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Biografía

Ken Loach

Ken Loach

84 años

Ken Loach

Nació el 17 de Junio de 1936 en Nuneaton, Warwickshire, Inglaterra, Reino Unido

Premios: 7 Festival de Cannes (más 1 premios)

Cineasta con causa

01 Noviembre 2019

Es el cineasta social por antonomasia. Hombre de izquierdas, formado en el teatro y el género documental, Ken Loach sabe combinar en sus creaciones con sobriedad el realismo puro y duro con un hondo sentido dramático. Ello para abordar situaciones de injusticia, que denuncia enfáticamente y sin pelos en la lengua.

Kenneth Charles Loach nació en Nuneaton, en Inglaterra, en 1936. Se licenció en derecho en el St Peter's College de Oxford, institución universitaria donde también desarrolló su gusto por el teatro como miembro del Club de Teatro Experimental. Tras su etapa académica sirvió dos años en la RAF, las fuerzas aéreas, para luego seguir una carrera artística, primero como actor de teatro, y luego como realizador televisivo en la BBC.

Su interés por los derechos de los trabajadores e inquietud social se manifestaron enseguida, pues ya en los años 60 se afilió al partido laborista. Aunque su relación con el partido ha atravesado sus altibajos, él se siente sobre todo socialista, en los últimos años se siente identificado con las ideas de Jeremy Corbin, para quien ha filmado algunos de sus spots publicitarios en sus campañas electorales. En cambio el partido conservador ha sido siempre el enemigo a abatir, sobre todo en los años en que gobernó la Dama de Hierro Margaret Thatcher, para él esta mujer representaba la defensa de las prebendas los privilegiados y la demolición en cambio de los derechos del trabajador.

También en la década de los 60 conocería Loach a la mujer de su vida, Lesley Ashton, con la que sigue casado y que le ha dado cinco hijos; uno de ellos murió en accidente de automóvil siendo niño, y dos han seguido también la senda cinematográfica.

Para la BBC Loach realizó numerosos programas de corte documental o docudrama, algunos muy combativos a la hora de mostrar la pobreza, el desempleo o la falta de una vivienda digna. Destacan en este período sus contribuciones a la serie antológica Wednesday Play donde entregó Up the Junction (1965), Cathy Come Home (1966) y In Two Minds (1967). Este mismo año marca su debut en la dirección de largometrajes de ficción, Poor Cow, donde sigue las tribulaciones de una joven de 18 años, casada con un marido abusivo, y con un niño. Le seguirá al año siguiente Kes, que adapta una novela de Barry Hines, autor también del guion, sobre un adolescente con problemas, que trata de buscar una salida aprendiendo el arte de la cetrería con halcones.

Pese a las alabanzas que Loach cosecha con la ficción, aparca este terreno para seguir entregando trabajos documentales televisivos, algunos de ellos no ajenos a la controversia. Por ejemplo The Save the Children Fund Film (1971) no agrada a la organización benéfica retratada en él mismo, mientras que Days of Hope (1975), compuesta de cuatro entregas, levanta ampollas por la visión que se da de los oficiales del ejército durante la Primera Guerra Mundial. Aún molesta más Questions of Leadership (1983), en que explora el comportamiento de los sindicatos, algunos de cuyos cabecillas se molestaron por sus preguntas nada complacientes. Which Side Are You On? (1985), armada alrededor de los poemas y canciones de los mineros del carbón durante una huelga sería considerada demasiado escorada políticamente, un reproche que se hará habitual a lo largo de toda su filmografía. Siempre se nota de que lado está Loach en un film, de modo que los mejores resultados los logra cuando su posicionamiento no es demasiado obvio, o si se supera por elevación por su maestría en la puesta en escena.

Con Jim Allen, colaborador en Days of Hope, inicia su regreso a la ficción con la celebrada Agenda oculta (1990), que abordaba la guerra sucia de los británicos contra el terrorismo del IRA, y donde contó con Frances McDormand y Brian Cox en los papeles principales. El film ganó el Premio del Jurado del Festival de Cannes, festival donde Loach siempre es siempre bien recibido, lo que incluye sus dos Palmas de Oro por El viento que agita la cebada (2006) y Yo, Daniel Blake (2016). Aún repetiría Loach asociación con Allen en dos títulos, Lloviendo piedras (1993), sobre el drama de una familia obrera católica, que debe costear el vestido de la primera comunión de una hijita, y Tierra y libertad (1995), que dibuja las divisiones de la izquierda en el bando republicano durante la guerra civil española. Loach no escribirá nunca sus libretos, aunque sin duda sus filmes son muy personales, encuentra guionistas con los que sintoniza y capaces de armar para él historias que le interesan.

Es un buen retrato de las clases desfavorecidas Riff-Raff (1991), sobre un chapuzas –la película puso en el mapa a los actores Peter Mullan y Robert Carlyle–, en cambio se pasa de rosca en Ladybird, Ladybird (1994), al poner en su punto de mira a los servicios sociales que arrebatan sus hijos a una madre que no parece estar capacitada para ocuparse de ellos. De todos modos Loach se muestra más atinado cuando pinta a personas de clase obrera de entornos británicos que conoce de cerca, que cuando se traslada a otras latitudes –La canción de Carla (1987), una historia de amor que nos lleva hasta una Nicaragua en guerra, y que marca la primera colaboración con el guionista Paul Laverty–, o al abordar temas históricos recientes –la mencionada El viento que agita la cebada, sobre la represión de los anhelos de independencia irlandesa a manos de los “Black and Tans”. Aunque pueda mostrarse algo cargante al despotricar sobre los poderosos que abusan de los que pertenecen a las clases más humildes, sabe impregnar su narración siempre de realismo en los modos de expresarse, acentos y chistes de los personajes, muchas veces interpretados por actores no profesionales, lo que dota a las historias de una gran naturalidad. De todos modos, quizá desciende el nivel en algunos de sus títulos como Mi nombre es Joe (2000), Pan y rosas (2000) y La cuadrilla (2001), que en algunos aspectos parecen variaciones sobre el mismo tema, sin grandes novedades. A cambio, el recurrente guionista Laverty se va entonando, e incluso en Cannes premiarán su libreto para Felices dieciséis (2002), que alude al cumpleaños próximo del adolescente protagonista. Loach tiene un equipo con el que se siente a gusto repitiendo colaboración, ahí están los habituales George Fenton, compositor musical, y Barry Ackroyd, director de fotografía.

