, París está muy presente en toda la cinta. La película arranca con una especie de obertura jazzística, con cantidad de planos de todo París, que podría hacer temer que Allen había caído en la tentación de filmar un spot de promoción turística; pero no, luego Darius Khondji juega al contraste con el resto de poderosas imágenes que ofrece de la capital francesa.

8/10
Misión imposible: Protocolo fantasma

2011 | Mission: Impossible - Ghost Protocol

  Ethan Hunt está recluido en una prisión rusa. Sus compañeros del IMF Benji y Jane planean una misión de rescate para recabar su ayuda en una situación de máxima emergencia, por la que un lunático podría hacerse con los códigos de lanzamiento de los misiles nucleares rusos. El plan de Cobalto, que así se llama el villano, es arrasar con la Tierra para empezar una nueva era. Las cosas se complican cuando el presidente de Estados Unidos activa el Protocolo Fantasma, por el que el equipo de agentes liderado por Ethan se queda sin apoyo logístico, tras quedar falsamente ligado a un atentado en Moscú. Cuarta entrega de la traslación al cine de la serie televisiva Misión imposible. Tras las películas de Brian De Palma, John Woo y J.J. Abrams, le toca el turno a un director procedente de la animación, Brad Bird, responsable de las formidables Los increíbles y Ratatouille. Demuestra Bird tener maña para trabajar en un título de acción trepidante con actores de carne y hueso, y lo cierto es que orquesta lo que se diría una atracción de montaña rusa que funciona como un perfecto mecanismo de relojería. La trama argumental es puro macguffin, salvar al mundo del villano de turno evitando que se apodere de unos códigos nucleares, aunque sí se aporta la novedad de Ethan dirigiendo un equipo de hombres desasistido de sus superiores, y nuevos agentes con sus personales razones para sentirse especialmente involucrados en la misión que tienen entre manos. Lo que no obsta para que se note, y para bien, la mano de dos guionistas hombres de J.J. Abrams con quien colaboraron en Alias, André Nemec y Josh Appelbaum. No es cuestión aquí de describir con pelos y señales el virtuosismo de las maravillosas escenas de acción y suspense que contiene la cinta, que son verdaderamente un “más difícil todavía”, y resultan muy imaginativas. Basta mencionar que se saca un enorme partido a los escenarios exóticos, reales o virtuales, principalmente Budapest, Moscú, Dubai y Bombay -de modo que sentimos que estamos en la Plaza Roja o en la torre Burj Khalifa- y que no se tiene esa sensación cada vez más frecuente en las películas de acción del “déjà vu”. Los actores están bien, con nuevos rostros bien escogidos como Simon Pegg, Jeremy Renner, Paula Patton y Anil Kapoor. A los fans de Abrams les agradará reconocer al “perdido” Sawyer en un pequeño pero jugoso papel al inicio de la cinta, todo un guiño para ellos.  

7/10
Le roman de ma femme

2011 | Le roman de ma femme

El marido de Eve desaparece una mañana que ha salido a correr a un bosquecillo cercano. Un verdadero misterio, imposible saber si Paul se ha ahogado o se ha fugado quién sabe adónde. Entretanto el mentor como abogado de Paul muestra cierto interés por Eve, y ésta, que se encuentra algo sola, llama a un antiguo amante, ahora felizmente casado. Jamshed Usmonov intenta con estos mimbres trenzar una historia donde no funciona del todo ni la intriga, ni el elemento humano.

