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Entrevistas

Una película rodada en plena pandemia con actores noveles

Paul Thomas Anderson disecciona "Licorice Pizza"

decine21.com 10 Febrero 2022

Paul Thomas Anderson había dirigido a la cantante Alana Haim en los videoclips de la banda que forma con sus hermanas Danielle y Este. El cineasta se ha arriesgado a darle el papel protagonista de su última película “Licorice Pizza”. Ambos nos cuentan cómo ha sido la experiencia.*

Alana, Paul te mandó el guión de Licorice Pizza por mail y lo leíste. ¿Qué te pareció el guion y también la idea de que Paul quisiera que protagonizaras la película?

Alana Haim: Bueno, todo fue muy imprevisto. Recibí un correo electrónico de Paul, no tenía título y era un documento Word. No tengo Word en mi móvil, así que me bajé la aplicación para formatearlo y empezar a leerlo inmediatamente. En ese momento estaba en Londres, delante de la estación de tren de Saint Pancras, un lugar muy pintoresco, sentada en un balcón que daba al edificio. Esa noche leí el guion cinco veces, me enamoré de Gary y de Alana, y me entusiasmé. Quería visualizar la historia. Hablé con Paul y me dijo: “¿Por qué no pruebas a leerlo en voz alta?” Así es como empezó todo. Luego llegaron las pruebas delante de la cámara, hubo muchas, y cuando pienso en esas pruebas… Bueno, mejoré con el tiempo, menos mal. Ese fue el comienzo y, de verdad, ha sido un honor para mí tener la posibilidad de ser parte de esta película.

Paul Thomas Anderson: Quiero añadir que, cuanto más le decía a Alana que haríamos la película, más me miraba sin creérselo con cara de estar pensando: “Esto no va a cuajar”, o también “Puede que no sea real”, y a mí me frustraba cada vez más. La conocía lo suficiente para verlo en su mirada, estaba convencida de que no se haría la película.

Paul, ¿cómo supiste que Alana, que nunca había actuado, podría convertirse en una actriz tan carismática?

PTA: Bueno, parece ser que tenía razón. Había colaborado con Alana, su grupo y sus hermanas. Fue sobre todo una sensación instintiva. Probablemente porque la conocía personalmente, intuí que su fuerza, sus ganas y su talento eran enormes. Aun así, puede haber un foso entre poseer estas cualidades y saber actuar en una película, pero el trabajo que habíamos hecho juntos en videoclips ya me indicaba que íbamos por el buen camino. Estaba dispuesto a probarlo. Además, tenía otra salida, aunque sabía que nunca la usaría Cuando empezamos con las pruebas de cámara, me di cuenta casi inmediatamente de que no solo podía hacerlo, sino que sería una gran compañera de trabajo.

Supongo que esa salida no sería otra que Barbra Streisand. [risas]

PTA: No, la salida era no hacer la película si realmente no hubiera sabido actuar. Probablemente habría guardado el guion en un cajón y no la hubiera hecho. O sea que “salida” no es la palabra correcta porque sabía que no estaba equivocado y, sinceramente, lo entendió todo desde el primer momento. Y si al principio había pequeños fallos, aprendía a la velocidad del rayo y se autocorregía inmediatamente. Los músicos son conocidos por ser buenos actores, basta con ver a Tom Waits.

Por ejemplo, saben moverse en sitios cerrados con un cierto ritmo. Alana sabe moverse y articular palabras como si fueran pensamientos suyos, no como si las hubiese leído en una página.

Tengo la sensación de que utilizaste la presencia de Tom Waits tan bien como lo hizo Robert Altman en Vidas cruzadas. Háblame de por qué le escogiste y también de su personaje.

PTA: Con mucho gusto. Bueno, Sean Penn había aceptado hacer el papel de Jack Holden y no sabíamos a quién pedir que interpretara a Rex Blau, y Sean sugirió a Tom. Se conocían socialmente. Me pareció una idea genial y pensé que no perderíamos nada preguntándoselo. Con un poco de suerte tal vez aceptase. Y así fue, dijo que sí. Llegó al plató, y hace falta mucho carisma para que Sean Penn no sea el centro de atención, pero en el momento que entró, Tom Waits era el centro de atención.