Los atentados del 11-S marcaron a todo el mundo, también a Loach que hizo su contribución al film colectivo 11'09''01. 11 de septiembre (2002). No es el único título firmado con otros directores, en 2005 haría junto a Abbas Kiarostami y Ermanno Olmi Tickets, y en 2007 A cada uno su cine. En cuanto a temas de actualidad, el cineasta trataría la inmigración con su pasión característica en En un mundo libre... (2007) y la guerra de Irak en Route Irish (2010), que no son sus títulos más conseguidos. Supuso en cambio una optimista bocanada de aire fresco Buscando a Eric (2009), en que un hombre en crisis recibe consejos de un inesperado personaje de corte mágico, el mismísimo futbolista Eric Cantona. También La parte de los ángeles (2012), en que sigue a varios personajes obligados a cumplir horas de servicios sociales, aletea un aire más alegre del habitual en el cineasta.

Resulta un latiguillo habitual el anuncio de que una película va a ser la última de Loach, por su edad, pero éste siempre retorna, no se cansa de contar historias protagonizadas por seres humanos de carne y hueso, con problemas que entiende cualquier trabajador, más si es un padre o madre de familia. Resulta a tal efecto encantadora Yo, Daniel Blake (2016), sobre un anciano de baja laboral, magnífica persona, que debe adaptarse a los tiempos tecnológicos de internet. Y aunque no sea perfecta, conectamos en Sorry We Missed You (2019) con los problemas de una familia, en que la explotación laboral del progenitor, que se dedica a la mensajería, llegan y emocionan inevitablemente al espectador.

Ganador de 1 premio

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  • Oso de Oro honorífico
Filmografía
Sorry We Missed You

2019 | Sorry We Missed You

Las tribulaciones de la familia Turner, el matrimonio y dos hijos, un adolescente conflictivo con inclinaciones artísticas, la otra una tierna niña que sufre por las crecientes tensiones que desgarran el hogar. Y es que con una situación económica precaria, Ricky y Abbie, víctimas involuntarias de la crisis financiera de 2008, se dejan el alma a la hora de traer el jornal a casa, y no pueden prestar a su prole toda la atención que quisieran. El primero ha comenzado a trabajar en una empresa de mensajería como repartidor de paquetes, lo que supone empeñarse hasta las cejas para disponer de una furgoneta, y andar corriendo de un lado para otro para cumplir con los plazos de entrega. Mientras que ella, que ejerce de cuidadora de enfermos y discapacitados, muchos ancianos, ha tenido que renunciar a su automóvil. De modo que le toca desplazarse en autobús para atender a personas en situación de dependencia, a las que muchas veces falta un cariño que ella comportándose como si fuera su propia madre. Nueva muestra de cine social donde repiten colaboración el director Ken Loach y el guionista Paul Laverty. Con actores no profesionales muy convincentes, ponen el dedo en la llaga de una sociedad progresivamente deshumanizada, en que el trabajo esclaviza, con condiciones laborales a menudo indignas, que degradan y ponen en peligro lo que debería ser un oasis de paz y descanso al final de la jornada, el hogar familiar. La denuncia es oportuna, porque tiene una base real, pero no se logra sortear una sensación de que se cargan las tintas, con un efecto “bola de nieve” donde las dificultades y desgracias se acumulan de modo que se antoja excesivo, y con un personaje concreto, el jefe de Ricky, algo caricaturesco por su falta de consideración hacia sus empleados en la búsqueda de la máxima eficiencia. En cualquier caso, Loach y Laverty demuestran una gran habilidad narrativa, creando secuencias de gran calado dramático, que logran conmover, e introduciendo momentos en que se apunta lo que podría ser una feliz convivencia familiar en condiciones normales -la noche del sábado con emergencia felizmente resuelta, o la jornada laboral compartida por el padre y la niña casi como si fuera un juego–, o la humanidad de una paciente o un compañero de trabajo que trata de ayudar.

