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Biografía

Danny Boyle

Danny Boyle

63 años

Danny Boyle

Nació el 20 de Octubre de 1956 en Radcliffe, Manchester, Reino Unido

Premios: 1 Oscar

Millonario en creatividad

13 Junio 2013

Visualmente imaginativo, Danny Boyle adora cambiar de género. Sus personajes andan siempre muy ocupados comprobando que las grandes millonadas, las drogas o las playas paradisíacas no dan la felicidad.

Nacido el 20 de octubre de 1956 en Radcliffe, una ciudad cercana a Manchester, Daniel (Danny desde que tiene uso de razón) Boyle pertenece a una familia irlandesa trabajadora de convicciones católicas. Aunque hoy en día el realizador se define como 'ateo espiritual', hasta los 14 años tenía en mente hacer caso al consejo de su madre de seguir la llamada del Señor, como le ocurrió también a Martin Scorsese. Pero un sacerdote que conversaba habitualmente con él, se dio cuenta de que no tenía realmente vocación religiosa y le convenció para que tomara otro camino.

"Existe cierta conexión entre el sacerdocio y el oficio de cineasta, pues en ambos casos se intenta que la gente piense", ha explicado posteriormente el realizador. En busca de nuevos caminos, tras terminar sus estudios en el Colegio Salesiano Thornleigh, de Bolton, Danny Boyle se matriculó en Inglés y Drama, en la Universidad de Bangor.

Cuando finalizó sus estudios en los 80, dio sus pinitos como director teatral, justo antes de que le reclutaran como productor para la sección norirlandesa de BBC. Produjo diversos títulos, entre ellos Elephant (1989), el mediometraje sobre violencia juvenil cuyo título tomó prestado Gus Van Sant para su film sobre la matanza de Columbine. Dirigió varias producciones televisivas y diversos episodios de las series Inspector Morse y Mr. Wroe's Virgins, con los que se forjó un inmenso prestigio.

Pero Boyle tenía muy claro que quería trabajar en la pantalla grande desde que quedó impresionado al ver en cine Apocalypse Now. Se hizo muy amigo del guionista John Hodge y del productor Andrew Macdonald, ambos deseosos de debutar en el cine. El trío logra una modesta financiación para su ópera prima, Tumba abierta, mezcla de comedia y thriller en torno a tres compañeros de piso que entrevistan a candidatos para ocupar una habitación de su apartamento. Escogen a un tipo que muere repentinamente dejando una maleta que contiene una elevada cantidad de dinero. Confían para el papel principal en un joven actor que hasta entonces sólo ha hecho secundarios en filmes mediocres, un tal Ewan McGregor, que resulta ser un gran actor (su madre real aparece en el film como una de las personas entrevistadas como posibles inquilinos). Los otros dos habitantes del inmueble en el que transcurre la acción son Christopher Eccleston y Kerry Fox, por entonces completamente desconocidos. Entre los secundarios destaca Peter Mullan, que también daba sus primeros pasos en la interpretación.

Boyle quedó contento con el resultado, pero pensaba que era un film muy pequeño que apenas vería casi nadie. Hasta que le seleccionan para el Festival de San Sebastián. Acude sin mucho entusiasmo, y recibe la Concha de Plata al mejor director. Los críticos le comparan con Quentin Tarantino y los hermanos Coen, y el cineasta empieza a creer en su producto. Como quien no quiere la cosa, se convierte en la cinta británica más taquillera del año.

De esta forma consigue un presupuesto más holgado para su siguiente trabajo, Trainspotting, adaptación del best-seller de Irvine Welsh. Vuelve a contar con Hodge como guionista, con Andrew MacDonald como productor y con el actor Ewan McGregor. Crudo retrato de un grupo de toxicómanos sin aspiraciones de Hamburgo, el film llama la atención por su realismo al tratar el tema de las drogas, y arrasa en las taquillas. Consagra definitivamente a McGregor, como Mark Renton, joven narrador que trata de dejar la droga. Entre sus particulares amigos destaca el sociópata Francis Begbie, bien interpretado por el sorprendente Robert Carlyle. Nuevamente aparece Mullan, como narcotraficante. En la actualidad, Boyle está pendiente de que el reparto original envejezca considerablemente para llevar al cine "Porno", otra novela de Welsh que recupera a los personajes originales muchos años después.

Trainspotting pone a Boyle en el mapa de la gran industria, hasta el punto de que le ofrecen rodar la cuarta entrega de Alien, el octavo pasajero. Pero él prefiere poner en marcha su propio proyecto de nuevo con Hodge, Macdonald y McGregor. Se trata de Una historia diferente, con factura típica de Hollywood y un sólido reparto, ya que contó como coprotagonista de McGregor con Cameron Díaz, una de las estrellas del momento, y con secundarios tan solventes como Delroy Lindo, Dan Hedaya, Stanley Tucci, Ian Holm y Tony Shalhoub. De nuevo sigue los pasos de un perdedor, necesitado de dinero, que para pedir un rescate secuestra a la hija de su jefe, que está encantada con la situación. El tono de comedia celestial y la abundancia de humor supone una ruptura total con las dos anteriores cintas de Boyle.

