Entrevistas
Actriz completa
Charlize Theron es tan radiante en persona como uno puede imaginar. Su belleza está a la vista de cualquiera, y cuando uno se pone a hablar con ella, descubre a una actriz inteligente, con ideas propias. Charlamos de su trabajo en Lejos de la tierra quemada, película que también ha producido.
Su personaje es una mujer compleja, con un oscuro pasado, fría, promiscua. ¿Cómo lo ha afrontado?
Creo que todos los personajes que he interpretado suponían un completo misterio para mí. Lo que me interesa de mi trabajo es precisamente no saber nada del personaje antes de empezar. Creo que lo que nos llama la atención a los actores es interpretar a personajes distintos a nosotros. Eso me intriga, me gusta.
Su Sylvia no es capaz de perdonar a su madre ni a sí misma, pero al final necesita que la perdonen. ¿Esta búsqueda del perdón fue importante para su interpretación?
De hecho, cuando mi personaje le pide a la niña que le perdone, creo que es más bien una petición que se hace Sylvia a sí misma. Es algo muy propio del comportamiento humano, lo que decimos no tiene por qué ser lo que necesitamos. Ella, por primera vez, después de tantos años, está intentando perdonarse por todo lo que ha hecho, y lo hace de esta manera, pidiéndoselo a la niña. Cuando la vio, sabía que la quería en su vida, entendió que tenía que perdonarse para poder estar con la niña.
En la película todas las mujeres parecen llevar las riendas de la relación, ya sea de manera pasiva o activa.
¡Dios le bendiga! (risas). Es interesante, porque yo siempre había visto la película como una historia contada a través de los ojos de cuatro mujeres. Ayer estuve en Londres y un chico me dijo que él tenía la impresión de que era Santiago quien realmente tenía las riendas de todo. Él decide quedarse con la niña, él hace las cosas correctas, el sacrificio de criar a la niña cuando la madre se fue. Me parecen muy interesantes estas dos visiones, porque se puede decir que Santiago hace lo correcto, pero lo correcto no es siempre lo mejor. Por ejemplo, Mariana podía haberse quedado con la niña, pero no estaba preparada, no podía hacerlo. Habría sido lo correcto quedársela, pero no lo mejor para la niña.
El amor y los muertos son algunos de los grandes temas de la película.
Es la forma que tienen de complementarse el uno con el otro, y por supuesto que es la base de la película. También hay algo muy poderoso en el amor.
Parece ser que fue idea suya elegir a Kim Basinger para interpretar a la madre. ¿Por qué?
Lo sugerí, sí. Respeto mucho el trabajo del director, no quería imponer nada, pero se lo sugerí a Guillermo Arriaga, porque creo que es una de las mejores actrices que tenemos ahora. Tiene algo que no he visto en otras actrices de su edad, una vulnerabilidad que impregna con un sentimiento de realismo a todo lo que hace. Y esta vulnerabilidad hacía falta para entender el personaje de Gina.
Imagino que habrá preparado su personaje en colaboración con Jennifer Lawrence...
Jennifer tenía muy claro cómo iba a interpretar a su personaje y lo mismo me pasaba a mí. El mérito lo tiene Guillermo que fue quien escribió el guión. pensando en los dos papeles. Él lo hizo fácil.
Su filmografía está marcada por las películas comerciales y por otras que son completamente lo contrario. En este caso, es el debut de Guillermo Arriaga como director. ¿Por qué se arriesga tanto?
No creo que puedas saber a priori las películas que van a ser comerciales y las que no. He hecho películas de 100 millones de dólares que han tenido una acogida horrible en taquilla. No me gusta pensar en los proyectos por el éxito que van a tener en taquilla. Si me gusta la película, si creo que es buena, involucrarme no creo que sea un riesgo. Mi trabajo se basa en las cosas que me interesan.
Teniendo en cuenta que Guillermo es debutante, ¿cómo ha sido trabajar con él?
El proceso de hacer una película supone un pánico completo y total. Pero él no siente este pánico. Está completamente tranquilo durante todo el rodaje. Lo conocíamos como guionista –es uno de los mejores del moment–, pero además es un cineasta nato. Desde que comenzó el rodaje no se sintió inseguro, nunca tuvo ninguna duda. Ha sido un placer trabajar con él. Si me llamara mañana para hacer otra película, me apuntaría enseguida.
¿La Charlize productora tuvo que convencer a la Charlize actriz para hacer alguna escena?
Tuvieron muchas conversaciones. No se gustan mucho la una a la otra (risas). La verdad es que no divido mi trabajo como actriz y productora. A mí lo que me encanta es hacer películas. Así que, para mí, se trata de disfrutar de varios elementos que forman parte del cine.