4/10
Robin Hood

2010 | Robin Hood

Robin Longstride es un hombre del pueblo, valiente soldado de a pie, que regresa de la cruzada emprendida por su rey, el inglés Ricardo Corazón de León. Antes de llegar a su país, el monarca se ‘entretiene’ asaltando un castillo francés, envite en el que pierde la vida. Es la ocasión que Robin y otros ‘alegres camaradas’ aprovechan para desertar. Pero una serie de circunstancias les llevan a suplantar a la comitiva que debía dar la noticia del deceso del monarca. Juan será el nuevo rey, y Robin debe dirigirse a casa del padre de un fallecido caballero del que tomó su identidad, para cumplir cierta promesa. Allí conocerá a la bella mujer fuerte lady Marian. Entretenida inmersión de Ridley Scott en el mito Robin Hood, que imagina cómo el personaje llegó a ser el proscrito refugiado en el bosque de Sherwood, y eternamente perseguido por el sheriff de Nottingham. El planteamiento del cineasta británico combina el puro espectáculo de acción concebido para el gran público –donde el referente inmediato sería Gladiator, también protagonizado por Russell Crowe– y la mirada del medievo acorde con la sensibilidad moderna –al estilo de El reino de los cielos, pero con más sutileza–. De modo que el ritmo es trepidante, con una magnífica puesta en escena que saca todo el rendimiento a la ambientación medieval, fantástica dirección artística. Se hace muy atractiva la campiña inglesa –la cosa recuerda a la Comarca de El Señor de los Anillos, y es lógico, pues J.R.R. Tolkien se inspiró en ella–, las escenas de batallas están perfectamente coreografíadas –el ataque al castillo, y la batalla en la playa, que recuerda al día D imaginado por Steven Spielberg en Salvar al soldado Ryan–, y el vuelo de las flechas está muy logrado. La mirada contemporánea no falta en el guión de Brian Helgeland, no en vano hay que recordar que en 2001 firmó el libreto de Destino de caballero. Aquí ha tomado como referente un marco histórico que da un realismo al film que lo aleja de la simple aventura, pero el enfoque es el de alguien del tercer milenio, lo que se subraya al presentar a Robin y a su progenitor como precedentes de la democracia, nada menos, al reclamar una carta de derechos para todos los hombres. Se habla así de libertad, de derecho a una vida digna, y a no ser ‘freído’ a impuestos. De modo que se pone el acento en el individuo y sus libertades, y se critica a los que ostentan la autoridad, reyes, gobernantes y jerarquía eclesiástica, que se atreven a invocar el nombre de Dios para justificar sus acciones sangrientas o de expolio. Todo muy políticamente correcto –incluido el toque feminista–, con un esfuerzo para no ‘herir’ demasiado a nadie. El film acierta completamente en su reparto, todos los actores están perfectos, casi parece injusto empezar a hacer aquí la glosa de las virtudes de cada uno, por el riesgo inevitable de dejar a alguien fuera. Pero resaltemos la química Russell Crowe-Cate Blanchett, que permite plantear alguna simpática escena de guerra de sexos; el villano fuerte de Mark Strong y el voluble de Oscar Isaac; el anciano ciego de Max Von Sydow; el político pragmático de William Hurt; o el grandullón Pequeño Juan Kevin Durand.

6/10
Belle Épine

2010 | Belle Épine

Prudence es una joven de 17 años. Vive sola en su casa. Su madre acaba de morir dos semanas atrás, su padre está fuera en supuesto viaje de negocios, su hermana mayor se ausenta con frecuencia. El mundo de Prudence es un sinsentido. Tan sólo tiene algunas amigas con las que hablar, la más importante la desinhibida y frívola Maryline. La protagonista sólo encuentra interés en un grupo de moteros que organizan carreras nocturnas, donde la muerte acecha con frecuencia, y en la huida del dolor por medio de la búsqueda del sexo. Debut de la directora francesa Rebecca Zlotowski, cuyo trabajo fue presentado en el Festival de Cannes. La directora escribe y dirige una historia muy dura en su fondo, triste y poco optimista, sobre el vacío que puede inundar a los adolescentes cuando los traumas y el dolor les golpean de pleno y aún no han constituido asideros interiores a los que agarrarse. Su protagonista da tumbos literalmente por la vida. No hay referencias adultas, no parece tener un sentido en sus acciones, siempre anda taciturna, con el semblante serio, sufriente, buscando algo que le agite, que le devuelva el sentido, ya sea el peligro o la experiencia sexual. Zlotowski compone un guión casi abstracto en el sentido de que los días se suceden sin importancia cronológica. Hay actos, escenas, sucesos que ocurren de un día para otro, pero con esto crea lo que crea, más que una historia, es una atmósfera inconsolable, sofocante, que refleja la vacuidad interior de su protagonista. Formalmente la película está rodada con mucho realismo, a menudo con primeros planos y cámara al hombro, con lograda naturalidad. Al film le falta por otra parte un poco de contención en la frecuente impudicia de sus personajes, a veces ciertamente llamativa. Destaca sin duda el trabajo de la actriz principal Léa Seydoux (Lourdes, Robin Hood), que sin apenas gestos es capaz de transmitir mucha, mucha desolación.

