Blog de Hildy
El pujante cine de Canadá: hay vida más allá de Cronenberg y Egoyan
No he estado nunca en Canadá, en mi infancia el país me sonaba a frío, también sabía que tenía una
No he estado nunca en Canadá, en mi infancia el país me sonaba a frío, también sabía que tenía una policía montada, y que su bandera lucía una hoja de arce. También de mis años mozos recuerdo la letra de esa canción “Yo tenía una casita pequeñita en Canadá...”, creo que era de Parchís. Más tarde, y en lo que a cine se refiere, tenía claro que pocos países pueden presumir de albergar dos festivales de la categoría de los de Montreal y Toronto. Y tres notables directores, David Cronenberg, Atom Egoyan –aunque nacido en El Cairo, de padres armenios, se crió en Canadá– y Denys Arcand, me parecían más la excepción que la regla a la hora de considerar notable a la cinematografía canadiense. Sí, la idea que he tenido durante mucho tiempo es que Canadá, aparte de albergar últimamente muchos rodajes de Hollywood, por pura cuestión de abaratar costes, de modo que sus ciudades simulan ser la de Estados Unidos, no pintaba mucho en el mapa del cine mundial; hay industria, sí, se rodaban muchos telefilmes y serie B, sí, pero...
Últimamente estoy cambiando de opinión. ¡Si hasta los yanquis rinden tributo a Canadá en Argo con un supuesto equipo de rodaje, para liberar a los rehenes de Irán, refugiados en la embajada canadiense!
En muy poco tiempo los canadienses han ofrecido películas tan interesantes como Profesor Lazhar, un argelino metido a profesor en circunstancias especiales, y Rebelde (War Witch), sobre el horror de los niños soldado en África, ambas candidatas al Oscar. No tienen actores hiperconocidos, y sus directores, Kim Nguyen y Philippe Falardeau, no suenan. Y sin embargo son grandes películas.
Lo curioso es que hay más películas canadienses que sorprenden, con diferencia de muy pocos días he visto dos estupendas, El vendedor, que sigue a un anciano vendedor de coches, e Inch’Allah, sobre una médico que ejerce en Cisjordania, en los territorios ocupados por Israel. Y también abordaban el drama de Oriente Medio Incendies, otra película que fue nominada al Oscar, además de Amerrika y Una botella en el mar de Gaza. Por otro lado, la actriz Sarah Polley ya ha dirigido dos cintas, la última Take This Waltz. Y El mundo según Barney contaba con dos actorazos de la talla de Dustin Hoffman y Paul Giamatti.
Nos han hablado del boom del cine iraní, chino y coreano, pero a nadie le he oído destacar esta ola de cine montado en Canadá, de primera división, de directores nada divos, que entregan películas notables. Ojalá que siga la buena racha.
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