Entrevistas
El Señor del Cine
Después de triunfar con la trilogía de El Señor de los Anillos, el neozelandés Peter Jackson está en disposición de dirigir todo lo que se propone. O casi. Asistimos a la rueda de prensa donde da cuenta del desafío que ha supuesto rodar The Lovely Bones, que no duda de calificar como su película más personal.
¿Cuál ha sido la mayor dificultad a la hora de adaptar la novela?
Peter Jackson: Susie se mueve en un intermedio, pero realmente es un mundo que nosotros creamos en el guión. No queríamos que fuera un lugar físico común a todo el mundo. Que no fuera el sitio al que vamos cuando nos morimos. Es el lugar al que va Susie cuando muere, pero no todos los demás. Cada uno tiene uno personal, ya que es un mundo de ensoñación basado en el subconsciente, donde todo son metáforas y nada es lo que parece. Una vez que dejamos esto claro fue superdivertido enfrentarnos a ello, porque nos permitía dar rienda suelta a muchas cosas.
¿A lo largo de la película se modificaron de alguna manera sus convicciones sobre la muerte?
P.J.: No soy una persona especialmente religiosa. Creo que si miras la historia de las religiones y ves cómo han evolucionado en este mundo nuestro, creo que todo se envuelve demasiado bien con el poder político y la situación de cada país. A mí me parece genial que cada cual piense lo que quiera y me parece fundamental la libertad religiosa, pero el mundo del intermedio en el que se mueve Susie tiene mucho más que ver con lo que he dicho antes de la ensoñación y mundo psicológico. En la escena final, cuando todas las víctimas se reúnen alrededor del árbol y ella puede escoger y es libre para irse al cielo, no lo hicimos con un concepto específico, intentando dogmatizar. Sí creo en los principios morales y esos los tienen muchísimas religiones. Creo en el bien y el mal, en el respeto. Y estas cosas son buenas y necesarias. Pero no tienen que ver con esta película, así que mis convicciones no han cambiado.
Ha dicho que el intermedio de Susie es el de ella particular. ¿Cómo imagina el suyo?
P.J: Realmente para mí hay un deseo básico. El resto me da igual. Sea lo que sea y esté donde esté, me gustaría pensar que la idea del más allá está relacionada con el hecho de reencontrarte con gente. Si hay algo de la muerte que para mí significa muchísimo es el no poder hablar ni ver a las personas nunca más. Para mí esto es un sentimiento insufrible, que me trae mucho dolor. Por ejemplo, me encantaría poder reencontrarme con mi abuelo y poder charlar con él, conocerle mejor.
¿Tenía un interés especial en quitarle a la muerte ese toque solemne y hacer un ejercicio de normalización?
P.J.: Realmente nosotros no queríamos que la adaptación de la novela se basara ni en la muerte ni en el asesinato. Fue algo deliberado. Como director de cine, a mí no me interesa retratar el asesinato de una adolescente de 14 años. No queríamos hacer algo brutal para que no tuviera tanta importancia en la película. Entonces volcamos nuestras energías en mostrar qué pasa después de esa muerte y demostrar a dónde se podía llegar en ese mundo intermedio.
Al afrontar la adaptación, ¿tuvo dudas dada la estrecha relación que tiene con la vida real de la escritora de la novela Alice Sebold?
P.J.: Yo sabía y creo que mucha gente sabe, que estos hechos ocurrieron en su vida, aparecen en sus memorias. The Lovely Bones es el sonido que ella utiliza para referirse a una ficción absoluta, desde el principio hasta el final. En el libro llama la atención el modo positivo con el que se enfrenta a todo. Cuando decidimos adaptar la novela intentamos equilibrar todas las fuerzas y todos los temas que aparecen en el libro, que hubiese un poco de todo. Aunque yo no soy una persona muy religiosa, sí creo que cuando nos morimos, esa energía, ese algo que hay dentro de nosotros, se queda. Y ésta es otra de las cosas que aparece en la novela, que a mí personalmente me atrajo mucho porque lo creo firmemente.
¿Cuál ha sido la mayor dificultad a la hora de hacer esta película?
P.J.: Lo más difícil ha sido el reto. Cuando leímos el libro nos afectó mucho. Te afecta dependiendo de tu experiencia vital. El reto era sentarte y preguntarte por qué te había emocionado tanto el libro y, una vez obtenida la respuesta, tratar de darle una factura cinematográfica. Creo que se trata del proyecto más personal que he hecho hasta ahora.
Es usted un cineasta muy vinculado a los efectos especiales. ¿No concibe el cine sin ellos?
P.J.: Hay mucha gente que coincide en decir que los efectos especiales son un género en sí mismo. Yo creo que no, sino que son una herramienta más con la que el director cuenta a la hora de hacer una película, igual que tienes una grúa, la música o el montaje. Me gustan los efectos especiales para crear cosas. A mí siempre me ha gustado mucho el cine porque es algo que de alguna manera me permite escapar y me permite vivir y ver cosas que a lo mejor nunca voy a tener la posibilidad de conocer. En tanto en cuanto esto es así y estamos hablando de una película que he hecho yo, pues sí, los efectos especiales me ayudan a crear la realidad que yo invento. Estamos hablando siempre desde mi punto de vista.
Su filmografía es muy variada, ¿a qué cree que se debe esta metamorfosis?
P.J.: Realmente no he seguido ningún plan, porque cuando hago una película es porque me entusiasma, si no, no la haría. Así que no he elegido los temas porque tuviera un plan específico. Siempre hago cosas que me apetecen, no me gusta nada repetirme y me imagino que si estuvieran en mi situación les pasaría lo mismo. Yo nunca sé qué es lo siguiente que voy a hacer. Lo que sé es lo que no quiero hacer, que es repetirme. Entonces no me importa seguir en el mismo género mientras sea algo distinto que me apetezca y de lo que quiero hablar.
¿Por qué escogió a Saoirse Ronan para protagonizar la película y a Brian Eno para hacerse cargo de la música?
P.J.: Empezamos haciendo el cásting para el personaje de Susie en Estados Unidos. Vimos a muchas chicas porque su elección era fundamental para nosotros. Entonces nos llegó un DVD enviado por el padre de Saoirse desde Irlanda donde ella interpretaba varias escenas de la película. Cuando lo vimos dejamos el cásting, porque estábamos convencidos de que habíamos encontrado a la persona idónea. Fuimos allí y nos entrevistamos con ella.
Saoirse es una chica muy natural, no ha ido a ninguna escuela de arte dramático, no tiene ninguna técnica especial. Lo que sí tiene es un talento increíble y todo lo que saca lo hace desde lo más profundo, de la manera más pura que se puedan imaginar. No hemos tenido ningún problema, ha sido todo un placer, fantástico.
En cuanto a Brian Eno, cuando empezamos con la adaptación y pensamos en la música, queríamos temas de la época. Un poco como lo que hace Martin Scorsese. Escuchábamos música y canciones del momento. Entre ellas había un par de temas de Brian Eno. Gestionamos los permisos de sus canciones y al final fue él quien nos dijo si nos importaba que él tratara de construir a su manera la música de la película. Nosotros pensábamos que era el más adecuado para hacerlo, así que por supuesto que le dijimos que sí. Él estaba en el Reino Unido y nosotros en Nueva Zelanda, así que trabajábamos vía ordenador. Y así es como nació la banda sonora.
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