4/10
Misterios de Lisboa

2010 | Mistérios de Lisboa

Son razonables los temores de cualquiera ante una larga, larga película, Misterios de Lisboa de Raúl Ruiz, que parece requerir toda una terapia de mentalización, ánimo, tú puedes, y todo eso. Sea como fuere, si alguien requiere hacer ese ejercicio, debe saber que merece la pena. El argumento decimonónico, basado en la obra de Camilo Castelo Branco, está en la tradición de un Charles Dickens, un Alejandro Dumas, un Victor Hugo o un Benito Pérez-Galdós. A lo largo del mismo se acumulan tramas y subtramas como en esos cuencos de cerezas, donde al tomar un par, te llevas de la misma tacada otras cuantas. La columna vertebral de la historia la da la voz en off del huérfano Pedro da Silva, un adolescente que ignora quiénes son sus padres, y que cae enfermo en el internado que regenta el padre Dinis. La visita de una mujer de alcurnia va a desvelar parte del misterioso pasado de Pedro, sabremos de la madre del chico, casada con un conde, de los amores previos a ese matrimonio, de las andanzas de un advenedizo que ha hecho dinero en las Américas, de la época en que el padre Dinis fue soldado napoleónico, del pasado misterioso de un fraile... Decenas de historias folletinescas surgen aquí y allá, unas encierran a otras o se superponen, y todas contienen, en torno a numerosos personajes, una retahíla de secretos inconfesables, amores ardientes, pecados que necesitan ser purgados... Misterios en suma, pero que conducen no a hundirse en el fango, sino a la redención. La puesta en escena de Raúl Ruiz es sobria y elegante, clásica en los movimientos de cámara, aunque con algunos planos muy originales. El uso del teatrillo que el chico tiene en su habitación, en el que representa historias, es muy inteligente. Por supuesto cara al magnífico desenlace, pero también como modo de justificar la no aparición de exteriores que tal vez habrían sido muy costosos, de Venecia o de la revolucionaria Francia, e incluso se acepta así el aire algo teatral de ciertas escenas de interiores. Resulta agradecible además que la época no sea reinterpretada con baremos modernos, sino mostrada como el director cree que debía ser. Todos los actores están muy bien, y resultan irreconocibles, para bien, cuando adoptan identidades diferentes.

8/10
Rosas a crédito

2010 | Roses à crédit

Una década en la vida de un matrimonio francés, que trata de superar las heridas de la Segunda Guerra Mundial. Amos Gitai adapta una novela de Elsa Triolet, y cuenta con el protagonismo de una actriz que empezaba a descollar, Léa Seydoux.

4/10
Sans laisser de traces

2010 | Sans laisser de traces

Un tipo rico, a punto de ocupar un puestazo en una gran empresa, casado con una bella mujer, tiene un secreto que le impide ser feliz. Cierta injusticia que desea reparar, pero donde las cosas se torcerán aún más. Sin alardes artificiosos, Grégoire Vigneron logra crear una intriga bastante apañada.