Parecía que la carrera de Boyle iba siempre in crescendo hasta que fracasó notablemente con La playa, adaptación de una exitosa novela de Alex Garland en torno al tema central de la filmografía del realizador, la búsqueda de la felicidad, imposible de conseguir con el dinero o las drogas. En esta ocasión, Richard, un joven 'moderno', trata de alcanzarla en un idílico lugar paradisíaco donde en teoría se puede vivir sin preocupaciones al estilo 'hippy'. Antes del rodaje, Boyle discute con su actor habitual, McGregor, que iba a ser el protagonista, y acaba sustituyéndole por Leonardo DiCaprio. El film se pasa en la sección oficial en el Festival de Berlín, pero la crítica la defenestra. Además, grupos ecologistas acusan a Boyle de haber estropeado el frágil ecosistema de la isla de Phi Phi, que sirvió de escenario.

Desde entonces se diría que–salvando las distancias– en la línea de Stanley Kubrick, Boyle intenta navegar entre diversos géneros. Se le da mejor el terror (28 días después es todo un acierto) que la ciencia ficción (la interesante en algunos elementos Sunshine no llega a la altura de otras de sus obras). Ambas cuentan con guión de Alex Garland, el novelista anteriormente citado. "Sea del género que sea el film, lo que me interesan son las relaciones humanas entre los personajes", me comentó personalmente Boyle en una entrevista.

Frank Cottrell Boyce, habitual del cine de Michael Winterbotton, le escribe el inspirado cuento infantil Millones, donde a dos niños huérfanos de madre les cae literalmente del cielo una bolsa repleta de dinero que procede de un robo. Su mezcla de comedia y surrealismo funciona a la perfección. "El protagonista es un niño idealista, que trata de hacer cosas buenas con el dinero que ha encontrado", recuerda Boyle en una entrevista con José María Aresté, de decine21.com. "Y quiere saber dónde está su madre, esa persona que ha querido tanto, y por supuesto quiere creer que es santa, como también lo pensaríamos nosotros de alguien a quien amamos, es un sentimiento natural. Lo importante es ser fiel a aquello en lo que crees. Para él, resolver pequeños problemas es una pequeña victoria de la imaginación, del idealismo, sobre las limitaciones de la realidad".

También había mucho dinero y niños en Slumdog Millionaire, la cumbre creativa del realizador, adaptación de la novela de Vikas Swarup, en torno a los niños de las calles de Bombay. Visualmente brillante (incluye un número musical final que homenajea al cine de Bollywood), se nota el afán del realizador por reinventarse. "Lo que me gustaría realmente es no saber nada, empezar siempre de nuevo. En blanco", comenta el cineasta a Pablo de Santiago, también de decine21.com (Boyle acostumbra a visitar Madrid a menudo para promocionar su cine). "Creo que la mejor película que hacemos es la primera. Porque en ese momento no sabemos nada. Y si uno sobrevive a esa primera película, entonces la cosa cambia. Entra entonces la tecnología, y también la astucia. Pero la primera vez todo eso no existe. En Bombay para mí era parecido, era algo nuevo. Y eso me gusta con mis películas, empezar siempre algo totalmente nuevo, diferente".

Obtuvo diez candidaturas a los Oscar, y finalmente se hizo con ocho, entre ellos película, dirección y guión adaptado (labor acometida por Simon Beaufoy). El jovencísimo Dev Patel se hizo popular como Jamal, joven que a punto de ganar el premio del programa "¿Quieres ser millonario?" rememora su dura existencia.

Desde entonces parece que Boyle no ha logrado conectar nuevamente en cine con el público. Tiene mucho interés su historia de supervivencia 127 horas, con un impresionante trabajo actoral de James Franco, pero el film atrae a pocos espectadores. No consigue remontar con la decepcionante Trance, de nuevo en torno al dinero, pues tiene como protagonistas a un grupo de ladrones que intenta hacerse con un cuadro de Goya que se va a subastar. El mayor éxito post estatuillas de Boyle ha sido la asombrosa y espectacular ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres, donde la reina (en realidad una doble) se lanzaba en paracaídas con James Bond.