Lo bueno de Tom es que… Se levanta, empieza a dar vueltas por el restaurante y todo el mundo acaba mirándole. Asi es Tom, un showman nato, y eso hizo que repitiéramos la escena una y otra vez, a pesar de que no hacía falta, solo para verle a él.

Me dijiste: “Oh, nada, rodé Licorice Pizza durante la pandemia, fue fácil, trabajé con amigos y con la familia”. Tal como lo dijiste, parecía una “peliculita”, pero no lo es para nada.

PTA: Es curioso, pero quizá a mí me da la impresión de que todo fue muy fácil porque llevaba tiempo esperando. Hace muchos años nació una semilla dentro de mí, era la historia de un chico y una chica; y tuve una larga amistad con un hombre llamado Gary Goetzman – puede que a algunos les suene el nombre – que me contó historias de su juventud, de cómo crió a su hermano pequeño, de sus experiencias vendiendo camas de agua en una tienda en Encino, cosas que yo conocía de forma íntima porque había crecido con ellas, estaban en la punta de mis dedos, me bastó con documentarme dentro de mí mismo.

Luego estaban los diálogos de los personajes. Nadie reconoce nunca que escribir es fácil, y no lo es, pero hay ocasiones en que fluye, son los momentos de suerte, entras en una corriente que te lleva. Y eso fue lo que pasó, no podía ignorarlo. Por muy poco estructurada que parezca la historia, puedo decir que es el guion más estructurado que he escrito y que la película lo refleja con precisión. No quitamos apenas nada, nos limitamos a rodar lo que estaba escrito. Me parece alucinante que para conseguir la libertad y la sencillez de la película, tuviera que escribir el guion más controlado y milimetrado de todos. Pero me estoy desviando del tema…

¿Cómo fue trabajar con Cooper Hoffman? Es increíble, su mirada lo dice todo. Y sus primeros planos...

PTA: Bueno, cuando un director dispone de una cara como la de Alana y como la de mi querido Cooper, para hacer bien el trabajo debe acercarse mucho. Puede que antes tenga ideas de cómo va a filmar la película, pero al fin y al cabo todo emerge a medida que avanza, cuando lo ve delante. Y como la película gira en su mayoría en torno a ellos dos, me centré en eso, me seguí centrando en eso, no quería perderlo de vista, no quería alejarme del corazón de la historia. Cooper es una maravilla, le conozco desde que nació.

Conocer muy bien a alguien y saber cuáles son sus cualidades, la energía que puede aportar, es un gran beneficio. En muchos aspectos es muy parecido a Gary en cuanto a su energía contagiosa e inteligencia, pero de pronto se da la vuelta y se tira un pedo, y te das cuenta de que solo tiene dieciséis años. Es sorprendente que alguien pueda ser tan inteligente y estar en la luna a la vez. Intentamos plasmarlo en la pantalla porque solo tiene diecisiete años.

Alana, háblame de la secuencia más tensa de la película. Estás al volante de un camión de alquiler con el cambio manual de los setenta que se ha quedado sin gasolina y vas marcha atrás en una carretera con muchas curvas.

AH: No, nada de dirección asistida. Y sí, soy yo la que conduce. Me costó mucho trabajo conseguirlo. No fue llegar, saludar al camión y meterme dentro. Tuve que practicar mucho.

Es una loca aventura.

PTA: Es exactamente eso. Es el momento de la verdad para todos los que vivimos en esa época. Nos damos cuenta de todas las cosas que hicimos entonces y en las que habríamos podido matarnos, pero a las que entonces no dimos importancia. Hace falta distanciarse para verlas y pensar: “No puedo creer que lo consiguiera”. Sobre todo para los que crecimos en el Valle: las calles son anchas, largas, se puede ir deprisa, o son estrechas con mucha pendiente. Sí, había mucho peligro. Me alegro de que te fijaras.

Esta película es tu American Graffiti...

PTA: Ninguno de los chicos de la película es un actor profesional, son amigos de mis hijas, de mis hijos. Nos sentamos y vimos American Graffiti juntos. Te diré por qué quise que la vieran. Les dije “Vais a ver algo al principio de la película, hay un accidente. El actor no se detiene, no se vuelve y se disculpa por empotrar el escúter, sigue actuando. Así que, si ocurre algo parecido, seguid interpretando”. Por eso se la enseñé, y porque mis hijos ruedan películas y a veces se preocupan más por lo que ha salido mal que por la película en sí. Siempre hacen una bobina de accidentes y es genial. Pero los mejores errores son los que pueden quedarse en la película, y todos teníamos la esperanza de que ocurriera algo así, que alguien se empotrara en algo, pero no pasó nada.