5/10
Lourdes

2009 | Lourdes

Más allá de los milagros que tienen lugar, o no, en Lourdes, la existencia de esta pequeña gran película es en sí misma un auténtico milagro. Porque narra con tremenda honestidad y verdadera hondura las vicisitudes de un grupo de peregrinos que acude al lugar de las apariciones de la Virgen. La actitud que proponen el sacerdote, las enfermeras cuidadoras, los voluntarios de la Orden de Malta, es la de la aceptación de las dolencias que Dios permite, pedir sobre todo la salud del alma, aunque albergando también la esperanza de que puede ocurrir el milagro de la curación. Con rigor casi documental y sin una sombra de cinismo, vemos a personas normales y corrientes, con sus rasgos de generosidad y de paciencia, pero también con las miserias que son comunes a todo ser humano. Destaca Christine, una joven con esclerosis, postrada en la silla de ruedas, sonriente y resignada a su suerte, que como dice al sacerdote, se observa desde fuera. Pero hay toda una galería de seres humanos, atrapados tal vez en la rutina de las peregrinaciones. De modo que dos jóvenes enfermeras pueden estar más pendientes de flirtear que de cuidar a los pacientes asignados; actitud que compartirían con los correlativos miembros de la Orden de Malta. La jefa de la expedición, desde luego abnegada, puede permitirse juzgar la actitud de otros, pensar que no son perfectos porque buscan milagros y no el encuentro con Dios. Los veteranos líderes de este tipo de viajes pueden bromear y haber desarrollado cierto escepticismo acerca de la posibilidad de los milagros. Una anciana puede desear la curación de la joven a la que cuida, pero a la vez advertir que se convertirá en una inútil si ella ya no requiere de su servicio. Dos amigas mayores pueden ir a Lourdes con una mezcla de beatería y deseo de chismorreo. Y ante como discurren las cosas, puede uno alegrarse del bien que acontece al otro, y a la vez sentir envidia. Son manifestaciones muy realistas de lo bueno y lo malo que hay en el corazón del hombre. La guionista y directora austriaca Jessica Hausner cuenta su historia sin aspavientos ni histerismos, con claro respeto al hecho religioso –llama la atención la pausa casi reverencial con que se detiene en ceremonias como la bendición con el Santísimo y la procesión de las antorchas, o en las visitas a la gruta–, y sin intención de persuadir o imponer un punto de vista acerca de lo que el espectador ve. Aunque abierta a múltiples lecturas, presenta en pantalla con naturalidad el presunto milagro. Y éste obliga a las preguntas habituales –cuya respuesta desde la fe no consuelan del todo–, acerca del sentido del dolor, del modo en unos sufren y otros sanan, en lo que se diría capricho de Dios; no se entiende la lógica divina, el modo en que “reparte” lo que toca a cada ser humano, su estruendoso silencio; e incluso el escándalo que sigue al milagro, las reacciones encontradas de los testigos, de alegrarse pero no del todo. La felicidad perfecta no existe, es una idea recurrente en el film. Uno puede procurar hacer el bien, y sin embargo, advertir que está bien lejos de la perfección. Se puede experimentar bienestar, pero resulta imposible afirmar cuánto durará aquello, si tras acabar una prueba no estará aguardando otra a la vuelta de la esquina. Las interpretaciones, como corresponde, son muy naturales, destacando entre ellas la de Sylvie Testud, una composición de Christine muy medida, con encanto. El film se ha rodado en las auténticas localizaciones, y ello intensifica el realismo de la historia que se nos propone, el acercamiento al misterio.

