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El cine digital
El cine digital. Mike Figgis. Alba. 264 págs.
La revolución tecnológica digital ha contribuido a la democratización de la realización cinematográfica. Si antaño la producción estaba reservada a unos pocos privilegiados, que tenían acceso a los cuantiosos recursos necesarios para llevar a buen término una filmación, ahora hay cámaras digitales bastante decentes al alcance de muchos bolsillos.
El veterano cineasta británico Mike Figgis (Carlisle, Gran Bretaña, 1948) explica en este libro, de modo muy asequible, los secretos de su oficio. Ya de entrada despierta la simpatía que confiese en la introducción su frustración en sus tiempos de principiante, cuando buscaba información sobre cómo filmar o fotografiar, y la escasa existencia de manuales, como si los “sabios” guardaran celosamente sus conocimientos para sí mismos. Figgis señala cómo ahora rodar puede hacerlo cualquiera que se lo proponga, aunque eso sí, hace falta una “actitud”, para que la cámara llegue a formar parte de uno mismo, como si fuera una especie de extensión artística del cuerpo, un miembro más.
El autor cuenta su experiencia personal, cómo aprendió a educar la mirada, primero con una cámara fotográfica, luego, ya en cine, con Súper-8 y 16 mm. Figgis ha tenido su experiencia hollywoodiense, pero se confiesa cautivado por la experiencia de rodar en digital títulos como Timecode y Hotel, por la libertad de que gozaba a la hora de mover la cámara, de iluminar, de estar cerca de los actores. Figgis resulta muy estimulante en sus explicaciones, porque señala que si muchos aspirantes a cineastas no acaban de rodar sus películas es simple y llanamente por miedo. Porque ahora pueden intentarlo de un modo muy asequible, pero claro, hay que dar el salto.
Figgis repasa los clásicos capítulos que todo cineasta debe tener en cuenta a la hora de rodar: presupuesto, localizaciones, iluminación, movimientos de cámara, trabajo con los actores… Eso sí, aplicados al caso digital. El autor es honrado al reconocer los defectos que pueden adquirirse como resultado de rodar en digital, lo que sirve para aplicarse la venda antes de quedar heridos. Uno se refiere a los movimientos caprichosos de la cámara, no justificados. Como la cámara es tan ligera, y las cintas responden tan bien a la luz, motivo por el cual hay mucha más flexibilidad en la iluminación, existe la tentación de mover la cámara todo el tiempo, sin detenerse un momento a reflexionar si la historia demanda tales movimientos y temblequeos. Por otro lado, las cintas para rodar son infinitamente más baratas que el celuloide, además de ser reutilizables, motivo por el cual el cineasta corre el peligro de dejarse llevar por la pereza, no preparar las escenas suficientemente.
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