Entrevistas
“Los más jóvenes deben trabajar, así que no tienen tiempo de escuchar a los ancianos”
Christian Carion, director de “Un paseo con Madeleine”
Su nombre no resuena tanto como el de otros directores franceses, pero el común de los cinéfilos recordará con cariño alguna de sus películas, sobre todo “Feliz Navidad”, aunque también “La chica de París”, “El caso Farewell” o “Mi hijo”.
En Un paseo con Madeleine desarrolla la historia de un taxista que recoge a una anciana que va a ingresar en una residencia. Antes de dejarla, la llevará a los escenarios de su juventud. El realizador nos recibe en un hotel madrileño para hablar de este emotivo largometraje. Y la primera pregunta es inevitable.
¿Cómo se involucró en este proyecto?
Mientras viajaba de París a Lyon en tren, me leí el guión de Cyril Gely que me habían enviado los productores. Estaba escrito específicamente para Line Renaud, icono de la farándula francesa también reconocida por su implicación social, particularmente en la causa del SIDA. El film relata este momento de la vida en el que una persona mayor prácticamente no tiene más remedio que ir a terminar sus días en una jubilación, a casa, llevándose solo sus recuerdos él para llenar el pequeño espacio que le van a dejar.
Cuando terminé el libreto, estaba llorando, así que no me quedaba ninguna duda de que quería rodar esta película. Había perdido recientemente a mi madre, así que estaba todavía más sensible a esta historia. Me puse en contacto con la escritora para cambiar algunas cosas, pero estuvo de acuerdo, y creo que lo ha mejorado si cabe.
No es fácil sacar adelante un film sobre este sector de la población, porque el público prefiere temas juveniles. En este caso, la película se pudo hacer a partir del momento en el que reclutamos a Danny Boon, que es toda una estrella, lo que ayudó mucho a conseguir fondos para la financiación. Estoy muy contento porque su presencia ha animado también al público a acudir a las salas, y doy fe de que todos los espectadores han experimentado emociones, lo que para mí es lo más importante del cine. No sólo en Francia, sino que en otros países también tengo la percepción de que he dado que pensar a la gente.
Los más jóvenes están en la época en que tienen que trabajar, así que no tienen tiempo de escuchar a los ancianos, o de pasar tiempo con ellos. Se están perdiendo bastantes cosas, sobre todo aquello que tienen que explicarnos.
El film también denuncia los malos tratos contra la mujer.
Hablo de la sociedad francesa, que es la que conozco, aunque el film es extrapolable a otros países. Hasta hace muy poco, se tenía demasiada tolerancia sobre la violencia conyugal. Ha sido un camino muy largo hasta lograr que se tome en serio este asunto. Hasta los años 40, las mujeres no tenían derecho al voto. En los años 50, no llegaban los casos a los tribunales, porque se suponía que lo que pasaba en la intimidad de la pareja no podía salir de ahí. Hace veinte años, nada más, empezó a cambiar la perspectiva.
¿Por qué le ha dado un papel tragicómico a Danny Boon, siempre asociado a papeles de comedia loca?
Danny Boon se hizo una estrella gracias a sus shows de humor y sus apariciones televisivas. Yo fui el primero en confiar en él para un papel serio en mi película Feliz Navidad (2005), donde daba vida a Ponchel, un soldado que todas las noches cruzaba las trincheras alemanas para volver a dormir a su casa, con su mujer y sus hijos. Recibió buenas críticas por su trabajo, así que me quedé con la espina clavada de darle un papel principal serio en otra película. Hace años, le dije que es uno de los pocos actores capaces de hacer un papel cómico, pero también dramático. Sin embargo, él me dijo que prefería explorar su vertiente cómica.
