SIN ESPECIFICAR
San Sebastián 2011: día 18
Hoy, tal vez por aquello del descanso dominical, sólo tenemos una película a concurso, Take This Waltz, que dirige la actriz Sarah Polley. A cambio tenemos dos títulos de la sección oficial, pero que no compiten cara a los premios: un documental de sabor local, y la película que acompaña al Premio Donostia para Glenn Close.
Bertsolari, como su propio nombre indica, es un documental que recoge la tradición de estos improvisadores de versos en euskera. Lo dirige Asier Altuna, y en fin, entiendo que principalmente interesará a los amantes de la poesía oral y del terruño del País Vasco.
Más compleja resulta la otra película presentada fuera de la competición, con ocasión del premio de Glenn Close a toda su carrera. Albert Nobbs cuenta una historia concebida por el novelista John Bainville, y la propia Close ha coescrito el guión y produce la cinta. Curiosamente como autor del argumento figura el húngaro István Szabó, con el que Close hizo hace 20 años Cita con Venus. Mueve la cámara el colombiano Rodrigo García, alejándose de las historias corales contemporáneas a las que nos tenía acostumbrados. La película sigue en la Irlanda del siglo XIX al personaje del título, perfecto y meticuloso camarero en un hotelito, y que resulta ser una mujer que oculta su sexo en una sociedad donde ellas no lo tienen fácil para salir adelante.
Aunque la pinta es la de una de esas historias que describen las cuitas del personal de servicio de una gran casa, al estilo de las series Arriba y abajo, o Downton Abbey, estamos ante otra cosa, y tal cosa no se sabe muy bien qué es. A pesar del esfuerzo actoral, cuesta creerse que alguien pueda tomar a Glenn Close por un hombre; lo mismo pasa con otro personaje que simula el sexo que no es, algo que se ve a la legua, y en este caso no se puede aducir que sea alguien conocido, como Close, que te distrae al respecto porque sabes que es una mujer.
En cualquier caso, cuesta entender y creer las razones que han conducido a Albert Nobbs a ser Albert Nobbs. También se nos antoja el personaje de una ingenuidad difícil de aceptar, con su utopía de poner en marcha un pequeño negocio, y sus esfuerzos por cortejar a una doncella. Late en el film una ideología muy contemporánea y discutible, la de la construcción personal del propio género, uno es quien decide ser, hombre o mujer.
Cinco años después de Lejos de ella, la actriz canadiense Sarah Polley vuelve a entregar un drama algo deprimente en torno a las relaciones de pareja, aunque al menos se le agradece cierta honradez intelectual. En Take This Waltz Margot (Michelle Williams) vive un matrimonio donde la ilusión se ha enfriado, a pesar de sus esfuerzos por alimentar la pasión y las bromas con su marido (Seth Rogen), que escribe libros para cocinar el pollo. En cambio ha conocido en un viaje a un tipo que le hace cierto tilín, y que resulta ser su vecino. ¿Pero basta el aliciente de la novedad para romper un compromiso y lanzarse a una otra aventura?
Polley maneja bastante subtexto en su film -las novedades que no se detectan, la cocina única y exclusivamente con pollo, el alcoholismo de la cuñada, la letra de las canciones que suenan a lo largo del metraje...- que sirve para poner en sus justas dimensiones el dilema al que se enfrenta Margot. A veces la lucidez viene de quien no se espera, y la borracha que acusa “no se tapa un vacío con otro vacío” puede sonar desesperanzada, pero señala cómo a veces las cosas que se tienen, con lo bueno que hay en ellas, se echan a perder por dejarse guiar por la frivolidad y el puro sentimiento. Me choca en la película lo impúdico, es algo que vengo detectando en los últimos tiempos en muchas películas, cierta escenas de desnudos que no vienen a cuento de nada, a no ser por la idea de querer mostrar a los personajes tal como son, sin tapujos.
Los personajes son un poquito unidimensionales, especialmente el marido y el nuevo interés amoroso. La cinta va en la línea del cine independiente americano y de las películas de Isabel Coixet, como las que Polley hizo para la catalana, Mi vida sin mí y La vida secreta de las palabras, aunque con un empaque visual más aseadito, y quizá con un poco menos de sustancia, aunque el tema propuesto sea de enorme interés.
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