Esta película tiene escenas de sexo. ¿Se siente cómoda haciéndolas?
Como Charlize, me cuesta mucho desnudarme. Quizás si bebiera mucho vino (risas) me resultaría más fácil. Pero cuando me tengo que desnudar en una película es mi personaje –Sylvia en este caso– quien se desnuda. Entonces, me cuesta hacer una escena así, pero no tanto como otras, como la de la confesión. Todas las escenas tienen un proceso detrás y yo siempre uso el mismo, tanto si es de cama, como si no. En unas te desnudas tú y en otras desnudas tu alma.
Penélope Cruz se acaba de convertir en la primera española en ganar un Oscar. En su caso, fue la primera sudafricana. ¿Supone esto una responsabilidad?
¿Por qué?
Porque representa de algún modo a su país.
No, no lo represento. Yo no elegí ser de allí, pero es donde nací. Estoy muy orgullosa de mi país, pero yo no soy la presidenta, así que no lo represento. Sólo vivo mi vida como ciudadana. No sé si Penélope ha vuelto aquí después de ganar el Oscar. Yo sí que volví a Sudáfrica, donde se ofreció una gran recepción. Allí tuve la sensación de formar parte de algo grande, de algo mucho mayor que yo misma, pero no lo entiendo como una responsabilidad. Creo que se trata de vivir la vida de una manera buena, no pensando que se tiene una responsabilidad con tu país. En cuanto a Penélope, me dio muchísima alegría que ganara ella el Oscar.
Para una actriz con una carrera consolidada, ¿cómo influyó el Oscar?
Ganar un Oscar es un grandísimo honor. Si piensas que este año ha sido la edición número 81, ves que sólo ha habido otras 80 actrices que también han ganado el premio. Es un honor enorme. Sin embargo, yo realmente creo que lo que me cambió la vida fue el trabajo que realicé en Monster (2003), mi personaje. Por esto estoy muy agradecida a Patty Jenkins, por darme la oportunidad de hacer este personaje. Tener el Oscar en casa es fantástico, pero creo que aunque no lo hubiera ganado, la gente me habría mirado de forma diferente después de haber hecho ese personaje.
Es embajadora de la ONU para luchar contra la violencia de género. ¿En qué consiste su tarea?
Es una continuación del trabajo que llevo haciendo desde hace diez años en Sudáfrica en un centro para mujeres que han sido violadas. En Sudáfrica hay que cambiar muchas cosas, hay infinidad de creencias y tabúes relacionados con el sida y con las violaciones. Trato de dar a conocer las distintas realidades, hablar del tema para que la gente sea consciente de lo que ocurre y que los tabúes y demás no consigan ocultar lo que está pasando. Durante muchos años han sido temas que han estado muy tapados, daba vergüenza hablar de ellos. Me inspira gente como Elton John y su labor en relación al sida. En marzo voy a la conferencia de paz que va a haber en Sudáfrica, y luego iremos a la República del Congo, donde también hay muchos problemas relacionados con esto que estamos hablando.
¿Qué personaje de su carrera ha sido el mayor reto?
Es como decir, ¿cuál de tus hijos te da más problemas? Pues depende del día. Todos son distintos, pero todo son humanos, se trata de entender las circunstancias diferentes de cada uno, qué es lo que hace que cada uno sea de una manera. El reto está en encontrar la verdad en cada personaje. Pero todos los papeles suponen retos. Hay días en los que te encantan y otros te parecen un latazo, pero intento tratar de entenderlos.
Cuando empezaba su carrera, ¿imaginaba que llegaría hasta aquí? ¿El éxito se debe a la suerte, al físico, a que es inteligente...?
Me siento tremendamente afortunada. Lo de ser actriz no era una ambición que tuviera desde pequeña. Decidí intentarlo a los 19 años. Cuando empecé, pensaba que si podía vivir sólo de mi trabajo, sin necesidad de tener una segunda ocupación como camarera, sería un éxito. Las cosas me han salido muy bien. Hay gente que me ha dado muchas oportunidades porque cuando empezaba e iba a los cástings, allí había muchas chicas con el mismo talento o más que yo. La verdad es que nunca soñé con llegar a donde estoy ahora.
Es una mujer espectacular, con la cabeza muy bien amueblada. ¿Le preocupa la obsesión que hay entre las actrices por el físico, por mantenerse siempre jóvenes?
No son actrices entonces. Quiero decir, los auténticos actores y actrices no están preocupados por una imagen. Somos como un cuadro en blanco, y el director pinta encima lo que quiere reflejar.
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