6/10
Yo, Daniel Blake

2016 | I, Daniel Blake

En dos ocasiones ha ganado Ken Loach la Palma de Oro en Cannes, después de concurrir y ganar premios en otras ocasiones en ese certamen. Con El viento que agita la cebada quizá quisieron asegurar que al fin se llevaba el premio gordo del Festival, pues no se trataba de su mejor película, ni de las más definitorias de su filmografía. En cambio Yo, Daniel Blake, cuyo guión firma su colaborador habitual, Paul Laverty, podemos asegurar que es un título Loach al cien por cien, con muchas de sus mejores virtudes y también con algunas de sus debilidades, cuyo tema de fondo es la dignidad humana que se sobrepone a mil y un obstáculos de una sociedad deshumanizada. Sigue las tribulaciones del personaje mencionado en el título, Daniel Blake, viudo cercano a los sesenta años, buen profesional como carpintero, pero que recientemente sufrió un ataque al corazón. A las dificultades burocráticas para el reconocimiento de una minusvalía que avala su médico, se suma la dificultad de acceder a otra vía para obtener un subsidio, la del paro. Blake se enfrenta a una máquina funcionarial deshumanizada, que lejos de dar seguridad social, aplasta a las personas atendiéndolas malamente, o dando por supuesto que todos han de ser expertos en el manejo de herramientas informáticas u otros métodos que las “bondades” de la vida moderna nos han traído. Aunque estas dificultades pesan, el buen corazón de Blake sigue estando dispuesto a ayudar a la gente con la que se topa, como el es caso de una joven madre soltera, recién llegada desde Londres a Newscastle, y que tiene que sacar adelante a dos criaturas en medio de grandes dificultades. El espectador empatiza enseguida con el protagonista y los obstáculos que debe sortear en su vida cotidiana, porque cualquiera ha conocido situaciones kafkianas de estilo parecido. Loach y Laverty hablan del buen fondo de las personas, pero también de lo fácilmente que podemos caer en la depresión o en la miseria material y espiritual, por las trabas de un ambiente social adverso, un sistema que no piensa en las personas, considerándolas puro número. La narración funciona, los actores, empezando por Dave Johns, hacen muy bien su trabajo. Quizá le pesa un poco al film cierto maniqueísmo, o cargar un poco las tintas de un modo fatalista con un truco final previsible, justificable, tal vez, pero que se ve venir a la legua. En cualquier caso es un film que hace pensar, y que invita a construir entre todos, personalmente, una sociedad más justa.

7/10
Jimmy's Hall

2014 | Jimmy's Hall

Leitrim, Irlanda, 1932. Terminada la guerra civil, los campesinos y la gente humilde de una comunidad rural viven una vida casi de esclavitud, y se les niegan los derechos más elementales. Cuando James Gralton (Barry Ward) regresa de sus diez años de exilio en Estados Unidos, (a donde tuvo que huir por motivos políticos), la esperanza de los pobres recobra ánimo. Se reencontrará con su antiguo amor, Oonagh (Simone Kirby), ahora casada, y volverá a poner en marcha un antiguo local social que fundó diez años antes, un lugar para reunirse y charlar, para dar clases pintura, de poesía, para bailar y escuchar jazz, una música prohibida... El local de Jimmy pronto será visto con malos ojos por las fuerzas vivas, la policía y la Iglesia local, una provocación que ha de ser sofocada, pues puede ser el comienzo de peligrosas conspiraciones comunistas. Una película social cien por cien Ken Loach, para bien y para mal. Para bien, en cuanto a la calidad de la narración y la humanidad de los personajes, con una mirada tierna y solidaria al acercarse a sus sufrimientos y su situación social; para mal, en cuanto a la falta de matices a la hora de enfrentar política y socialmente a las personas, un maniqueísmo un tanto superficial y simplista que reduce la entidad de la historia y su objetividad. A partir de una obra teatral de Donal O'Kelly, y con su guionista habitual, Paul Laverty, Loach vuelve a acercarse en este film a la historia de Irlanda, un país por el que el director británico parece sentir un sincero afecto y afinidad. En efecto, aquí recrea una etapa de su historia que ejemplifica la injusticia ancestral que ejercieron los poderosos hacia los más humildes. Inspirada en hechos reales, durante la época del “terror comunista”, Jimmy’s Hall puede verse como una continuación de El viento que agita la cebada, en donde Loach contaba la guerra civil en Irlanda entre pro-ingleses y partidarios de la independencia. Justo después, en 1932, Loach coloca la llegada de su protagonista, un hombre caído entonces en desgracia y que ahora llega del exilio. Jimmy Gralton es así como un “mesías” secular que puede devolver la esperanza a los irlandeses que se han alineado al margen de los que han preferido acomodarse bajo el paraguas de la poderosa Inglaterra. Entre estos últimos están los terratenientes y la Iglesia, claro, que se convertirán en los grandes enemigos de todo lo que representa Jimmy, enemigos por tanto de la vida auténtica, libre, bucólica. En este sentido, Laverty y Loach retratan a una Iglesia y a unos sacerdotes mezquinos y oportunistas, situados al margen de los que sufren las más flagrantes injusticias, clérigos anquilosados y asustadizos para los que cualquier reunión sin el visto bueno de la parroquia es sinónimo de contubernio comunista, una Iglesia que se atribuye el derecho exclusivo de dispensar la educación y la cultura, impidiendo el desarrollo de quienes no comparten sus opiniones. Al margen de que plasme una época donde estas cosas pudieran suceder, no deja de ser un enfoque tan increíblemente reduccionista que hoy en día resulta burdo, chusco. Y ese sesgo ideológico se apuntala por el retrato que Laverty hace de ambos bandos, unos absolutamente perfectos y buenos, gente maravillosa y sin fisuras, y los otros malvados, insensibles y crueles. Los actores, poco conocidos, hacen buenos trabajos, y la banda sonora a cargo de George Fenton es meritoria.