Oscar
2009

Ganador de 1 premio

Filmografía
Yesterday

2019 | Yesterday

Jack Malick vive en Suffolk, Gran Bretaña, y está a punto de tirar la toalla en lo relativo a su sueño de triunfar en el mundo de la canción. A pesar del apoyo de Ellie Appleton, su amiga de toda la vida, que además de ser profesora de matemáticas en un colegio, ejerce de “manager amateur”, no hay forma de llamar de atención. Hasta que una noche, volviendo a casa en bicicleta, sufre un accidente debido a un inexplicable apagón mundial de doce segundos. Se despierta con heridas leves en un hospital, y tras ser dado de alta, sus mejores amigos se quedan boquiabiertos cuando le escuchan tocar con la guitarra “Yesterday”, de Los Beatles. ¿Los qué? Nadie ha oído hablar de John, Paul, George y Ringo. Jack se mueve en una realidad alternativa, en que casi todo es igual que antes, pero Los Beatles no han triunfado nunca, son desconocidos. Y se abre ante Jack la posibilidad de alcanzar el éxito, presentando como propias unas canciones que el mundo ignora por completo. Original film de aires caprianos, hace pensar en ¡Qué bello es vivir!, aunque en vez de plantearnos qué habría ocurrido si George Bailey nunca hubiera existido ni hecho por tanto las buenas obras que hizo, aquí toca mirar a un mundo sin la magia musical de Los Beatles, y a la introducción por tanto de sus canciones de un modo muy diferente: al protagonista le toca recordar partitura y letras, un proceso de reconstrucción no tan sencillo, darlas a conocer luego por primera vez en un contexto contemporáneo, y conseguir que alguien crea en él como les ocurrió en otra existencia en sus inicios a los componentes de la banda de Liverpool. El británico Richard Curtis, a partir de una idea de Jack Barth, ha pergeñado una comedia romántica optimista y positiva, de mimbres muy sólidos, en la línea de sus libretos originales más brillantes, los de Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill, Love Actually y Una cuestión de tiempo. Y por primera vez ha colaborado en una película con su compatriota Danny Boyle, que ya ofreció una curiosa muestra del género, Una historia diferente, además de un film encantador de aire entre mágico y milagroso, Millones. El resultado es una película deliciosa, con una historia de amor in crescendo entre el joven que encuentra el triunfo por caminos inesperados y la chica sencilla que siempre le ha amado, aunque el otro no se entere; en tal sentido están muy bien el desconocido Himesh Patel –en Gran Bretaña le conocen por la serie EastEnders, pero Yesterday es su primera película de cine–, que lleva todo el peso de la película, y que actúa y canta muy bien, y la consagrada Lily James, que sabe brillar con un papel a priori poco lucido. Las letras de las canciones sirven para ir desarrollando el progreso de la relación con momentos que exigen “Help!” o recordar que “All You Need Is Love”. No falta una reflexión, con mucho humor, sobre el lado más delirante del mundo de la música, las servidumbres de la fama, las técnicas de marketing, la ambición de las discográficas. A tal efecto hay personajes secundarios muy simpáticos, como el cantante Ed Sheeran haciendo de sí mismo, el amigo desastre Rocky –Joel Fry, que recuerda a Rhys Ifans en Notting Hill–, la manager interpretada por Kate McKinnon, los papás de Jack, Sanjeev Bhaskar y Meera Syal, entre otros. O las dudas acerca de si resulta moralmente correcto adueñarse del trabajo ajeno, aunque exista la coartada de dar a conocer así una obra genial, en tal sentido Jack sería un hombre con una misión; eso sí, vivirá con el temor a ser descubierto como una suerte de impostor. Y entre medias hay gags divertidísimos, sobre algunos otros cambios que se han producido en esta realidad alternativa.

7/10
Trust

2018 | Trust | Serie TV

Pocos meses después de que Ridley Scott documentara el caso de secuestro con petición de rescate en Roma del nieto del magnate del petróleo John Paul Getty en Todo el dinero del mundo, llega esta cuidada miniserie, creada por Simon Beaufoy, guionista habitual de Danny Boyle, de hecho éste ha dirigido los tres primeros capítulos. Como puede imaginarse, el metraje superior permite incluir muchos detalles del caso que no aparecían en el film de Scott. El título, Trust, juega con los múltiples significados de la palabra, incluido el irónico de una inexistente confianza. La familia Getty está completamente desestructurada. El patriarca John Paul Getty es un tipo desalmado, que sólo piensa en negocios y ganar dinero, salirse siempre con la suya. Es incapaz de empatizar con nadie, como si no tuviera corazón. En su espléndida mansión mantiene una especie de harem, además de la esposa oficial, hay otras mujeres con las que pasa la noche según se le antoja, con todas tiene firmados pintorescos acuerdos para que no puedan sacarle los cuartos. La relación con su hijo Paul, divorciado, es mala, le considera mediocre y no le perdona que haya estado enganchado a las drogas. Cuando llega a sus oídos la extraña noticia del secuestro de su nieto Paul, de 16 años, que lleva una vida de playboy y le gustaría dedicarse al cine, lo primero que cree es que se trata de un montaje. Pero incluso cuando constata que está en manos de un grupo mafioso, su modo de actuar sorprende por una increíble frialdad, parece que únicamente estuviera ultimando alguno de sus múltiples contratos. Confiará en su "solucionador" Fletcher Chace para negociar el rescate, aunque las cosas se van a complicar. Además de la compleja telaraña de relaciones en el seno de la familia Getty –Gail, la madre de Paul, Paul, las mujeres, el servicio...–, se pinta con detalle el lado de los secuestradores, con aires padrinescos, sobre todo en lo relativo a los festejos de la confirmación del hijo de uno de los mafiosos. Se incluyen flash-backs de cuando hubo algo que se asemejaba a una Arcadia feliz, se pinta la vida de juerguista que llevaba el secuestrado, se incluyen detalles de abuso de poder de Getty, como sus intentos de dominar el British Museum a su antojo. El ritmo es el adecuado, realmente engancha el visionado. La trama adquiere aires de gran tragedia de aires shakespereanos al tratar los temas de la ambición y de cómo pueden pudrirse los lazos familiares. Hay también mucha ironía, y buen uso a veces de distintos formatos cinematográficos, incluso imitando viejas películas familiares, o de la música, en un sostenido de falsa progresión muy efectivo. Los actores están francamente bien, tanto los más conocidos (Donald Sutherland, Hilary Swank, Brendan Fraser), como los actores italianos, que no resultan tan familiares.

