Blog de Hildy
El último desafío: Arnold Schwarzenegger cogió su fusil...
... y se disparó en el pie, si de juzgar se trata por el resultado de la taquilla estadounidense en su regreso al cine con un papel
... y se disparó en el pie, si de juzgar se trata por el resultado de la taquilla estadounidense en su regreso al cine con un papel protagonista. El último desafío a duras penas obtuvo el puesto 10 de la recaudación, y ello a pesar de que se trata de una entretenida peli de acción policial, a la que da mucha marcha el coreano Kim Jee-woon.
¿Qué ha fallado?, se preguntan muchos. Y responden otros que tal vez los escándalos domésticos que han rodeado al ex “gobernator” de California, con su inesperada paternidad de un adolescente con el ama de llaves, han podido hacer mella. De modo que hasta peligraría el “plan B” de Arnold Schwarzenegger de volver a la saga Terminator, una quinta entrega con él, que eso siempre mola.
En cualquier caso, yo traía a colación la película, porque tiene un par de cosas muy representativas de la cultura de las armas en Estados Unidos, a debate, una vez más, tras la sangriente tragedia escolar en Newtown.
Por supuesto, El último desafío es la típica peli con tiroteos a troche y moche. Pero me llamó la atención: 1) Harry Dean Stanton, montado en un tractor en su campo, y que cuando un matón, Peter Stormare, le propone comprar o alquilar su terreno, saca su rifle con el que le intimida, incluso disparando un tiro (no describiré la respuesta de los malotes, para que los potenciales espectadores saboreen la escena de nuevas). Y 2) Johnny Knoxville, un pirado que proporciona un verdadero arsenal de armas al sheriff de pueblo Arnold Schwarzenegger y sus policías, para completar su primitivo armamento; y es que el tipo tiene en su granero un museo personal con una ametralladora entre otros artilugios para disparar a lo bestia.
No entraré en detalles con Gangster Squad (Brigada de élite), donde las balas ocupan muchos fotogramas, pero diré que hasta en una película como El vuelo, que se estrena este viernes, vemos en un momento dado a Denzel Washington que sale a la puerta de su casa de campo, rifle en ristre, dispuesto a pedir a los extraños que aguardan afuera que salgan de su propiedad.
Quentin Tarantino asegura que es una frivolidad y una falta de respeto a las víctimas de violentos tiroteos como el de Newtown que se hable de la posible influencia en tales actos de las películas sanguinolentas. Y supongo que otros cineastas podrían defender que ellos no hacen más que reflejar lo que hay en la sociedad, el viejo debate de qué fue antes, el huevo o la gallina.
Lo cierto es que un Hollywood al que habitualmente le gusta asociarse a causas progresistas, en lo relativo a la violencia en las películas, parece tener manga ancha, da lo que demanda el público en cintas muy comerciales. El vicepresidente Joe Biden se reunió con gerifaltes de los estudios, dentro del estudio de posibles medidas para el control de armas y prevención de hechos como el de Newtown. Pero entre las 23 acciones ejecutivas anunciadas por la administración Obama, sólo una, muy colateralmente, afecta a los cineastas y demás configuradores de la cultura popular, no hay que molestar a los amigos, podría pensarse, o en todo caso, hay que ir poco a poco. Se trata de una vaga intención de aumentar la investigación sobre la violencia con armas, preparando un memorándum que apunte a las causas y prevención de la violencia con armas, donde se podría, tal vez, incluir medios de comunicación y... peliculas.
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