Así lo ha hecho durante muchos años y ha tenido un enorme éxito con títulos como Bienvenidos al norte. Sin embargo, cuando empecé a trabajar en este proyecto, pensé de inmediato en él, fui a verle y le pedí que considerara trabajar de nuevo conmigo. Me respondió que ahora sí que estaba listo. Ha hecho comedias, hará otras en el futuro, pero ha conseguido el respaldo del público, y está en una posición en la que puede explorar otros registros. Le encantó el guión, y estaba de
No tuve que trabajar mucho con él para que resultara emotivo. Se dejó llevar por el guión, y me ponía los pelos de punta. Creo que su público habitual se sorprenderá gratamente.
¿Es difícil que el público se conmueva tras un arranque con bastantes elementos cómicos?
Tuve que quitar alguna secuencia cómica. Habíamos hablado de la dificultad para hacer esto, así que Danny Boon y yo remábamos en la misma dirección. Un director clásico francés al que admiro, Gilles Grangier, que ha trabajado con Lino Ventura y otros grandes siempre decía: “Los grandes actores no se dirigen, se dosifican”. Así que me limité a decirle de vez en cuando que llevaba algunas escenas a la risa, y no hacía falta. Le gustan las comedias italianas y sigue esa dirección, pero no se trataba de eso. Sí que aprovechamos algún momento para esbozar una sonrisa en el espectador, pero sin que deje de tomar en serio el trasfondo dramático. En caso contrario, el desenlace de nuestro film no funcionaría.
Otros directores que denuncian problemas sociales resultan muy negativos. Usted no oculta la realidad, por ejemplo de la guerra, en Feliz Navidad, o los malos tratos, aquí, pero, ¿siempre intenta conscientemente meter elementos positivos?
Me propongo que el espectador reflexione sobre problemas reales, pero que al final salga contento del cine. Mi padre siempre decía que una sonrisa nos rejuvenece, y un enfado nos envejece. Gracias a él, siempre he intentado ver el vaso medio lleno, en vez de medio vacío. Hay directores que te agitan, y consiguen indignarte. Cuando acaba la proyección de su película, el público estará a punto de organizar una manifestación. Yo nunca he sabido hacer esto, porque yo no soy así. Busco que la gente salga de la sala con una sonrisa y una pequeña esperanza. Pienso que es difícil hacerlo, pero se puede conseguir.
Existen pesimistas recalcitrantes, como Ken Loach. Quiere denunciar problemas, pero le gusta provocar enfado e indignación. Eso lo hace muy bien, aunque yo me pregunto si sabría hacer una película como las mías. Aunque sólo fuera una vez.
Llama mucho la atención el trabajo tan emotivo que realiza Line Renaud. ¿Cómo consiguió que resultara tan realista en su papel?
Desde el principio, me dijo que se sentía muy identificada con el guión, porque tenía similitudes con su propia vida. Por ejemplo, había un momento en el que su personaje de joven daba un beso a un soldado estadounidense en una estación. No tenía que aparecer en pantalla, pero insistió en venir al rodaje, y después felicitó a los actores, y nos contó que a los quince años había besado a un militar, como ocurría en la película. Line nunca ha sido víctima de violencia doméstica, pero algunas mujeres de su familia sí lo han sido. Nos dijo que por eso también quería hacer esta película. Después me confió que tenía esperanzas de que la película se convirtiera en su testamento fílmico. A mí no me gustó que me contará eso, porque me parece demasiada responsabilidad, y además me daba la impresión de que sería su último trabajo. Por suerte, ahora lo ha superado, porque cada vez que la veo me pide que le mande un nuevo guión.
El reparto se completa con la menos conocida Alice Isaak. ¿Por qué apostó por ella?
Da vida al personaje de Line Renaud de joven en los flashbacks. Tiene veintisiete años, pero creo que todos los aficionados al cine deberían apuntar su nombre. Tenía las escenas más difíciles, algo violentas. Ya había trabajado con ella en Mayo de 1940, y me gustó tanto su trabajo que la he vuelto a recuperar para este film. Me recuerda a las estrellas de Hitchcock de los años 50. De hecho, soy un gran admirador del Mago del Suspense, quise homenajearle a él en las escenas del juicio, y en un momento dado suena la banda sonora de Bernard Hermann para Psicosis.
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