AH: Te olvidas de uno.

PTA: ¿Cuál?

AH: Cuando la cámara falla.

PTA: Es verdad, fue un accidente. No estaba en el guion. Benny Safdie lleva una cámara de 16 mm con negativo dentro. Estamos rodando la escena y, de golpe, oímos cómo el negativo está saliendo del chasis. Fue algo imprevisto y me entró un ataque de risa, era demasiado perfecto porque los chicos no tenían ni la menor idea de cómo funciona una cámara de 16 mm. Es un ejemplo de cómo un error acaba en una película y le aporta algo. Demuestra su incompetencia a la hora de rodar una película.

Tengo que preguntar acerca de Bradley Cooper en el papel de Jon Peters, productor, peluquero y novio de Barbra Streisand. Es una interpretación brillante y absolutamente ridícula en el mejor sentido posible.

PTA: Los chicos que tenían la Compañía de camas de agua del gordo Bernie me contaban un montón de historias. Una vez me dijeron que habían ido a casa de Jon Peters para entregar una cama de agua. Y yo, preparándome para un jugoso cotilleo, porque Jon Peters tenía la reputación de ser un productor loco de Hollywood, pregunté qué pasó. Y me contestaron: “Nada, es un tío muy majo. Nos abrieron la puerta, montamos la cama en su habitación. Él se iba al cine con Barbra y nos pareció genial”. Y pensé: “Vaya, no me sirve para la película, necesito algo más interesante”.

Se me ocurrió una situación que me pareció tener sentido, ya que nunca había conocido a Jon Peters personalmente, solo conocía su reputación de oídas y decidí exagerarla un poco más, añadir mi granito de arena a la imagen del típico productor loco de los años setenta en Hollywood. También era importante mantener el nombre de Jon Peters porque salía con Barbra Streisand y ella estaba en la cúspide de su popularidad en esa época. Para Alana significaba entreabrir una puerta hacia un mundo mucho más grande que el Valle. Aunque Jon Peters vivía en Encino y tenía una peluquería en Encino, mi invención no está tan alejada de la verdad. Bradley es un actor genial con el que siempre he querido trabajar, así que tener la oportunidad de verle haciendo esto delante de nosotros fue genial y él aceptó sin problemas. Eso sí, fui a ver a Jon Peters para decirle lo que iba a hacer. Le conté que iba a hacer una película y que él era uno de los personajes. Le pareció bien y me pidió que le contara la historia en vez de leer el guion. Se la conté y le gustó la idea. “¿Quién me interpreta?”. Le dije Bradley Cooper. “Perfecto, muy bien”. Entonces le describí…

¿Aprobó la idea?

PTA: Bueno, en realidad no tenía que hacerlo, pero creí que sería más educado por mi parte contarle que era uno de los personajes de mi película. En el guion había escrito que cuando regresa al coche, se pone a gritarles y a acusarles de incompetentes. Me miró y dijo: “Nunca haría eso”. Le pregunté qué haría y contestó: “Habría intentado seducirla”. Un idea mucho mejor para la historia.

En cuanto a la estética de la película, los rostros de los personajes muestran la complejidad de personas reales.

PTA: Bueno, establecimos una regla desde el principio: nada de maquillaje. Y si Alana se maquillaba, lo debía hacer ella y dejaría muy claro que se maquillaba ella.

Creo que sobran los eternos retoques; hacen perder tiempo cuando se rueda una película. Siempre hay cincuenta personas precipitándose entre cada toma para retocar el pequeño mechón fuera de sitio en cualquier cabeza. Me parece que solo distrae y no sirve de nada tratándose de una película acerca de un montón de adolescentes viviendo su vida en el Valle de San Fernando en 1973.

Las caras de los actores tienen un brillo maravilloso, muy agradable de ver. Todos corren mucho. Sudan.