8/10
Malditos bastardos

2009 | Inglourious Basterds

  “Érase una vez... en la Francia ocupada por los alemanes de 1940”. Así empieza Malditos bastardos, frase de Quentin Tarantino que supone toda una declaración de principios, homenaje a Sergio Leone y compañeros, por su peculiar manera de mirar al western y al cine bélico, subrayado por la partitura musical, casi siempre integrada por viejas partituras de Ennio Morricone. Y a la vez, frase con que se inician habitualmente los cuentos y relatos de corte fantástico. El film consta de un prólogo de inusitada fuerza dramática, y la narración se estructura a través de varios capítulos que llevan al esperado momento climático y a un epílogo, donde Tarantino da rienda suelta hasta el paroxismo a su característica violencia paródica. En el primer año de la ocupación, el coronel de la SS Hans Landa, apodado “el cazador de judíos”, rastrea sus piezas en plena campiña francesa. Es toda una secuencia concebida con enorme habilidad, con elementos de western y de puro suspense, que sirve de insuperable tarjeta de presentación de Landa, personaje que ha puesto en el mapa al actor austriaco Christoph Waltz, premiado como mejor actor en Cannes. Shosanna, una joven judía a la que nunca vio el rostro, escapa de las garras de Landa por su irracional indulgencia. Varios años después la chica está en París, y tiene una pequeña sala de cine. Los servicios de propaganda nazis, con Joseph Goebbels a la cabeza, la escogen para estrenar la última película de la UFA, protagonizada por un heroico soldado alemán. Podría ser la ocasión ideal para que Shosanna se vengue de los nazis. Mientras, y de modo independiente, un comando compuesto por judíos americanos, opera en la Francia ocupada matando nazis y arrancándoles la cabellera; los alemanes los conocen con el sobrenombre de “malditos bastardos”. También ellos van a tener la idea de dar un golpe en el cine, aprovechando a una actriz alemana, que colabora con ellos. Tarantino demuestra ser un gran contador de historias, conocedor profuso de sus referentes, buen escritor de diálogos, que sabe definir personajes y sorprender con ciertas audacias que no es cuestión de desvelar. Destaca el tratamiento coral, que permite el lucimiento de todos los actores, hasta de los que tienen menos líneas. Por supuesto, su film es completamente intrascendente, una especie de cómic gamberro y violento, con elementos operísticos, también en las ‘ensaladas de tiros’ que remiten a Leone o al mencionado por él Enzo Castellari, del que incluso toma prestado el título de la película. Ir más allá –hay quien habla de audaz planteamiento de cómo el cine puede cambiar las cosas– parece una lectura un tanto excesiva. Su regodeo en la violencia puede cansar –hay varios momentos que piden apartar la vista–, pero es preciso reconocerle el dominio del medio, y su particular sentido del humor.  

8/10
La belle personne

2008 | La belle personne

Film muy francés y un poquito tontorrón. Christophe Honoré hace una lectura muy libre de "La princesa de Clèves" de Madame de La Fayette, trasladando la obra del siglo XVII al entorno contemporáneo de un instituto. Resulta curioso comprobar que en el liceo donde se desarrolla la historia los alumnos no aprenden nada, y tampoco es que los profesores se esfuercen por enseñar gran cosa. La gran ausente de la trama, la educación, es seguramente la clave para entender lo que estamos viendo. El film se centra en Junie, una chica sensible y tímida, recién llegada al instituto. Pulula mucho compañero de clase por ahí, resulta inevitable que el espectador los confunda, sobre todo porque no se definen demasiado. Todos piensan en sexo y amor, eso es lo que les ocupa la cabeza. No hay juicios morales, o muy escasos, abundan la promiscuidad, que se da por descontada, y el inevitable chismorreo. Y destacan los amores prohibidos, de un profesor donjuán con alumnas, o entre alumnos del mismo sexo. Hay un dibujo del sentimentalismo y deseo de no herir -las concesiones de Junie a Otto, a quien no ama-, y la fragilidad típica de la adolescencia, que puede llevar a atentar contra la propia vida. En tal contexto de increíble inmadurez y exuberante egoísmo, la definición de 'bella persona' a que alude el título puede ser, lo es, bastante limitada, pero al menos la protagonista tiene cierto arrojo en su decisión final.

4/10

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