Zona friki
"Ex Machina", Alicia Vikander, el test de Turing y el terremoto de Madrid
Ya está confirmado. Cuando el mundo se acabe a mí me pillará en una sala de cine. Hasta este momento pensaba que tenía muchas probabilidades, pues paso mucho tiempo viendo pelis, pero ahora tengo la absoluta certeza de que será así, después de que el pasado lunes me sumergiera en el visionado de Ex Machina, con el que quedé obnubilado durante un par de horitas contemplando a la talentosa y sugerente Alicia Vikander, tremenda mujer. Cuando se acabó tenía llamadas perdidas y mensajitos consultándome si me había enterado del terremoto que se había dejado sentir en Madrid. Pero ni yo ni el resto de compis presentes en la sala nos habíamos enterado de nada; en mi caso porque supongo que ya estaba vibrando lo suficiente con la actriz sueca.
Tenía gran interés en saber qué nos deparaba el debut como realizador de Alex Garland, guionista asociado a la obra de Danny Boyle, al que le escribió 28 días después. Y aparte de su estimulante estética, se trata de ciencia ficción de ésa que da que pensar, lo que siempre se agradece. Tiene como protagonista a un joven crack de la programación que trabaja para una megacorporación creada tras el éxito de un revolucionario buscador (el film no da nombres), donde se han usado los datos de la búsqueda de los usuarios para crear la inteligencia artificial de una revolucionaria 'robotija' (la indescriptible Vikander). El chaval debe evaluarla, casi como si le aplicara el Test de Turing, matemático de moda en el cine tras el estupendo biopic Descrifrando Enigma.
Con todo mi cariño hacia el británico al que ahora todo el mundo le pone la cara de Benedict Cumberbatch, me parece bien que existan máquinas capaces de hacerse pasar por un niño torpe, pero, ¿para qué nos sirve? O sea, no me cabe duda de que sería un hito inventar un programa que sustituya a Belén Esteban, que sea capaz de irritarse, lloriquear y repetir todo el rato que por su familia mata, pero no estoy seguro de que la Humanidad progresara sustancialmente con ese hallazgo.
La comunidad científica, consciente de que esto es una idiotez, ya está trabajando en nuevas pruebas un poco más útiles. Se habla del Test de Lovelace, que se supera cuando el cacharro artificial sea capaz de inventar su propia creación artística, o sea una poesía, una canción, o ya puestos una trilogía de novelas distópicas con heroína adolescente, que así vendemos los derechos al cine y nos forramos de pasta.
Pero a mí lo que me preocupa no son los avances imparables e inevitables de las máquinas, sino que pienso en lo que no nos cuentan en la prensa. Por ejemplo, entiendo que para sembrar la duda los organizadores del Turing Test Prize también contratan a humanos de verdad para que chateen con los jueces. ¿Qué pasa cuando ejerces esta tarea y te confunden con una máquina? Debe ser un poco frustrante.
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