PTA: Sí, bueno, en el Valle vas en bici, en monopatín, en autobús o corriendo, y si tienes suerte te encuentras con alguien conduciendo que te lleva. Por eso creo que la relación entre Gary y Alana funciona porque ella ya sabe conducir y la peor amenaza de todas sería decirle a Gary: “Ya no voy a llevarte a ningún sitio”. Con eso se llega al meollo de la cuestión, de su relación, y comprendemos que su mayor defensa sería poder decir: “Vale, no pasa nada, ya no necesito que me lleves a ningún sitio”. Hay mucho en juego entre los dos.

Me pasaba lo mismo que a Gary, no me saqué el permiso hasta los dieciocho años. Mis hermanos tenían que llevarme a todas partes, y cuando se negaban, me daba una rabieta, pero nunca servía de nada y me quedaba sin salir. Por eso entendí el dolor de Gary cuando Alana no quiere llevarle a ninguna parte.

¿Cómo es trabajar con Paul?

AH: Confiaba plenamente en él y él confiaba en mí. Quería hacerlo todo, estaba dispuesta a enfrentarme a todo lo que surgiera. Me entusiasmaba formar parte de este proyecto, y si Paul me hubiera pedido que me tirara en paracaídas, le habría preguntado dónde estaba el paracaídas. Todo gira en torno a la confianza.

PTA: Siempre hay un momento en que se traspasa la responsabilidad. Alana nunca había trabajado como actriz y pensé que los primeros cuatro o cinco días se limitaría a seguir el guion al pie de la letra, aún no se sentiría lo suficientemente segura como para tomarse libertades. Pero al cabo de un par de días ya estaba en el camión con Bradley Cooper, que empezó a improvisar y a intentar seducirla. Fue la prueba de fuego y la pasó con brillantez.

Siempre hay un momento en que necesito que la actriz me diga lo que pasa porque el papel ya no me pertenece, le pertenece a ella. Y ocurrió cuando va andando con Lance, su novio, después de la cena de Shabat. Fue algo precioso. Había escrito una escenita que no funcionaba muy bien y Alana lo sabía. Me preguntó si podía hacer algo por su cuenta. O puede que ni siquiera me lo preguntara, que saliera por la puerta, se volviera hacia él y dijera: “¿Qué pinta tiene tu pene?” En ese momento pensé: “Así se hace, eso es lo que quiero”.

¿Tenías claro desde el principio qué temas incluirías en la banda sonora? ¿Y pusisteis música en el plató?

PTA: Reconozco que aún veo a Alana andando en la primera escena de la película cuando va hacia Gary. Alana sabe andar y había trabajado lo suficiente con ella como para saber que en ese momento debía decirle que se oiría el tema “July Tree” para que pudiera ajustarse al ritmo. Pasé varios temas a todos los chicos. Es muy probable que no los conocieran, pero sus padres sí, y les sonarían mucho porque los habrían oído desde su nacimiento. El rodaje en el salón de juegos fue una oportunidad genial para poner algo de música entre las tomas para mantener el ritmo. Los platós de cine pueden ser muy aburridos mientras se cambian las luces y se prepara la siguiente toma. Todos los chicos estaban allí y los pinballs están para pasárselo bien, no para aburrirse. Así que, durante la media hora de espera poníamos música para mantener el ambiente caldeado.

Y contestando a tu pregunta, no, no tenía nada pensado de antemano, pero sí una idea de lo que íbamos a utilizar. Grabamos algunas escenas con música y siempre dejamos espacio para la música, es mucho mejor así.

Una escena se filmó en el largo porche del Instituto Portola de Tarzana.

PTA: Bueno, Portola es… La historia empezó en el Instituto Portola. Allí vi a una chica… Era el día que hacían la foto a los alumnos Todos estaban colocados en el patio y uno de ellos, no tendría más de 14 años, no paraba de intentar hablar con una chica mayor que él que trabajaba para el fotógrafo. Quería conseguir su teléfono, cualquier cosa… Entonces nació esa semilla que siguió dentro de mí.

Se me quedó grabado. Me parecía una premisa imposible, pero casi inmejorable. ¿Qué pasaría si consiguiese convencerla de que se vieran muy a pesar suyo y apareciera furiosa por haber aceptado?

* Extracto de una entrevista realizada por la novelista Rachel Kushner en noviembre de 2021, e incluida en el pressbook de la película de Universal.

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