7/10
T2: Trainspotting

2017 | T2: Trainspotting

Tras pasar unos años en Amsterdam donde huyó con el dinero de un alijo de heroína que pertenecía a sus amigos, Mark Renton regresa a los suburbios de Edimburgo, en apariencia renovado, pues dejó la heroína, se ha casado y ha sido padre. Allí se reencontrará con sus antiguos camaradas Daniel “Spud” Murphy y Simon “Sick Boy” Williamson, y también con el violento “Franco” Begbie, que le guarda un gran resquemor, poco después de salir de prisión. Más vale tarde que nunca. 20 años después de Trainspotting, Danny Boyle retoma a los personajes de aquel film, que supuso su consagración. No sigue la trama de “Porno”, la secuela literaria de Irvine Welsh, aunque se inspira en algunos pasajes del texto. Recupera al elenco, formado por el ahora reconocidísimo Ewan McGregor, el un tanto de capa caída Robert Carlyle, un Jonny Lee Miller que se mantiene con la serie Elementary, y Ewen Bremner que nunca consiguió despegar. El cuarteto sabe abordar la madurez de sus personajes, que siguen siendo perdedores en un mundo marcado por las drogas, la violencia y el sexo, si bien el panorama que se pinta no es tan oscuro como el del film original. Está claro que Boyle tiene una enorme fuerza visual, con efectos frescos, como rótulos impresionados, o alguna secuencia onírica, al estilo del original, que sirve como metáfora de lo que está ocurriendo. Pero llega un momento en que al espectador no le interesa nada ni la historia, ni los personajes, pues el guionista, de nuevo John Hodge, abunda en secuencias que o bien se limitan a rendir tributo a lo ya conocido o parecen no añadir nada, una mera distracción que no va a ningún puerto. Alguna de ellas tiene cierta gracia, como la improvisada canción anti-católica, que emociona a los ‘hooligans’ protestantes, pero al final el conjunto aburre. Para pasar un rato de nuevo con los viejos personajes, casi merece más la pena revisar el material antiguo. En el ranking de secuelas tardías está más cerca de Psicosis 2: El regreso de Norman, Tron Legacy o La familia bien, gracias, que de Mad Max: Furia en la carretera.

4/10
Steve Jobs

2015 | Steve Jobs

Inteligente adaptación de la voluminosa biografía autorizada del fundador de Apple, donde su autor Walter Isaacson gozó de acceso a Steve Jobs, y libertad para dar su punto de vista entrevistando a los principales personajes de su vida, antes de su prematura muerte por el cáncer. El hábil guión de Aaron Sorkin –creador de El ala oeste de la Casa Blanca, y guionista de otro acercamiento biográfico a un empresario de las nuevas tecnologías, Mark Zuckerberg de Facebook, en La red social– evita seguir manidas estructuras al uso, en simple orden cronológico, desde su nacimiento hasta su muerte, con algún elemental flash-back. Aquí, aunque sigue una estructura clásica de tres actos –que facilitaría, por cierto, una hipotética adaptación teatral–, lo hace alrededor de la presentación de 3 productos importantes para la trayectoria de Jobs: el Macintosh de 1984, el NeXTcube de 1988 cuando había sido expulsado de la compañía por él creada, y el iMac de 1998, en su regreso, por así decir, a "casa". El gran mérito del film, que dirige Danny Boyle con un dinamismo comparable a la de la mencionada El ala oeste, consiste en condensar en esos 3 momentos, gracias a unos diálogos inteligentes, y a una buena definición del resto de los personajes, la personalidad y trayectoria vital de Steve Jobs, encarnado por un magnífico Michael Fassbender, verdaderamente transfigurado en el genial, singular y con frecuencia insoportable protagonista, por su personalidad cerrada, maniática y arrolladora, capaz de crear a su alrededor el famoso "campo de distorsión de la realidad" que se le solía atribuir. Hay un increible esfuerzo de condensación a la hora de aportar datos sobre Jobs, pero lo importante, más que apabullar con información, es ofrecer un retrato cabal, plausible, de ese gran empresario flautista de Hamelín, innovador y visionario, pero que como los productos Apple se caracteriza también por una arquitectura cerrada, por la que tiene serias dificultades de comunicación y empatía con las personas que tiene a su alrededor. Algo en lo que se incide a la hora de hablar de su hija Lisa, a la que no reconocía inicialmente –y a la que vemos crecer en el film–, y al modo despreciativo de referirse a su antigua novia y madre de su hija, Chrisann. O de las relaciones de sus colaboradores, como el ingeniero Woz o el presidente de la compañía John Sculley, hace falta gente con mucho aguante como su fiel colaboradora Joanna Hoffmann para no abandonar el barco, y buscarse a otro jefe. Estos personajes –y otros– están muy bien compuestos por Seth Rogen, Jeff Daniels, Kate Winslet y compañía.

7/10
Trance

2013 | Trance

Simon trabaja en una casa de subastas de valiosas obras de arte en Londres. Se pone de acuerdo con una banda de ladrones para birlar un valioso cuadro de Goya, en plena subasta. Pero sus cómplices descubren que les ha dado el cambiazo a la hora de fingir ser la víctima que les entrega el Goya; y él, en la refriega del espectacular robo, recibe un golpe que le hace perder la memoria. Le obligarán a acudir a Elizabeth, una terapeuta, que mediante hipnosis trata de hacerle superar la amnesia. El guionista John Hodge vuelve a trabajar con Danny Boyle en una de esas historias de robos, dinero, maldito dinero, que les ayudaron a labrar su prestigio. Ambos colaboraron al inicio de sus carreras en Tumba abierta, Trainspotting y Una historia diferente, pero a partir de La playa, del año 2000, sus caminos se separaron. Ahora se reúnen en Trance, un film de arranque brillante y vertiginoso, con buen uso de la voz en off del protagonista narrador,y que transmite en sus primeros pasos un aire de elegancia sofisticada típico de ciertas películas de robos audaces. La idea de la hipnotista compinchada, que debe hacer que el protagonista recupere la memoria, también engancha. Pero luego la película se empantana en la fase “hacer recordar”, que se prolonga demasiado, hasta llegar a la parte de las “sorpresas”, un castillo de fuegos artificiales muy aparatoso y que cuesta aceptar. No obstante Trance tiene a su favor el planteamiento de sembrar en el espectador un “gusanillo”, el de querer reconstruir todo desde el principio una vez vista la película, para analizar la coherencia. Y aunque hay algunas “casualidades”, la coherencia existe. Antes hemos hablado de película “sofisticada”. Esto no es del todo cierto, pues Boyle se deja llevar por cierto hiperrealismo desagradable e insistente en las escenas de violencia y sexo, que no ayuda a la deseable brillantez del film, que definitivamente sólo la presenta de modo parcial. Los actores no tienen oportunidad para grandes composiciones, aparte del exhibicionismo se limitan a cierta pose cínica (James McAvoy y Rosario Dawson, sobre todo) o brutal (Vincent Cassel, en su típico papel de malo malote que hizo mejor, por ejemplo, en Mesrine, parte 1: Instinto de muerte y su secuela Mesrine, parte 2: Enemigo público nº 1).