5/10
El espíritu del 45

2013 | The Spirit of '45

La parte de los ángeles

2012 | The Angels' Share

A estas alturas ya no se sabe qué se puede esperar al acudir a ver una película del veterano realizador británico Ken Loach, con guión de su colaborador habitual Paul Laverty. Tras romper el saque por completo con la optimista e hilarante Buscando a Eric, reapareció su lado desesperanzado y fatalista habitual en Route Irish, dura denuncia de las atrocidades cometidas por contratistas privados en la guerra de Irak. Contra todo pronóstico, La parte de los ángeles, su duodécima colaboración conjunta, ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes, vuelve a enlazar con la comedia que contaba con el astro futbolístico francés. La acción de La parte de los ángeles transcurre en Glasgow, donde varios impresentables son condenados a cumplir horas de servicios comunitarios por diversos motivos. Un borracho de pocas luces que saltó a las vías del tren cuando iba como una cuba, una cleptómana, y diversos perdedores se ven obligados a pintar, recoger basuras y realizar diversas tareas a las órdenes de Henri, un educador aficionado a la cata de whisky de calidad. Henri prestará especial apoyo a Robbie, un joven de baja estatura pero extremadamente violento, que a punto de convertirse en padre está deseando regenerarse, pero topa con todo tipo de problemas, entre ellos la oposición firme del progenitor de su novia, que no quiere ni verle. Laverty y Loach no renuncian a sus personajes marginales con nulas perspectivas, marca de la casa, ni a su estilo realista de siempre, cercano al documental. Abordan un tema de enorme interés, la posibilidad de regeneración de los delincuentes, sin ocultar las extremas dificultades que hacen muy difícil que esto suceda, como un entorno social en contra, escasa cualificación laboral, tendencia a reincidir, etc. Pero en La parte de los ángeles imperan las risas (sólo cabe reprochar algunos excesos escatológicos), se muestran inusualmente positivos y optimistas al confiar en la capacidad humana de autosuperación, e incluso confían en la familia como apoyo fundamental para los peores momentos. Como es habitual, Loach escoge actores espontáneos, muchos de ellos desconocidos, que parecen tener lazos en común con los roles que les toca interpretar. Es el caso del debutante Paul Brannigan, veinteañero que en la vida real ha pasado de hooligan (la cicatriz que exhibe es real) a padre responsable, y que se perfila como promesa de Hollywood, ya que posteriormente ha fichado para rodar como protagonista Under the Skin, con Scarlett Johansson. Actúa con gran espontaneidad, como la mayoría del reparto, en el que destaca la presencia de algunos actores que repiten en el universo Loach, como William Ruane (Felices dieciséis, El viento que agita la cebada), o el gran John Henshaw, que ya fue MeatBalls, vitalista cabecilla del grupo de amiguetes del personaje central de la comedia con Cantona. La parte de los ángeles describe con gran humanidad e incluso ternura a sus pintorescos personajes y llega a ser emotiva. Además, la mayor parte de la trama se desarrolla en el mundillo de las destilerías de whisky de Escocia, terreno que resulta lo suficientemente fresco e interesante.

7/10
Route Irish

2010 | Route Irish

La guerra de Irak lleva camino de generar más películas que Vietnam o la Segunda Guerra Mundial. El británico Ken Loach se une a una larga lista de directores, que incluye a Kimberly Peirce (Ausente), Roberto Benigni (El tigre y la nieve), Paul Haggis (En el valle de Elah) y Paul Greengrass (Green Zone. Distrito protegido). Fergus es un antiguo soldado de las fuerzas especiales británicas que tras dejar el cuerpo ingresó en una compañía privada que le pagaba una enorme suma de dinero por integrarse en su equipo de mercenarios en la Guerra de Irak. Logró convencer a Frankie, su mejor amigo desde la infancia, para que se alistase con él. Pero éste muere en un atentado en la 'Route Irish', el camino que lleva desde el aeropuerto de Bagdad hasta la zona internacional. Tras descubrir que Frankie había sido testigo de un brutal episodio perpetrado por sus compañeros, Fergus sospechará que algo se oculta en la versión oficial de su muerte. Tras la alegre y divertida Buscando a Eric, el tándem formado por el realizador Ken Loach y el guionista Paul Laverty, vuelve a su desesperanza habitual, en una cinta que posiblemente sea la más dura que ha elaborado hasta la fecha. Estaba cantado que Loach, en su afán por retratar los problemas del mundo actual, más tarde o más temprano rodaría un film sobre este conflicto. El realizador se centra en denunciar las atrocidades cometidas por las empresas privadas contratadas por el gobierno británico para intervenir en la guerra, con carta blanca para matar. Pretende volver a los tiempos de Agenda oculta, con la que comparte el tono de thriller, pero Loach no está tan inspirado en esta ocasión. A pesar de su habilidad narrativa, sus buenas intenciones y su maestría para dirigir a actores como Mark Womack (A flor de piel), que encarna a Fergus, el film resulta un tanto reiterativo, deprimente, y sobre todo ofrece una visión muy negativa, sin matices. Aunque sus críticas tienen fundamento, el film se posiciona en contra de la intervención británica en Irak, y ofrece la impresión de que casi todas las tropas internacionales destacadas allí son capaces de lo peor, mientras que sus enemigos no hacen nada malo. Curiosamente, la cinta está muy influida por la muy superior Redacted, con la que Brian De Palma tocó la misma temática, pues Loach recurre con frecuencia a las videoconferencias e imágenes de teléfonos móviles. También sorprenden las diversas referencias del guión de Laverty a España, el país donde se ha establecido, y la presencia, episódica (de una sola secuencia) de Najwa Nimri.

