Entrevistas
Director y patriota
Uno tendía a pensar que el responsable de la impactante y personalísima Moulin Rouge debe ser el típico tipo genial, pero quizás un poco loco, con mirada extraña, de rica vida interior a la vez que inquietante... Y no. Resulta ser un hombrecillo menudo de lo más afable y normal. Baz Luhrmann es un padre de familia entrañable, que concedió una entrevista a DECINE21 cuando visitó Madrid para promocionar Australia, su nuevo trabajo.
¿Cómo surgió este proyecto?
Tras Moulin Rouge, mi siguiente trabajo tendría que haber sido una biografía de Alejandro Magno. Estuve mucho tiempo trabajando en ese proyecto. Me fui con mi mujer, Catherine Martin, al norte de África. Ella siempre trabaja conmigo como diseñadora de producción. Estuvimos haciendo un estudio de cómo íbamos a rodar la cinta. Pero a la mitad, nos enteramos de que iba a salir antes la película sobre el mismo personaje histórico que estaba haciendo Oliver Stone. Es muy malo llegar en segunda posición con una película sobre el mismo tema, y finalmente desistimos. No queríamos competir por salir antes. Mi mujer y yo no nos planteamos trabajar ‘a la carrera’. Las cosas hay que hacerlas bien.
Entonces empezamos a barajar otros proyectos. Estuvimos viviendo en París durante un tiempo con nuestros dos hijos. Nos dimos cuenta que, desde que habían nacido, los niños nos acompañaban continuamente en nuestros viajes, rodajes y demás, pero que apenas han estado en su país. ¿De dónde sentirán ellos que son? ¿Se sentirán desarraigados? Empecé a pensar en una película sobre Australia.
También recordé aquellas películas que veía de pequeño, grandes producciones que contaban historias románticas en medio de acontecimientos históricos. Catherine y yo queríamos que nuestra película no fuera el equivalente en cine a un restaurante de comida rápida. Tenía que ser un gran banquete... Al final, la película tenía que ser necesariamente muy lujosa y grande...
Australia comienza curiosamente con una introducción que está narrada con mucho humor, y de ahí se pasa al drama.
Después de Moulin Rouge, que era una gran tragedia, me apetecía rodar secuencias cómicas. Creo que los primeros veinte minutos son bastante humorísticos. Creemos que así desarmaremos al público, que espera ver un drama, y de repente se encuentra con algo opuesto. Y una vez desarmados, les podemos llevar por el camino que queramos. Se me ocurrió que también podía aprovechar para el humor el hecho de que el narrador de la cinta sea un niño, para acabar derivando en un drama.
En suma, he utilizado la misma táctica que en Lo que el viento se llevó. La presentación de Scarlett O’Hara y sus primeros devaneos amorosos están contados con humor. La risa del principio deriva en un desarrollo dramático, emotivo. De la risa se llega al ‘juro por Dios que no volveré a pasar hambre’. Mi objetivo era imitar también la forma que tiene esa película de expresar emociones directas. No es una película cínica, sino muy auténtica.
¿Era muy importante para usted cuidar la parte visual y que fuera una cinta espectacular?
Intento que mis películas sean distintas entre sí, pero que las imágenes llamen la atención. En esta ocasión, mi modelo era el cine clásico musical, y las películas de los años 30, como Lo que el viento se llevó. Creo que son imágenes no naturalistas, un poco irreales, que se ajustaban muy bien a lo que yo quería contar, que me recuerdan a imágenes pintadas sobre un cristal. Me inspiré muchísimo en películas de David Lean, como Lawrence de Arabia y en suma en todo el cine que amo.
El arte expresa lo que te rodea, y el cine del nuevo milenio suele ser realista y descarnado. Desde el 11 de septiembre el mundo ha cambiado y la gente se siente mucho más insegura. Creo que las imágenes del cine reflejan esa inseguridad y son más descarnadas. Pero yo quería ir en una línea menos realista, y doy más importancia a la estética que al realismo.
Aunque es usted un hombre, da la impresión de que su película conecta especialmente con el público femenino, quizás porque las mujeres se sienten reflejadas en el personaje de Kidman, una extranjera que llega a Australia. ¿Es un film premeditadamente concebido para mujeres?
Quizás tiene que ver con el hecho de que durante todo el proceso de producción he trabajado con mi esposa, Catherine Martin, como comentaba anteriormente. Somos dos personas, pero a la vez funcionamos como un todo. Es mi alma gemela, y la otra parte de mí. Nos complementamos mucho. Todas mis ideas, y todo lo que invento, se lo cuento a ella antes que a nadie, por lo que puedo decir que es mi primer público. Por lo tanto, creo que Catherine es un factor clave en las películas que dirijo.
El film reivindica los valores tradicionales a partir de la figura del abuelo del niño. ¿Siempre tiene en cuenta que sus películas deben reivindicar valores?
Siempre he intentado que mis películas cuenten cosas a los espectadores, que normalmente van a verlas por los actores y la potencia de la imagen. En esta ocasión quería contar varias cosas, por ejemplo la gran cicatriz que tenemos en nuestro país, como consecuencia de los efectos de la”generación robada”, los niños mestizos que eran arrebatados a sus madres por el gobierno. El otro mensaje importante tiene que ver con los valores antiguos. Esto se explica porque yo pasé mi infancia en un pueblo muy pequeño donde regían los valores ancestrales. Me inculcaron que había que escuchar a los mayores, porque tenían más experiencia. Ellos saben lo que es ser joven, y yo no sabía todavía lo que se siente al ser viejo, así que está claro que saben más que yo.
¿Cree que el tema de la “generación robada” ha sido poco divulgado a nivel internacional y que era importante darlo a conocer?
Es sin duda un oscuro capítulo. Creo que es importante dar a conocer la historia de mi país, con lo bueno y lo malo. El presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, lo habría pasado muy mal si hubiera vivido en Australia, en la primera mitad del siglo XX, no hace tanto tiempo. Sencillamente, por ser mestizo, se lo habrían llevado y no habría vuelto a ver a sus padres. Tras finalizar el rodaje, una de las extras me escribió una carta preciosa. Me dijo que le había pasado lo que yo había contado en el film, y que no volvió a ver a sus padres. Y me daba las gracias. Creo que esto devastó a la población aborigen e hizo muchísimo daño. Por suerte, desapareció en los 70.
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