5/10
127 horas

2010 | 127 Hours

Aron Ralston es un joven al que le gustan los deportes de riesgo. Sin decir a nadie donde iba, se ha liado la manta a la cabeza y ha partido a John Blue Canyon, en Utah, un paraje rocoso increíble e inmenso, poco frecuentado. Allí disfruta de lo lindo hasta que un mal paso le hace caer por una sima, con tan escasa fortuna que su brazo queda atrapado por una roca que se diría imposible de mover. Aron pasará solo las 127 horas del título luchando por sobrevivir, y haciendo un particular examen de conciencia de lo que han dado de sí sus 25 años. El británico Danny Boyle repite con el guionista Simon Beaufoy, con quien hizo la oscarizada Slumdog Millionaire, ambos adaptan un libro del propio Aron Ralston donde cuenta su increíble peripecia. Y entrega una historia de supervivencia donde es clave el amor recordado de los seres queridos, con un sugerido sentido de la providencia al fondo, tema ya presente Slumdog..., y desde luego en Millones. Si la expresión 'luchar a brazo partido' no existiera, se diría que nació de los hechos narrados, tal es el empeño que Aron pone en salvar su vida. Aunque el metraje es escaso, apenas hora y media, el principal desafío al que se enfrenta Boyle es mantener el interés en una monosituación dentro de una grieta, esquema parecido al del título de ficción Buried (Enterrado). Ciertamente resulta algo reiterativo, y puede llegar a cansar, pero el director muestra carácter con la cámara y sus encuadres, el uso de la cámara de vídeo que lleva Aron, las escenas oníricas, casi alucinaciones, la visión de gusano desde el fondo del abismo, que permite atisbar el cielo. También la partitura musical de otro miembro del equipo Slumdog..., A.R. Rahman, ayuda. Resulta meritoria la interpretación de James Franco, que soporta todo el peso actoral de la película, los demás que aparecen son simples comparsas. Especialmente dura resulta la escena climática de la película, abordada de un modo hiperrealista no apto para todos los estómagos.

6/10
Slumdog Millionaire

2008 | Slumdog Millionaire

  El inglés Danny Boyle se dio a conocer al gran público en 1996, tras dirigir Trainspotting, impactante película sobre el mundo de las drogas. Fue el comienzo de una filmografía no demasiado extensa, pero sí bastante sólida en cuanto a calidad y respuesta comercial. Ha tocado diferentes géneros, pero en general, su cine se caracteriza por tratar temas serios y por imprimir un estilo visual contundente, muy imaginativo, envoltura perfecta para historias a menudo dramáticas sobre personas en situaciones límite. Así ocurre con Slumdog Millionaire, un film difícil de olvidar y probablemente la cumbre creativa de su director, y en el que, como ya hiciera en su simpática película Millones, vuelve a incidir en el tema del dinero. La crítica ha sido muy favorable, hasta el punto de que el film ha logrado 10 nominaciones al Oscar. Ya sólo el arranque de la película ilustra el modo de proceder de Boyle, pues asistimos, por un lado, a la emisión del programa “¿Quieres ser millonario?”, en su versión india, en donde un joven llamado Jamal Malik está a punto de ganar el mayor premio de la televisión de su país; y por otro, a las torturas a que es sometido el mismo concursante por ser sospechoso de hacer trampa. Con la excusa del interrogatorio de la policía, de modo muy inteligente y a pequeñas dosis, Boyle va introduciendo entonces la historia de Jamal y de cómo ha sido posible que contestara a todas las preguntas que se le han hecho hasta ese momento. Con esos primeros minutos, el director inglés consigue atrapar enormemente la atención del espectador y además le sorprende con la constatación de que no va a ver precisamente una comedia, sino un film altamente dramático y angustiante. Porque, desde su más tierna infancia, la vida del protagonista ha sido como una horrible pesadilla. El dramatismo aumenta gracias al uso estudiado de las angulaciones, a la potencia del sonido y la música, y al vivo montaje, a veces muy agresivo, que recuerda de alguna manera el estilo de Fernando Meirelles en Ciudad de Dios. Ciertamente, la imagen de la India no sale muy bien parada en este film. Jamal Malik es lo que se llama un “perro de chabola” (el “slumdog” del título), un absoluto paria que se ha criado junto a su hermano en la más deplorable miseria en los suburbios de Bombay (actualmente Mumbai). Y como ellos hay millones de personas que harían lo que sea por llevarse alimento a la boca... Por si esto fuera poco, el guión de Simon Beaufoy, adaptación de la novela de Vikas Swarup, habla de las mafias que dominan la enorme metrópoli y que someten con engaños a los inocentes niños condenándoles así a la más cruel esclavitud. Esto, dicho sea de paso, da lugar a una de las escenas más estremecedoras que se recuerdan y que habla de los extremos de vileza a los que puede llegar el ser humano. De todas maneras, Boyle no busca regodearse en la violencia ni en la degradación moral, sino que centra su atención en la capacidad casi infinita del protagonista por superar los obstáculos, por conseguir el amor y por lograr una vida digna, aun cuando todo eso parece cosa de ciencia ficción. Realmente, como dice uno de los personajes, él nunca se rinde. Y eso reconforta. La película reitera, de modo muy hermoso, la idea oriental del destino del hombre, de que su itinerario vital está escrito. Sin entrar en casuísticas filosóficas, esa convicción fundamenta la enorme esperanza que respira el protagonista del film, y por momentos hace olvidar la máxima “Nothing is written”, mítica frase pronunciada por el occidental Peter O'Toole en Lawrence de Arabia. También son atractivas las dualidades del film: el difícil equilibrio entre los hermanos, y el continuo juego entre verdad y mentira, es decir, entre la vida real, a menudo llena de sufrimiento, y el mundo de la televisión, lleno de falsedad y apariencias. Por supuesto se ofrece asimismo una bella reflexión acerca de que la verdadera riqueza, más que en el dinero está en el amor y en la integridad. El clímax final, montado por acciones paralelas, es absolutamente gráfico en este aspecto. Por último, hay que destacar la soberbia interpretación de Dev Patel, un actor con cara de pánfilo y prácticamente debutante, pero que hace un trabajo extraordinario. Y se agradece el homenaje final del director al cine de Bollywood, con ese ‘fantasioso’ número musical en la estación, divertido broche final lleno de esperanza.  

