Reportajes
El autor ha fallecido a los 84 años
La adaptación de "El nombre de la rosa" supuso un desengaño doble para Umberto Eco
La muerte de Umberto Eco, en su casa de Milán, ha sumido en la tristeza al mundo de la cultura y de los intelectuales, pero también a los apasionados del cine, que recuerdan con cariño la adaptación de "El nombre de la rosa". Pero, ¿qué pensaba él mismo del film de Jean-Jacques Annaud?
Pionero de la semiótica, Eco no se aisló en una torre de marfil, como la mayoría de intelectuales, y consiguió llegar al gran público con su primera novela, El nombre de la rosa, llena de reflexiones filosóficas. Siempre fue consciente de que se hizo rico gracias a ella por su atractivo como novela policíaca. Pero esperaba que el lector que calificaba como ingenuo, el no iniciado, mirase más allá.
"No es porque sí que el libro comienza como si fuera policíaco (y continúa ilusionando hasta el final al lector ingenuo, de modo que el lector ingenuo puede no darse cuenta que se trata de un policíaco donde se descubre muy poco y el detective es derrotado".
Apasionado del cine, escribió artículos teóricos sobre el Séptimo Arte, y consideró que la adaptación de una de sus obras sería una especie de aventura. Él mismo había participado como extra, en una secuencia de La noche, de Michelangelo Antonioni. Así las cosas, visitó el rodaje ilusionado, pues iba a conocer a Sean Connery, uno de sus mayores deseos, pues se consideraba un "bondólogo", apasionado de James Bond, que analizó en varios escritos la obra de Ian Fleming. Aparentemente la visita fue satisfactoria tanto para él como para el equipo de cineastas.
Pero cuentan que Umberto Eco se quedó muy desencantado al conversar con el actor escocés. "Sólo sabe hablar de fútbol", explicaba el intelectual, famoso por librar una guerra sin cuartel contra los aficionados al balompié. "Yo no odio el fútbol, yo odio a los apasionados del fútbol. No amo al hincha porque tiene una extraña característica: no entiende por qué tú no lo eres e insiste en hablar contigo como si lo fueras", explicó.
Por contra, quedó encantado con el realizador Jean-Jacques Annaud, con el que inició una larga amistad. "Me impresionó el encuentro con él, pues era un erudito al que todo le divertía", recordaba el cineasta tras conocer su fallecimiento. "Tenía una alegría de vivir asombrosa. Fue una mezcla entre el sabio y el hombre que amaba reír y comer", ha declarado en la emisora France Info.
A pesar de su éxito popular, la crítica italiana sacudió el film. "Gran libro, insignificante película", titulaba un diario. "Deseando ganarse al público norteamericano refractario se ha acabado por hacer una película que no gusta a nadie", explicaba Il Messagero. No es habitual que los autores de best-sellers se pronuncien sobre las adaptaciones cinematográficas de sus obras, sobre todo si ganan con ellas un dineral, en concepto de derechos de autor. Por eso no se pronunció mucho en público sobre el film. Sin embargo, rehusó volver a vender los derechos cinematográficos de sus posteriores novelas.
También se negó a participar en una producción de cine, hasta 2008, cuando escribió un texto para el guión de Non chiederci la parola, mezcla de dramatización y documental sobre el arte italiano.
Crítica y espectadores discrepan sobre "Michael"
La película biográfica “Michael”, dirigida por Antoine Fuqua y distribuida por Lionsgate, está generando una fuerte brecha entre la crítica especializada y el público en su estreno mundial, incluido su lanzamiento en España.
No ser fan de Taylor Swift pasa factura a Josh Hutcherson
En Hollywood también hay dramas fuera de la pantalla… y esta vez el protagonista es Josh Hutcherson, que ha confesado que una inocente opinión sobre Taylor Swift le metió de lleno en una tormenta digital de la que no quiere saber nada.