5/10
Buscando a Eric

2009 | Looking for Eric

Simpática película de Ken Loach, con su guionista habitual Paul Laverty. Sigue a Eric, un cartero algo deprimido por su vida personal: su segunda mujer le ha dejado, y sus dos hijastros son unos jovenzuelos irresponsables que le van a meter en líos; por otra parte, la hija que tuvo de su primer matrimonio le pide que cuide a su bebé, lo que va a propiciar el reencuentro con la esposa original, Lily, a la que abandonó en un auténtico ataque de pánico. En efecto se casaron jóvenes, cuando ella quedó embarazada, y la presión paterna de que estaba arruinando su vida propició la deserción. Ahora sólo cuenta con el apoyo de sus colegas carteros, amigos de verdad... y del mismísimo futbolista Eric Cantona, que a modo de amigo imaginario, le da consejos para enderezar su rumbo. Supone una auténtica novedad que Loach incorpore un elemento casi mágico a su cine. Porque Eric Cantona, interpretado por sí mismo, deviene en una especie de ángel de la guarda, con función comparable a la que ejercía el de la clásica ¡Qué bello es vivir!. El fútbol se convierte en metáfora de cómo debe abordar Eric sus problemas, en tal sentido tiene importancia la confesión del jugador de que el momento del que se siente más orgulloso en su carrera deportiva, es aquel en que dio un pase de gol a un compañero. Dicho lo anterior, hay que decir que director y guionista no renuncian al realismo y naturalismo típicos de su cine, que se ven sobre todo en las conversaciones entre los amigos carteros. Quizá no acaban de casar del todo las dos historias principales -la segunda oportunidad matrimonial y los problemas con matones de los hijastros-, pero la presencia de Cantona sirve de puente que disimula el problema. El desenlace, aunque sea un poco de vodevil, tiene su gracia, es capaz de provocar la sonrisa amable y resulta optimista.

6/10
En un mundo libre...

2007 | It's a Free World...

Ken Loach no engaña. El suyo es un cine social, de indisimulada carga ideológica, que se pone al mundo por montera para denunciar la injusticia allí donde cree que la hay. Le pierde a veces la visceralidad y la falta de matices, producidas en parte por la indudable pasión con la que trata sus amados temas, en compañía de su fiel guionista Paul Laverty. En esta ocasión, Loach aborda las odiseas que toca vivir a inmigrantes de países del Este, a la hora de salir adelante y trabajar en Gran Bretaña. Y está más comedido que en otras ocasiones. El film sigue a Angie, que trabaja en una empresa especialista en captar trabajadores cualificados provinientes de Polonia. Tras soportar una actitud vejatoria de uno de sus superiores, acoso sexual puro y duro, abandona la empresa, y decide montar con su amiga del alma Rose un negocio similar, aunque indudablemente a menor escala. Ellas tienen contactos, conocen las necesidades de fábricas y demás, creen poder hacerlo sin problemas... Pero la realidad es más compleja de lo que ellas imaginan, y descubrirán el poder de las mafias, lo que es no tener dinero para poder pagar a los inmigrantes contratados, por ser objeto de un engaño. Aunque la actitud de ellas mismas dista de ser perfecta, pues contaban con un fondo de dinero, que no destinan a pagar inmediatamente a las personas que les habían dado su confianza. Loach y Laverty denuncian la injusticia social descrita, y aunque cargan las tintas en la desesperanza y en la visión negativa, conciben la historia como una trama de aprendizaje, en que Angie escarmentará tras diversas peripecias. Quizá su intención no era expresamente esa, pero la pareja de creadores también pinta un cuadro familiar y de costumbres sexuales de Angie bastante descorazonador, que da qué pensar. La mujer está divorciada de un marido que era un vago inútil, pero le vemos tontear con un joven polaco, sin que la palabra compromiso parezca asomar por ningún sitio, en el fondo es un simple desahogo sexual y afectivo. Por otro lado está su hijo, con problemas en la escuela, y al que están criando los abuelos, en una dejación de responsabilidad bastante llamativa, que tendrá su momento culminante y de suspense en el momento de la desaparición. El director inglés rueda con soltura, e introduce esos momentos "didácticos" a los que nos tiene acostumbrados. Su estilo naturalista funciona, y los actores entregan interpretaciones muy creíbles. Pero todo suena un poquito a "déjà vu", más de lo mismo. Aunque con un tema más novedoso, que quizá fue lo que tuvo en cuenta el jurado del Festival de Venecia, que le concedió el premio al mejor guión.

6/10
A cada uno su cine

2007 | Chacun son cinéma

El viento que agita la cebada

2006 | The Wind That Shakes the Barley

Ken Loach vuelve a su cine político y combativo, con una historia que no ha agradado nada en su país natal, Gran Bretaña, y que fue premiada con la Palma de Oro en Cannes. Tal premio le viene grande. Quizá los organizadores del Festival han querido dar al fin el ‘premio gordo’ a un cineasta habitual en Cannes, pero a su película cabe aplicarle aquello de que ‘es más de lo mismo’; o sea, no es innovadora, ni deslumbrante. La trama se sitúa en 1920 en una Irlanda que anhela la independencia, y muestra la crueldad del ejército británico, conocido popularmente como ‘Black and Tans’, o sea, ‘Negro y Caqui’, una referencia al color de su uniforme. Un primer asesinato absurdo de un campesino, cuando efectúan un registro, ya pone el listón histriónico de Loach alto, y apenas han transcurrido diez minutos de metraje. Y es que al militante cineasta le pesa esto: quiere subrayar tanto sus ideas, se muestra tan enfático, que resta credibilidad a lo que cuenta. La organización de la resistencia irlandesa, las discusiones ‘populares’ y las divisiones que se producen –unos dan más peso al nacionalismo, otros a la justicia social– retrotraen demasiado a Tierra y libertad, film sobre la guerra civil española donde tampoco lograba el deseable equilibrio. No obstante, Loach es un cineasta bregado y narrador de primera, por lo que imprime un fuerte dramatismo a algunas secuencias, como a aquella en la que se hace necesario eliminar a un soplón.