8/10
Sunshine

2007 | Sunshine

El británico Danny Boyle se labró un inmenso prestigio con sus primeras películas, Tumba abierta y Trainspotting, rodadas en su país. Después, ha mostrado su valía para géneros tan diversos como la comedia (Una historia diferente) y hasta el terror (28 días después). Esta vez le hinca el diente a la ciencia ficción dura, tomando como referencia 2001: una odisea del espacio, pues el film tiene numerosos elementos en común con el clásico de Kubrick. No faltan homenajes a otros clásicos, especialmente a la película Alien, el octavo pasajero. En el año 2057, los científicos han detectado que el sol está a punto de apagarse. Los ocho integrantes de la tripulación de una astronave intentarán desesperadamente solucionar el problema, viajando hasta las cercanías del Astro Rey, para arrojar sobre él una bomba que podría reactivarlo. Por el camino, reciben un mensaje de socorro, procedente de otro vehículo espacial que intentó realizar la misma misión años antes. Acudir en su ayuda supone desviarse ligeramente de la trayectoria prevista. A Boyle se le da bien retratar personajes muy humanos, a los que coloca en situaciones límite, como se veía en La playa y la citada 28 días después, las otras películas en que ha trabajado con el guionista Alex Garland, responsable del libreto también aquí. Esta parte ‘humana’ del film es la que mejor funciona, con secuencias memorables, como el mensaje que Capa, uno de los protagonistas, envía a su familia cuando está a punto de perder definitivamente el contacto con ellos, quizás para siempre, o la asamblea en la que éste debe tomar la difícil decisión de si deben desviarse por la señal de socorro. Se nota el esforzado trabajo de los nueve actores del film, casi todos desconocidos, excepto Michelle Yeoh y Cillian Murphy, que empezó a despuntar precisamente con 28 días después. La naturaleza de la trama permite que Boyle se luzca en el apartado visual, con imágenes impactantes de la nave acercándose al Sol, las apariciones de Pinbacker (un tipo espectral formado por partículas inestables...) y varios momentos de suspense bastante logrados. A pesar de todo, el conjunto no termina de funcionar porque Boyle imprime al film ese tono grandilocuente que funciona en una genialidad como Solaris (1972), de Andrei Tarkovsky, pero lastra a producciones no tan geniales como Solaris (2002), de Steven Soderbergh y 2010: Odisea Dos, a años luz, nunca mejor dicho, de su predecesora. Desentonan las frases pseudofilosóficas y ‘cientifistas’, que no acaban de tener sentido, y ese supuesto rigor científico, que sin embargo se salta a la torera cuando conviene. Todo esto ralentiza el ritmo y aleja la cinta de los espectadores no incondicionales del género.

5/10
Millones

2004 | Millions

Singular cuento infantil, que también disfrutarán los adultos, dirigido por el británico Danny Boyle, a partir de un guión de Frank Cottrell Boyce. Cuenta la historia de Damian, un chaval de ocho años, que con su hermano Anthony de doce, y el padre viudo Ronnie, acaban de mudarse. Los tres añoran a la madre muerta, pero Damian es quien acusa más la ausencia; y para mejor sobrellevarla, mantiene animadas charlas con sus mejores amigos: los santos. Imaginación o realidad, poco importa, Damian conversa a todas horas con San Pedro, Santa Clara, los mártires de Uganda, pues anhela como ellos hacer el bien; y también porque no deja de rondarle la duda de si su propia madre habrá sido recibida en el cielo, como una santa más. En esta tesitura, una bolsa repleta de dinero, procedente de un robo, cae, literalmente, del cielo. Y Damian piensa que Dios se la manda para ayudar a los pobres. Con la dificultad de que se trata de millones de libras esterlinas, en vísperas de que Gran Bretaña adopte, al fin, el euro. O sea, que en pocos días serán papel mojado. Además, a los deseos altruistas de Damian, se opone la visión más terrenal de Anthony, quien demuestra además estar dotado de una insólita capacidad comercial. Con los mimbres de fábula moral con niño y audacias visuales poco habituales, el riesgo de caer en el ridículo es grande. De hecho, el final africano lo roza. Sin embargo Boyle logra un delicado equilibrio entre drama, magia, ternura y comedia. Incluso la opción de representación de los santos, entre lo kitsch y lo surrealista, aureolas sobres sus cabezas incluidas, funciona: no es irreverente y encaja con la inocencia de Damian, esa cualidad que nunca debería perder. Al fin y al cabo, ya se sabe, hay que hacerse niños para ingresar en la vida eterna. Los dos chavales, sobre todo el debutante Alexander Nathan Etel, están perfectos.

7/10
28 días después

2002 | 28 Days Later...

Un grupo de ecologistas británicos asalta un laboratorio donde se hacen experimentos con monos. ¡Craso error! Su intención era buena, liberar a los animalitos, pero no podían sospechar que se estaba experimentando con ellos un virus letal, que estimula la rabia hasta extremos insospechados. 28 días después, un tipo en coma despierta en la UCI de un hospital. No hay nadie allí, ni en las calles; el espectáculo de Londres desierto es sobrecogedor. Pronto sabrá que quedan pocos supervivientes, y que los infectados por el virus se han convertido en una especie de zombies, siempre sedientos de sangre. Aunque el trío Danny Boyle, Andrew Macdonald y Alex Garland sigue fiel a su esquema de “grupo de personas sometido a una situación límite” que ya empleó en La playa, aquí se bebe también de clásicos varios del cine fantástico, los más evidentes La noche de los muertos vivientes y El último hombre… vivo. Boyle se revela, al igual que en Trainspotting, como un director de gran sentido visual (la gota de sangre que cae por culpa de un cuervo, la esperanza en el cielo entre las ramas de un árbol, las vallas publicitarias de caras sonrientes en las calles desiertes…), y también como creador de atmósferas desasosegantes. Aquí, recurriendo al vídeo digital, que le permite una gran versatilidad, nos pone a los espectadores con el corazón en un puño.

6/10
La playa

2000 | The Beach

Richard es un joven ‘moderno’... Él solito se ha montado unas vacaciones en Tailandia. Y se las arregla bastante bien. Una noche un vecino de hotel con un punto (y dos) de locura, le muestra un mapa de ‘la playa’, un lugar que sería algo así como el paraíso en la tierra. Al día siguiente el vecino amanece muerto: se ha suicidado. Richard decide partir en busca del mítico lugar, y pide a una pareja de franceses (la chica le ha hecho tilín), que le acompañen en su aventura. Este film, adaptación de una novela de Alex Garland, encaja de modo coherente en la filmografía de Danny Boyle. En Tumba abierta las personas buscaban la felicidad a través del dinero, y en Trainspotting por la droga; ambos caminos se revelaban insatisfactorios. En La playa, tenemos un auténtico paraíso, al menos en apariencia. La playa secreta, a la que el trío protagonista llega tras diversas peripecias, ofrece un paraje increíble. Allí no es necesario trabajar: todo el día puede uno bañarse, retozar con el compañero o compañera de turno, practicar deportes, fumar hierba... Parece la comunidad perfecta, al estilo hippy, que vive sólo para el deleite de los sentidos y hacer lo que venga en gana. Parece. Boyle ofrece un film con algo de contenido, que hace reflexionar un poco acerca de dónde ponemos nuestros anhelos de felicidad. Aunque se lía –no tiene claro todo lo que pretende contar–, muestra cómo los corazones pueden endurecerse hasta límites insospechados en esa ‘comunidad perfecta’. El director cita a Apocalypse Now, con Robert Carlyle trastocado en coronel Kurtz de pacotilla, y transforma a Leonardo DiCaprio, sin que venga muy a cuento, en un personaje que se cree protagonista de un videojuego. 