4/10
Tickets

2005 | Tickets

Un tren que viaja desde Austria a Roma es el punto de unión de tres cineastas tan consolidados como personales: Abbas Kiarostami (El sabor de las cerezas), Ken Loach (El viento que agita la cebada) y Ermanno Olmi (El árbol de los zuecos). En este viaje argumental y cinematográfico se dan cita personajes tan diversos como un profesor que sueña con un amor que nunca fue, una familia de refugiados albaneses, tres fanáticos del fútbol escocés o una viuda. Las interacciones entre estas personas dan lugar a una serie de sentimientos y confrontaciones que hacen que esta película por episodios, a pesar de no ser una obra maestra, resulte profundamente interesante. 

6/10
Sólo un beso

2004 | Ae Fond Kiss...

Es habitual que el británico Ken Loach borde los retratos de la clase obrera británica que le rodea (Riff-Raff, Lloviendo piedras) y suene un poco a falso cuando se aventura en temas que le son ajenos (La canción de Carla, Pan y rosas). En esta ocasión se queda a medio camino al describir el romance entre Roisin, una profesora de música escocesa, y el hermano de una de sus alumnas, el paquistaní Casim. Se trata de un joven apasionado de la música, que ha estudiado contabilidad y cuyos padres han arreglado su boda con su prima Jasmine. Los temas centrales del guión (la inmigración, el choque generacional, la intolerancia, la diferencia de culturas y el amor interracial) resultan de rabiosa actualidad, aunque son los típicos de las películas sobre familias de inmigrantes, quizá mejor tratados en Oriente es Oriente y Quiero ser como Beckham. Pero Loach sabe abordarlos con una puesta en escena sencilla, y actores desconocidos pero creíbles. Además, sabe comprender el punto de vista de los personajes que apuestan por la tradición del matrimonio concertado, aunque el film defienda que el personaje siga el instinto de su corazón. Resulta de todos modos curioso que, en el buscado equilibrio por dibujar ambas partes, se trate con más respeto el islam que el cristianismo.

3/10
Felices dieciséis

2002 | Sweet Sixteen

Liam está a punto de cumplir dieciséis añitos. Y la vida no le trata demasiado bien. Su madre está a punto de salir de la cárcel. El novio de ella es un patán, y su abuelo un tipo mezquino. Pero Liam, adolescente, sueña con una vida mejor: reunirse con su madre y su hermana, comprar una casa-roulotte, y ser felices, simplemente felices… El problema es, claro, la pasta, y el camino que Liam escoge para conseguirla consiste en vender droga. El británico Ken Loach, que logró sus mejores resultados en la emotiva Lloviendo piedras, sigue con su cine rabiosamente social y pesimista. Con más verdad que en sus filmes más recientes, contrapone las pocas ideas nobles que aún le quedan a Liam con la dura realidad que le ofrece una sociedad egoísta e insolidaria. El desconocido Martin Compston compone con pasmosa naturalidad al adolescente perplejo que desea, ante todo, complacer a una madre que tiene idealizada.

6/10
11'09''01. 11 de septiembre

2002 | 11'09''01. September 11

Van un egipcio, un israelí, un inglés, un yanqui, un mexicano, un francés, una iraní, un japonés, una india, un bosnio y una chica de Burkina Fasso y… No se trata del comienzo de ningún chiste, sino del elenco de 11 directores, que con 11 minutos por delante de metraje cada uno, recrean lo que les sugieren los trágicos hechos ocurridos en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. Como sucede en todo film colectivo, hay mejores y peores segmentos. Conmueve la sencillez de la historia iraní de Samira Makhmalbaf en una escuela, o el triste viudo, Ernest Borgnine, en el corto de Sean Penn. Y resulta muy, muy divertida, la búsqueda de unos chavales en Burkina Fasso de Bin Laden, pensando en la recompensa que se ofrece por su cabeza. Más tomadura de pelo parece el clip de Alejandro González Iñárritu, casi todo él un fotograma en negro, con fogonazos de las caídas de la gente de las Torres Gemelas.

6/10
La cuadrilla

2001 | The Navigators

Ken Loach sigue dando vueltas a los problemas sociales de la Gran Bretaña. En esta ocasión sus protagonistas son un grupo de operarios, especializados en subsanar problemas en los raíles del ferrocarril. Les tocará enfrentarse con el despido y el empleo temporal. El director sigue reinventándose a sí mismo; lo más impactante es sin duda el muy deprimente final de la cinta.

4/10
Mi nombre es Joe

2000 | My Name is Joe

Joe ha conseguido, gracias a la ayuda de Alcohólicos Anónimos, superar su problema con la bebida. Está en el paro, pero gracias a pequeñas chapuzas que salen de tanto en cuando, sobrevive. Su vida es sencilla, pero alegre. Dedica algunos esfuerzos a entrenar a un penoso equipo de fútbol, al que ayuda no sólo con el deporte, sino en sus dificultades personales. La llegada de una abnegada asistencia social le hace descubrir el amor. Lo malo es una red mafiosa que domina el barrio, y en la que se ve enredado sin quererlo. El británico Ken Loach continúa su cine social, que ha producido títulos como Lloviendo piedras o Ladybird, Ladybird. El resultado, dentro de su marcado pesimismo, tiene una gran intensidad, y recibió premios en Cannes (al mejor actor, Peter Mullan) y en Valladolid (mejor película).

5/10
Pan y rosas

2000 | Bread And Roses

Maya y Rosa son dos hermanas mexicanas. Trabajan como limpiadoras en un edificio de oficinas, en condiciones infrahumanas. Cuando conocen a Sam, un activista sindical, su vida pega un giro. Empiezan a organizar a sus compañeras y batallan por sus derechos con orgullo. Ken Loach pone un “ladrillito” más en su filmografía de cine social. La peli conjuga la proposición de una historia humana, con personajes de carne y hueso, con la invitación a la reflexión. El director pinta un cuadro algo oscuro al hablar de lo que se encuentra un hispanoamericano que llega a Estados Unidos soñando con un mundo mejor: una situación “sin papeles”, la prostitución, el racismo, la amenaza y el miedo, las mafias, la extorsión... Nos gustaría que Loach fuera algo más optimista, pero lo que dice es parte de lo que hay.

5/10
La canción de Carla

1996 | Carla's Song

Años ochenta. George, un sencillo conductor de autobús inglés, conoce a Carla, una joven nicaragüense, cuando se cuela en su vehículo sin pagar el billete. Con naturalidad entablan una relación primero de amistad y luego amorosa. Pronto a la cautela de Carla por ocultar su pasado, George detecta mucho dolor: la huida de su país oculta algún secreto que debe ayudar a afrontar. De modo que ambos viajan a la Nicaragua sandinista. Y George descubre los horrores de la guerra: atentados y ataques sorpresa de la contra, implicación de la CIA que alimenta el conflicto por turbios intereses... El lado positivo de su experiencia lo deslinda el trato con los campesinos, gentes sencillas y solidarias, y las campañas de alfabetización promovidas por el sandinismo. Ken Loach es un cineasta político. Todas sus películas tratan temas sociales conflictivos que reflejan, de modo inequívoco, su ideología de izquierda. El director posee un particular talento para narrar crónicas a las que confiere verismo gracias a un tono documental que se ha convertido en su marca de fábrica. Pero Loach, que repite en La canción de Carla el esquema y estilo que tan buenos resultados le han procurado, se equivoca esta vez. La historia amorosa se revela como una excusa demasiado débil para introducir el tema político. Pese a ello el virtuosismo de Loach hace que el film resista hasta que la acción se traslada a Nicaragua. Allí su toma de partido se hace demasiado evidente; le falta sutileza, huele a panfleto. Comentarios como el del sandinista Tomás Borge, antiguo ministro del interior, que afirma que la película “está muy explícitamente alineada al lado de la revolución, diría que demasiado inclinada del lado sandinista” deberían hacer pensar a Loach que no basta con expresar las propias ideas; hay que hacer un esfuerzo, sobre todo, por acercarse a la verdad.

4/10
Tierra y libertad

1995 | Land And Freedom

Historia de amor, amistad y heroísmo utópico en el seno de una sección de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil española. El más brillante filme sobre la guerra civil, a pesar de estar dirigida por un británico. La realización y las interpretaciones son buenas, y transmiten sensación de sinceridad. Además, la visión de Ken Loach resulta bastante crítica e inteligente, a pesar de su habitual militancia política, que no le impide dar una visión cuanto menos interesante del conflicto.

5/10
Ladybird, Ladybird

1994 | Ladybird, Ladybird

Es sabido que Ken Loach parte habitualmente en sus películas de situaciones límite. Pero quizá nunca había presentado un conflicto dramático tan desgarrador como el de Ladybird, Ladybird. La fuerza de la historia aumenta cuando, al inicio del film, se dice que está basado en un hecho real. Maggie (Crissy Rock) es una mujer inestable, madre de cuatro hijos de distinto padre. Debido a una negligencia en su domicilio, los cuatro están a punto de perecer en un incendio. La Asistencia Social une este incidente a otros puntos negativos del pasado de Maggie, y decide retirarle la custodia de los hijos. A partir de aquí se produce el hundimiento moral de la protagonista, levantado parcialmente por Jorge (Vladimir Vega), un refugiado paraguayo que podría ser el amor de su vida. El director cuenta con un guión muy bien bosquejado por Rona Munro, cuyo principal mérito es lograr que te interesen los personajes. Cómo se conocen Maggie y Jorge, el discurrir de su relación amorosa entrelazado con el descubrimiento de la tragedia de ella, está magníficamente narrado. Loach continúa con su característico estilo de cine documental ‑tipo de fotografía, actores no profesionales‑ que logra imprimir el apetecido aspecto realista y profundamente duro del relato. También sigue Loach ‑¡cómo no!‑ con esa particular guerra que parece librar con el aparato del Estado británico. En esta ocasión el centro de sus iras es la Asistencia Social, de la que hace un cuadro en el que faltan las luces ‑sólo hay sombras‑, y que carece por tanto de auténtica perspectiva. Los funcionarios se convierten así en autómatas sin sentimientos, capaces de arrebatar un hijo a Maggie al poco de haberlo dado a luz. Plantea el film, de todos modos, una interesante cuestión. ¿A partir de dónde puede establecerse la incapacidad de unos progenitores para educar a sus hijos, de modo que se haga necesaria la intervención del Estado para buscar unos nuevos padres? Tan claro como el amor de Maggie por sus hijos, lo son su incapacidad de escuchar, su agresividad. En definitiva no es la madre ideal, no alcanza el aprobado. Pero quizá su caso no sea tan diferente al de muchas personas que no atienden a sus hijos del modo debido. Tienen evidentes descuidos, culpables sin duda, pero unidos a un vago deseo de querer lo mejor para sus hijos. Lo que no saben es cómo convertirlo en realidad. Arbitrar medios para ayudarles en su tarea educativa ha de ser tarea primordial, antes de recurrir a lo que ha de ser la última opción: la separación de padres e hijos, y la consiguiente tutela estatal.