4/10
Una historia diferente

1997 | A Life Less Ordinary

El éxito de Trainspotting lanzó al trío británico Danny Boyle (director), John Hodge (guionista), Andrew Macdonald (productor) a filmar su primera película americana, una historia romántica y optimista, abierta a la trascendencia. Y que, sin embargo, conecta con la visión desencantada del mundo de los otros films de Boyle. A su manera, los dos protagonistas responden al perfil de jóvenes con pobres horizontes vitales. Robert, un perdedor, trabaja en una empresa de limpieza, pero su ilusión sería escribir guiones de cine. Su despido y sustitución por un robot, es un shock. Desesperado, amenaza a su jefe y se lleva a su hija Celine, con intención de pedir un rescate. En cuanto a Celine, rica y mimada, tiene caprichos tan peligrosos como el tiro a la manzana con un sufrido criado debajo. Tras muchos novios que no le han satisfecho, decide añadir algo de emoción a su vida facilitando a Robert su secuestro. Si perdedores son en el film los seres humanos, lo mismo cabría aplicar a los ángeles Jackson y O’Reilly, y a su jefe, el arcángel Gabriel; en su concepción antropomórfica, en clave humorística, es visible su cansancio de ayudar a los humanos en sus continuas crisis matrimoniales. En su nueva tarea, lograr que Robert y Celine se enamoren, las dificultades les llevan a considerar la paciencia de Dios con los hombres, y a pensar que quizá los tiene demasiado descontrolados. Pues la ayuda celestial a los protagonistas no impide su libertad. Aunque aventuras y desventuras sean alocadas, y recurran a la violencia paródica, las domina un tono que tiende a ser amable, y que posibilita la declaración final –sobre un fondo en que se retroproyectan diversos sucesos acontecidos en el film–, en que los protagonistas hablan explícitamente de su confianza en la providencia divina. Sin ser sesuda –tiene un tono ligero, a veces algo frívolo y sensual, siempre con sentido del humor–, la película habla de que es alcanzable la felicidad entre un hombre y una mujer, y de las ayudas insospechadas que uno puede recibir. Boyle menciona dos referencias para su film: A vida o muerte (Michael Powell, 1946) en el tratamiento celestial, y Sucedió una noche (Frank Capra, 1934) en la relación de él y ella. No está mal para alguien a quien se relaciona siempre con directores modernos (Quentin Tarantino, Stanley Kubrick, Martin Scorsese, David Lynch). Para presentar el cielo se opta por una óptica moderna –los ángeles podrían ser ejecutivos de una empresa moderna–, con presentación visual en que domina el color blanco, en vestuario, mobiliario y luz. La relación de Robert y Celine, aun dentro de esa visión contemporánea, remite a los clásicos. Se juega bien con el contraste de personalidades que caracterizan Ewan McGregor y Cameron Díaz: él algo tímido y poco decidido, ingenuo, con escasa imaginación, víctima del capitalismo; ella resuelta e ingeniosa, cansada de su vida de niña consentida. Existe la tan manida química entre los dos actores, y los momentos de humor –y drama– funcionan perfectamente. Las llamadas para pedir el rescate, o el modo en que esquivan a un vecino curioso, son modélicos.

6/10
Trainspotting

1996 | Trainspotting

Las drogas según Danny Boyle. La voz en off de Mark con que empieza el film, propone una curiosa disyuntiva: escoger una vida rutinaria ("escoge la vida, escoge el trabajo, escoge una carrera...") o el vértigo irracional de las drogas. El trío Boyle (director)-Andrew Macdonald (productor)-John Hodge (guionista), que adapta la impactante novela del vitriólico Irvine Welsh, ofrece una visión muy descarnada de la drogadicción, donde sentido del humor y hallazgos visuales (como la célebre y alucinante escena de la taza del váter) no ocultan la sordidez del tema, y los peligros reales a donde lleva.

7/10
Tumba abierta

1994 | Shallow Grave

Juliet, David y Alex son tres amigos que se van a vivir los tres juntos a un piso de solteros. Un día, Hugo, uno de sus compañeros aparece muerto en la cama, víctima de una sobredosis y deja en el piso una maleta llena de dinero. Los chicos, lejos de avisar a la policía, deciden deshacerse del cadáver y repartirse el botín. Humor negro en esta cinta de Danny Boyle, protagonizada por Ewan McGregor, que destacaría dos años después con el mismo director en Trainspotting. Buen ritmo y variedad de géneros dentro de la película, pues hay humor, algo de thriller, suspense... y unos protagonistas algo descerebrados que urdirán una macabra solución.

5/10
127 horas

2010 | 127 Hours

Aron Ralston es un joven al que le gustan los deportes de riesgo. Sin decir a nadie donde iba, se ha liado la manta a la cabeza y ha partido a John Blue Canyon, en Utah, un paraje rocoso increíble e inmenso, poco frecuentado. Allí disfruta de lo lindo hasta que un mal paso le hace caer por una sima, con tan escasa fortuna que su brazo queda atrapado por una roca que se diría imposible de mover. Aron pasará solo las 127 horas del título luchando por sobrevivir, y haciendo un particular examen de conciencia de lo que han dado de sí sus 25 años. El británico Danny Boyle repite con el guionista Simon Beaufoy, con quien hizo la oscarizada Slumdog Millionaire, ambos adaptan un libro del propio Aron Ralston donde cuenta su increíble peripecia. Y entrega una historia de supervivencia donde es clave el amor recordado de los seres queridos, con un sugerido sentido de la providencia al fondo, tema ya presente Slumdog..., y desde luego en Millones. Si la expresión 'luchar a brazo partido' no existiera, se diría que nació de los hechos narrados, tal es el empeño que Aron pone en salvar su vida. Aunque el metraje es escaso, apenas hora y media, el principal desafío al que se enfrenta Boyle es mantener el interés en una monosituación dentro de una grieta, esquema parecido al del título de ficción Buried (Enterrado). Ciertamente resulta algo reiterativo, y puede llegar a cansar, pero el director muestra carácter con la cámara y sus encuadres, el uso de la cámara de vídeo que lleva Aron, las escenas oníricas, casi alucinaciones, la visión de gusano desde el fondo del abismo, que permite atisbar el cielo. También la partitura musical de otro miembro del equipo Slumdog..., A.R. Rahman, ayuda. Resulta meritoria la interpretación de James Franco, que soporta todo el peso actoral de la película, los demás que aparecen son simples comparsas. Especialmente dura resulta la escena climática de la película, abordada de un modo hiperrealista no apto para todos los estómagos.

6/10

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