7/10
Lloviendo piedras

1993 | Raining Stones

Un parado inglés atraviesa una mala racha económica, pero hará lo imposible para que su hija estrene vestido el día de su primera Comunión. Todos sus esfuerzos por conseguir dinero, sin embargo, resultan vanos. Ken Loach (Ladybird, Ladybird, Felices dieciséis) describe de forma realista la vida de los más desfavorecidos, siempre con una toma de partido hacia ellos, y en este caso habla de la religión católica con respeto. Hay algún momento emotivo, y un retrato muy rico de tipos humanos.

7/10
Agenda oculta

1990 | Hidden Agenda

Una activista pro derechos humanos es asesinado. ¿Qué hay detrás? Algo muy turbio, como van a descubrir la novia del asesinado y un honrado policía. Con el telón de fondo del terrorismo del IRA, el combativo Ken Loach cargó una vez más contra la política de Margaret Thatcher. En esta ocasión, su dedo acusatorio hablaba de terrorismo de estado. El film presenta una atmósfera inquietante, que contrasta muy efectivamente con el temperamento "tranquilo" de Frances McDormand y Brian Cox, que están sencillamente perfectos.

7/10
Riff-Raff

1990 | Riff-Raff

Un joven obrero de una empresa de la construcción vive un romance con una cantante adicta a las drogas, en el mundo marginal de Londres. Comedia social “estilo Loach”, que ganó merecidamente el Premio de la Crítica en Cannes.

6/10
Family Life

1971 | Family Life

Mirada realista y desoladora a los problemas de la joven Janice, a la que tanto la familia como los médicos parecen incapaces de poder ayudar. La historia empieza con Janice embarazada y los padres presionándola para que aborte con la excusa de que no está preparada para ser madre. Tal decisión no hará más que agravar sus problemas psíquicos, que la conducen a ser internada en una institución de salud mental. Allí primero intentan con ella una terapia de grupo, pero la burocracia hospitalaria conduce a la cancelación de esa técnica, por lo que Janice debe someterse a un tratamiento más tradicional, con fármacos y electroshock. Lo que combina con las visitas habituales de los padres, llenas de reproches que no le hacen ningún bien. Un de los filmes más tempranos de Ken Loach, que ya había visitado esta historia en 1967 en la serie televisiva The Wednesplay Play bajo el título In Two Minds. Utiliza su clásico estilo realista cercano al documental, con actores no profesionales, y ciertas técnicas de improvisación. Así surgen las conversaciones entre los distintos psiquiatras, la paciente y los padres, con los reproches por ciertas actitudes que no ayudan a tratar lo que se diagnostica como una esquizofrenia. Para Loach, el film se convirtió casi en "un documental sobre las personas que estaban haciendo la película y, en especial, sobre la madre. (...) La madre tenía una relación claustrofóbica con su hija y representaba los valores tradicionales que, exagerados o llevados más allá de de un límite, resultaban muy represivos."

6/10
Cathy Come Home

1966 | Cathy Come Home

En 1964, la cadena británica BBC, comenzó a emitir una serie documental en tono dramático en la que diversos directores (Dennis Potter, David Mercer, John Hopkins, etc.) abordaban algunos de los problemas a los que se enfrentaba la Inglaterra del momento, como el aborto o la pobreza. Cathy Come Home, dirigido por Ken Loach, fue uno de los episodios más aclamados -obtuvo el Prix Italia como Mejor Programa Dramático-. Basado en una historia de Jeremy Sandford, cuenta el problema al que se enfrenta una pareja cuando, de pronto, se queda sin hogar. El duro e injusto sistema judicial de la época eludía cualquier tipo de responsabilidad hacia el colectivo de los sintecho. El film consiguió que se cambiara la ley y se crearan numerosos refugios y hogares de acogida.

7/10
El espíritu del 45

2013 | The Spirit of '45

11'09''01. 11 de septiembre

2002 | 11'09''01. September 11

Van un egipcio, un israelí, un inglés, un yanqui, un mexicano, un francés, una iraní, un japonés, una india, un bosnio y una chica de Burkina Fasso y… No se trata del comienzo de ningún chiste, sino del elenco de 11 directores, que con 11 minutos por delante de metraje cada uno, recrean lo que les sugieren los trágicos hechos ocurridos en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. Como sucede en todo film colectivo, hay mejores y peores segmentos. Conmueve la sencillez de la historia iraní de Samira Makhmalbaf en una escuela, o el triste viudo, Ernest Borgnine, en el corto de Sean Penn. Y resulta muy, muy divertida, la búsqueda de unos chavales en Burkina Fasso de Bin Laden, pensando en la recompensa que se ofrece por su cabeza. Más tomadura de pelo parece el clip de Alejandro González Iñárritu, casi todo él un fotograma en negro, con fogonazos de las caídas de la gente de las Torres Gemelas.

6/10
Cathy Come Home

1966 | Cathy Come Home

En 1964, la cadena británica BBC, comenzó a emitir una serie documental en tono dramático en la que diversos directores (Dennis Potter, David Mercer, John Hopkins, etc.) abordaban algunos de los problemas a los que se enfrentaba la Inglaterra del momento, como el aborto o la pobreza. Cathy Come Home, dirigido por Ken Loach, fue uno de los episodios más aclamados -obtuvo el Prix Italia como Mejor Programa Dramático-. Basado en una historia de Jeremy Sandford, cuenta el problema al que se enfrenta una pareja cuando, de pronto, se queda sin hogar. El duro e injusto sistema judicial de la época eludía cualquier tipo de responsabilidad hacia el colectivo de los sintecho. El film consiguió que se cambiara la ley y se crearan numerosos refugios y hogares de acogida.

7/10

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